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Opinion de Gonzalo M.

Y será antipático para mucha gente, lo sé. Uno ha optado por sostener la memoria, hace mucho tiempo. Por eso resulta antipático, y enoja a mucha gente que quiere creer lo que quiere creer y
 o lo que es. Hasta hay gente que creer que la UCR es un partido con tradición democrática, cuando hubo masacres que -no reconocidas y menos autocriticadas- lo condenan en su juicio histórico. Lo que comenta Osvaldo es rigurosamente cierto, pero se ha quedado corto: uno de los primeros actos de gobierno instauró la teoría de los dos demonios, y buscó la captura de Juan Gelman, de Norman Brisnki, de los luchadores de las Ligas Agrarias (a uno de ellos lo detuvieron en un sanatorio, internado por un problema de salud), y encarceló a Graciela Daleo (a quién la dictadura secuestró y toruturó, y liberó, pues Alfonsín creyó conveniente volver a privarla de la libertad). Su gobierno votó la llamada ¡ley de defensa de la democracia! ¡que tenía características fascistas y sirvió para juzgar de un modo ilegal a los detenidos por La Tablada (ley que fue anulada luego, pero su espíritu recobrado por la llamada ¡ley antiterrorista!). Y eligió ser "sucedido" por Angeloz! Que proclamaba la necesidad del neoliberalismo como etapa necesaria, preparada por el mismo Alfonsín (casi nadie recuerda que las primeras privatizaciones las impulsó su gobierno; es poco serio consolarse diciendo que Menem fue peor). No me cabe  dudas que la emoción que mucha gente sintió se funda más en un recuerdo de una época que much@s consideran defnitivamente muerto, y volver a ver muchas de esas imágenes emocionan a cualquiera que las haya vivido, pero precisamente -me parece- se requiere revivirlas para resignificarlas y ver que si no lo hacemos seguiremos honrando lo que no tiene honra. Y obvio que no me refiero solo a Alfonsín. Las personas necesitan creer en algo para no transformarlo en forma protagónica. Y negarse, entonces, a ver lo que rompe los ojos. Hoy mismo la gente se resiste a ver el proceso de los últimos años del mismo modo en que creyó que De la Rúa era un tipo serio y honesto a pesar de lo que había hecho históricamente. Y creyó en Menem todo lo que pudo, hasta creer que Cavallo era una especie de dios, al punto de volver a convocarlo con el propio De la Rúa (se acuerdan que quien lo trajo, bajo el racional argumento de "él nos metió, el nos sacará" fue Chacho Álvarez?) La necesidad imperiosa de creerse que los sapos son manjares nos vuelve a poner en el mismo predicamento. O inventamos o erramos, decía Miranda. Querremos seguir errando?
Un saludo
Gonzalo

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