colaboraciones
Horizonte Sur
Sobre el modelo sojero colonialista: Gonzalo M y Pag K12
Las consecuencias en la población del herbicida del monocultivo
Soja para hoy, enfermedad para mañana
El modelo sojero funciona sobre la base de un agrotóxico, el glifosato, denunciado por causar malformaciones a recién nacidos, abortos espontáneos, cáncer y muerte. Varios estudios confirman el daño que produce en humanos. Los casos.
Ojos irritados. Dolor de cabeza y estómago. Vómitos. Piel –de manos, cara y piernas– en carne viva. Es la historia clínica de Maira Castillo, de sólo 4 años, que tuvo su primera intoxicación aguda con agrotóxicos, con posterior internación y terapia intensiva. La familia Castillo vive en Quimilí, integra el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase-Vía Campesina), trabaja esa chacra desde hace cinco décadas y no duda en la causa de sus males: miran al campo vecino, millares de hectáreas con soja, y señalan una avioneta bimotor que fumiga con veneno. Miles de casos, y cientos de denuncias, se repiten desde hace diez años en decenas de provincias, pero siempre chocaron con la misma barrera legal, la falta de estudios que avalen el padecimiento campesino. Aquí, una serie de investigaciones que confirman el efecto tóxico y contaminante del glifosato, el herbicida más utilizado en la industria sojera. Todas las acusaciones apuntan al producto comercial Roundup –de la compañía estadounidense Monsanto, la empresa de agronegocios más grande del mundo–, acusado de provocar alergias, intoxicaciones, malformaciones, abortos espontáneos, cáncer y muerte. Campesinos, pueblos originarios, médicos rurales, bioquímicos e investigadores coinciden en las denuncias y responsabilizan al actual modelo agropecuario, de monocultivo, semillas transgénicas y químicos.
Soja, químicos y acusaciones
La soja sembrada en el país ocupa 16,6 millones de hectáreas de diez provincias y tiene nombre y apellido: “Soja RR”, de la empresa Monsanto. Se llama así porque es “Resistente al Roundup”, nombre comercial del glifosato. El químico se aplica en forma líquida sobre las malezas, que absorben el veneno y mueren en pocos días. Lo único que crece en la tierra rociada es soja transgénica, modificada en laboratorio.
Jesús María, Las Peñas, Sebastián Elcano, Villa del Totoral. Todos pueblos y ciudades del noreste cordobés donde las poblaciones rurales ancestrales sufrieron intentos de desalojos por parte de empresarios y productores sojeros. Quienes resistieron, organizados en el Movimiento Campesino de Córdoba (MCC), este año sufre un nuevo embate: aviones fumigadores pasan sobres sus casas, arruinan los sembradíos, mueren los animales y la salud comienza a resentirse. “Ya hubo intoxicaciones. Después de cada fumigación tienen que ir al hospital. Lo que no pudieron hacer con las topadoras lo quieren lograr con el veneno para la soja”, afirmaron desde el MCC, integrante a nivel nacional del Movimiento Campesino Indígena (MNCI).
Comunidades ancestrales acusan a la industria de los agronegocios de contaminar aire, agua, alimentos y suelo. Estudios médicos puntualizan en efectos agudos. “Los síntomas de envenenamiento incluyen irritaciones dérmicas y oculares, náuseas y mareos, edema pulmonar, descenso de la presión sanguínea, reacciones alérgicas, dolor abdominal, pérdida masiva de líquido gastrointestinal, vómito, pérdida de conciencia, destrucción de glóbulos rojos, cambios de coloración de piel, quemaduras, diarrea, falla cardíaca, electrocardiogramas anormales y daño renal”, asegura una recopilación de estudios realizada por el médico de la UBA Jorge Kaczewer, especializado en ecotoxicología.
Las empresas sojeras reconocen la utilización, como mínimo, de diez litros de Roundup por hectárea. Los campos argentinos fueron rociados el último año con 165 millones de litros del cuestionado herbicida. Un volumen similar al contenido en 330 mil tanques de agua hogareños.
Malformaciones y abortos
San Cristóbal es un poblado de quince mil habitantes en el norte de Santa Fe. En agosto de 2005, el intendente Edgardo Martino denunció que en el primer semestre del año se habían producido once nacimientos con malformaciones congénitas, y tres habían fallecido a los pocos días. También advirtió la existencia de otros tres casos en localidades vecinas. No aventuraba causas posibles, pero reconocía que todas las acusaciones apuntaban a las plantaciones de soja –y los agrotóxicos utilizados–, que habían crecido de forma exponencial en la última década.
En el mismo fenómeno habían fijado su interés un equipo multidisciplinario de profesionales. A partir de un estudio científico, realizado durante dos años y encabezado por el Hospital Italiano de Rosario, vincularon malformaciones, cáncer y problemas reproductivos con exposiciones a contaminantes ambientales, entre ellos el glifosato y sus agregados. El estudio, a cargo del médico e investigador Alejandro Oliva, abarcó seis pueblos de la Pampa Húmeda y encontró “relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos”.
El relevamiento confirmó que las funciones reproductivas, tanto femeninas como masculinas, son altamente sensitivas a diferentes agentes químicos de la actividad agrícola. También destaca que el efecto tóxico puede producirse mediante dos mecanismos: el contacto directo con la sustancia, o bien que los padres la hayan absorbido y transmitido a través de sus espermatozoides y óvulos a los hijos. Remarca que los factores ambientales, como la exposición a pesticidas y solventes, contribuyen a la infertilidad.
“Momento de parto. El bebé no llora. La madre desespera. El niño está muerto”, relata en su libro La soja, la salud y la gente el médico rural de Entre Ríos Gabriel Gianfellice que, aturdido por las muertes prenatales, los embarazos que no llegaban a término, los casos de cáncer y los arroyos sembrados de peces muertos –todo citado en su escrito–, comenzó a investigar qué sucedía en Cerrito –al noroeste provincial–, lugar donde vive desde hace 28 años. “Empezaron a aparecer dos patologías, la muerte de bebés durante el parto y muerte fetal precoz (situación donde se produce el embarazo, la bolsa, la placenta, pero no se produce el bebé), que aumentó en forma extraordinaria en toda la zona desde 1999”, asegura.
El bioquímico Eric Seralini, de la Universidad de Caen (Francia), descubrió que el glifosato mata una gran proporción de células de la placenta, aun en concentraciones menores a las utilizadas en agricultura. “Esto podría explicar la gran incidencia de partos prematuros y abortos espontáneos”, señaló. El médico e investigador Jorge Kaczewer remarcó que el estudio francés “confirmó que el Roundup siempre es más tóxico que su ingrediente activo, el glifosato”, y también confirmó que el herbicida provoca malformación congénita, muerte neonatal y aborto espontáneo.
Fumigaciones y cáncer
El Grupo de Reflexión Rural (GRR) censó diez pueblos con denuncias sobre contaminación con Roundup. El caso testigo fue el barrio Ituzaingó, en las afueras de Córdoba. Allí viven cinco mil personas, 200 de ellas padecen cáncer. El barrio, humilde, de casas bajas, está rodeado de monocultivo. Al este, norte y sur hay campos con soja, sólo separados por la calle. “En todas las cuadras hay mujeres con pañuelos en la cabeza, por la quimioterapia, y niños con barbijo, por la leucemia”, lamenta Sofía Gatica, integrante de las Madres de Ituzaingó (organización nacida a medida que las enfermedades se multiplicaban), que padeció la muerte de un bebé recién nacido (con una extraña malformación de riñón) y, en la actualidad, su hija de 14 años convive con dos plaguicidas en la sangre, intoxicación confirmada por estudios oficiales.
El relevamiento del GRR confirmó alergias respiratorias y de piel, enfermedades neurológicas, casos de malformaciones, espina bífida, malformaciones de riñón en fetos y embarazadas. En marzo de 2006, la Dirección de Ambiente municipal analizó la sangre de 30 chicos: en 23 había presencia de pesticidas. “En todas las familias hay algún enfermo de cáncer, de todo tipo, pero sobre todo de mamas, estómago o garganta”, relató Sofía, con veinte años en el lugar, y se larga con una lista de otras consecuencias: bebés sin dedos, con órganos cambiados, sin maxilares y cambios hormonales. “En mi cuadra hay una sola familia sin enfermos”, lamenta, y reconoce que todos quisieran dejar el barrio.
Otro de los pueblos censados fue Monte Cristo, Córdoba, donde sobre una población de 5000 personas, entre 2003 y 2004 se registraron 37 casos oncológicos, 29 malformaciones congénitas e innumerables fumigaciones. En Las Petacas, Santa Fe, 200 kilómetros al sudoeste de Rosario, viven 800 habitantes y en los últimos diez años hubo 42 casos de cáncer y 400 personas con alergias. Sólo en octubre de 2005 murieron cinco personas de cáncer y dos de leucemia. Todos acusan a las fumigaciones. Se repiten las historias en San Francisco (Córdoba) y San Lorenzo, San Justo, Piamonte, Alcorta y Máximo Paz (Santa Fe). “El cáncer se ha convertido en una epidemia masiva en miles de localidades y el responsables es sin duda el modelo rural. Es una catástrofe sanitaria impulsada por las grandes corporaciones”, denuncia el GRR.
Una historia oscura
Por D. A.
Monsanto es la empresa de agronegocios más grande del mundo, con ventas en 2006 por 4476 millones de dólares, controla el 20 por ciento del mercado de semillas. La empresa, que rechazó hablar con este diario, publicitaba que el Roundup era “biodegradable” y resaltaba el carácter “ambientalmente positivo” del químico. La Fiscalía General de Nueva York reclamó durante cinco años por publicidad engañosa. Recién en 1997, Monsanto eliminó esas palabras en sus envases. Tuvo que pagar 50 mil dólares de multa. “Es la última de una serie de grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto, incluyendo los 108 millones de dólares por responsabilidad en la muerte por leucemia de un empleado texano en 1986; una indemnización de 648 mil dólares por no comunicar a la EPA datos sanitarios requeridos en 1990; una multa de un millón impuesta por el fiscal general del estado de Massachusetts en 1991 por el vertido de 750 mil litros de agua residual ácida; y otra indemnización de 39 millones en Houston (Texas), por depositar productos peligrosos en pozos sin aislamiento”, acusa el investigador. En Argentina, Monsanto cuenta desde 1956 con una fábrica en Zárate (Buenos Aires), donde radica su planta de producción de glifosato, la más importante de América latina. Publicidad corporativa asegura que controla el 95 por ciento del mercado de la soja sembrada en el país y, sobre el Roundup, festeja: “Es líder mundial en su especialidad y ha creado una verdadera revolución en la actividad agropecuaria de cientos de países”.
Las muertes y las dudas
Alexis, de un año y medio. Rocío y Cristian, ambos de 8 años. “Los primos Portillo”, como los conocían en el paraje rural Rosario del Tala, poblado de Gilbert, departamento entrerriano de Gualeguaychú. En siete años, de mayo de 2000 a enero de 2007, los tres fallecieron. Otra prima, Ludmila, de 18 meses, fue internada con un grave cuadro de intoxicación. Norma Portillo, mamá de Cristian, denunció la contaminación del agua y apuntó contra el uso de agroquímicos en las plantaciones de soja que rodean la vivienda familiar. Luego de cada fumigación, los chicos sufrían mareos, vómitos y dolores de cabeza. El 15 de enero de 2007, dos días antes de la muerte de Cristian, las avionetas habían fumigado durante todo el día.
La familia Portillo ya no se refresca en el arroyo cercano, ya no usa el agua de pozo para cocinar y beber y ya no habita donde siempre había vivido. Abandonaron su histórica vivienda hace un año y se trasladaron al pueblo. “Cuando fumigaban, nos encerrábamos en la pieza. Por días nos dolía la cabeza, picaba la garganta y ojos. Y si llovía, el arroyo bajaba con peces muertos. En el campo hay palomas, perdices y liebres muertas, nada deja el veneno”, explica Norma.
Por lo bajo, en la Dirección de Maternidad e Infancia de Entre Ríos ya hablan del “efecto sojero”. Las versiones oficiales, del hospital local y la Coordinación de Salud de Gualeguaychú, primero hablaron de consanguinidad de los padres (un matrimonio está conformado por primos hermanos), luego echaron culpas a “una bacteria desconocida” y más tarde al supuesto estado de desnutrición de los niños. “Es mentira. Somos pobres, pero la comida no les faltaba”, lamenta Norma, llora y se indigna: “Los sojeros nos envenenan, matan a nuestros hijos y resulta que la culpa es nuestra”.
Sobre el modelo de agronegocios industrial: Gonzalo Moyano y Jorge Rulli
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El desierto verde de las Sojas transgénicas se ha impuesto sobre la complejidad del paisaje entrerriano, ha barrido los alambrados y hecho desaparecer la fauna y toda flora biodiversa que no sea la del yuyito verde que colma de alegría a los progresistas y a los exportadores. Ahora el panorama es una verdadera pinturita: solo sojales hasta el horizonte. De vez en vez, y contrariando la monotonía y la regla generalizada de ocupar con soja las banquinas, aparecen algunas zonas bajas donde pervive el antiguo paisaje de pastos y vacunos; y algún arroyo con árboles y algún hombre de a caballo, nos recuerdan como una herida en los ojos, aquel país que fuimos alguna vez.. Ahora, no hay perdices, ni liebres, ya no quedan pájaros... El campo es un espacio hostil para la vida, el campo es el territorio de los agronegocios y la soja es su epítome inabarcable y glorioso. La soja es el nuevo paradigma de la globalización, la expresión de una monotonía implacable que no es más que la antelación de la muerte de los ecosistemas. El campo como los shopping de los nuevos conurbanos anonimizados y de los aeropuertos privatizados y sin alma, deviene rápidamente en reino de los no lugares, un reino acorde a la perspectiva brutal de los intereses corporativos hegemónicos del modelo de agricultura industrial de exportación. Líbaros, Santa Anita, Herrera, y tantas otras pequeñas localidades entrerrianas y los barrios periféricos de Basabilvaso, que visitamos o de los que tuvimos testimonios, son la manifestación de una condena y de una crucifixión silenciada, una crucifixión que obliga a las poblaciones a desarraigarse y emigrar a las grandes ciudades o a permanecer en sus lugares de nacimiento bajo el encierro de las propias paredes, y bajo el peso de sucesivos males y enfermedades propios de un ambiente deletéreo en que la aspersión de venenos resulta constante y absolutamente impune por parte de los sojeros y las autoridades cómplices. En un pueblo como Líbaros de no mucho más de trescientas personas, bastante más de cincuenta se reunieron para ver Hambre de Soja y a escucharnos. No pudimos, sin embargo, por varios motivos explayarnos demasiado. Por una parte, porque nunca habíamos tenido que exponer ante vecinos que requieren una máscara para salir de sus casas y que la usaban para aspirar mientras veían la película de Marcelo Viñas, una película terrible en otros ámbitos y que en ese escenario parecía casi como un film de Walt Disney. Que algunos de los que allí estaban viendo la película o escuchándonos, sabíamos tenían a alguno de los suyos postrados en la cama con gravísimos problemas neurológicos, sin duda causados por los tóxicos que emponzoñan el aire. Porque era tanta la angustia de esa gente que necesitaban hablar ellos, más que escuchar al que viene de afuera. Porque durante años han denunciado al Gobierno de la Provincia inútilmente su victimización por el modelo sojero, porque gran parte de los decisores y de los responsables del Estado en todos los niveles son sojeros o están vinculados con sojeros y son cómplices, y porque los expedientes y las denuncias se extravían sin excepciones en los laberintos burocráticos del Gobierno de Busti o se olvidan en los cajones de los que pasan sin dilación a los cestos de basura. Porque el farmacéutico de Santa Anita necesitaba decirnos que ya había agotado la crema de bismuto de que se disponía en la zona, y que es utilizada para detener las diarreas, que tampoco tenía debido a la demanda de antialérgicos ni colirios, y que ya no sabía que hacer con tanta gente enferma en el vecindario. Que el médico de la zona necesitaba contarnos de cómo fotografía los mosquitos cargados de veneno que circulan por las calles de los pueblos, que llegan a cargar agua en las mismas tomas en que abreva la gente, que tiene los congeladores llenos de gallinas y de patos muertos por envenenamiento y con los estómagos llenos de las isocas que escapan de los sojales y que ante tanta denuncia inútil ya no sabe qué hacer con esas pruebas que a nadie del poder interesan. Que unas bellas mujeres, vecinas de Santa Anita nos habían traído los certificados médicos que indican que debieron ser internadas reiteradamente por intoxicación con pesticidas órganoclorados y que la diarrea, las cefaleas, la rinitis, la gastroenteritis, el eritema facial que sufren y que evidenciaban ante nuestros ojos, era también, la consecuencia del paquete tecnológico de las Sojas de Monsanto. Las anécdotas de tanto dolor que hemos recogido en estos días supera la capacidad en nosotros de registrar tanto sufrimiento. En un momento dado renuncié a visitar a una enferma de ELA a que me invitaban sus hijos hombres que la cuidan amorosamente. El ELA es una esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neuromuscular progresiva similar a la que sufre el científico Stephen Hawking, afección de la que los familiares insistían en responsabilizar a las fumigaciones habidas años atrás, cuando comenzó en la zona el boom de la Soja. Este tipo de males y otros que reconocimos en la zona, responden sin duda, a un hábitat enfermo, un hábitat en que debido a las fumigaciones, es decir, a los tóxicos y disruptores hormonales que se asperjan continuamente, causa el desplome de los sistemas inmunitarios de la población, a la vez que genera en los ecosistemas microbianos, desequilibrios y disturbios que propician la generación de patógenos y la multiplicación de elementos de descomposición incompleta en el suelo. Aceptemos que no puede haber una población sana en un hábitat enfermo, un hábitat en que el hombre vive sobre un suelo donde las colonias de bacterias con capacidad de humificar, o sea de digerir e incorporar, los restos orgánicos, tanto animales como vegetales, están seriamente disminuidas; donde la tierra está contaminada y las lombrices han desaparecido. La erisipela y otras infecciones que pudimos comprobar en el entorno humano, las neumonías, los problemas oculares, las diarreas intestinales, así como los casos de espina bífida de que nos hablaron, y en general las malformaciones congénitas en niños que se han convertido en una pesadilla, son por ello la consecuencia directa o indirecta de las fumigaciones y por lo tanto del modelo industrial de la Soja, no importa cuál haya sido la causa desencadenante de la patología visible. Los procesos de putrefacción incompletos del suelo, resultado de los desequilibrios profundos en la química y en la vida microbiana del suelo, y consecuencias de la contaminación, son generadores de complejos procesos de muerte, y atentan en forma persistente contra la vida del ecosistema en todas sus manifestaciones. Y como si algo faltara para consumar estas batallas cósmicas del GRR en que sólo nos falta el arcángel justiciero para ayudar a que acosada por los procesos de muerte y de devastación logre sobrevivir la vida, debemos decir que en medio de tanto dolor y de tanto capitalismo salvaje y globalizado, reencontramos nada menos que a uno de los exponentes más crueles y aprovechados del modelo de la Soja: me refiero a nuestro viejo conocido Guillermo Grobocopatel. Sí, Grobocopatel, el dueño de la empresa Los Grobo, el sojero mayor de la Republiqueta, aquel que organizara en Venezuela junto con Cheppi, el Presidente del INTA, la exposición de maquinaria agrícola conque pagamos los primeros fuel oil que nos enviara el presidente Chávez, el mismo que una vez nos interrumpiera un debate en Carlos Casares gritándonos que la Soja es bolivariana, y que resultó ser el dueño de uno de los pooles de soja mayores de esa zona del departamento de Concepción del Uruguay. Sus flotas de centenares de camiones se llevan en cada cosecha la riqueza y los nutrientes del suelo entrerriano, para sus inmensos silos en la Provincia de Buenos Aires y luego de marcar las pautas de la agricultura industrial que, con escarnio para nuestra inteligencia, él gusta denominar como 'el poder del conocimiento', deja detrás de sí un escenario inenarrable de contaminación, de devastación y de muerte. Los sojeros, los pooles y los políticos que los respaldan y les aseguran las reglas de juego, han transformado a esos pequeños pueblos antiguamente paradisíacos en un infierno difícil de describir. Han condenado a la vez, a las poblaciones y en especial a las generaciones futuras a un destino pavoroso. No tienen justificación alguna. No tienen perdón tampoco las autoridades y los funcionarios en su actual indiferencia, en la impunidad que les aseguran a los fumigadores y en la rentabilidad que le aseguran a las Corporaciones que producen los tóxicos. No tiene justificación ni perdón la progresía en ese entusiasmo por transformarnos en un país productor de Biocombustibles, en que todos y cada uno de los actuales problemas, habrá de multiplicarse exponencialmente hasta lo impensable. Nos dicen que el modelo de la agroenergía transformará los campos agrícolas en campos de petróleo, pero ocultan que la opción de alimentar los motores europeos y norteamericanos, nos condena irremisiblemente al hambre, a la destrucción y a la definitiva contaminación de los ecosistemas. Por este camino de crecimiento y de progreso en el que vamos, en no mucho tiempo más, deberemos recordar las muchas tragedias argentinas como la antelación en la historia contemporánea, de la gran tragedia impuesta por los modelos de la neocolonización. Con el extravío de los sentimientos nacionales operado desde las usinas de los multimedios; en medio de una mutación civilizatoria y ante la catástrofe planetaria que anticipan los cambios climáticos, los modelos de la neocolonización son invisibilizados por los mismos progresistas y desarrollistas que han hecho de las políticas de los Derechos Humanos un discurso evasivo sobre el pasado; un discurso ideológico que maquilla el genocidio a que se nos somete: el del horror económico de la Globalización. |
solidaridad medica cubana
de Argenpress.info
El Otro campo
El "Paro del campo", según el Mocase
http://eco21.com.ar/2008/el-paro-del-campo-segun-el-mocase.html
El Movimiento Campesino de Santiago del Estero, ligado a la Vía campesina envió un comunicado donde analiza el llamado paro del campo y aporta información vital para ver quién es quién en este conflicto de la Argentina.
¿Retenciones, control estatal de las exportaciones (monopolio de la Junta Nacional de Granos) o reino del "mercado"?
La actitud de los señores dueños de la tierra de la Argentina no deja de sorprender por su reiterada e inveterada audacia en la defensa de sus bolsillos, con una hipocresía digna de los mejores falsarios de la historia.
El aumento gradual de las retenciones y en particular las correspondientes a la soja ha disparado a la "lucha" a la sempiterna antisolidaria oligarquía terrateniente nacida en nuestro país.
La acompaña una vez más la desorientada Federación Agraria Argentina, que hace años no se atreve a separase de los oligarcas y hacer un planteo digno de reclamo de tierras, de límites a la extensión de los latifundios, de cese y recuperación de las enormes cantidades de tierras extranjerizadas y de cambio general de la política agropecuaria.
Durante el largo ciclo de la convertibilidad y de la expansión de la sojización, la FAA miró para otro lado, dejando hacer al "mercado" y al modelo neoliberal que se cargó casi 300.000 productores pequeños y medianos, la mayoría de ellos afiliados a ella.
Hace apenas poco tiempo se atrevió a cuestionar los lineamientos de la Argentina sojera pergeñada por Henry Kissinger, el grupo Perriaux, la SRA, AAPRESID, Cargill, Monsanto, Dreyfus, la FAUBA, Clarín Rural, Urquía y demás demiurgos de la recolonización nacional. De tal manera, el tránsito de la Argentina industrial tecnológica y científica existente entre 1945 a 1989, a la Argentina factoría agro-exportadora actual, contó -luego de la Marcha Federal de 1994- con la mirada complaciente de la FAA. Esta política permitió la devastación de los pequeños y medianos productores y el tránsito de una producción centrada en el desarrollo de alimentos en gran cantidad y de gran calidad, hacia un "campo" que produce forraje barato –"pasto soja"- para vender a China, India y la UE subsidiando de tal forma la industrialización de estos países a costa de nuestra industrialización, nuestra producción lechera, ganadera, porcina, frutal, hortícola, ovina y regional.
Se repite el modelo de siempre en el campo, donde la SRA -la vieja oligarquía terrateniente- se opone a cualquier control por parte del Estado de su tasa de ganancia lograda a costa del esfuerzo de toda la nación y en particular, mediante el monopolio absoluto de la renta agraria por su dominio total sobre las tierras existentes en la nación.
Lo reiteramos una vez más, oligarquía terrateniente implica por ejemplo que 6900 propietarios (familias, empresas o empresas-familias) sean dueñas del 49.7% de la superficie cultivable y productiva del país, o que según el Censo Agropecuario de 2002, 936 terratenientes poseen 35.515.000 Has (casi toda la superficie en cultivo), un promedio de 38.000 has c/u. Por el contrario 137.021 agricultores poseen sólo 2.288.000 has, con un promedio de 16.7 has c/u. (2)(pág. 158)
En 1966 había más de 600.000 productores agropecuarios, hoy sólo restan 330.000, de tal forma la oligarquía terrateniente recuperó con creces las tierras que Perón había obligado a venderles a los chacareros arrendatarios a través del 1º y 2º Plan Quinquenal. En lugar de enfrentar a la SRA y CARBAP, denunciando la concentración y brutal extranjerización de la tierra, unidas a la destrucción de un modelo soberano de producción de alimentos y su reemplazo por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación, la Federación Agraria Argentina se une a los terratenientes y multinacionales granarias que se adueñan hoy de la renta agraria en lucha contra las retenciones. Renta con la que, conviene recordar, junto a la petrolera, el peronismo industrializó la nación entre 1945 y 1955.
Por supuesto que las retenciones son sólo una medida frente a la necesidad de articular un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario, que debe obligatoriamente incluir la restitución de las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes, la nacionalización del comercio exterior en ambos rubros, políticas que permitan el acceso democrático, barato y con créditos de largo aliento a la tierra para volver a tener cientos de miles de productores, repoblar el país y reconstruir la soberanía alimentaria y las economías regionales. También deben estar acompañadas de subsidios, políticas de reforestación de la superficie devastada por la sojización, de políticas de saneamiento de áreas infectadas por millones de litros de agrotóxicos y transgénicos, y de devolución de las cientos de miles de hectáreas robadas a los pueblos originarios en las últimas décadas.
La correcta política de retenciones graduales –primera medida seria tomada contra la sojización-, se debe acompañar también de créditos y subsidios amplios para las actividades afectadas por el monocultivo sojero, tales como la lechería, la ganadería, la horticultura, la fruticultura, la forestación y demás actividades afectadas. Pero sin duda alguna –pese a los gritos exasperados del lobby monsantiano, cargilliano y terrateniente-, es una mejora neta respecto de la política seguida hasta ahora y por supuesto mucho mejor, que 'dejar todo al sector privado' como proponen los dueños de la tierra, desde siempre, apoyados por Macri, Carrió, López Murphy, el menemismo, el cavallismo y el delasotismo.
Salir de la sojización
Pero tal vez, el dato más importante de las medidas anunciadas por el Ministro Losteau se refieran a que por primera vez desde la legalización ilegal de la soja RR en 1995, el gobierno ha decidido tomar medidas que desalientan la expansión del monocultivo de soja transgénica forrajera. Y ese es un hecho importante que saludamos. Que una medida tan importante, haya sido tomada en simultáneo con la descarada entrega de los yacimientos petroleros de la Cuenca del Golfo de San Jorge, por parte de la ultarkirchnerista provincia de Santa Cruz, habla a las claras, de la perversidad del modelo económico vigente en nuestro país, y de la estrecha relación del gobierno con las multinacionales y su doble discurso permanente. Pero en el tema de la sojización por primera vez desde 1995, se adopta una medida que desalienta el avance descontrolado del pequeño -y devastador- poroto.
Esto es así pese a los previsibles gritos policíacos del Ing. Héctor Huergo que, en un ejercicio extraño del pensamiento económico y agronómico, nos amenaza con que el abandono de la "sojización" nos devolvería a la "edad media".
El descaro de los demiurgos de la colonización cultural –a su vez empleados de Monsanto y Kissinger- no tiene límites. Una medida como el aumento diferencial de las retenciones –reclamada por quien esto escribe durante varios años- no sólo no nos devuelve a la 'edad media', sino que por el contrario, nos alejaría de la 'edad media' en que nos sumiera la desindustrialización y el retorno a la nación agro-exportadora. Es decir exactamente al revés de lo que Huergo vomita desde Clarín Rural. El aumento diferencial de las retenciones –a falta de nacionalización del comercio exterior de granos- permite disponer de fondos para alentar otras actividades económicas, tales como la reindustrialización del país u otras actividades agropecuarias que requieren de mayor valor agregado, mayor aporte de capital y utilizan mayor cantidad de mano de obra.
Por el contrario, como ya explicáramos reiteradamente en otros artículos, impulsar la sojización depreda la mano de obra y la pequeña y mediana producción, además de devastar al ecosistema y a la salud humana. Lo reiteramos una vez más: el sistema de la SD-sojaRR-herbicida glifosato, destruye 4 de cada 5 puestos de trabajo existentes y sólo crea un puesto de trabajo cada 500-600 has, siendo sólo viables y autosuficientes para este sistema, las explotaciones que superan las 500 has según la región agroecológica. Por el contrario la economía familiar genera 35 puestos de trabajo genuinos por cada 100has. Pero el gobierno debe saber que salir de la sojización implica antes que nada, redistribuir la tierra y repoblar el territorio nacional devastado por el pequeño poroto.
En el colmo del descaro y la desinformación agronómica se dice: "le explico si me permite(...) las vacas no hacen fotosíntesis (sic!!) una hectárea de maíz con la tecnología actual produce 10.000 kilos de grano. Un novillo encerrado en un corral convierte 7 kilos de maíz en uno de carne. Por lo tanto una hectárea de maíz da 1500 kilos de carne."(1) ¿Y la sojización, amigo Huergo donde está?
El viejo método goebbelliano de "miente, miente, miente, que algo quedará" sigue siendo el arma preferida del poder multinacional. Esto es en parte cierto para el maíz, pero no para la soja que se exporta toda (99% de la producción) sin ningún otro agregado que el hacerla aceite o harina y casi sin producir un solo kilo de carne, como sí hacen Brasil (segundo productor mundial de carne) o Chile (en este caso con la soja que nos compra).
De allí que las retenciones diferenciadas planteadas por Lousteau, estimulen al maíz y al trigo en contra de la soja, pero esto afecta a Monsanto-Cargill y por supuesto a las comisiones que cobran sus propagandistas y agentes. En segundo lugar, la carne que hacíamos "criada a campo" (la "edad media" para Huergo) era sin dudas la mejor carne del mundo ya que el animal se criaba en libertad, elegía lo que quería comer, se movía y se criaba naturalmente, produciendo un tipo especial de carne que nos caracteriza en el mundo. Hoy, en un planeta acorralado por la crisis ambiental global, esa carne tiene un valor agregado extra. Si decidiéramos un plan nacional de producción de carne de primera calidad en praderas, recuperaríamos nuestro lugar en el mercado mundial, obteniendo grandes beneficios económicos, sociales y ecológicos.
La ganadería genera muchos más puestos de trabajo que la devastación sojera y muchos más aún, si se estimulara el surgimiento de un gran número de pequeños productores. Por otra parte, lo que Huergo llama "novillo a corral" es el famoso feed-lot o "corral de engorde'" que, a diferencia del animal criado en pradera produce carne chatarra o carne basura. Carne repleta de antibióticos, hormonas, reguladores de crecimiento, agrotóxicos de todo tipo, etc., etc.
Sabrá Huergo ¿que la Argentina, no sólo es la primera en el mundo en muertes por accidentes de tránsito –debido en primer lugar a la destrucción ferroviaria sin cuya desaparición no habría sido posible la sojización- sino también es en la actualidad, el país con mayor tasa de cáncer en su población? ¿No se le habrá ocurrido al señor Huergo pensar que tamaña tragedia tiene algo que ver con la terrible contaminación por agrotóxicos que ha provocado la sojización y su consecuencia directa el feed-lot?. Este proceso afecta lo que respiramos, lo que bebemos y lo que comemos. Claro, es probable que este último argumento suene demasiado complejo para la lógica "simple" de la "mayor tasa de ganancia en el menor tiempo y con cualquier costo ambiental y social –total no lo pagamos-" que utiliza nuestra sempiterna parasitaria y estéril oligarquía terrateniente. Pese a lo que dice Huergo, la soja no sólo no crea pueblos sino que los devasta y los liquida, como puede verse en las miles de taperas que pueblan hoy nuestro campo y los más de 1200 pueblos abandonados. No sólo no nos saca de la edad media, sino que nos devuelve a ella como lo prueban las actuales inundaciones de Salta y Jujuy –y las anteriores de Salta y Santa Fe y las que vendrán-consecuencia directa de la deforestación y la Siembra Directa.
La 'pobreza' del 'campo' de ellos
Por último, de ¿qué paro del campo hablamos?. En todo el país sólo restan 330.000 explotaciones, las que sólo emplean a 310.000 trabajadores en blanco que ganan alrededor de $1200 mensuales, mientras hay algo más de 700.000 trabajadores en negro que viven miserablemente y trabajan sólo un período del año gracias al "poroto mágico". Ambos sectores prácticamente se han visto imposibilitados de defender sus derechos ante el achicamiento descomunal de las fuentes de trabajo que ha producido la sojización y la numerosa destrucción de establecimientos que la acompañaron. El nivel de ingresos del sector que ejerce el control sobre la propiedad de la tierra y por ende de la producción, es escandaloso y como siempre suntuario.
Ya en la campaña 2004-2005 los propietarios de la región pampeana, en el centro del proceso de la sojización, recibieron en concepto de Renta Terrateniente o renta de la tierra por el arrendamiento de las mejores tierras del mundo, la suma de algo más de 3000.000.000 de U$S, más de 10.000 millones de pesos. (2) Es decir una masa sideral de dinero sin invertir ni arriesgar un solo peso. En la actualidad esas cifras son mucho mayores, ya que hoy una hectárea en la zona sojizada de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos se vende a razón de entre 15.000 a 20.000 USS y se arrienda -para hacer soja- a razón de 20 Quintales la Ha, es decir unos 600 USS/ha. (3)
Para dar un ejemplo, sólo por arrendar 300 has el propietario recibe un ingreso parásito (sin invertir ni arriesgar un solo peso) de 180.000 USS o unos 570.000 pesos por ciclo sojero. Esa descomunal masa de dinero, imposible de obtener en cualquier otra actividad productiva -y ese es el diseño multinacional para paralizar nuestra reindustrialización- no se destina a mano de obra, ni inversiones productivas, a excepción de algunas cosechadoras o maquinarias importadas de altísimo costo y muchas veces renovadas innecesariamente, sólo por poseer la máquina '0 km'.
Sí se invierte, en varias camionetas 4x4 por familia (hasta 6-7 en algunas), en casas suntuarias, en edificios de renta y en "gatos finos" que ahora hacen su aparición en las localidades de la cuenca sojera, para beneplácito de los productores. Por el contrario, los capataces son echados, indemnizados y transformados en contratistas cuentapropistas con lo cual el terrateniente dispone de las labores sin arriesgar un solo peso, sin incluir costo social alguno y sin tener que poseer un parque de herramientas de alto costo y nivel de mantenimiento, que lo obligaría a tener mano de obra permanente.
A eso se suma que la mayoría no paga impuestos o lo hace por actividad ganadera y no agrícola, con tasas irrisorias de impuesto inmobiliario, y que las multinacionales exportadoras pagan impuestos en función de declaración jurada, se comprenderá que la sojización deja muy poca riqueza real, valor agregado productivo en la sociedad argentina.
A su vez, los trabajadores rurales son echados sin indemnización y contratados en negro cuando se los necesita, muy poco tiempo por cierto. El hecho que las dos terceras partes de los trabajadores vinculados a la sojización trabajen en negro, tiene que ver a su vez con las necesidades un negocio que evade impuestos o se realiza mayoritariamente en negro.(4) De allí la necesidad casi imperiosa para la economía nacional, de apropiarse de esa renta suntuaria e ilegítima en beneficio de la nación.
¿Qué hará el gobierno con esa renta?, es otra discusión, que no afecta el valor macroeconómico de la medida tomada. Como vemos, poco ha cambiado en la relación de la nación con la vieja oligarquía terrateniente, ahora asociada a algunos pools empresarios. Ella sigue allí y tan poderosa como siempre, pese a que la señora Carrió y algunos medios interesados -y asociados a ella- digan que ya no existe. La oligarquía una vez más, usa su poder económico contra el pueblo y la nación, reclamando quedarse con la totalidad de los precios internacionales para sus productos en el mercado interno, lo que supone, y ellos lo saben, el hambre para el pueblo y la castración de la nación, como lo hizo siempre. Sigue siendo como señalara el maestro Hernández Arregui, que para la SRA, "esa clase estéril e infecunda, siempre que el pueblo comió vio demagogia."
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Notas
1.- Huergo Héctor Clarín Rural, 15-3-08
2- Pengue Walter, Agricultura Industrial y Transnacionalización en América Latina. Red de Formación Ambiental. México 2005
3.- Clarín Rural 15-3-08, pag. 28
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MILES Y MILES DE FAMILIAS CAMPESINAS Y PEQUEÑAS PRODUCCIONES DE LA ARGENTINA NO DAMOS LA REPRESENTATIVIDAD NI A LA FAA NI A LA CRA.
¿HORA SE PREOCUPAN DE NOSOTROS, LUEGO QUE NOS MANDARON A TIPOS COMO LOS HERMANOS LÓNDERO A QUIMILÍ Y A CAMPO GALLO?
¿AHORA DICEN ESTAR PREOCUPADOS POR NUESTRA DESAPARICIÓN? NOSOTROS ESTAMOS BIEN ORGANIZADOS, NO NECESITAMOS NI DE FAA, NI DE CRA, ELLOS HAN TRAICIONADO EL PROYECTO DE PRODUCCION DE ALIMENTOS DIVERSIFICADO EN ARGENTINA, ELLOS HAN VENIDO AL CHACO ARGENTINO CON ARMAS EN LAS MANOS PARA DESALOJARNOS
SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN DEL MOCASE VIA CAMPESINA MIEMBRO DEL MNCI MOVIMIENTO CAMPESINO INDÍGENA.
El otro campo
A propósito del paro agropecuario
La negación del campo profundo y la ciudad marginada
Los piquetes del desconcierto hablan de campesinos de 4x4, pequeños
productores de 300 hectáreas de soja y de un campo que no es campo.
Los cortes de ruta diseminados por toda la geografía provincial de
la última semana, donde grandes máquinas y algunos hombres intentan
poner a consideración pública una supuesta situación de injusticia
ante las medidas tomadas desde el gobierno nacional, dan cuenta de
la hipocresía profesada a la hora de hablar del campo, de nuestro
campo.
Las organizaciones ruralistas (FAA, CRA, CARTEZ, SRA) de Córdoba se
paran desde una posición de representación del sector rural hasta
con la intención de llegar a un juego maniqueo en la dualidad campo-
ciudad. Ellos hablan de un campo de trabajo, de esfuerzo, de
productividad, de alimento, que vendría a sustentar el consumismo
urbano centrado en el usufructo de los servicios y del confort.
Ahora bien, en ese análisis, que es precisamente el que ha generado
la discusión en los medios de comunicación, se está negando la
verdadera y profunda realidad de la situación actual: la del campo
profundo y, si se quiere, de la ciudad marginada.
Mientras estas organizaciones reclaman no más que el dinero que les
permitiría continuar con la renovación de los modelos de sus
camionetas año tras año y seguir sumando propiedades inmobiliarias
en la Ciudad, el campo profundo y la ciudad marginada se debaten su
supervivencia.
El campo profundo
Las organizaciones campesinas del la provincia de Córdoba nucleadas
en el Movimiento Campesino, venimos reclamando desde hace ya más de
ocho años medidas políticas profundas que impidan de una vez y para
siempre la extinción del campo. Y aquí hablar de campo es hablar de
vida rural, no de negociados rurales.
Empezando por la problemática de la tenencia de la tierra, que
precisamente no se soluciona con medidas económicas de retenciones o
de recurso para la compra o la venta, sino con el reconocimiento
ancestral de la tenencia de la tierra en manos de quien la trabaja.
Cuando hablamos de un campesino que comienza su jornada antes que el
sol para mantener su producción de alimentos que después de injustas
intermediaciones termina en el plato del habitante confortable de la
ciudad o del sojero, que precisamente no consume milanesas de soja,
o incluso del marginado de la ciudad, hablamos de otra economía, de
otra vida que hasta el día de hoy, solo se ha dignado a luchar para
sobrevivir.
Nuestra historia como Movimiento ya vivió piquetes, ya vivió
reclamos variados, ya vivió movilizaciones y las seguirá viviendo
porque las injusticias a las que estamos sometidos no se solucionan
con un paro ni con miles. La posibilidad de que cada familia parada
sobre esta tierra pueda acceder a situaciones de igualdad, en
armonía con otras familias y con el ambiente del cual somos un
elemento más, nos habla de un largo camino a recorrer, que en su
debido momento puede optar por los mismos métodos de quienes hoy
reclaman engordar aún más sus bolsillos.
El campo profundo, nuestro campo profundo, no el de los que hoy
están bajo un toldo mientras sus grandes maquinarias atraviesan el
asfalto, ha demostrado que a pesar de las nefastas condiciones
estructurales de producción y comercialización, tiene capacidad para
abastecer a la provincia de los cabritos de fin de año, de los
terneros que se engordan en los feed lots propiedad de los
piqueteros oligarcas, de la miel orgánica que corrió la soja de la
pampa y tantas otras cosas más. También ha demostrado que a pesar de
poder movilizarse cada tanto, no abandonará la lucha hasta lograr
repoblar el campo en pos de una sociedad más justa, repoblar ese
campo que los sojeros convirtieron en desierto con el amparo del
sistema económico que rige en nuestro país desde hace tanto tiempo.
El campo profundo reclama tierra. Reclama que esa tierra que es
nuestra, sea reconocida por quienes tienen el poder, precisamente
como nuestra, como el La Rinconada, La Envidia, Cañada Larga y El
Medanito, por citar algunos casos.
El campo profundo reclama que no se destruya más nuestro medio
ambiente. Reclama ese medio ambiente donde desarrollamos nuestra
vida y que permitirá que nuestros hijos, los hijos de la ciudad y
los hijos de los sojeros puedan seguir viviendo.
El campo profundo reclama agua. Reclama esa agua que es nuestra y no
tenemos, para poder producir, para que esa agua no se transforme en
el petróleo del futuro en manos de Roggio y Suez.
La ciudad marginada
¿Qué se dice de la ciudad marginada por estos días? ¿Por qué no se
dice que los piqueteros fashion son responsables de haber depositado
miles de campesinos en los bolsones de la pobreza urbana? ¿Por qué
no se dice que el sistema judicial actual actúa en sintonía?
Sin duda, no hay políticas para frenar el éxodo hacia las ciudades.
Y eso no depende de las retenciones. Que el campo se muera no
depende del aumento o la disminución de las retenciones. Depende de
un modelo de provincia y de país. La FAA no dice por estos días que
sus afiliados, con la complicidad del sistema político y jurídico de
la provincia, desaloja campesinos en los departamentos del norte,
como en el caso de Doña Ramona Bustamante. Campesinos que
indefectiblemente terminarán sobreviviendo en la ciudad marginada, a
base de bolsones y planes sociales que se pagan con las retenciones.
La ciudad marginada también esta compuesta por miles de trabajadores
rurales que, sojización mediante, quedaron desempleados. ¿De qué
economía regional habla la Sociedad Rural de Jesús María? Allí en
esa ciudad, imperio ideológico de la expansión de la frontera
agropecuaria en el norte del país, desaparecieron los pequeños
productores y no precisamente por obra de las retenciones, sino por
obra de sus propio plan corporativo de concentración de la tierra.
No olvidemos que esa Sociedad aplaudía con furia el plan económico
de Videla y Martinez de Hoz. En esa misma ciudad hoy, muchas
familias están en pie de guerra por ver a sus hijos intoxicarse
todas las semanas con los agrotóxicos que los sojeros lanzan sobre
sus vecinos, y hasta sobre sí mismos, en un claro ejemplo de
barbarie.
En resumidas cuentas, si la ciudad marginada tuviera que reclamar
por la utilización del dinero que hoy hay en el país las rutas se
cortarían los 365 días del año y en vez de cosechadoras, en el
asfalto habría bicicletas como en el 2001.
El principio de la negación
En definitiva las sociedades ruralistas pretenden llevar este juego
de reclamos y discursos a un duelo entre el gobierno y ellos,
intentando poner al "común de la gente" de su lado y con esa
intención niegan la existencia del verdadero reclamo que debe
emerger desde la sociedad.
En ese juego la FAA se atribuye la representación de los pequeños
productores. Entonces, si un productor de 300 hectáreas de soja es
pequeño, ¿qué tipo de productor es aquel que tiene 30 cabras o un
sembradío colectivo de ajos y cebolla? Es más, ese mismo eje de
análisis nos lleva cometer errores conceptuales que también son el
sustento discursivo de este paro. Los pequeños productores de la FAA
no producen alimentos en beneficio del pueblo, producen forrajes
para la especulación en el mercado externo. Nuestro campo negado en
este paro no piensa en el comercio exterior, por eso está lejos de
discutir retenciones. Si la patriada ruralista fuera tal no tendría
problemas con las retenciones porque produciría para nuestro mercado
interno; mercado interno que hoy se caracteriza por las góndolas
vacías y los tomates a 10 pesos el kilo.
De igual manera, cómo se entiende que la FAA que se atribuye la
representación del pequeño productor y se sitúa en el rol de la
víctima más víctima de este cruel gobierno, genera alianzas
largamente sostenidas en el tiempo con la oligarquía terrateniente
de la Sociedad Rural. A ver, despacio ... alguien que se insinúa
rebelde y contestatario, que hasta nos habla de reforma agraria, se
sienta hoy a planificar piquetes con la oligarquía golpista ...
Al margen de este y de todos los paros y acciones que realice la
alianza sojera, que por una lado despotrica contra el gobierno y por
el otro le pide planes, programas y cargos, es necesario que se
replantee una discusión más profunda sobre el campo y las ciudades.
Y justamente, que en esa discusión lo negado y lo marginado, también
sean de la partida.
Norte y Noroeste de Córdoba, 20 de marzo de 2008
Movimiento Campesino de Córdoba



