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ecologia y papeleras en el Rio Uruguay

Pagina 12, 21/01/2006):

La guerra del papel Sábado, 21 de Enero de 2006

¿El paisaje futuro de la costa del Río Uruguay?

Por Sergio Federovisky

La modernidad, dicen los teóricos, impone nuevos conflictos. O conflictos viejos por temas nuevos. La ecología aparece como un tema novedoso, aunque esconde –o subraya, según se vea– la esencia de los conflictos habituales de la humanidad. El catalán Joan Martinez Allier, sin reduccionismos, sostuvo académicamente que todo problema ambiental en verdad es el emergente de un problema económico (la aplicación de tecnología no contaminante o, mejor dicho, la resistencia de la industria a aplicarla es la confirmación de esa hipótesis). Parafraseándolo, quizás, a partir de Gualeguaychú comprobemos que toda batalla cuyo eje temático sea el medio ambiente es en el fondo una batalla económica.

Tomás Maldonado decía en su libro Ambiente Humano e Ideología que seguramente la ecología era una moda. Pero que como toda moda, su costado útil es que, una vez que es reemplazada por otra moda, algo deja al menos en el inconsciente colectivo. Aun siendo éstos los retazos de la moda, bien vale la pena analizar un conflicto por motivos un tanto más humanos, un tanto menos inmediatistas o grotescos que aquellos a los que estamos habituados.

El escándalo de las papeleras que Uruguay aceptó construir en Fray Bentos, a orillas del río homónimo del cariñosamente llamado “paisito”, y la consecuente batalla desatada entre vecinos desconfiados, ambientalistas en su salsa, políticos recién llegados a la ecología, diplomáticos molestos con el exceso de desprolijidad que propone la lucha popular y empresarios que actúan como si nunca hubieran siquiera lanzado un papel fuera del cesto representa una puesta en escena inédita por estos barrios: el arribo de los conflictos nacidos y sostenidos en la defensa del medio ambiente.

Los activistas globalifóbicos y muchos militantes ecologistas del Primer Mundo pueden presentar credenciales de peleas similares. Sin embargo, casi nadie puede arrogarse haber ubicado una consigna ambiental en el centro de una lucha popular. Y efectivamente, aunque suene demodé y setentista, la épica de 40.000 personas –sobre 70.000 habitantes totales– cortando un puente internacional allá por abril y decenas de cortes posteriores sin más organización que la espontánea de una ciudad pequeña no pueden sino definirse como lucha popular.

Pero antes de llegar a la descripción de cada uno de los protagonistas y las tácticas o estrategias que los convocan, enfrentan o equiparan, conviene describir la verdadera esencia, el telón sobre el que se desenvuelve la crisis.

DESIERTOS VERDES

Hace aproximadamente 25 años, la industria internacional consumidora de papel descubrió que su stock de árboles decrecía, que la demanda se acentuaba y que las crecientes regulaciones ambientales en el Primer Mundo iban en detrimento de dicha actividad. En consecuencia, el abastecimiento de pasta de celulosa –materia prima inevitable para hacer papel– empezaba a entrar en riesgo futuro.

Como estamos en el capitalismo, no hay que olvidarlo, los carteles de la pasta de celulosa –comandados por los nórdicos, por aquello de que en los albores de la industria era de los pinos escandinavos de donde se sacaba mejor celulosa– comenzaron a planificar el siglo XXI. Y descubrieron que vastos territorios quizás alguna vez boscosos y postreramente ganaderos podían cobijar nuevos bosques, pero esta vez plantados pensando en su futuro papel (o en el papel futuro). Así nacieron lo que muchos prestigiosos ecólogos y biólogos denominaron “desiertos verdes”: miles de hectáreas de bellos bosques conformados por una sola especie.

“¿Por qué cree que Uruguay no es un país forestal?”, le preguntaron al actual ministro de Ganadería, Pesca y Agricultura de ese país, el pintoresco José “Pepe” Mugica, quien, dicho sea de paso, se manifestó a favor de la inversión que significarán las papeleras, siempre que no hipotequen ambientalmente al río Uruguay. “Porque nunca vi que la naturaleza haga el mamarracho de hacer un bosque con una sola especie”, explicó como el mejor de los expertos en ecología vegetal.

Los productores mundiales de pasta de celulosa concretaron lo que, también en lenguaje setentista, se conocía como “división internacional del trabajo” y hoy se describe como un subproducto nocivo pero inescindible de la globalización. Determinaron que la pasta de celulosa que seguirán consumiendo los países centrales (ya sea para consumo directo o para fabricar papel que luego importaremos los países no centrales) se obtendrá en estas naciones periféricas de tierras fértiles, mano de obra barata, escenarios contaminables y leyes ambientales persistentemente laxas.

De ese modo idearon el proceso, sabiendo de antemano que al final del desarrollo del bosque de una sola especie (en general, eucalipto) debía haber una “pastera” (planta de obtención de pasta base de celulosa) esperando.

DE AQUELLAS FORESTACIONES MASIVAS A ESTAS PAPELERAS

Por eso los empresarios representativos de la empresa finlandesa Botnia –una de las dos en conflicto frente a Gualeguaychú– dicen y escriben que están completando la cadena de un polo de desarrollo forestal. Por eso, dicen que habrá “pasteras” en toda la cuenca del río Uruguay, para poder procesar al pie de las forestaciones los miles de árboles allí ya crecidos. Y por eso, groseramente, dicen que en caso de persistir en su oposición a las papeleras, el gobierno de Entre Ríos –territorio con mayor cantidad de bosques implantados que la República Oriental del Uruguay– deberá importar toneladas de vaselina para ubicar en algún lado tantos eucaliptos.

Tan brutal es el proceso de otorgamiento de roles por parte del capital internacional, que ya se sabe que del total de la producción anual de pasta base de celulosa de las dos papeleras de Fray Bentos, el 90 por ciento ya está previamente colocado en mercados de los Estados Unidos y Europa.

Aquí queda la contaminación y algunas divisas.

LOS ACTORES

Si hoy uno sigue una llamada directa a actuar, esa acción no se realizará en un espacio vacío, sino dentro de las coordenadas ideológicas hegemónicas: aquellos que ‘realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente’ se involucran en hazañas (indudablemente honorables) como los Médicos sin Frontera, Greenpeace, campañas feministas y antirracistas que, no sólo son toleradas, sino incluso apoyadas por los medios de comunicación, aun cuando se entrometan aparentemente en el territorio económico (digamos, denunciando y boicoteando compañías que no respetan las condiciones ecológicas o que utilizan mano de obra infantil). Son toleradas y apoyadas con tal de que no se acerquen demasiado a un cierto límite. Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de interpasividad: de hacer cosas no para lograr algo, sino para evitar que algo pase realmente, que algo realmente cambie.”

El párrafo anterior no fue escrito ahora ni tampoco por ningún participante de la trifulca de las papeleras. Lo escribió el filósofo esloveno Slavoj Zizek en un libro de título de la Guerra Fría (A propósito de Lenin) pero subtítulo contemporáneo (Política y subjetividad en el capitalismo tardío). Convendrá releerlo dentro de un tiempo cuando el resultado de la batalla por las papeleras sea el que ya vislumbran los actores con sentido común: un presidente uruguayo cortando la cinta del supuesto progreso para sus conciudadanos.

1. URUGUAY

El paisito está atado no a la decisión de éste o el anterior gobierno sino a lo que muchos economistas amantes del mercado sacralizan como “políticas de Estado”. La política de Estado de Uruguay en este tema, insistimos, fue decidida hace un cuarto de siglo cuando se inició la forestación masiva, sin considerar ni el impacto ecológico negativo del monocultivo forestal ni el posterior de las pasteras que irremediablemente deben instalar al final del proceso.

Es por eso que en el horizonte inmediato aparece el condicionamiento establecido por las empresas papeleras que, conocedoras e impulsoras de ese proceso, impusieron cláusulas monumentalmente leoninas al Estado uruguayo en caso de incumplir los contratos. Y, una vez sorteado el actual escollo del conflicto con Argentina –más bien, con la gente de Gualeguaychú–, hay una ristra de proyectos de pasteras a ser instalados en ese sitio.

2. GUALEGUAYCHU

Conocedora de los antecedentes poco felices de la industria celulósica en materia de contaminación en el mundo, los ciudadanos de Gualeguaychú son claros ejecutores de la política de NIMBY (“Not In My Back Yard”, algo así como “no en mi jardín”). Tanto es así, que cuando surgió de la Cancillería argentina la propuesta negociadora de trasladar las papeleras cien kilómetros al sur de Gualeguaychú, muchos respiraron aliviados por aquello de que “no lo voy a sufrir yo”. Sólo Greenpeace puso un poco la pelota contra el piso en este último tramo de esta historia, al señalar que ésa era una manera de administrar el conflicto sin resolver la cuestión de fondo.

Pero aun cuando el NIMBY parezca una mirada egoísta sobre el conflicto, no es menos cierto que nadie le consultó a la población de Gualeguaychú si quería pagar con impacto ambiental el presunto beneficio económico y laboral de terceros (los uruguayos).

3. ARGENTINA

Es la de peor situación en el conflicto. El país tiene escasa autoridad moral para reclamar a Uruguay que detenga una industria presuntamente contaminante. La Argentina queda, a los ojos de cualquiera que observe con desapasionamiento el asunto, presa del doble estándar. Por un lado, aparece amenazando con ir a los foros internacionales a defender su derecho al ambiente sano y, por otro, el país tiene fronteras adentro un desbarajuste ambiental imposible de disimular.

Citemos un ejemplo pertinente. Argentina fundamenta su protesta diplomática por el tema de las papeleras en el recurso compartido –el río Uruguay– que aparece amenazado por este proyecto. Hace apenas dos meses, se dio a conocer un estudio realizado por Freplata –organismo ambiental binacional rioplatense– donde quedaba en evidencia la contaminación record del Río de la Plata. El informe contenía tres conclusiones categóricas respecto de ese “recurso compartido” entre Buenos Aires y Montevideo: a) que Uruguay había revertido la contaminación de origen cloacal que se había expresado en sus costas hace una década; b) que la costa de Buenos Aires había alcanzado en ese mismo tiempo y hasta la actualidad niveles de contaminación similares al Riachuelo y el Río de la Plata; c) que la casi totalidad de la contaminación del Río de la Plata como cuerpo de agua se explica por la actividad incontrolada de las industrias radicadas del lado argentino y por la ausencia de tratamiento de los residuos cloacales de las ciudades emplazadas desde Santa Fe hasta Magdalena.

¿CONTAMINAN LAS PAPELERAS?

Un antiguo y nunca desmentido ranking elaborado por Naciones Unidas ubica la obtención de pasta de celulosa entre las cinco actividades industriales más contaminantes. Es decir, aquellas que liberan subproductos de alta persistencia en el ambiente (los organoclorados, principalmente) y potencialmente cancerígenos.

Tanto Ence (de origen español) como Botnia (de origen finlandés) tienen –de forma directa o por la tecnología que utilizan– precarios antecedentes en esta materia. Ence, en especial, administra desde hace 50 años una planta de obtención de pasta de celulosa en Pontevedra, en las rías gallegas. Cuenta la leyenda que Ence, originalmente del Estado franquista, fue instalada a bayoneta limpia de la mano de aquel latiguillo del generalísimo que proponía que lo estatal y fabril eran sinónimos de progreso, dejaren el tendal (social, ambiental) que dejaren. Marchas, protestas y hasta una condena firme por daño ambiental consuetudinario no consiguieron que Ence abandonara las rías baixas y, con ella, el olor a huevo podrido (ácido sulfhídrico) característico del proceso de separación de la lignina de la madera. El alcalde de Pontevedra ha recomendado a su par de Gualeguaychú que haga lo imposible por impedir la planta de Ence en Fray Bentos. Y se presume que sabe de qué habla.

A Botnia –o a su tecnología– le atribuyen tanto la supuesta limpieza de la producción de celulosa en los alrededores de Helsinki como dos episodios tan confusos como lesivos para el ambiente. Uno, el de una planta instalada en Valdivia, Chile, donde organismos oficiales de los Estados Unidos reclamaron el cese de su funcionamiento por haber destruido el santuario natural de río Cruces, donde de 6000 cisnes apenas quedaron 300 agobiados por la contaminación liberada aguas arriba. La otra es la planta de Espíritu Santo, en Brasil, donde comparten la crítica por la contaminación fabril con las acusaciones de haber favorecido la pérdida de bosques nativos a favor de megaplantaciones de pinos y eucaliptos con horizonte de papel.

Los expertos dicen que no sólo la liberación de ingentes cantidades de sustancias nocivas es motivo de contaminación. Una playa como la que utilizan los turistas que van a Gualeguaychú, frente a la cual se erija una chimenea ajena a cualquier paisaje natural, bien puede considerarse que ha sido contaminada.

También vendrán quienes pregunten por qué tanta alharaca si nuestra convivencia con esta amenaza ambiental es anterior al conflicto de Fray Bentos: sólo en Brasil la industria de la celulosa contiene a 220 plantas fabriles y en la Argentina hay una docena de industrias, todas ellas a la vera del Paraná y algunas de ellas con denuncias y clausuras por contaminación.

Otros sostendrán que se trata de un nuevo episodio de la saga que confronta a medio ambiente con progreso y que sólo se trata de controlar que no se contamine por encima de los valores permitidos (de contaminación). Pero será más difícil explicar, sin recurrir a los clásicos y a cierto setentismo, por qué la Unión Europea resolvió erradicar de su territorio para la próxima década tecnología de producción de pasta de celulosa que persiste y se inaugura día a día por estos arrabales.

Habrá que preguntarse, en el mar de la globalización, cuánta ecología le toca a la parte más desigual del mundo.

los progresistas que contaminan el futuro: el ejemplo del Frente Amplio uruguayo

ACERCA DE LAS PAPELERAS

DE VERDAD A  MENTIRA
DONDE ESTA EL PUEBLO
LAS NECESIDADES DEL  AMBIENTE+
Y  CON LOS HIJOS DE NUESTROS HIJOS
QUE HAREMOS
QUUE LE DIREMOS COMPAÑEROS
UN INFORME QUE MERECE CONOCERSE
El país|Domingo, 22 de Enero de 2006
EL DOCUMENTO ARGENTINO QUE INDICA QUE URUGUAY NO INFORMA SOBRE CONTAMINACION EN EL RIO

Las preguntas que nadie contesta sobre el papel

Las plantas papeleras usarán una tecnología que no es la mejor disponible. Producirán cloro, que al mezclarse con el agua crea dioxinas, un cancerígeno muy difícil de degradar. Las empresas contestan con evasivas cuando se pide información concreta o se escudan tras informes como el del Banco Mundial, que con toques de surrealismo afirma que hay sardinas en el río Uruguay. La historia desconocida de la papelera en Colonia.

Por Laura Vales
 
Según las fábricas, no habría problemas de contaminación. Pero, se queja Argentina, no contestan preguntas concretas.

Que los organismos internacionales de crédito son capaces de apelar a los más extraños argumentos para justificar sus posiciones no es a esta altura ninguna novedad. Pero en el caso de las papeleras, la consultora contratada por el Banco Mundial para medir el impacto ecológico sigue alimentando el registro de lo insólito. El informe fue elaborado por las firmas Pacific Consultants International y Malcolm Pirnie, y vale comenzar con su mención porque se trata del documento de mayor peso en respaldo de la instalación de las plantas en Fray Bentos. En él, y con el afán de demostrar que las fábricas no van a provocar daños en la margen argentina del río Uruguay, sus autores afirman cosas como que la calidad del aire de Gualeguaychú no se verá afectada porque “el viento va de la Argentina al Uruguay”. Esta simplificación, que ahorraría años de estudio a los meteorólogos, es complementada con otros datos equívocos, como que las fábricas estarán ubicadas a 40 kilómetros de la ciudad de Gualeguaychú (cuando las imágenes satelitales las muestran a 25 y 22 kilómetros) y una serie de traspiés reveladores de su pobreza científica. Por ejemplo, al referirse a las especies del río Uruguay identifican al sábalo –de principal importancia ecológica y económica de la región– como “un miembro de la familia de las sardinas”, confundiéndolo con la especie marina de las costas europeas y africanas que, como todo el mundo sabe, sólo llega a las costas del río Uruguay enlatada.

Estas son algunas de las observaciones –ya que no las de fondo, las más vistosas– que la Cancillería argentina señaló al Uruguay en un proceso de discusión que no muestra salidas a la vista. Su problema central, coinciden los técnicos, es en realidad mucho más grave, ya que consiste en la falta de información: el país vecino no ha contestado hasta ahora cómo van a tratar las fábricas sus desechos industriales, a pesar de que la pregunta se viene haciendo desde agosto.

Es este retaceo de la información el que ha cargado a toda la discusión de un aire enrarecido, que favorece que aparezcan las peores sospechas y mantiene la negociación estancada, ahondando el conflicto. Página/12 accedió a los documentos que elaboraron los representantes del gobierno argentino en la Comisión Binacional que los presidentes Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez crearon para buscar una solución al tema. Aquí, el detalle de la situación:

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¿Qué tecnología van a utilizar estas plantas?

El sistema Kraft. Harán pasta de celulosa a partir de madera. El primer paso del proceso consiste en triturar los troncos hasta reducirlos a una pulpa, que queda de color amarillento por la lignina, una sustancia que mantiene unidas las fibras de los árboles. Este tipo de pulpa sirve para hacer papel de baja calidad, como el de embalaje o el de diario. Pero si se quiere conseguir papel blanco, esta pulpa debe ser blanqueada. Este es el paso que genera la controversia con las dos empresas.

Inicialmente, las papeleras usaban para el blanqueo cloro elemental. Se comprobó que el método es muy contaminante: el cloro, combinado con sustancias orgánicas, produce dioxinas, agentes que deterioran el sistema inmunológico humano y animal, y son cancerígenos. Por este motivo, aunque todavía quedan fábricas que lo utilizan, desde mediados de los ’80 el cloro se fue reemplazando por otra tecnología que usa dióxido de cloro (el proceso Kraft, o libre de cloro elemental). Esto reduce la contaminación con dioxinas, pero de ninguna manera la elimina ya que, aunque sea en menores proporciones, se sigue tirando cloro al agua.

Existe un tipo de proceso totalmente libre de cloro, pero no es el que usarán ni la española Ence ni la finlandesa Botnia. Según los documentos que las empresas presentaron para instalarse, usarán el Kraft. Esto implica que tomarán agua del río Uruguay y la devolverán a su cauce tras emplear dióxido de cloro en el proceso de blanqueo. En este caso, el gran problema es la escala. Las plantas serán de una enorme magnitud: producirán “un millón de toneladas de celulosa” por año, la finlandesa, y “medio millón de toneladas” la española, según los documentos de la Comisión Binacional. La promesa de las firmas es que las aguas residuales serán tratadas “in situ antes de su vertido en el río”. Pero ni Botnia ni Ence detallaron cómo.

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¿Cuál es el riesgo de que contaminen?

Va a depender de cómo se use el cloro, y en qué cantidad. El problema con las dioxinas y los furanos que se viertan al río es que se trata de compuestos con muy poca capacidad para biodegradarse. “Son sustancias tóxicas persistentes”, definió a Página/12 un integrante de la Comisión Binacional, elementos que quedan en la biosfera muchos años después de haber sido liberados y se almacenan en los tejidos de los organismos vivos. En lenguaje técnico, estos compuestos son denominados AOX, halogenuros orgánicos absorbibles. Los técnicos locales advirtieron que el río Uruguay está limpio, pero es un ecosistema frágil. “De acuerdo con los caudales, las concentraciones de AOX en la costa argentina podrían llegar a 0,024 mg/l, lo que implica elevar el valor mínimo detectado en el río doce veces”, señalan en el documento de respuesta al informe del Banco Mundial (“Análisis y observaciones al borrado de estudio de impacto acumulado de la Corporación Financiera Internacional, 16 de enero de 2006”). Un elemento que agrava los riesgos es “la cercanía entre ambos emprendimientos”, ya que las celulosas van a estar separadas por sólo 6 kilómetros. Por eso es posible que los efectos se potencien, en una sinergia negativa.

Está, por otra parte, el problema del aire. Una vez obtenida la pasta de celulosa, las papeleras vuelcan los desechos sólidos a una caldera donde los queman para producir energía. “El humo enviado al aire puede contener azufre, que en contacto con las nubes genera dióxido de azufre, es decir lluvia ácida”, sostuvo el consultado. “Existen procedimientos para tratar las emisiones y limpiarlas de azufre. Si se realizan, los riesgos se pueden controlar. Pero de todas formas, el mejor proceso no es el Kraft, sino el libre de cloro.” Los negociadores revelan un dato que caldea la discusión con el Uruguay: en Colonia existe una pequeña fábrica de papel, Fanapel, que trabaja con el sistema más contaminante, con cloro elemental. La empresa ha propuesto cambiar su tecnología a la libre de cloro. “Ence y Botnia, con su enorme tamaño, deberían utilizar el mismo método”, consideran aquí.

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¿Qué datos niegan las empresas?

Lo más grave es que no detallan qué tratamiento van a darles a los efluentes líquidos y los gases que emitan. Al igual que en cualquier industria, hay procedimientos técnicos específicos, ¿cómo evaluarlos si no se sabe en qué consistirán? Este pedido de información lleva cinco meses. Fue formulado inicialmente el 3 de agosto en Montevideo, en la reunión inaugural del Grupo Técnico de Alto Nivel (GTAN).

Las respuestas dilatorias que dio el Uruguay desde entonces fueron:

- “Se dispondrá de esta información detallada, por ejemplo del tratamiento de efluentes, en los tiempos correspondientes”.

- “En relación con el punto 7 (allí se pedían los manuales de procedimiento con medidas de control y correctivas), ambas empresas disponen de sendas declaraciones de política ambiental, las cuales figuran en sus respectivas páginas web”, y

- “Las preguntas pendientes fueron trasladadas al emprendatario, sin haber recibido aún el retorno correspondiente. La información será remitida a la Delegación Argentina en cuanto esté disponible” (respuesta enviada luego de tres meses de espera).

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¿Por qué la Argentina rechaza el informe encargado por el Banco Mundial?

Porque, aunque también carece de esta información, promete que no van a ocurrir inconvenientes ambientales. En este sentido, el análisis del Banco Mundial, dice la Cancillería, es de un “optimismo infundado”. Los datos sobre el diseño y la operación de las plantas son tan pobres que no alcanzan “el nivel de descripción de una planta típica que puede encontrarse en la bibliografía”. La información faltante fue suplantada, entonces, por manifestaciones de esperanza. Por ejemplo:

- “Las emisiones de contaminantes del aire (...) serán controladas usando la mejor tecnología disponible (...) y no se espera que afecten la salud”.

- “Los efluentes líquidos (...) serán tratados según normas internacionales (...) por lo que presentan un muy bajo riesgo para la vida acuática”.

Como fue mencionado al inicio de esta nota, el Banco Mundial luce sus capacidades retóricas al hablar de la cuestión de los vientos, un tema clave para prever cuánto del olor a huevo podrido característico de las papeleras va a llegar a la turística Gualeguaychú. Luego de asegurar que el viento va de la Argentina al Uruguay, y en un esfuerzo para desmerecer los registros que lo contradicen, el informe dice cosas como que el viento va del Brasil al Paraguay y proviene del oeste en Mar del Plata, aunque aquella zona no tenga relación alguna con la de las papeleras.

La conclusión argentina es que, teniendo en cuenta el carácter intrínsecamente contaminante del proceso Kraft, el tamaño de las papeleras (que van a procesar un millón y medio de toneladas de pasta de celulosa por año), la cercanía entre ambos emprendimientos (de 6 kilómetros), la fragilidad ambiental del río Uruguay y los usos que se da al agua (consumo humano, recreación con contacto directo), es necesario tomar medidas antes de que comiencen a funcionar.

Los vecinos de Gualeguaychú reclaman, en este sentido, que las obras se frenen y se realice un estudio ambiental independiente. ¿Quién puede tomar la decisión de suspender las construcciones? “Sólo el Estado uruguayo, un soberano”, dicen los negociadores argentinos. El próximo fin de semana la Comisión Binacional terminará su trabajo sin haber llegado a un acuerdo. Aunque entonces quedará abierta la vía de los tribunales internacionales, esta opción no convence al gobierno argentino (ver página 4), que considera que la mejor solución es un acuerdo racional entre las partes. Pero eso, por ahora, parece más que difícil.

 

 

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hombre consumidor

textos: el consumo

El éxito principal y más trascendente de la ofensiva del mercado hasta el momento ha sido lo gradual (pero de ninguna manera completa o irremontable) aunque sistemáticamente ha erosionado las habilidades de sociabilidad.

En términos de relaciones interpersonales, muchos médicos funcionan cada vez mas  en "modalidad de agencia", siguiendo instrucciones explícitas o subliminales, y guiados principalmente por el deseo de cumplir órdenes al pie de la letra y por el miedo a apartarse de los modelos en boga. El magnetismo seductor del comportamiento heterónomo redunda sobre todo en un abandono de las responsabilidades: una receta autorizada que viene en un mismo paquete junto con un acta que nos libera de la necesidad de tener que responder por los resultados adversos de su aplicación.

El retroceso de las habilidades de sociabilidad se ve fogoneado y acelerado por la tendencia, inspirada por el modelo de vida consumista dominante, a tratar a los otros seres humanos como objetos de consumo, según la cantidad de placer que puedan llegar a ofrecer y en términos de "costo-beneficio". A lo sumo, los otros son valorados  en tanto compañeros-en-la-esencialmente-solitaria-tarea de consumir, compañeros de alegrías consumistas, cuya presencia y activa participación pueden intensificar dichos placeres. Perdido por el camino ha ido quedando el valor intrínseco de los otros en cuanto seres humanos únicos e irrepetibles, así como la preocupación por el cuidado de la propia y ajena especificidad y originalidad. La solidaridad humana es la primera baja de la que puede vanagloriarse el mercado de consumo.

Ser tolerante

Ser tolerante no debería de quedar atada a la condescendencia  Hay que hacer el viaje de nuestra mente a la mente ajena y vivir lo suficiente en ella para que al salir ya no seamos otra vez los mismos. De ninguna otra manera podríamos resolver ese conflicto recurrente y odioso entre los colegas que traicionan con sus actos la solidaridad humana y los que intentan no traicionar esos principios. Llegara el día en el que podremos vivir en paz y compartir el mismo ladrillo en el que nos vemos confinados por la historia y la geografía.

La riqueza

Cuestionar la riqueza implica el intento de deslegitimarla como motor y como ideal, además de adjudicarle responsabilidades múltiples en la generación de pobreza, de situaciones de violencia, de discriminación, de agotamiento de recursos, entre otras. Si pudiéramos decir claramente NO a la riqueza como modelo, entonces seria posible plantearnos  formas distintas de vivir, de producir, de relacionarnos.

Las políticas sociales son propuestas que tienden a ser de carácter normativo y tratan de ajustar a los grupos desfavorecidos y receptores de estas políticas a la “norma” representada por los sectores dominantes de la sociedad. La intervención en la vida de los pobres es legitimada por la creencia de que siempre va a ser de su beneficio acercarse al modelo de vida de los ricos. Cuando este modelo en cambio también es cuestionado, y más aún, se reconoce que los ricos igualmente viven situaciones de insatisfacción que demandan respuestas particulares, la intervención ya no puede estar guiada por el objetivo de acercar a los pobres a un modelo previamente definido. Una alternativa seria pensar la intervención no en función del problema a resolver sino en función de la utopía a concretar. En la medida que no existe una visión única respecto al ideal de sociedad, el desafío de las políticas sociales es generar las condiciones para que cada grupo social, con sus particularidades, pueda definir su propia utopía y la manera de concretarla. En ese sentido, no deberían orientarse los esfuerzos hacia la creación de sociedades “ricas” sino de sociedades con múltiples oportunidades, en las que los ciudadanos y ciudadanas, desde sus historias, sus creencias, sus valores, vayan definiendo caminos posibles para superar la pobreza, para reducir los efectos negativos del consumo, para ser felices, individual y colectivamente. Las políticas sociales, en definitiva, deberían jugar un rol facilitador del proceso anticipatorio de la realidad a construir y generador de un ambiente propicio para la aceptación de la diversidad que seguramente resultará de dicho proceso.

in english: www.ProCor.org

Dear colleages: I believe that to improve our popular or community health, first we need to fight against medicals mafias in public hospitals.

Our public hospitals have different "private places" or "medical kiosks-
newstands" which are conducted by upper health service: from head to
intermediate staff. They use their fame and good reputation to get benefits from industrial corporations (pharamaceutical and technological manufacturers), to "apprehend" different pharmaceutical protocols (a lot of  money), and to use our poor and uncultivated people like experimental  animals. They are relationed to other important hospital heads: directors and administrative staff and with the powerfull medical union ( people who use the hospital to make politics).

Our hospitals have a structure as the Betham-Foucaulth panoptic: they watch
and punish all the incipient opposition. They use the indifference, fear and obedience of the medical majority who do nothing to change it.

But there is a "mad group" of doctors and nurses who begin a health politic
work to improve our hospital, fighting against their different mafias.
We need your intellectual and affective support to continue our health
argument and to not death in this purpose.

If you believe in historical health meetings, you are invited to the

South American Meeting Dissident Medicine

" Medicine is a community creation, not a medical merchandise"

We invite you to the Meeting of Dissident Medicine: DI.ME. ("tell me") and
MERD ( Network of alternative Medicine )
A lot of antihegemonycal Health Organizations (Against the Unidimensional
Thoughts)start building " DI. ME." Dissident Medicine and Network of Social
Medicine- Medicina en RED - MERD .

We're gathering together in April-May 2006 in IMPA: a worker self-
management factory (fábrica autogestionada). We're going to interchange thoughts and political Health experience between nurses and doctors from community hospitals (Garrahan-Children-adults B.A.) and the culture laborer: philosopher/artist/writers/journalist to improve our political fighting against all the mafias (inside/outside hospital) and the burocratical Union.

We're to go through our evidence/experience/knowledge integrating to a
new collective and popular complexity praxis using the culture as a health
tool.
We send you our agenda in Spanish.

Needing your intellectual and affective support!

For more information our mail is:
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One is multitude working in a Health Network.
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