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criticamedicina

Editorial de Ernesto Guidos

La vida Alejandro, es un mar de mierda/ que tienes que cruzar nadando/ El que no sabe nadar/ tiene que cruzar tragando .

Ese mundo que estas evidenciando, ese mundo que nos toca vivir como médicos es un mundo en el que resulta difícil formular soluciones, y cuando lo hacemos , o bien se proponen sólo valores, ideales sin concreciones ni repercusiones en la vida cotidiana (lo cuál tiene la ventaja de que no compromete a nada) o bien se descarga toda la responsabilidad en organismos internacionales, gobiernos, etc. (lo cual tampoco compromete a nada). Pero, sera acaso que no se puede hacer nada más?

Responder nada, o muy poco, o aquello de que aportamos nuestro granito de arena, y volver a nuestra cotidianidad y a nuestros problemas es la primera respuesta. Pero es falsa. Primero porque nuestros problemas difícilmente son solo “nuestros” (vivienda, medio ambiente, salud, etc.): son una de las muchas caras de los problemas del mundo; y en segundo lugar porque podemos hacer y transformar mucho más de lo que nosotros nos imaginamos.

Si superamos este primer momento, y la inquietud por “hacer algo” sigue en nosotros , la inmensa complejidad con que percibimos los problemas del mundo, nos provoca rabia, impotencia, cinismo o inhibición. Así pues se hace necesario formular propuestas concretas y realizables, así como crear espacios de disidencia donde compartir experiencias más humanas, aprender para ser más eficaces y fortalecer inquietudes y esperanzas.

Como médicos debemos mirar y situarnos en el mundo de una manera diferente. Podemos ver el mundo solo desde nuestra perspectiva, desde “mi mundo”, lo cual nos sitúa al lado de los afortunados, o podemos intentar ver el mundo desde toda la humanidad, lo que significa situarse automáticamente desde las víctimas. El 80% de las personas que viven en este planeta sufren, y el 20% vive fantásticamente. Es cuestión de números: la mayoría de la humanidad está formada por víctimas. Si como médicos queremos situarnos en el mundo desde toda la humanidad, tenemos que situarnos desde las víctimas, porque son la gran mayoría. La injusticia es real y objetiva: las victimas lo ponen en evidencia. Tomar la opción de no excluir, de ver el mundo desde todas las personas, significa reconocer que la mayoría sufre.

Esta actitud conlleva asumir el riesgo que supone entrar en conflicto. En una sociedad con injusticias estructurales, donde la pobreza es un problema social, no individual, tomar partido por el débil es situarse contra el fuerte y su manera de vivir.

"Los cuerpos- máquinas son los modelos que el capitalismo, sus modos y relaciones de producción, incorporó a las ciencias, vaciándolas de filosofía crítica y transformando los discursos en Mercados, las variables en mercancías, los sentidos en valores de cambio".

A. Wajner



Al apropiarse de la información, el capitalismo liberal ha transformado en mercancías la cultura, la salud, la educación y hasta la experiencia vivida de cada individuo. Desde el turismo al Hospital-centro comercial concebido como espacio cultural, desde los significantes artísticos hasta los problemas del cuerpo, desde el deporte al conocimiento, la privatización generalizada por la economía capitalista de mercado esta controlando poco a poco las conductas individuales y las esta arrastrando en una permanente efervescencia mercantil, hacia la efímera ilusión del bienestar en el momento presente. En América latina marchamos , a grandes pasos, hacia el caos infernal de la sociedad de mercado. La economía capitalista de mercado parece estar ganando la partida. Hoy, la inmensa mayoría de los ciudadanos la considera como inevitable e ineludible.


“Quien depende de las riquezas teme por ellas, pues nadie goza de un bien que le inquieta. Se dedica a añadir algo. Mientras que piensa en aumentarlas, se ha olvidado de usarlas” decía Séneca, en su 14ª carta a Lucilius
Esta frase toma un sentido especial en nuestras sociedades, que transforman el tiempo “en oro”. Si el tiempo es oro, entonces hay que correr tras él y, sobre todo, no debmos perderlo. En esta carrera insensata hacia el futuro, perdemos la capacidad para vivir intensamente nuestra relación con el otro, con la naturaleza y con nosotros mismos. Esta carrera es, pues, social, ecológica y psíquicamente destructiva y en el curso de ella perdemos, en el sentido fuerte del término, nuestra vida creyéndola ganar. Y la depresión que provoca esta pérdida de energía vital, prepara la segunda vuelta enfermiza de nuestra relación con el tiempo: después de haber corrido tras el tiempo, el aburrimiento nos lleva a matarlo.

Pero lo que hace de la fascinación por el dinero una verdadera droga es la creencia del valor de éste en sí mismo, independientemente de cualquier relación social. Esta enfermedad tiene un nombre: fetichismo monetario.

La “basura medica ” sólo puede imponerse sobre médicos-atomizados , médicos- náufragos de un universo "abierto", sólo puede imponerse gracias a la sucesión de estímulos audiovisuales o ideológicos ininterrumpida, cambiantes en función de una moda siempre más perecedera. Andy Wahrhol decía : "En el futuro todos seremos famosos: quince minutos". Si los médicos estuviésemos integrados en un marco de referencia claro y vital, la hipnosis de la "novedad" no tendría ningún efecto. Primero es necesario desinformar para luego "informar" estupideces. La inflación de la basura medica en la Internet es un buen ejemplo de ello. El “verdadero medicamento” puede por casualidad aparecer en medio de una jungla de mensajes, pero la falta de un universo interno desde el cual evaluar lo esencial de lo superficial, produce indigestión cerebral, y el que no sabe leer adentro o entre líneas desespera de encontrar algo.

El capitalismo con su lógica de poder, sus funciones conjuntas de producción y de acumulación del capital, su búsqueda de la máxima ganancia financiera al mas corto plazo posible, su racionalización integral con desprecio de lo humano, promueve, de forma exacerbada, la tan famosa “competencia : entre los médicos, entre los hermanos, entre las empresas y entre las naciones.

El capitalismo con su lógica de poder favorece y desarrolla comportamientos basados en el deseo de poder, en la posesión y en la pasión por las “únicas riquezas materiales” contabilizables en el Producto Nacional Bruto.
Las relaciones sociales, la tierra y la salud están siendo empotradas de manera progresiva en la dictadura de la economía.

El médico se cree el hombre más importante de su tiempo, pero no hace falta ser muy inteligente para verlo sometido como un títere que responde con una sonrisa bobalicona a las más variadas torturas del mercado . La responsabilidad pasa de refilón por la vida del médico, se ríe de él, lo aniquila, lo destruye con el paso del tiempo, pero, pese a su desconcierto, el médico piensa que está en el centro del universo. El médico se siente protagonista interminable de un proceso que confunde su vida con la historia del mundo. ¡Pobre idiota! Como un narciso que rejuvenece ante un futuro prometedor que nadie comprende, en su interior siente su incomprensión como una afrenta. Si creer en el

más allá después de la muerte es difícil, el médico cree las llagas de su cuerpo como una prueba de la salvación de su alma. Cree en la bondad del tiempo, en su visión premonitoria, en su soberbia creadora. El médico piensa que nadie ve lo que él ve. Y aunque todos vean su desconfianza, el desequilibrio, único patrimonio de la locura, el médico retrata la sociedad en un espejo múltiple que nos traspasa los pensamientos y los deseos más ocultos.

Pero así como la realidad es un reflejo de lo que acontece en un espejo, el médico es siempre diferente. Ante el silencio de sus semejantes, él alza su orgullo. Ante el aplauso de la gente, su desprecio.

Ni rey ni soldado, ni esclavo ni libre, siempre el único capaz de entender el milagro, el elegido para descifrar lo que fue de pocos.

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