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Monocultivos

MARIE-MONIQUE ROBIN, AUTORA DEL BEST SELLER EL MUNDO SEGUN MONSANTO QUE LLEGARA EN DICIEMBRE A LA ARGENTINA

“Un pueblo que se dedica a un solo cultivo se suicida”

http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-108599-2008-07-28.html

El ensayo periodístico más leído de los últimos meses en Francia esta dedicado en gran parte a la Argentina. En esta entrevista, su autora, Marie-Monique Robin se pregunta qué pudo haber ocurrido para que “Eduardo Buzzi cambie de bando en tres años”.

 Por Heber Ostroviesky y Enrique Schmukler

Desde París

–¿Cuáles son los aspectos ligados al modelo de explotación agrícola en Argentina que, según lo que usted pudo investigar en nuestro país, han quedado hasta ahora afuera de la discusión política?

–Si bien es necesario que el Gobierno intente reglamentar las exportaciones debería, sobre todo, limitar la expansión absolutamente demencial de la soja transgénica. Aunque las retenciones contribuyen a limitar la producción indiscriminada, no es suficiente. A mi juicio es urgente analizar el peligro de los organismos genéticamente modificados (OGM) a fondo. En la actualidad la producción cubre un total de 18 millones de hectáreas. ¿Y esto que quiere decir? Una sola cosa: aumento del monocultivo. Se trata de una constatación que, para mí, es inobjetable y confirma lo que había observado hace tres años, en otra visita que hice a la Argentina. La frase “Un pueblo que se dedica al monocultivo se suicida” es evidente en este caso. Lo que hay que entender es que la expansión de la soja transgénica va en detrimento de los pequeños y medianos productores, al verse obligados a abandonar la producción de alimentos para la población. En primer lugar, porque las semillas que suministra la multinacional Monsanto, de nombre Roundup Ready (Soja RR), se fumigan con el herbicida Roundup, de modo que el resto de las tierras queda contaminado, puesto que es un herbicida muy volátil. Es decir, los pequeños agricultores deben abandonar su hacienda porque sus plantaciones son sencillamente destruidas por el herbicida. La soja provoca problemas sanitarios graves. Y esto ha sido confirmado por un informe del Hospital Italiano de Rosario. Pero también constituye un terrible problema social. No regular la producción de soja transgénica es darle la llave de la agricultura del país a unos inversores que nada tienen que ver con la agricultura. Darles todo el poder de maniobra a los “pools de siembra”, como lo describía Eduardo Buzzi en una entrevista que le realicé en 2005, es poner en juego la seguridad alimentaria de la Argentina.

–¿Cómo fue el desembarco de las semillas de Monsanto en la producción agrícola Argentina? ¿Tuvo resistencias este modelo?

–En 2005 Monsanto y el gobierno argentino estaban en medio de un conflicto por el tema de las regalías que la multinacional estadounidense pretendía cobrar por la exportación de la soja, ya que Argentina no reconoce la patente que reclama Monsanto sobre el gen Roundup Ready. Por ese tiempo Monsanto quería cobrarle 15 dólares a cada cargamento de granos o harina de soja a su llegada a los puertos europeos, ante la imposibilidad de cobrar tres dólares a los productores en territorio argentino. Allí Monsanto comenzaba a mostrar su verdadera cara. Pero antes, en la década de 1990, la totalidad de los productores recibieron a esta empresa con entusiasmo, por supuesto. Recuerdo haber entrevistado a agricultores que me dijeron que, al principio, llamaban a las semillas transgénicas “semillas mágicas”. Inclusive Buzzi me había dicho en esa oportunidad: “Nosotros sostuvimos ese modelo, pero caímos en la trampa. Estaba todo calculado”.

–¿De qué se trata el llamado “principio de equivalencia en sustancia”, retomado en Argentina?

–Este principio aceptado inicialmente en los Estados Unidos no tiene ninguna base científica que lo valide. Sin embargo, al impedir que los OGM sean considerados como aditivos alimentarios, las empresas de biotecnología pudieron evadir pruebas toxicológicas y evitar el etiquetado especial de sus productos. La decisión que permitió comercializar los OGM sin ninguna evaluación fue aceptada también en la Argentina. Gracias a estas mentiras los OGM llegaron al país y desde allí invadieron Paraguay y Brasil, donde no estaban autorizados. Como me había dicho Eduardo Buzzi en 2005, se trató de una estrategia planificada por Monsanto para forzar la legalización y generalización de los OGM. Como Brasil no autorizaba los transgénicos, Monsanto se implantó en la Argentina de Menem y desde allí elaboró su estrategia, que terminó contaminando a buena parte de América del Sur.

–¿Le parece lógico que durante el conflicto por las retenciones, el presidente de la Federación Agraria Argentina se uniera a los “pools de la siembra”, como él mismo los apodaba?

–Que Eduardo Buzzi en un comienzo haya defendido el modelo de la soja transgénica es posible, porque para él, como para muchos productores, se trataba de “semillas mágicas”. Es decir, se puede entender que los productores, dejándose llevar por la propaganda fraudulenta, hayan creído en lo que Monsanto les prometía. Lo realmente curioso, y que da lugar a sospechas, es que hoy en día Bu-zzi se haya cambiado de bando, por así decirlo, y comulgue con los “pools de la siembra”, que en 2005 le habían tendido una trampa. Me pregunto ¿qué habrá pasado desde 2005 que explique ese cambio abrupto de posición? Yo filmé a Buzzi hace tres años para un documental sobre la soja en Argentina, que transmitió la cadena francoalemana Arte. Allí, Eduardo Buzzi hacía un balance del modelo agrícola sojero, y concluía señalando que lo único que podía garantizar la seguridad alimentaria del país era la pequeña y mediana agricultura, a partir del suministro de cultivos diversificados. En esa oportunidad, Buzzi diferenciaba a los productores nucleados en la Federación Agraria de lo que él llamaba “un modelo agrícola destinado al agrobusiness”. Ahora bien: ¿qué hace hoy en día Buzzi? Está con los “pools de la siembra”. ¿Qué pasó? No sé exactamente, no tengo pruebas. Todo lo que puedo decir es que Monsanto desembarcó en Argentina en 1997, e impuso los OGM en un gobierno corrupto como el de Carlos Menem. Y en esa operación es muy probable que haya habido maniobras oscuras. Monsanto tiene una vasta experiencia en hacer cambiar de opinión a la gente.

–En uno de los capítulos de su libro, usted habla del rol que juegan ciertos medios de comunicación en la difusión y apoyo de los OGM en nuestro país. ¿En que consiste este apoyo concretamente?

–Hay medios de comunicación en Argentina que hacen claramente propaganda de los OGM. Al leer diarios como Clarín vemos perfectamente este tipo de discursos y nos hace por lo menos sospechar que, en ese ámbito, habría también una importante corrupción. Cuando uno lee los artículos de su colega Héctor Huergo de Clarín Rural, no puede más que preguntarse cuál es la relación de este hombre con Monsanto. Lo que escribe es propaganda pura, con informaciones falsas. Se les quiere hacer creer a los lectores que van a terminar con el hambre gracias a los OGM, que no habrá más problemas de malnutrición, pero es mentira. Estas cosas hay que investigarlas en profundidad. Hay que tener en cuenta que Monsanto es capaz de corromper al más fuerte. En Indonesia, por ejemplo, hay casos probados y condenas a Monsanto por corromper a más de cien funcionarios del gobierno.

–En general, los antecedentes non sanctos de Monsanto son poco a nada conocidos, o por lo menos no han sido lo suficientemente difundidos...

–En Argentina los medios no dicen que Monsanto ha sido condenada en Estados Unidos y Francia por publicidad falsa, que no tienen más derecho a marcar en sus productos que no afectan al medioambiente. He verificado en varios países la manera de actuar de Monsanto: compran... En el libro y en el film se demuestra que hubo científicos comprados durante más de 20 años para contar mentiras. Hoy sabemos que el Roundup es cancerígeno. Está claro que en un tiempo será prohibido, como ocurrió con tantos productos de Monsanto en el pasado (el PCB, la dioxina, entre otros) que generaron polución en el planeta por cuarenta años y que finalmente fueron prohibidos. El Roundup es altamente tóxico, en la Argentina más de la mitad de las tierras cultivadas son regadas con un producto que no es biodegradable, que llega a las napas freáticas, que contamina los suelos. Al ritmo actual, a mediano plazo los suelos serán inutilizables. Los OGM manipulados resisten al Roundup y lo absorben. Cuando una madre argentina les da la denominada leche de soja a sus hijos, les está dando un producto regado con una sustancia tóxica. Hoy tienen la oportunidad de hacer un balance y sacar conclusiones, es lo que debería hacer el Parlamento. Hoy los productores ya no pueden decir que no saben. Hoy hay pruebas, tenemos los datos. Sabemos que la soja transgénica va a generar enfermedades y va a disminuir el rendimiento de la tierra. En Argentina hay que hacer una evaluación seria antes de que sea demasiado tarde. Hay que dejar bien claro que esta empresa no quiere ganarle al hambre sino hacer grandes negocios.

–Los países europeos debaten en la actualidad sobre los OGM y estudian los controles a poner en práctica. ¿Cuál es la situación en Francia?

–En Francia, al igual que en el resto de los países, hay sectores que proponen legalizarlos. Conozco bien al sector del campo francés porque soy hija de agricultores. Estamos en lo que yo llamaría una guerra de información. Hay agricultores que durante encuentros de discusión me dicen que los OGM les permitirían usar menos pesticidas. ¡Cómo menos pesticidas! Si se trata de plantas que producen tóxicos y que desarrollan una resistencia cada vez mayor a los pesticidas utilizados. Cuando la discusión es profunda se entiende, pero hay una enorme propaganda. Claro que los agricultores, no los pools de siembra que son industriales y especuladores, tienen problemas en todo el mundo. Los verdaderos agricultores son víctimas de estos nuevos modelos, no les alcanza para vivir y se los inunda con la publicidad de estas “semillas mágicas”. En Francia también existe un lobby muy fuerte de los grandes agricultores que militan por la introducción de los OGM. También hay diputados franceses que mienten en la Asamblea Nacional en defensa de los intereses de estas empresas. En Francia, algunos senadores tuvieron el coraje de denunciar que los legisladores son presionados por Monsanto. El aspecto esencial de esta disputa es controlar las semillas, que son el primer eslabón de la cadena alimentaría. Lo que le interesa a Monsanto es vender el Roundup y tener las patentes sobre las semillas para luego cobrar las regalías sobre la producción ajena. Hoy, en países como la India, sólo hay semillas transgénicas. Monsanto compró todas las empresas semilleras, y los campesinos que comienzan a ver los efectos negativos ya no tienen cómo volver atrás. Peor aún, los agricultores deben pagarle regalías a Monsanto al utilizar las semillas o les mandan la policía. Es un negocio redondo. Lo mismo intentó Monsanto en la Argentina. Primero dijeron que no cobrarían regalías, pero en 2005 cambiaron el discurso por el de o nos pagan o vamos a un conflicto fuerte.

–¿Cómo puede salir Argentina de este chantaje que usted describe?

–Todavía es posible. Recordemos que Monsanto tuvo mucha suerte, porque Argentina no era un país productor de soja. El primer productor de soja en América latina era Brasil. Si Argentina hoy es un enorme productor se debe a una circunstancia particular: la gran crisis del 2001. Argentina necesitaba encontrar una salida, y al mismo tiempo la crisis de la vaca loca en Europa generó la prohibición de harinas animales y la necesidad de soja. Esta doble coincidencia benefició a Monsanto. Pero en la actualidad la mitad de los campos de la Argentina están contaminados de OGM, y ésta es una lógica muy cercana a la de tener un país endeudado. Continuar con este modelo sin regulaciones importantes sería pensar a cortísimo plazo. Ya no se trata de la salida de una crisis extrema sino de la viabilidad de un modelo a largo plazo. Esto significa analizar todos los datos y actuar en consecuencia con una visión clara. No hay que olvidar que por el momento Argentina no reconoce la patente sobre el gen Roundup Ready, pero las presiones en la Organización Mundial de Comercio son enormes. Si se llega a la uniformización del sistema de patentes, es decir a la imposición del sistema norteamericano, los problemas de Argentina serán mayores. El debate ciudadano sobre estos temas es fundamental, el debate político en el Parlamento es esencial aunque genere manifestaciones. En Europa, los movimientos de resistencia a los OGM son cada vez más fuertes, debemos alentar la agricultura natural que es la única salida. La pregunta es cómo volver a estos modelos naturales cuando Argentina tiene 18 millones de hectáreas regadas con Roundup.

–¿Está al tanto de que el sector que se opone a las retenciones subraya que, con el avance de la producción de la soja se ganará la guerra contra el hambre?

–Sí, lo sé, y es completamente falso. Los OGM son todo lo contrario, reproducen el hambre a largo plazo justamente porque condenan a los países al monocultivo, como señalaba antes. La prueba está en que, con el avance de la soja, en la Argentina un alto porcentaje de los tambos se están cerrando, por culpa del Roundup desperdigado por los pastizales. La soja se cultiva cerca de donde pastan los animales. Una vez que las vacas se alimentan de las hierbas contaminadas con herbicida quedan afuera del proceso de producción de productos lácteos. Lo mismo ocurre con la producción de arroz y lentejas, que están en la base de la cultura alimentaria argentina, que también ha disminuido considerablemente, sin contar el hecho de las grandes superficies de árboles que fueron arrancados para cultivar soja, sobre todo en el norte del país. Todo un desastre ecológico destinado a producir alimento para vacunos, bobinos y pollos de Europa.

 


 

LOS ESPECULADORES DE LA BOLSA DE CHICAGO CONDENAN A MUERTE A MILLONES DE AFRICANOS

Etíopes mueren por el precio de la comida

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-108540-2008-07-27.html

En su última cita, el G-8 se comprometió a pagar en cuotas 6300 millones de euros para compensar el alza de precios de los alimentos que, según la Banca Mundial, no tardará en causar otros 100 millones de hambrientos.

 Por Vicente Romero

Desde Wurkro, Tigray

El fantasma de la sequía, que eternamente amenaza el destino de millones de seres humanos en el Sahel, empieza a desvanecerse. Porque las lluvias llegaron, con un pequeño retraso pero con caudal suficiente para confiar en una buena cosecha. Sin embargo, a los campesinos de Etiopía donde el hambre es una enfermedad social crónica no les basta con labrar hasta el último palmo de tierra, trabajando desde las primeras hasta las últimas horas de luz de cada día como hace mil años, con arados de madera y bueyes. Ni siquiera es suficiente que sus oraciones sean atendidas y llueva. Sus destinos ya no dependen únicamente de que caiga el agua del cielo, sino de los designios de un nuevo Dios más poderoso y despiadado que el de sus ancestrales creencias religiosas: el libre mercado. Un dios cuyas leyes exigen el sacrificio de multitudes empobrecidas en los altares de la Bolsa de Chicago, oficiado por una legión de brokers dedicada a incrementar el precio de los alimentos.

“¿Que aquí pueden morir 150.000 niños, como advierte el Unicef? ¿Y a quién le importa? Como si mueren millón y medio. Es algo que no le va a quitar el sueño a nadie. Son cifras frías, estadísticas que hablan de criaturas desconocidas, sin nombre ni rostro.”

Quien pronuncia estas palabras desgarradas es Angel Olaran, un misionero español de 70 años que trabaja en soledad en el Tigray, una de las regiones etíopes donde la miseria es más profunda.

“La comida está cada día más cara y la gente puede comprar cada vez menos. Pone los pelos de punta saber que grandes grupos financieros internacionales especulen en los mercados, condenando al hambre a millones de personas. ¿Acaso se puede llegar a un grado mayor de maldad?”

Hablamos en el cobertizo de un comedor de caridad que sus patrocinadores de Cataluña prefieren denominar centro de desarrollo bajo cuyo techo de paja aguarda turno un centenar de mujeres cargadas de criaturas famélicas. Tras someterlas a un somero examen médico para controlar su evolución, recibirán un paquete de alimentos elaborados como complemento dietético. Otro eufemismo, ya que para la mayoría constituye la base principal de su alimentación.

“Es una papilla fuerte lo que se llevan –explica Olaran–, pero hay madres que tienen un hijo en el programa de ayuda y tres o cuatro más esperando en casa. Así que acabarán repartiéndola entre todos. ¿Estamos prolongando su agonía? No sé. Lo cierto es que no se atiende a los niños menores de seis meses, considerando que hasta esa edad deben alimentarse de la leche materna... pese a que la malnutrición seque los pechos de las mujeres.”

La estricta normativa de la ayuda humanitaria se aplica con rigor, para administrar unos fondos siempre insuficientes. Hay que recordar que los máximos dirigentes de los ocho estados más ricos del mundo que suman el 58 por ciento del producto bruto mundial para disfrute de sólo un 15 por ciento de la población del planeta cerraron su reciente reunión en Hokkaido (Japón) con el incumplimiento de sus anteriores promesas de incrementar la ayuda a los pueblos más desvalidos. Y que el balance final de la última cita del G-8 quedó reducido al palabrerío de los buenos propósitos, tras el compromiso de pagar a plazos 6300 millones de euros para compensar el alza de precio de los alimentos que, según la Banca Mundial, no tardará en causar otros 100 millones de hambrientos.

La gestión de la penuria presupuestaria determina que los centros de nutrición como el de Wukro admitan a los niños cuando se encuentran en torno del 70 por 100 del peso que correspondería a su edad. Y establece que dejen de percibir la ayuda alimentaria cuando su mejoría resulta visible, sin que lleguen nunca a alcanzar la talla debida. Se ven expulsados del programa cuando superan el 80 o el 85 por 100 del peso ideal, para reemplazarlos por otras criaturas aún más débiles. Ello supone normalizar la precariedad. Se evita que miles de niños mueran de hambre pero se los condena a sobrevivir lastrados por una falta de proteínas y vitaminas esenciales que les impedirá desarrollarse plenamente.

“Quienes escatiman las ayudas, quienes impiden un reparto más justo y quienes gobiernan la Bolsa de Chicago deberían venir aquí y entrar en los hogares de estas mujeres. En cada casa recibirían una... el viejo misionero duda un instante y prosigue una de esas cosas que los curas repartimos en misa.”

La escasez resulta evidente en el mercado de Wukro, como en todas las poblaciones rurales. Empobrecidas, sus gentes compran cada vez en menores cantidades. La oferta de alimentos mengua sin cesar, mientras el precio del tef cereal que constituye el plato único de la mayoría de la población se ha doblado en menos de cuatro meses. Los niños son los más frágiles, pero no los únicos atormentados por el hambre. Otro sector especialmente vulnerable es el de los ancianos, que acuden por centenares a la misión de St. Mary, en busca de limosnas para alimentarse. Son gentes de una dignidad antigua, humilladas por la pobreza extrema, a quienes se entrega una ayuda máxima de quince euros mensuales.

“Hay personas que hace tres meses vivían con cierta holgura y ahora pasan hambre afirma Angel Olaran y todo indica que los precios van a seguir subiendo. Porque el capital no tiene piedad y sus sicarios seguirán especulando con los alimentos para acumular beneficios a base de extender la miseria.”

Las consecuencias sociales del empobrecimiento general se hacen también visibles en prisiones y prostíbulos. Durante los últimos meses se han incrementado los delitos contra la propiedad. El director de la cárcel de Wukro nos explicó que la mayoría de sus 700 inquilinos entre ellos numerosos adolescentes había cometido pequeños hurtos de bienes que les resultaban inalcanzables. Tesfay, el bibliotecario del penal, purga seis años de condena por haber vivido un apasionado romance sin disponer de dinero para casarse, en un país donde la virginidad garantiza una importante dote. Y en el pabellón femenino, una muchacha llamada Salem nos contó que no había resistido la tentación de robar un vestido para embellecer sus 14 años recién cumplidos. Faltas que se juzgan y castigan, comportamientos incorrectos que jamás cometerían los tan probos como poderosos señores que rigen la pobreza, desde los más elevados puestos del poder económico mundial. Como los comportamientos vergonzantes que muchas mujeres del Tigray deben asumir para sacar adelante a sus familias, comerciando con lo único que poseen: sus cuerpos. Pero los efectos de la crisis se dejan sentir también en los bares donde los mercaderes suelen festejar sus negocios.

“La cerveza también ha subido y hay menos hombres en los bares cuenta Olaran, eso hace que la vida de estas mujeres sea aún más amarga. Muchas vienen a pedir ayuda, soñando con que un microcrédito les permita salir de los prostíbulos y dedicarse a otra cosa. Algunas lo consiguen. Pero la miseria es muy difícil de superar. Y las condiciones económicas empeoran constantemente.”

 

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Medicina por Guidos

En los hospitales nacionales vemos a Especialistas que ven lo que debería ver el medico General, el M. General  ve lo que debería ver el pediatra y hace lo que deberían hacer los administrativos, médicos que hacen un poco de todo en función de donde hagan falta, políticas sanitarias sordas a los médicos sabios, y médicos sabios dueños de plaza metidos a burócratas , cada vez más burócratas y menos sabios… y sin embargo se mueve. Sin embargo funciona: la población lo percibe así y los políticos lo venden así.
    Esto puede llevar a tres posibles conclusiones:
-    Al modo de Leibniz y tomar esta como "la mejor de las situaciones posibles" en cuanto a sistemas sanitarios.
-    Al modo BRES y tomar esto como una conspiración del sistema en el que todo se hace mal a posta desde las altas gerencias para lograr distintos fines: votos, privatizar servicios, etc…
-    Al modo cartesiano y negar la mayor, dudar de la utilidad de la medicina, no ya como instrumento para disminuir morbi-mortalidad, sino incluso como medio para mejorar la vida de la población: " el sistema no debería funcionar pero funciona, ergo nada funciona, todo es mentira", es también una conspiración, pero del subconsciente colectivo que nos mueve a creer en la medicina articulada en servicios sanitarios

De decantarme por alguna… me quedo con la última

El campo y el gobierno son socios del modelo

Por Enrique M. Martínez *

El desenlace del tratamiento legislativo de la política de retenciones móviles no tiene antecedente en la democracia contemporánea argentina. Por tal razón, debe explicarse con sumo cuidado y a continuación debe tomarse cuidadosa enseñanza.

Ante todo: no es cierto que confrontaron sólo dos miradas, la del Gobierno y la del “campo”. En Diputados hubo al menos quince que votaron contra el proyecto oficial criticando su insuficiencia transformadora y la baja protección de los pequeños productores. Rechazaron “por izquierda”.

En Senadores, un ámbito tradicionalmente más conservador, la mayoría automática era y es una fantasía, porque se origina en un peligroso mecanismo de compensaciones a ex gobernadores y caciques menores derrotados en su interna local. Era probable que se evaporaran alineamientos ante la perspectiva de poder “armarse para volverse a meter” en futuras internas provinciales. Aun así, hubo al menos dos votos negativos –una senadora por Chaco y un senador por Santa Fe– que también discreparon “por izquierda”. Si tales reparos no hubieran aparecido y esas voluntades se hubieran sumado a las oficiales, la votación positiva habría sido clara. En términos de puja de fuerzas, en realidad debe decirse: perdió el Gobierno, pero no ganó “el campo”.

Por supuesto, para cambiar el escenario, el texto en consideración debió haber sido otro. Esta es una de las grandes enseñanzas del cuatrimestre transitado. No se puede librar una pelea esencialmente ideológica a partir únicamente de un instrumento fiscal, un impuesto. Es pelear con espadas de madera, correr el serio riesgo de no cambiar nada.

Mirando desde la equidad, en el campo argentino las cosas están bastante mal. Hay ganadores permanentes. Las transnacionales exportadoras; los monopolios de suministro de semillas, herbicidas y fertilizantes; los grandes inversores financieros que arriendan enormes superficies; los dueños de tierra –aun de superficies modestas– que han pasado a ser rentistas pasivos y sin riesgo agrícola.

Como contracara, hay perdedores permanentes. Los que no se dedican a la soja o al maíz; los trabajadores rurales; los pequeños contratistas. Además de eso, la calidad de vida de todos los pequeños pueblos de todo el país, donde hay dinero sin trabajar y voluntad de trabajo rural digno, sin demanda.

Ni el aumento ni la reducción de una tasa de retenciones a la exportación mejoran este estado de cosas. El Estado puede contar con algo más o algo menos de recursos, pero podría demostrarse que la situación estructural, en ambos casos, se congela o empeora.

Para mejorar la equidad, el Estado debe pasar a ser un eslabón activo de la cadena de valor agroindustrial. No puede ni debe ser sólo el recaudador de impuestos. No es éste el espacio para desarrollar a pleno opciones técnicas, pero imaginemos uno solo de los caminos. Un fuerte organismo público que compre cereales a un precio de referencia básico y que luego de proveer al mercado interno a ese mismo precio, venda los excedentes a la exportación o exporte directamente, entregando luego, a quienes le vendieron, una suma adicional, proporcional por la diferencia entre los dos precios (local y de exportación). Sería un concepto superador de las retenciones y podría aplicarse a cualquier actividad primaria.

¿Es confiable la estructura actual del Estado para este intento? Tal vez no. Tal vez se necesiten tiempo, dinero y compromiso en cantidades superlativas para llegar a esa situación. ¿No son acaso éstos los temas que hay que discutir? De otro modo, ¿a qué consensos se debe apuntar, según la emocionada, pero aún abstracta, apelación del vicepresidente de la Nación?

¿Cómo compatibilizar la búsqueda de una sociedad más justa con la mirada de aquellos que siguen creyendo que el mercado es el mejor ordenador social?

Es verdad que falló el método político. Debieron construirse consensos. Pero éstos son los consensos de mayorías transformadoras, que el Congreso de la Nación mostró que están allí, que se pueden alcanzar. No son los pequeños acuerdos con quienes están conformes con el pasado o sólo lo quieren maquillar.

Hay que recomenzar el camino. Con las nuevas necesidades de la hora.

Primero: creer en el debate profundo e informado.

Segundo: advertir que el diseño debe poner al Estado dentro de la cadena de valor, para confrontar con los monopolios y ayudar a los actuales perdedores.

Muy distinto escenario del que circula por la cabeza y el corazón de muchos de los que fueron al Monumento de los Españoles. Pero seguramente compartido por millones y millones de compatriotas.

* Presidente del Instituto Nacional de Tecnología Industrial.

Agronegocios en Argentina

LAS SOLUCIONES MÁGICAS Y LAS INEVITABLES CATÁSTROFES SUBSIGUIENTES

Nos preguntamos en estos momentos y luego de la crisis, si lo que concluyó es una etapa, y en ese caso si comienza otra cosa, o si acaso, tendremos más de lo mismo o una profundización del mismo modelo. El hecho de que  pudiera resolverse un conflicto de más de 4 meses de duración, generado por un retoque en el porcentaje de las retenciones a la exportación, y que esa “resolución” se haya logrado de manera pacífica y mediante mecanismos institucionales,  produce un alivio en la población. Pero: ¿cambia las cosas? ¿Se dejará de sembrar soja?  ¿Se distribuirá mejor la renta agrícola?  ¿Se preservarán las tierras agrícolas sometidas a gravísimas amenazas de pérdida de fertilidad?  ¿Se dejarán de fumigar los campos y las poblaciones que resultan víctimas inermes de los paquetes agrotóxicos?  Se abre una nueva ventana al futuro, pero a qué futuro? Los legisladores y los funcionarios tienen un nuevo desafío por delante, el de poner en práctica los discursos realizados en estos últimos meses.  ¿Cómo lo harán?  ¿Será posible alcanzar situaciones de cambio en el universo agropecuario?  ¿O sólo se tratará, según parece, de dar un nuevo impulso a la biotecnología, como propone un reciente proyecto de ley para la creación de un fondo para la soberanía biotecnológica?

Las enseñanzas de las últimas décadas nos muestran que tanto los administradores políticos, como los dirigentes agropecuarios, siguen una marcada tendencia a la búsqueda de “soluciones mágicas”. La  resolución 125 fue un intento de solución mágica.  Su aplicación derramaría riqueza sobre una sociedad golpeada, y salud sobre una sociedad enferma.  Es pensamiento mágico. Un retoque en el porcentaje de una retención traería una cascada de beneficios.  Lo cierto es que aquí la magia falló, y lo que trajo es un prolongado conflicto y por último la marcha atrás y  la derogación de la medida.

Los sistemas ecológicos funcionan según sus propias reglas, y esas reglas están dadas por el conjunto de la biodiversidad, los componentes físicos y las particularidades climáticas de cada región.  Las distintas formas de intervención del hombre dentro de estos sistemas deberían tener una coherencia con la totalidad, esas intervenciones deberían estar regidas por una conciencia del todo y de sus sentidos más íntimos, de lo contrario el sistema como un todo, seguramente reaccionará negativamente.  Las apetencias humanas, especialmente las económicas, normalmente se despliegan dentro de la ilusión de no necesitar ajustarse a las restricciones del ecosistema.  En las últimas décadas, tanto los pensamientos políticos como los económicos parecen guiarse por la regla de forzar los ecosistemas hasta sus límites, y en ocasiones,  a empujarlos fuera de ellos mismos.   Lo que sobreviene es inevitablemente un desastre, lo que llamamos una situación de catástrofe. 

Esas “soluciones mágicas” que fueron medidas circunstanciales para atacar un síntoma, un paliativo para salvar una profunda incomprensión del hombre con su entorno, a través de la costumbre se transforman en verdades monolíticas, en cuestiones fuera de discusión, en indiscutibles y temibles dogmas, que nadie dentro del sistema académico y de producción, podría hallar un espacio de reflexión como para que sean revisados.   Ahora bien, dado que no resuelven los desequilibrios iniciales, esas soluciones mágicas generan dependencia, son adictivas, porque trabajan fuera del sistema, porque son incorporadas sin un conocimiento apropiado para manejarlas. Las soluciones mágicas fueron siempre adoptadas en función de validaciones económicas, luego la industria y el Estado se ocuparon de buscarle algún beneficio social o ecológico, que por supuesto no tienen en el mediano largo plazo, pero que en la simulación que crean los medios de comunicación, resuenan como verdades establecidas. 

Ejemplos de ello es el uso de agroquímicos. Desde los inicios de la revolución verde, la promesa de un aumento de la producción y de un triunfo en la guerra contra las plagas,  más que una promesa, consistió en una solución mágica.  Hay chinches? Ponerle endosulfán.  Hay malezas?  Echarle Tordón.  Así de sencillo, así de mágico, así de irreal, así de antiecológico, así de brutal y de absolutamente criminal con el entorno. La soja transgénica fue otra solución mágica, acogida con esperanzas como una simplificación en las tareas, un ahorro de combustible y una garantía de ventas, con precios crecientes, en medio de un panorama de deudas y de empresas quebrando.

Los nuevos desarrollos biotecnológicos, el maíz Bt-RR por ejemplo, son nuevas soluciones mágicas. Se supone que controlan plagas, que tiene buenos rendimientos, las malezas son combatidas con glifosato, y encima no hay que hacerse problemas por la venta,  total no es para alimento… es para biocombustibles! …Y los biocombustibles!!  La última y más prometedora solución mágica para la escasez del petróleo, la volatilidad de su precio, el calentamiento global, y la conciencia negra de los consumidores europeos.

Las soluciones mágicas, pasaron en su momento por explotar el quebracho colorado en el bosque chaqueño en épocas de La Forestal Argentina,  una sola especie de los miles que tiene este bosque fue talada in misericordiosamente.  Ya sabemos sus consecuencias. Ese tipo de “soluciones” creyeron encontrar sólo en el tanino, en la cabra, o en los postes y durmientes, o en el carbón, los recursos de tan magníficos bosques.  Hasta que llegaron los sojeros con la solución mágica más reciente, y lo único que vieron del bosque fue su suelo bajo la cubierta vegetal, un suelo que en el monte no es sino apenas una pequeña parte de un todo, y con esa mirada parcial y economicista, justificaron tanta barbaridad, y con ella impulsaron las topadoras, las quemas y las fumigaciones, que tanta devastación y muertes han provocado entre las poblaciones locales. Las soluciones mágicas fueron las de cambiar toda esa riquísima biodiversidad, eliminarla de los campos y del pensamiento de los argentinos, sólo para encontrar un recurso a explotar, aquello que justifique transformar el bosque en dinero.  Quebracho colorado, algarrobo, palo santo, postes, leña, carbón, suelo.  Un solo recurso en medio de un conjunto extraordinario de posibilidades.  Las extracciones de corte minero sobre su masa forestal y su suelo, fueron las soluciones mágicas recurrentes para el chaco.  Y podríamos repetir estos ejemplos en cada bioma de la geografía argentina.

Cuando la ciencia produce soluciones mágicas

Estas políticas se instalan y se facilitan, mediante el recurso de ir dejando paulatinamente sin financiamiento a la investigación en ciencias básicas y gracias a un extendido desprecio hacia la cultura y la educación popular. Se generan así, lagunas profundas en el conocimiento de los ecosistemas, y en la capacidad de apreciar aquellos “campos” en los que se trabaja y de los que se toma la “riqueza”.  Al no concebir la complejidad de los ecosistemas, al no comprender a fondo su funcionamiento, al estar limitados en las decisiones por esta ignorancia básica que configura un menosprecio por el entorno,  surgen con naturalidad las soluciones mágicas, aquellas que presuponen no necesitar esos conocimientos previos.

Al mismo tiempo, en las universidades se ha logrado, por complejos mecanismos de selección desde lo económico y lo ideológico, una desvalorización de la ciencia básica que fue reemplazada por la sobrevalorización de las ciencias “aplicadas”, que sólo cobran valor si “pueden generar ganancias” para el autosustento de la propia investigación científica. Y este fenómeno se da tanto en las universidades privadas como en las públicas. Esta situación ha forzado a los científicos a buscar fondos en los capitales de la industria y del mundo financiero, introduciéndose de esta manera, en un círculo vicioso de intereses ajenos a la investigación científica. La industria y las finanzas han tomado de esta forma, durante las últimas décadas, las riendas de las investigaciones y determinan las estrategias, fijando qué conviene  investigar en las universidades. Esta burbuja de intereses, se ha generado dentro de un sistema que sólo da mérito científico a las investigaciones que pueden ser publicadas en ciertas revistas internacionales reconocidas, que a su vez están involucradas o manipuladas directa o indirectamente desde los intereses de la industria y las finanzas.  

Los científicos, por su parte, pueden contar con más subsidios si tienen suficientes publicaciones en estas mismas revistas. Y así se genera una espiral creciente de intereses y complicidades entre lo público y lo privado. Para que la investigación sea “competitiva” se necesita de la “confidencialidad” de los resultados científicos. El mundo científico, casi sin darse cuenta, ha terminado envuelto en una maraña de intereses que le eran ajenos, y que los obliga a seguir los pasos dictados por las empresas, para poder continuar existiendo como actividad y como corporación, en el sistema académico. La industria y las finanzas han comprobado que, si ayudan a la formación de cuadros científicos, esos mismos cuadros les pueden ser útiles como instrumentos de sus lobbies. Estos cuadros científicos pasan a tener entonces, más fondos para más resultados publicables, que, a su vez generaron más fondos, y que generan a su vez, artimañas astutas como las de abordar las mismas publicaciones pero desde diversos ángulos para mostrarlas diferentes y lograr más fondos, todavía. Muchos científicos promocionan sus ideas en los medios de comunicación, en los que trabajan asimismo cuadros periodísticos, también financiados por la industria y los capitales de especulación, que dan a conocer los “beneficios” magníficos de las investigaciones de estos científicos que lograron afianzarse en el modelo. Así, de esa manera, los cuadros científicos cobran notoriedad y reconocimiento en el sistema y desde el pedestal alcanzado de “científicos neutros”, logran convencer a los políticos de turno de la importancia que tiene la ciencia aplicada para la economía nacional.  

Es entonces, por medio de los cuadros formados desde los subsidios de la industria y las agencias de desarrollo europeas y norteamericanas, influenciadas por los mismos científicos lobbistas, creyentes en el crecimiento y el progreso, que la investigación aplicada comienza a ser subsidiada desde el Estado también, y se confunde de manera obscena con la investigación básica en biotecnología, tal como ocurre en nuestras Universidades, en los organismos de Ciencia y Tecnología y en el INTA. A partir de ahí, Los cuadros científicos formados por la industria y las finanzas pasan a tomar cargos públicos con poder de decisión en Ministerios, Secretarías, Agencias, Institutos Nacionales, etc.  Estos mismos científicos lobbistas llegan incluso a representar a nuestro gobierno en reuniones internacionales donde se deciden las políticas y protocolos de bioseguridad, desestimando, ridiculizando e incluso desmintiendo en forma descarada las denuncias sobre los resultados desastrosos de sus propias investigaciones, que sólo pueden seguir escondiendose, con la complicidad de los medios de comunicación involucrados.  

En forma paralela, otras áreas de las ciencias son marginadas por los intereses de la industria y las finanzas, tales como por ejemplo, la eco-epidemiología y la ecología, debido a que el objeto de su ciencia es la investigación preventiva y no aplicada a intereses económicos industriales. O peor aun todavía, se utilizan sus conceptos como  “responsabilidad social empresaria”, de modo propagandístico, pero vaciándolo de contenidos, generando esquemas de autorregulación y cerrando el paso al control social o estatal.  En este cada vez más complejo proceso de formación de cuadros científicos lobbistas, es que la biotecnología ha pasado de ser una mera herramienta de laboratorio, entre muchas otras posibles, a ser un objetivo en sí mismo de la investigación científica. Los descubrimientos devienen en “invenciones” que pueden ser “patentables” y comercializados. Estos descubrimientos promocionados hasta el cansancio por los medios, pasan a ser las futuras soluciones mágicas contra el hambre, las enfermedades, lo déficit energéticos, la contaminación y demás males generados por muchos de los mismos “progresos” científicos mágicos que los antecedieron. 

Las soluciones mágicas traen problemas…

Las nuevas soluciones mágicas no son entonces, más que ideas y procedimientos reduccionistas sacados de su contexto biológico y que pretenden no necesitar un conocimiento de los ambientes naturales en donde se van a liberar los organismos modificados genéticamente.  El proceso de cooptación de los científicos y de la colonización de las instituciones técnicas del Estado por parte de las Corporaciones se ha consumado y ya no necesitamos como antaño tropas de ocupación, ahora, muchos de nuestros investigadores y técnicos comparten plenamente los valores de la globalización y los intereses de las Corporaciones.

Pero las soluciones mágicas generan problemas inesperados. Y como somos dependientes de estas soluciones e invenciones patentables, asumimos los problemas como parte “natural” de procesos de prueba y error a que nos domesticaron y en que los sufrimientos a que nos somete la permanente improvisación, no son visualizados por la casta política como una gravísima falta a sus propios deberes.  La revolución verde generó mortandades, envenenamientos, residuos químicos que hasta hoy nos enferman, problemas que se extienden a lo largo de sucesivas generaciones, y lo peor es que ni siquiera pudo cumplir con su cometido originario, que era la promesa de alcanzar mayores rindes de producción en crecimientos programados.  Las plagas ganaron resistencia y siguen atacando los cultivos, y cada vez somos más dependientes de los insumos químicos y de las empresas que los producen. Sin embargo, sorprendentemente, en los círculos académicos y políticos, no se discute siquiera si fue o no conveniente el entrar en la revolución verde que derivó en los cultivos transgénicos, o sea genéticamente modificados, como su más novedosa expresión, y mucho menos se debate si acaso, debiéramos abandonarla.

Ahora, está ocurriendo lo mismo con  la soja transgénica… y  con sus devastadores e indiscutidos impactos, que ambas partes del reciente conflicto reconocen, aunque  asombrosamente, sólo se diferencian entre sí, en la disputa por su renta o en el proponer diversos caminos para ampliar las  extensiones de los monocultivos. Estas soluciones mágicas son el negocio de las grandes empresas y  por ello mismo, las preferidas por muchos políticos y decisores, que ubicados detrás de sus escritorios, son influenciados por los lobbies de la agroindustria, de la industria biotecnológica y del mundo financiero, resolviendo imprudentemente, sin conocimiento alguno fundado y teniendo en cuenta sólo las voces más audibles, que son siempre manipuladas desde los medios masivos de comunicación, allegados a los intereses de la agroindustria y de la industria biotecnológica.  Lo peor tal vez, es que al no reconocerlas inicialmente como “fuera de los sistemas”, somos incapaces de combatir sus causas primarias: los desequilibrios; y nos dedicamos a buscar nuevas soluciones mágicas para resolver los problemas causados por las primeras. A estos problemas, generados por medidas circunstanciales, forzadas y adictivas, proponemos nuevas soluciones circunstanciales y aún más forzadas y adictivas, todavía.  Este pensamiento lineal y secuencial es propio de las empresas agrícolas y aún de la ciencia empresarial, a cada efecto colateral se nos propone más de las mismas medicinas que los ocasionaron, supuestas soluciones que significan nuevos negocios para las empresas. Muchas veces sólo se trata de subir la “dosis”. Y así vamos, de “solución mágica” en “solución mágica”, y mientras tanto, los gobiernos se suceden, los funcionarios se reciclan, los pobres siguen creyendo en poder salir alguna vez del infierno social y ambiental en el que se encuentran, y los ecosistemas (el ambiente) retroceden de manera irreversible. 

Muchos funcionarios están encontrando una nueva solución mágica.  Una solución que presuntamente no tendría conflictos con la producción de alimentos,  que permitiría producir en tierras “marginales”, que sería de manejo simple, y con durabilidad en el tiempo. Las tierras "marginales" son en general aquellas en las que hubo sobreexplotación ganadera, o actividades extractivas, tales como obtención de postes, varillas carbón, leña.  Cuando no quedan árboles aptos para sacar, y el piso está sobrepastoreado por cabras, las tierras se vuelven "improductivas", es decir no rentables.  La solución sensata pasaría por permitir que el bosque se regenere, acompañando al tiempo por tareas de remediación y reforestación. Todo lo contrario, para esas tierras degradadas, los funcionarios chaqueños, encontraron que sería posible aprovecharlas para cultivos energéticos.  Plantas como la Jatropha, y como el Tártago o Ricino, que ya está siendo promocionado por una empresa suiza y firmando contratos por cinco años con productores familiares minifundistas y pequeños productores, para llegar a 20.000 Has en esta primera etapa.  Es casi obvio decir que estas “soluciones” aisladas del conjunto de lo ecológico, de lo social y lo económico, y pretendiendo la producción de agrocombustibles, no sólo no mitigarán el cambio climático sino que producirán todavía mayores expulsiones de campesinos, que seguirá concentrándose la riqueza y que se sumarán miles de hectáreas de nuevos desmontes a la actual deforestación. No se solucionará la pobreza, ni el hambre, ni la tuberculosis, ni el Chagas, ni la leishmaniasis, ni la fiebre amarilla, ni las riquetsias, y para peor, se instalarán y trabajará con especies extremadamente invasoras, cuyo impacto sobre la biodiversidad chaqueña será quizá, mucho mayor que el de la soja transgénica. Y todo para obtener tan sólo, un puñado de dólares, que jamás se transformarán en desarrollo para las comunidades, sino que serán índices que harán crecer el producto bruto del que se vanaglorian en el Gobierno Nacional. Otra vez, seguiremos confundiendo el “crecimiento” con el desarrollo.

Crecimiento, desarrollo y necesidad de decrecer para desarrollarnos 

Tendríamos que diferenciar el "crecimiento" del "desarrollo", ya que los cementerios también crecen, lo mismo que las cárceles y los petroleros hundidos que contaminan los océanos y hacen crecer los índices del Producto Bruto. Los modelos macro económicos de crecimiento ya se aplicaron cuando se paso de 25.000.000 TN de granos en la década de los 70 a los casi 70 y pico millones en la década de los '90, y nada de eso resolvió los problemas micro económicos, micro sociales, micro ambientales, al contrario... los agravó. Por ende esa propuesta es exactamente lo que se espera de un modelo basado en una economía de mercado, teniendo como meta la globalización. Es decir, seguimos con las mismas recetas y nos olvidamos del Desarrollo, de la Sotenibilidad y, en especial de la Calidad de vida, que nada  tiene que ver con la productividad.  

Las soluciones mágicas necesariamente van acompañadas de ignorancia y de oportunismo.  En realidad, las soluciones mágicas no funcionan y nunca van a funcionar, en la medida en que no trabajen a partir del conocimiento integral de los ecosistemas en los que vivimos y que usamos para producir y cuyo origen no sea el desarrollo armónico sin afán de lucro excesivo.  Quién podría imaginar o acordar hoy, que se elimine la soja transgénica o cualquier otro evento transgénico, OGM (organismo genéticamente modificado), de la Argentina: sólo un idealista... Quién podría proponer seriamente que se vuelva a una agricultura de procesos, sin aportes de agroquímicos: ¿Qué biólogo se atrevería hoy, desde los regímenes universitarios e institucionales imperantes actuales a proponer soluciones integrales ecológicas o eco epidemiológicas? nadie sensato, sin lugar a dudas, sólo algunos pocos animosos con espíritu heroico, bajo el riesgo de ser tildados como irrealistas o  idealistas no serios o de no ser oídos… 

¿Quién podría proponer que es necesaria todavía una discusión a fondo sobre la validez ética de manipular genes de otros organismos, saltar las barreras de los reinos de la Naturaleza y mezclarlos alegremente en la alquimia insensata de los biotecnólogos, para seleccionar por descarte aquello que luego dirán que era lo que buscaban, invirtiendo el resultado en hipótesis, con una moral de dudosa humanidad: sólo un místico o de nuevo, algunos idealistas.  La intensificación del actual modelo de agronegocios, que involucra al sector de la ciencia y de la tecnología y a no pocos intelectuales urbanos, es una consecuencia directa de las nuevas formas de colonización que la globalización económica genera en los países del tercer mundo.  Así, el Estado argentino, y con él todo nuestro presente y futuro, está siendo administrado por una forma de CO-GOBIERNO integrado por las autoridades, las empresas de biotecnología, los grupos exportadores y el sector agrícola, y cuyo objetivo es el crecimiento económico más allá de todo límite social y natural.   Ellos están determinando hoy las políticas que nos guían hacia un futuro que se hunde en la más profunda catástrofe de nuestra historia.

La adicción al Crecimiento encubre nuevas formas de colonialismo

Para el año 2010 se esperaba alcanzar una producción de 100 millones de toneladas de granos, para que nuestro país resurgiera.  Alcanzado ese límite casi dos años antes, el gobierno anuncia que confía en alcanzar un crecimiento de la producción de granos de un 55 % para el 2015, es decir, llegar a 150 millones de toneladas.  Este crecimiento, festejado junto al gobierno por los sectores rurales, las empresas de biotecnología y las grandes exportadoras, parece ser en sí mismo la nueva solución mágica que nos sacará de la actual inequidad social, la pobreza, la desnutrición, el deterioro ambiental, y las catástrofes generadas por los anteriores crecimientos.  Ante esas recientes propuestas de aumentar la producción de granos, tanto como de las cadenas relacionadas a la producción de carne y leche para exportación, con las consecuentes promesas de reactivación económica y generación de empleo en los próximos 6 años, el GRR considera que la ciudadanía tiene el derecho y la obligación de conocer las consecuencias que habrán de producir estas políticas. Estamos convencidos que, los males que genera el crecimiento no pueden combatirse con más crecimiento.  El crecimiento es adictivo para las autoridades, para las grandes empresas exportadoras y lamentablemente, para la mayor parte del sector agropecuario argentino.  Al igual que un adicto al “Paco”, que, en su desesperación es capaz de robar a su madre o matar a su vecino, las grandes empresas y el gobierno son capaces de esquilmar la tierra y destruir la sociedad dejando sin suelo a las próximas generaciones, con tal de alimentar su  irrefrenable adicción al crecimiento. 

Las consecuencias impactantes del crecimiento o los impactos del crecimiento?

El crecimiento de los últimos años produjo una terrible concentración de la riqueza, un avance en la contaminación de campos y pueblos, una pérdida de la calidad alimentaria, un encarecimiento de los alimentos, un colapso en la estructura energética, una mayor desertización y pérdida de fertilidad de la tierra agrícola, un aumento de la violencia en la sociedad, un crecimiento exponencial de formas indignas de vida y una  enorme infelicidad en nuestro pueblo.  Estos males no se solucionarían con debates sobre la distribución de la renta de un modelo colonial de insumo dependencia.   Por otra parte, un aumento del crecimiento en la producción como se nos propone, sólo intensificará estos problemas, hipotecando aún más nuestro futuro y el de nuestros nietos. 

La producción para exportar recibe subsidios del estado nacional, que todos pagamos con nuestros impuestos, además de enormes subsidios en la forma de externalidades. Es decir, consecuencias no deseadas de la producción de las cuales no se hacen cargo los productores ni los exportadores: incidencia de enfermedades, decrecimiento del nivel intelectual, pérdidas del potencial biótico de los suelos, deforestación, contaminación masiva de aire, tierra y agua, pérdida de la capacidad productiva a futuro.  Lamentablemente, el Estado tampoco las asume, y se dedica a generar paliativos para contrarrestar sus efectos.  Los trabajos generados por el crecimiento que habitualmente se nos propone son trabajos efímeros, que al depender de un ambiente en grave estado de deterioro, no pueden sostenerse por muchos años.  De qué sirve crear un puesto de trabajo hoy si implica eliminar 10 puestos en el futuro.  Los sectores marginados de la sociedad, las poblaciones enfermas por las fumigaciones de los agricultores industriales, la tierra maltratada por el afán de lucro, los bosques arrasados, son las nuevas “joyas de la abuela” que soportan el crecimiento económico argentino.

El crecimiento nos conduce al desastre y a la catástrofe de la insustentabilidad. El desarrollo puede abrir caminos hacia la felicidad de nuestro pueblo.

Las nuevas generaciones de argentinos se encuentran en un grave riesgo, de continuar cumpliéndose las metas de crecimiento del actual modelo de agronegocios.  Ya hay miles de niños que en sus familias no han visto trabajar a sus padres ni a sus abuelos.  El coeficiente intelectual se encuentra en descenso por problemas de desnutrición y sub alimentación.  El sistema educativo está colapsado, y sus autoridades se encuentran entre la espada y la pared, entre padres furiosos y amenazantes, niños educados por la TV basura, y un sistema que les impide tomar medidas disciplinarias en un marco de sentido, ya que el país carece de todo Proyecto Nacional.  Los hospitales no tienen insumos ni tienen médicos, los transportes públicos empeoran y se encarecen cada día, la justicia tiene el peor descrédito de su historia.   Estos males y muchos otros no se solucionan con dinero ni con más crecimiento.  Su solución pasa por una planificación del uso de la tierra, por políticas de soberanía alimentaria, producciones al servicio del hombre y no de las ganancias de los mercados,  por hacer de la dirigencia  una escuela de honestidad intelectual, con integridad moral y con sentido de servicio  La noción de Bien público debe volver a tener su importancia en el tejido social.  Con el crecimiento acumulado de todos estos años, es más que suficiente para ordenar la sociedad y empezar a transitar un camino hacia el desarrollo.

Para nosotros como GRR, un ecosistema nos propone siempre un mandato que se hace necesario cumplir y además, que deberíamos transformar en políticas públicas: el de poder generar la mayor cantidad de biomasa y biodiversidad que ese ambiente permita. Si se quiere, es una función teleonómica. Lamentablemente los científicos cooptados por la ciencia empresarial, ignoran ese mandato y en todo caso, vinculan estos criterios con la religión, e intentaron ridiculizarlos. Ellos desde la soberbia de una ciencia que, pese al cambio climático, continúa rindiendo culto al progreso ilimitado, piensan que la remediación de un ecosistema es solo cuestión de azar o a lo sumo la razón de una propuesta empresarial. Obviamente, estas posiciones devienen en cruces de pensamiento en los cuales,  no resulta fácil hacer cambiar de parecer al otro,  porque ello implicaría que modifiquen su cosmovisión.  Se trata en esencia de concebir y respetar el modo en que se estructura la vida, y  partimos de la convicción de que si le dan tiempo, el proceso de la vida, conduce siempre a una mayor complejidad, a la vez que, aprovechar cada salto de energía de un nivel a otro para generar nuevas relaciones y en especial, mayor conciencia. 

 

GRR Grupo de Reflexión Rural

Julio de 2008

 

corrupcion medica

El debate sobre los sobornos y el cohecho a médicos para que receten los productos de los laboratorios farmacéuticos está de nuevo en el aire. La Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA) -(Asociación Americana de Productores y de Investigadores en Farmacia, la patronal farmacéutica estadounidense)-, ha revisado su conducta y ha publicado un nuevo Código deontológico que prohíbe hacer regalos a los médicos. Se seguirá dando comida a los galenos  y se les pagará dinero por participar en trabajos de consultoría y conferencias. Esas mismas normas son las que en El Salvador deberia aplicar a la patronal Farmaindustria. Ya veremos si esto es algo más que un lavado de cara, como hasta ahora ha sido.

 

No deja de ser paradójico que sean los laboratorios que cometen estos delitos los que se regulen a sí mismos. Esto es como poner al zorro a cuidar de las gallinas. Tampoco se explica que en medio de una gran crisis como la que vive la industria farmacéutica -han ido perdiendo patentes de productos muy rentables y no encontran nuevos medicamentos que patentar en el número deseado-, los laboratorios vayan a deshacerse en buena medida de la que es su principal arma para generar los enormes beneficios que generan: la corrupción de los médicos

corrupcion medica

Algo que "todo el mundo sabe" pero nadie conoce con pruebas. Cuando hablas con otras personas "todas" parecen conocer que muchas empresas farmacéuticas ofrecen regalos de todo tipo a los galenos para que receten sus productos. Pero si dicha práctica es ilegal, más abominable es, si cabe, que se ofrezca dinero a los médicos.

Estas prácticas cabe recordar que están incluso perseguidas, al menos en teoría, en el Código Deontológico de las propias patronales farmacéuticas, como el que publicó Farmaindustria (patronal española) hace unos años.  Hay evidencia que hoy se está comprando la voluntad de aquellos que se comprometieron en su día a trabajar por la salud de los ciudadanos.

 

Los laboratorios están consiguiendo que de manera mayoritaria los médicos receten fármacos de marca antes que genéricos. El fracaso de la Administración sanitaria es rotundo (Admisnitración que conoce perfectamente la práctica del "tarugueo", como se conoce al sobornar a los galenos) y mira para otro lado como si nada pasase.

 Pero además, el tarugueo pone en peligro la salud de las personas pues al propiciar la receta de los medicamentos más nuevos se apuesta por fármacos menos conocidos que los genéricos, que llevan más tiempo en el mercado y por ello podemos conocer su eficacia y seguridad. En los últimos tiempos están retirándose muchos medicamentos relactivamente nuevos por fallos en su seguridad.

 

El sistema sanitario está totalmente controlado por ciertos laboratorios donde prima el interés económico de estos por encima de la salud de las personas, como argumentan muchos visitadores médicos.

 

Algunos médicos se están organizando por la ética de su profesión al no tener claro para quién trabajan, si para las personas o para los intereses industriales.


Enfermeria critica

 

Estimados Colegas

la OIT y la OMS, en el año 1977, elaborar conjuntamente normas destinadas a facilitar la formulación de políticas adecuadas sobre el personal de enfermería y sus condiciones de trabajo.

EL CONVENIO 149 sobre el personal de Enfermería y Recomendación sobre el personal de Enfermería 157, tras un período de inercia, la gestión de los recursos humanos en salud ha vuelto actualmente a poner sobre el tapete el tema de las políticas en la materia, en diciembre del 2007, la OIT, vuelve a reafirmar dicho convenio 149 y la recomendación 157 .

Este instrumneto no ha perdido actualidad y reafirma su pertenencia respecto de la realidad social y económica, si bien el convenio fue adoptado hace aproximadamente 30 años, cabe lamentar que desde entonces en muchos países e incluyo en nuestros país, no haya habido mejoras en las condiciones de trabajo del personal de enfermería.

La relación entre unas condiciones de empleo y de trabajo insatisfactorias y la escasez del personal en el ámbito de la enfermería es compleja. Entre las consecuencias de la anterior cabe mencionar una mayor morbilidad y mortalidad de los pacientes; más violencia en el lugar de trabajo, menoscabo de la seguridad y la salud del personal en el servicio activo, algo grado de insatisfacción laboral e intención de abandonar el sector.

Creo que es importante un debate abierto a todas/os los enfermas/os para reflexionar sobre la educación, la formación apropieda al ejercicio de sus funciones, condiciones del empleo, y de trabajo, remuneración, capaces de atraer y retener al personal en la profesión .

Nos encontramos el 1 de Agosto a las 18hs en el Hall de la Facultad de Medicina

No falte, después no dijas que no te avise

Saludos Sandro Ortega

 

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La conversacion

La conversación
 
Un tipo estaba sentado en el avión al lado de una tierna niña. El hombre miró a la niñita y le dijo:
'Charlemos, he oído decir que los vuelos parecen menos largos si uno conversa con la persona que tiene al lado'.
 
La niñita, que acababa de abrir un libro para ponerse a leer, lo cerró lentamente y dijo con voz suave: '¿
Sobre qué le gustaría conversar?'
 
'Pues no sé', dijo el hombre. '¿Qué tal física nuclear?' y mostró una gran sonrisa. 
 
'Bueno', dijo ella. 'Ese parece ser un tema interesante. Pero déjeme hacerle una pregunta primero. Un caballo, una vaca y un venado comen lo mismo: hierba, pero el excremento del venado es como bolitas pequeñas, el de la vaca es una plasta y el del caballo parece una pelota de pasto seco. ¿Por qué cree usted que sucede eso?'
 
El tipo, visiblemente sorprendido por la inteligencia de la niña, lo pensó  un momento y luego dijo: 'Hmmm no tengo ni idea'. 
 
A lo cual la delicada y dulce niña contesta: '¿De verdad se siente calificado para discutir física nuclear cuando no sabe nada de mierda?'