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criticamedicina

comentario relación Amo- sabio por Gsutavo Santiago

Alejandro:
Recién ahora tuve tiempo de leer con atención los textos que me enviaste, y realmente me resultaron muy interesantes. En varios de los grupos con los que trabajo hay gente que proviene de la medicina y que encuentra problemas cercanos a los que planteás, con lo cual creo que se despierta una posibilidad de alcanzar una medicina más reflexiva que la de los expendedores de fármacos o los servidores de la técnica instrumental.
Saludos, sigamos en contacto.

Gustavo Santiago

profesor de filosofía
escritor de vario textos para niños

Taller de insuficiencia cardíaca: 3° charla esquema

Taller de ICC:
Clase 3°

Taller de Insuficiencia Cardíaca 2005
Hospital Ramos Mejía
Servicio de cardiología: Residencia
Docente Dr.Alejandro Wajner

Espacio Rebelde
Contra- discurso
Diálogo provocativo

¿ Cómo pensar el tema?
Complejidad del hecho
Desarrollar un pensamiento
complejo, dinámico, abierto, crítico.
Aprender de todas las
disciplinas.
Incorporar a la sociedad: sus condiciones económico- políticas
y culturales.
Al sujeto: objeto de atención.
Con sus relaciones
personales.
Sus múltiples significados y hechos significantes.
Cuento de "El
Elefante", como ejemplo.

Proceso: tiempo- espacio: Historia
Relación dialéctica entre malignidad y
reversibilidad.
Ejemplos: alta mortalidad- Mala calidad de vida.
Convivencia
entre desesperación y proyecto.
Miocardiopatía periparto-
Fallo de bomba en
mujeres sufridas: discinesia apical transitoria- apical ballooning.

"No
hay insuficiencias cardíacas (simplificación),
sólo existen esa
insuficiencia cardíaca de ese ser sufrido"

Identidad: inmunidad
Lo propio y lo ajeno
carga viral
cambio de la
estructura: genética y ambiente.

Corazón y Músculos: centro y periferia
entrenamiento: movimiento y
placer.
Juego y sensualidad

"El paciente con ICC. padece su °Frankenstein° podido- "supido" conseguir"

1) Los médicos y multidisciplinarios podemos ayudar a modificarlo.
2) Interviniendo con
la Dieta, ejercicio, búsqueda del placer, drogas y
manipulación biológica.
3) Transformando la caída en proyecto.

Dramatización: Sentir la ICC
Uno presenta IC. al superar el límite de
esfuerzo posible y personal.
Lo recupera con el pago de deuda de
O2. (reajuste O2/CO2)

Signos:
retención hidrosalina.
Activación neurohumoral- inflamatoria-
tromboembólica.
Síntomas:
fatiga/ disnea
Conflicto Desajuste: Tensión
(dialéctica)
energía-calor
metabolismo- ph
O2/CO2
Tiempo Proceso Historia

Pérdida de la elasticidad:
adaptación plástica a los cambios
Tendencia a la
rigidez- previsibilidad- repetición
Velocidad/freno: test de 6 minutos de
caminata/
registros pletismográficos- figura oximetría
Desorganización/
reparación: restablecimiento
Unidad de los contrarios
multiplicidad

Pensar Actuar múltiples y complejas estrategias de abordaje
Diseñar un
plan oportunidad
snapshot: instantánea
F ey./Calidad de vida
°Superar los
fragmentos°
Pensar un Corazón social

No trabajamos un corazón muerto
o simplificaciones físico-
matemáticas (reduccionismo positivista)
Gobernamos seres con cuerpos
con
historia, sentidos, afectos,vínculos
Mejoraremos el estado de ICC las
internaciones y complicaciones y la mortalidad
Foreteller: pronosticar,
predecir, conjeturar

Cerebro: conciencia- psiquismo- velocidad
Pulmones:
V/Q O2/CO2
Corazón:relaciones de ida y vuelta
Hígado: metabolismo
Riñones:
metabolitos
Músculos: movimientos- placer- alegría-
esperanza
Digestivo
Sangre:transporte de
O2/CO2 Hematocrito Blancos plaquetas

Intervenciones múltiples: Dieta/peso ejercicio físico
drogas:
ayuda/empeora
diuréticos: furosemida - tiazidas -
espironolactona
IECAs
Digital
Beta Bloqueantes
anticoagulación
Antiarrítmicos: amiodarona
Otros recursos

Pensamientos: 1) Estado fisiopatológico 2) alteración de la función
cardíaca 3) impedimento bomba sangre necesaria para satisfacer demandas
cuerpo Calidad de Vida: 1) tolerancia al esfuerzo 2) bienestar 3) actividad
sexual 4) capacidad laboral 5) funciones intelectuales y afectivas

Pensar la ICC. Como proceso o estructura de desentrenamiento
muscular (Corazón periférico)
Momento límite crítico
Tiempo/Espacio
Proceso/ historia

Pasar de la Fracción de Eyección a la Calidad de Vida
Desorganización:
remodelamiento
Forma (biología) Función (relaciones
complejas)
Reparación: Stem Cels- células madres o primogénitas
tejido
intersticial
señales intra- extra
cambios metabólicos
inflamación

© Dr. Alejandro Wajner
2005

Los premios Martin Fierro

Amigos de El Refugio [sabados 15 a 19 hs.] (www.am740.com.ar): los premios Martín Fierro representan el avance de la
banalidad y la insignificancia.
Canal 9 y Radio 10 son emprendimientos económicos fascistas bastante
populares.
Los premios a Chiche Gelblung, el responsable de la Revista Gente durante la
dictadura militar y a los programas de Radio 10 manejados por alcahuetes y
sumisos aprendices de periodismo "amarillo", son parte de esta Argentina
manipulada por los medios al servicio de los poderosos.

Aplaudo a Eduardo Aliberti, un periodista verdadero y ético.
También a Nelson Castro, a Magdalena, a Horacio Verbitsky, a James Neilson,
entre otros grandes.

Un abrazo y a resistir desde la Cultura, nuestro espacio libertario.

Dr.Alejandro Wajner
Crítica Medicina
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refundar la utopia: los antisemitas de izquierda

Antisemitas de izquierda
o el discurso como disfraz

Los judios somos recahzados por mucha gente. No soportan nuestra identidad
y cultura.
No pueden aceptar las diferencias, la singularidad de uno.
Tienen miedo y apelan a la agresión para ocultarlo.
La intolerancia es la matríz de las relaciones humanas de poder, control y
dominio sobre los otros.
Falta el dialogo y la apertura.

No nos perdonan haber construido un Estado judío con fuerzas militares
populares.
De tener una nación como cualquier otra occidental y democrática.

Durante la segunda guerra mundial simpatizaron con los nazi- fascistas o
fueron indiferente a las matanzas de seres humanos.
Ahora, piensan al conflicto de Medio Oriente con un esquema simple: buenos y
malos, pobres y ricos.

La izquierda está atrapada por el positivismo marxista.
Por idealizar a una clase trabajadora que es corrupta, conservadora, pasiva
y que desea poseer objetos como cualquier ser en el Mundo.
Por el discurso de Marx sobre la cuestión judía donde simplifica la
complejidad en la ecuación: Judaismo= burguesía.
Por una historia de antisemitismo y maltrato a los judíos: por ejemplo los
asesinatos en la URSS contra los disidentes y creadores judíos.

Marx desconoce su pasado y herencia cultural judía.
Trotsky y miles de dirigentes y cuadros judíos revolucionarios que la
izquierda trata de ocultar.

El conflicto árabe- israelí es demasiado complejo para estigmatizarlo en
buenos y malos.
Eso no corresponde con un discurso revolucionario.
Eso es política antisemita.

La izquierda defiende el islamismo medieval árabe y cree en un "socialismo
árabe" que es puro fascismo real.
No entiende que los ricos necesitan conflictos armados contra un enemigo
como los judíos, los diferentes de esa zona.

Esta izquierda patotera y unidimensional es un dispositivo canalla.
Gente que proclama progresismo y vive simulando su conservadorismo y
miseria, su creencia laica en palabras secas.
Los invito a abrir los sentidos y las mentes y a compartir la lucha por una
humanida mejor, amorosa y creativa.
Por un Mundo para todos sin excluciones ni más guerras.
Por apostar a la vida, al amor, a la libertad y a la "locura" de la
imaginación.

Repensemos la utopía con todos.

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Facistas de izquierda: mediocridad y autoritarismo

Ser antiimperialista es resistir la colonización contemporánea del
capitalismo avanzado del Primer Mundo: EU., Europa y Oriente.
Suele ser utilizado como máscara de la miseria mental de muchos.
Los facistas de izquierda imaginan un mundo de manera simple: hay buenos (
los cuales ellos suponen ser) y malos (los otros). No piensan la complejidad
ni entienden su dialéctica.
Si son marxistas, repiten como bobos un resúmen mecanicista y pobre.
Su mediocre identidad es rellenada con Marx, Lenin, Stalin, Trotsky, Mao y
algún otro.
Sus textos aislados del contexto y sin superarlos ni actualizarlos.
Usan fragmentos como publicidad discursiva.
Odian a EU y un poco a la Europa rica, pero callan el imperialismo islámico.

Toleran, justifican y defienden a los terroristas que matan seres comunes,
como ellos, como nosotros.
No cuestiona a los ricos árabes, los idealizan.
No se meten con "el opio de los pueblos" islámicos.

Esconden su antisemitismo.
Desde el miserable Marx que simplificó la compleja cuestión judía a la
ecuación: judaismo= burguesía, ignorando a las masas trabajadores arrasadas
por los pogroms y el nazismo europeo.
A esta izquierda "retrasada mental" que teme a los judíos.
Y sus propios judíos disimulan su identidad para ser aceptados por estos
nuevos inquisidores del progresismo.

Defender a Siria y a Iran, a sus gobiernos y aparatos estatales- político-
militares es facismo.
Los que ocupan El Líbano.
Los que mantienen a los terroristas árabes que matan a cualquiera (los
españoles recibieron su bendición armada).
Apañar a los responsables de los atentados asesinos en Argentina: las bombas
en la embajada de Israel y en la AMIA no pueden quedar impunes.
No se puede defender a los explotadores árabes, a los imperios del petróleo,
las armas, las drogas ( que ustedes consumen), de la intolerancia religiosa
( de sus clérigos que enseñan a matar al Otro: por ser diferente), a los que
maltratan a las mujeres y a los niños.

Amar a los Videla, Massera, Pinochet y Batista árabes es ser unos infelices.
En Medio Oriente sólo la paz, el diálogo y la convivencia democrática ( el
diálogo comunicativo) es un hecho revolucionario.
Lo demás es complicidad y burla.

Ustedes se rien de mis muertos y cuidan a los responsables árabes.
Vuestro antiimperialismo es unidimensional ( Marcuse): una combinación de
autoritarismo y mediocridad. ¡De miseria e hijaputéz!

Yo pido, como judío indoamericano: " Memoria activa y Justicia"
para todos los oprimidos.
Libertad y Justicia real para todos.
(los incluyo a ustedes, que justifican mi asesinato)

Dr.Alejandro Wajner

Los intelectuales según revista Ñ

¿Para qué sirve un intelectual?

Los pensadores Horacio González, Nicolás Casullo y Eduardo Grüner
participaron del primer debate organizado por Ñ y la librería El Ateneo y
que fue coordinado por el crítico Marcos Mayer. Allí, a través de un diálogo
abierto y encendido con el público, analizaron el papel de los intelectuales
en la sociedad y en la política contemporáneas.

- Horacio González:- -La palabra intelectual carga una disconformidad, una
falta de tranquilidad íntima. ¿Soy un intelectual? Esa es una pregunta, para
mí, indispensable. Interrogación y angustia, dos palabras que forman parte
del quehacer del intelectual. Para mí es insoportable cargar la expresión
"intelectual" y ser portador de las supuestas identidades que debiéramos
sostener. Evidentemente, la palabra tiene esa carga conflictiva. Para mí, la
idea de lo intelectual es un conjunto de tensiones, de problemas
irresolubles en el horizonte de la vida contemporánea. Pero al mismo tiempo
es algo más que eso, es la posibilidad de que una persona pueda decir cuáles
son esos núcleos irresueltos, esas llagas, las cuestiones que no harían al
mundo más feliz o de no ser dichas, no harían al mundo más justo. Es un
decir necesario por su condición de inesperado por ser algo que no estaba en
los planes de nadie reflexionar de tal o cual manera y, si es necesario
incomodar, hacerlo ya que el intelectual tendría la palabra dislocada, la
capacidad de decir las cosas en términos fracturados, agónicos, o decirlo en
términos de romperse en el acto de hablar.

- Eduardo Grüner:- -Por otro lado habría que definir la palabra político
porque, como hubiera dicho algún griego del siglo V antes de Cristo
"políticos somos todos". Un político, si aspira a estar en el poder, tiene
que estar tomando decisiones permanentemente. El intelectual, por supuesto
que también las toma pero con otros tiempos, toma decisiones respecto de las
palabras que usa, de los conceptos con los que quiere trabajar, de las ideas
malas o buenas que él mismo genera, y ésas son decisiones a más largo plazo,
que tienen la ventaja por sobre el político en que no tienen un efecto
inmediato.

- Nicolás Casullo:- -En ese sentido yo no me escuché ni escuché hablar sobre
el tema Cromañón, por ejemplo. No he encontrado un pensamiento interesante
sobre ese tema. ¿Hay algo diferente a esta especie de sentido común donde
hay una ordalía que habla de un asesinato que en realidad no lo es? ¿Hay
algún planteo intelectual que haya puesto en discusión crítica la atmósfera
con que se está planteando el tema. Sartre ya hubiera salido al cruce a
decir algo que no hubiese gustado con respecto a este facilismo con que
nosotros permanentemente nos situamos en las problemáticas y nos planteamos
que así son las cosas.

- Marcos Mayer: -Este parece un momento en el que todo se quiere pasar por
el tamiz del sentido común. La senadora Cristina Kirchner dice que la
Justicia tiene que manejarse con el sentido común y se supone que hay
ciertas reflexiones o ciertos dichos que lo ponen en cuestión. ¿Cómo se
puede hacer funcionar el contra-sentido común?

Casullo:- -¿Qué hay que decir? ¿Quién se atreve? ¿Qué candidato de la
Capital Federal podría decir que no puede haber una agenda que analice el
drama de Cromañón, situado en el dolor de las madres? ¿Que no puede haber un
planteo político que solamente esté situado en ese lamento? Esa sería la
función de un intelectual, de alguien que reconociendo el dolor, el drama,
se plantea una lectura de que nadie es inocente en esta sociedad, todo el
mundo calla, todos se dejan llevar por las alas del sentido común, y todos
se plantean para donde sopla el viento. Entonces, el político y los medios
lo tienen que hacer porque con lo único que pactan es con aquel sentido
común que los va a ver. Ahí es donde yo vería la posibilidad de un planteo
del intelectual, de una conciencia crítica que comenta la pesadez del mundo
y tiene la posibilidad de decirlo en términos discutibles, provisorios,
relativos y cuestionables. Porque la palabra del intelectual es la más
frágil, ya que nos podrían decir: "¿Y vos quién sos para venir a decir
esto?" La palabra del intelectual es valiosa por la fragilidad con que está
planteada, es un poder que se esfuma de las manos. En ese sentido yo
reivindico totalmente la figura del intelectual pero me apena sentir que
muchas veces el intelectual no está a la altura de los acontecimientos.

- Mayer: -Creo que los pueblos no esperan nada de los intelectuales. Hay una
carencia enorme de intelectualidad. El vacío que nos deja el escenario
intelectual lo cubre la sabiduría del pobre. Esa, para mí, es una sabiduría
no intelectual.

Grüner:- -Siempre les hago a mis alumnos el mismo chiste: si uno cayera en
la visión ilustrada o iluminista del siglo XVIII de que la cuestión pasa por
la educación de las masas, del soberano, la cosa sería mucho más fácil. Uno
podría aprenderse de memoria las obras completas de Freud y pensar que con
eso dejaría de ser un neurótico. Sabemos que no es así, que es bastante más
complicado. Hace pocos días leí con estupefacción cómo un periódico hablaba
de Romina Tejerina y la comparaba con el caso de otra chica, Olga, que mató
al padre que la había violado. Se habló de Olga y se dijo: "El otro caso
Tejerina". O sea, es lo mismo una chica que mata a su hija, producto de una
violación, que la otra que mata al padre que la había violado. Son dos
realidades absolutamente inconmensurables. Me niego a ponerlas en la misma
bolsa. Si en todo caso hay un papel tímido, simplemente interrogativo,
balbuceante y tartamudo, que el intelectual puede cumplir, es el de estar
permanentemente llamando la atención sobre estas falsas identidades, sobre
esta igualación de lo que nunca puede ser igual, y presentarlo como problema
que a lo mejor no tenga solución. La responsabilidad de que no pase este
tipo de barbaridades es de la sociedad en su conjunto. Y el intelectual,
como el arte en otro terreno, puede decir que "aquí hay un problema. No sé
cuál es la solución. No es fácil de resolver. Pero hay que planteárselo."

- Mayer: -¿Tienen algún modelo de intelectual al cual tengan en especial
consideración? ¿No piensan que la función del intelectual no es sólo
incordiar o cuestionar sino también ayudar a reflexionar. ¿Esa es su tarea?

González:- -En determinados momentos estamos a la altura de un legado
intelectual, y por eso mismo, la palabra termina siendo molesta. En la época
de Emile Zolá, se inventó esa palabra, porque entonces se hablaba como
ideólogos de quienes querían señalar el profundo desajuste de ese término.
Creo que todos ensayamos los modelos de "ir al pueblo". Ensayamos todos los
que sean necesarios hasta descifrar ese enigma de querer ir al pueblo y, al
mismo tiempo, sentirse un poco como Aníbal Troilo con su frase magnífica:
"alguien dijo una vez que yo me fui de mi barrio", y él niega haberse ido
del barrio, pero inmediatamente afirma que siempre está llegando. De modo
que, en ese estar siempre, habiéndose ido, o en esa llegada, que es la del
que estuvo siempre, está presente esta relación con el sentido común, siendo
y no siendo parte de él, es decir, del plano en que los problemas ya están
conversados. Eso me parece que son problemas de índole intelectual. Y no hay
ningún intelectual que lo diga porque no es necesario ponerle ese título, y
sin embargo son los problemas del ir hacia otra cosa, del ir al pueblo. Y
eso significa ser otro, transformarse en otro, y penitenciarse por no haber
estado desde el comienzo en un lugar donde siempre se está llegando.Yo no
veo, en este momento, y lo digo con pena, que la vida intelectual argentina
tenga suficientes motivos para enorgullecerse. Y la vida política argentina
está muy desnutrida de lengua, de texto. Es a-textual. No digo que sea
iletrada, es a-textual, es decir, no tiene textos capaces de interrogarse a
sí mismos y nadie piensa en ellos en las escenas políticas. Entonces, eso
exige menos el auxilio de ningún intelectual que una profunda autorreflexión
del país en todos sus cuadros culturales y políticos. Porque, finalmente, si
los gobiernos persisten sin texto, evidentemente no veremos momentos
interesantes y satisfactorios desde el punto de vista de una sociedad que se
conoce a sí misma en términos de rigor y también de profunda angustia.

- Mayer: -Pareciera haber un lugar en la sociedad, para el intelectual.
¿Cómo deciden ustedes postularse para ese lugar?

Casullo:- -Diría que hay una intervención que está más allá de los saberes
específicos. Blanchotte define al intelectual como aquél que opina lo
inopinable. Pero creo que esa intervención condena al intelectual y al mismo
tiempo lo reclama. Es decir, es cierto que en la Argentina la figura del
intelectual es una figura no muy apreciada, no muy querida, ni por la
política, ni por los grandes líderes nacionales, ni por los grandes
caudillos que atravesaron nuestra historia, ni tampoco por una sociedad
modernizada y hecha a golpes muy duros de una constitución económica muy
fuerte. Podríamos decir que el intelectual en la Argentina siempre estuvo un
poco a la intemperie. No estuvo muy defendido, legitimado ni muy legalizado.
Más allá de un saber, el opinólogo, como también se lo llama muchas veces al
intelectual hoy, aparece en columnas hablando de uno y otro tema, es una
presencia que a mí me resulta necesaria de ejercer, en cuanto a una crítica
intelectual, y también necesario de leer. Yo, permanentemente, busco, frente
a cada una de las circunstancias históricas, la opinión de los
intelectuales. Que no son muchos, que son pocos, que son fallidos, que
algunas veces se reiteran, pero que, evidentemente, me estarían dando como
un lugar más distanciado de orientación o de argumentación. En ese sentido
diría que es como un resto, un plus a una tarea que uno ejerce, ya más bien
en términos profesionales, y que implica, básicamente, en la historia
moderna, la escritura; la escritura como elemento central de intervención.

- Grüner:- -El problema no es la comprensión, sino la producción de algo
diferente. Digo, comprender se pueden comprender muchas cosas; y hacer
comparaciones, como hacer cuentas, como recurrir a juegos lógicos, son todas
ellas maneras legítimas de entender, o al menos poder circunscribir y
organizar mentalmente lo que está sucediendo. En una época, la militancia o
la participación política era una vía de entrada para pensar problemas más
complejamente, para acceder a libros en los que uno no había pensado o no
había escuchado nombrar. Era una vía de entrada y en muchos casos, una vía
de salida, porque uno sabía que eso tenía un límite y que en algún momento,
también ésos te iban a decir: -bueno, vos sos un intelectual, dejanos a los
que sabemos de política hacer la revolución o lo que correspondiera en cada
momento. La Argentina tiene una historia de intelectuales de una máxima
importancia. Hay una tradición de ensayismo crítico implacable, no
concesivo, en la Argentina, que va de Sarmiento a Martínez Estrada, de
Alberdi al grupo Contorno, de Echeverría a David Viñas, que es
extraordinariamente rica. Porque, en otros países, los intelectuales son
profesores universitarios. Quiero decir: sólo profesores universitarios.
Acá, lo somos además. Ahora, ¿qué significa esto, que es una condición, para
ser un intelectual, irse de la universidad? No, no es una condición, se
puede perfectamente y hay muchas menos trabas de las que el sentido común,
desde afuera, cree encontrar. Se puede perfectamente hacer ambas cosas,
moverse en esa ambigüedad, en ese intersticio conflictivo y hacerlo. ¿Por
qué tenemos que caer en la condescendencia en el fondo peyorativa, hacia ese
pueblo, de decirle las cosas fáciles?

- González:- -Un texto mueve. Es movimiento en la conciencia de las personas
o en lo que cada uno se forje como ilusión del vivir. Por eso leo a personas
con las que no estoy de acuerdo y leo al periodismo en general, porque debe
haber algo que, en algún momento, suponga la expresión deslumbrante o
chocante, y siempre novedosa, inesperada. El caso de Cromañón, por ejemplo,
que uno lee con angustia lo que se ha escrito porque, efectivamente, salir
del encierro que significa considerarlo una masacre o meramente una
tragedia, supone que había que buscar en otro lado. Y uno ve con pena que se
busca poco en otro lado, y ese otro lado, quizás, no apareció. Es una
reflexión sobre la condición de las víctimas y cómo se las constituye. Y veo
que inevitablemente eso supone un hablar. Por supuesto un escribir, pero
supone una oralidad, supone una fruición retórica, que probablemente tenga
que ver con un placer, también, ¿no? Supone vincular política a retórica, y
no decir que expulsamos la retórica de nuestra consideración sobre el
sujeto. Facundo de Sarmiento es uno de esos textos, en eso hay un acuerdo
generalizado. Creo que El escritor argentino y la tradición de Borges es
otro de esos textos, y en eso hay un acuerdo generalizado. En los 80 Ricardo
Piglia escribió su célebre novela Respiración artificial diciendo cosas
parecidas, es decir, quién sería el que se animase a constituir ese texto.
Ese texto se suponía que era un texto de la época, como se dice; es decir,
lo que nos hace congéneres, lo que nos hace prójimos, y también lo que nos
hace víctimas, o críticos de las ideologías victimistas, como sea. En ese
sentido, yo veo una ausencia de texto. El Manifiesto Comunista, lo escribió
alguien y resumió quizás su propia obra. Pero las frases encarnan de otra
manera. Las frases tienen cierta calidad de sentencia, cierta calidad de
flechazo, cierta carnalidad, digamos, cierta corporeidad, o como diría
nuestro amigo Viñas, cierta respiración. Es absurdo definir la literatura
por el cuerpo, pero cuando eso se aproxima, las frases pueden memorizarse,
pueden decirse como refutación, y eso me parece que no hay. Percibo que en
el gobierno no hay interés en esa búsqueda. Eso lo percibo con preocupación.
Percibo que en la situación argentina eso no está. Y debería estar. Y la
ausencia de eso, de ese talismán es grave. Es grave que no aparezca como
debate.

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Dice: Alejandro Wajner (médico):
opino que un
intelectual es el sujeto del discurso crítico.

y aquel que hace de su vida la estética que proclama.

La mayoría sobrevive gracias a las migajas del poder, a su oportunismo.
Otros, los imprescindibles, pelean por desarrollar un espacio de ideas y hechos alternativos.

Rescato a J. P. Sartre, al inglés Bertrand Russell y a los alemanes Marcuse, Fromm, Adorno, entre otros.

En mi país no tienen contacto con las masas, dominadas por la televisión que las sujeta al discurso del poder hegemónico.

Marcuse y la utopia

¿Una civilización no represiva?

por Herbert Marcuse
La sola idea de una civilización no represiva, concebida como posibilidad
real en la civilización establecida en el momento actual, parece frívola.
Inclusive si uno admite esta posibilidad en un terreno teórico, como
consecuencia de los logros de la ciencia y la técnica, debe tener en cuenta
el hecho de que estos mismos logros están siendo usados para el propósito
contrario, o sea: para servir los intereses de la dominación continua. Las
formas de dominación han cambiado: han llegado a ser cada vez más técnicas,
productivas, e inclusive benéficas; consecuentemente, en las zonas más
avanzadas de la sociedad industrial, la gente ha sido coordinada y
reconciliada con el sistema de dominación hasta un grado imprecedente.

Pero, al mismo tiempo, las capacidades de esta sociedad y la necesidad de
una productividad aún mayor engendran fuerzas que parecen minar los
fundamentos del sistema. Estas fuerzas explosivas encuentran su más clara
manifestación en la automatización. La automatización amenaza con hacer
posible la inversión de la relación entre el tiempo libre y el tiempo de
trabajo, sobre la que descansa la civilización establecida, creando la
posibilidad de que el tiempo de trabajo llegue a ser marginal y el tiempo
libre llegue a ser tiempo completo. El resultado sería una radical
tergiversación de valores y un modo de vivir incompatible con la cultura
tradicional. La sociedad industrial avanzada está en permanente movilización
contra esta posibilidad.

Así, el concepto de una forma de viv! ir no represiva ha sido invocado en
este libro para mostrar que la tra nsición a un nuevo estado de
civilización, que las posibilidades de la época actual sugiere, puede
implicar la subversión de la cultura tradicional, tanto en el aspecto
intelectual como en el material, incluyendo la liberación de las necesidades
y satisfacciones instintivas que hasta ahora han permanecido como tabús y
han sido reprimidas. Mi hipótesis ha sido sometida a malas interpretaciones;
la más seria de ellas se refiere a los cambios y precondiciones necesarios
para el nacimiento de esa nueva etapa.

Subrayé desde el principio de mi libro que, en el período contemporáneo, las
categorías psicológicas han llegado a ser categorías políticas hasta el
grado en que la psique privada, individual, llega a ser el receptáculo más o
menos voluntario de las aspiraciones, sentimientos, impulsos y
satisfacciones socialmente deseables y necesarios. ! El individuo, y con él
los derechos y libertades individuales, es algo que todavía tiene que ser
creado, y que puede ser creado sólo mediante el desarrollo de relaciones e
instituciones sociales cualitativamente diferentes. Una existencia no
represiva en la que el tiempo de trabajo (por tanto, la fatiga) se reduce al
mínimo y el tiempo libre es liberado de todas las ocupaciones activas y
pasivas del ocio impuestas sobre él en interés de la dominación, si es que
puede ser posible, puede serlo sólo como resultado de un cambio social
cualitativo. Sin embargo, las conclusiones de esta posibilidad, y la radical
tergiversación de valores que exige, debe guiar la dirección de tal cambio
desde el principio y debe ser eficaz inclusive en la construcción de las
bases técnicas y materiales. Sólo en este sentido la idea de una gradual
abolición de la represión es el a priori del cam! bio social -en todos los
demás aspectos, sólo puede ser la consecuencia.

Con toda seguridad, uno puede practicar la no represión dentro del marco de
la sociedad establecida: desde la mímica de vestirse y desvestirse hasta la
vasta parafernalia de la vida activa o pasiva. Pero en la sociedad
establecida, este tipo de protesta se convierte en un medio de
estabilización e inclusive de conformismo, no sólo porque no toca las raíces
del mal, sino porque contribuye a demostrar la existencia de las libertades
personales que son practicables dentro del marco de la opresión general. Que
estas libertades privadas sean practicables todavía y se practiquen es
bueno; sin embargo, la servidumbre general les da un contenido regresivo.
Antiguamente, la liberación de la represión era, dentro de condiciones
normales, el privilegio exclusivo de una pequeña clase superior; bajo
condiciones excepcionales, también le era permitida a los estratos menos
privi! legiados de la población y era asumida por éstos. En contraste, la
sociedad industrial avanzada democratiza la liberación de la represión -una
compensación que sirve para fortalecer al gobierno que la permite y a las
instituciones que administran la compensación.

Propongo en este libro la noción de una «sublimación no represiva»: los
impulsos sexuales, sin perder su energía erótica trascienden su objeto
inmediato y erotizan las relaciones normalmente no eróticas y antieróticas
entre los individuos y entre ellos y su medio ambiente. En un sentido
opuesto, uno puede hablar de una «desublimación represiva»; liberación de la
sexualidad en modos y formas que reducen y debilitan! la energía erótica.
También en este proceso la s exualidad se extiende sobre dimensiones y
relaciones antiguamente prohibidas. Sin embargo, en lugar de recrear estas
dimensiones y relaciones de acuerdo con la imagen del principio del placer,
la tendencia opuesta se afirma: el principio de la realidad extiende su
abrazo sobre Eros. La más clara ilustración de este hecho nos la proporciona
la metódica introducción de la sexualidad en los negocios, la política, la
propaganda, etc. El grado en que la sexualidad alcanza un definitivo valor
en las ventas o llega a ser un signo de prestigio y de que se respetan las
reglas del juego, determina su transformación en un instrumento de la
cohesión social. El acento en este terreno familiar puede de terminar la
profundidad del abismo que separa inclusive a las meras posibilidades de
liberación del estado de cosas establecido.

Si hay alguna manera en la que la aparición de estas posibilidades puede
anuncia! rse a sí misma antes de la liberación, será por medio de un aumento
antes que de un descenso de la represión: al contenerse la desublimación
represiva. La última tiene un aspecto particularmente regresivo: la feroz y
a menudo metódica y consciente separación de la esfera instintiva de la
intelectual, del placer del pensamiento. Es una de las más horribles formas
de enajenación impuestas al individuo por su sociedad y «espontáneamente»
reproducida por el individuo como una necesidad y satisfacción propias.
Lejos de justificar esta clase de separación, el concepto de la sublimación
de Freud considera a las llamadas altas aspiraciones del hombre susceptibles
de realizar el principio del placer -aunque esa realización presupone, en
último análisis, un cambio cualitativo en el principio de la realidad
establecido. Consecuentemente, la liberació! ;n instintiva abarca la
liberación intelectual, tanto má s cuanto que la lucha contra la libertad de
pensamiento e imaginación ha sido convertida en un poderoso instrumento del
totalitarismo, tanto el democrático como el autoritario. La desublimación
represiva acompaña a las tendencias contemporáneas hacia la introducción de
totalitarismo en los negocios cotidianos y los ocios del hombre, en su
trabajo y en su placer. Se manifiesta a sí misma en todos los múltiples
aspectos de las formas de diversión, de descanso, y está acompañada por los
métodos de destrucción de la vida privada, el desprecio por la forma, la
incapacidad para tolerar el silencio, la orgullosa exhibición de la crudeza
y la brutalidad. Todo esto es liberación de la represión, liberación del
cuerpo de las depravaciones del trabajo -es incluso liberación de un cuerpo
sensual hasta cierto punto, que goza de los logros de la higiene físi! ca y
la ropa agradable. Pero es, a pesar de todo, la liberación de un cuerpo
reprimido, que actúa como instrumento de trabajo y de diversión en una
sociedad que está organizada contra su liberación.

He acentuado suficientemente (y quizás ilícitamente) los aspectos
progresivos y prometedores de este desarrollo para tener el derecho de
insistir en los negativos. Los sucesos de los últimos años refutan todo
optimismo. Las inmensas posibilidades de la sociedad industrial avanzada son
movilizadas cada vez más contra la utilización de sus propios recursos para
la pacificación de la existencia humana. Toda conversación acerca de la
abolición de la represión, acerca de la vida contra la muerte, etc., tiene
que colocarse dentro del marco actual de esclavitud y destrucción. Dentro de
este marco, incluso las libertades y gratificaciones del individuo parti!
cipan de la supresión general. Su liberación, instintiva tanto como
intelectual, es un problema político; y una teoría de los cambios y
precondiciones necesarios para realizar esta liberación tiene que ser una
teoría del cambio social.

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Prólogo a la edición de Vintage de Eros y civilización, en Psicoanálisis y
política, Península, Barcelona 1969, p.149-155.

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Herbert Marcuse
(1898-1979)

Filósofo alemán nacionalizado norteamericano. Nació en Berlín en el seno de
una familia judía burguesa. Ya de joven adoptó posiciones políticas de
izquierda, q! ue le llevaron a simpatizar con el movimiento socialdemócrata
alemán, pero en 1920, después de la ejecución de Rosa Luxemburgo y del
fracaso de la revolución espartaquista, abandonó desilusionado Berlín y dejó
de participar de manera directa en la actividad política. Marchó a Friburgo
para estudiar con Heidegger, cuyo pensamiento, junto con la fenomenología
husserliana, la filosofía de la historia y de la vida de Dilthey, el
marxismo y el pensamiento de Hegel, fueron sus grandes influencias
iniciales.

En su primera etapa intentó una conciliación de los pensamientos de Hegel y
de Heidegger. Este último fue quien dirigió su tesis doctoral que publicó en
1932 con el título La ontología de Hegel y la teoría de la historicidac4 en
la que creyó encontrar una anticipación de la noción heideggeriana de hi!
storicidad en la doctrina de Hegel sobre el ser. Intentó, adem& aacute;s, la
conciliación de esta línea de pensamiento con las tesis de Marx. Interesado
por la investigación de los fundamentos de una teoría social, en el mismo
año fundó, junto con Adorno, Horkheimer y Benjamin, la llamada Escuela de
Francfort. Al año siguiente, debido a la ascensión de los nazis al poder, se
exilió y finalmente se estableció de forma definitiva en los EE.UU., donde
ejerció como profesor en las universidades de Columbia, Harvard, Boston y
San Diego.

En su etapa americana reanudó y profundizó su interés por el psicoanálisis
de Freud del que toma especialmente los conceptos de sublimación, represión,
principio del placer y principio de realidad, para integrarlos con los
conceptos marxistas de alienación, fetichismo de la mercancía y explotación.
De esta manera, su pensamiento puede encuadrarse dentro ! del llamado
freudomarxismo, (aunque reprocha al neo-psicoanálisis de autores como E.
Fromm, K. Horney o H.S. Sullivan, el abandono de los aspectos potencialmente
subversivos del psicoanálisis, al que acusa de constituirse en instrumento
de integración de los individuos en una sociedad represiva). Ciertamente no
parecía fácil una conciliación de las posiciones de Marx y las de Freud,
quien había señalado el carácter represor de la cultura. El debate entre las
concepciones de ambos autores, que data de los años veinte, ya había
suscitado un amplio movimiento teórico, del que Wilhelm Reich era uno de los
abanderados, en el sentido de afirmar que la auténtica emancipación social
debía pasar por una revolución no sólo social, sino también sexual. Marcuse,
en su obra Eros y civilización (1955) hace una reinterpretación de El
malestar en la cu! ltura de Freud, y un estudio de las causas de la
represión soci al y sexual, e intenta teorizar las condiciones de una
sociedad y una cultura no represivas.

Si bien es cierto que Freud había señalado que es necesaria una cierta
«represión» de la libido para que pueda triunfar el «principio de realidad»,
y había indicado entre los mecanismos de la cultura la tensión entre las
pulsiones de Eros y Thánatos, orientada hacia la formación represora de la
cultura (que, como dice Freud, no tiene la felicidad como uno de sus
valores), también es cierto que el mismo Freud había señalado aspectos
contradictorios en el mismo Eros, y aspectos positivos en la sublimación.
Respecto a ello, Marcuse indica que los aspectos mas destructivos de la
represión se dan en las sociedades especialmente opresoras, y señala que en
las modernas sociedades industriales de consumo, se añade una sobre
represión, que es fruto de la u! nión de la represión del principio de
realidad con la del principio de rendimiento que está en la base de las
sociedades capitalistas. Por otra parte, por esta época, Marcuse se enfrentó
también con el marxismo soviético, ya que también éste se convirtió en
instrumento al servicio de una sociedad represiva burocrática y totalitaria.
De hecho, sustentaba Marcuse, las sociedades basadas en el modelo soviético
también desarrollaron características represivas, pero aunadas al cinismo
con el que intentaron enmascarar la explotación. No obstante, es en las
sociedades capitalistas más desarrolladas donde aquella sobrerrepresión se
convierte en más eficaz por estar completamente enmascarada y mistificar la
conciencia de los hombres.

Así, se produce una aparente paradoja, de forma que Marcuse, máximo
abanderado de la revoluci&! oacute;n sexual y de una sexualidad polimorfa,
arremete en contra de l a pretendida liberalización de las costumbres que se
produjo en las sociedades capitalistas más desarrolladas, que lejos de
conducir a una mayor libertad, ha sido completamente integrada por el
sistema y la ha puesto a su servicio, convirtiendo la misma sexualidad en
objeto de consumo. El hombre de la sociedad capitalista «avanzada»,
obnubilado por un consumo sin freno y por una falsa liberalización de las
costumbres, pierde todo sentido crítico, se convierte en un hombre
unidimensional, integrándose más y más en el sistema. Incluso el
proletariado industrial, el supuesto sujeto revolucionario, según el
marxismo, ha llegado a perder este carácter y ha sido integrado en el
sistema capitalista, comprado por el espejismo del falso bienestar ofrecido
por el consumismo. Ante esta generalización de la alienación y de la
unidimensionalizaciónde los hombres, es preciso, según Marcu! se, a la vez
una reivindicación y una reinterpretación del pensamiento de Marx: mantener
su capacidad crítica, pero replantear ésta crítica no tanto desde la
concepción marxista clásica de la alienación del trabajo, sino a partir de
la felicidad total del ser humano. Se trata, según Marcuse, de añadir al
marxismo la dimensión de lo lúdico, de la alegría, del erotismo y de la
eudaimonía en el sentido más amplio.

Puesto que la explotación capitalista se mantiene, pero las formas de
dominación se han hecho más sutiles, y el sistema ha llegado incluso a
obtener el consentimiento de los explotados (ya que la manipulación de las
necesidades y los deseos que realiza el sistema llega incluso hasta el
pensamiento mismo), Marcuse considera que solamente las capas más marginales
de la sociedad (el lumpenproletariado) y, especial! mente, los jóvenes,
pueden constituirse en los nuevos sujetos r evolucionarios. Esta lucha
contra la falsa conciencia y la alienación debe llevarse a cabo en todos los
terrenos. Acabar con la sobrerrepresión y realizar la tarea de la auténtica
emancipación de la humanidad, supone una auténtica subversión total de todas
las estructuras sociales, especialmente de las propias de la organización
del trabajo, al modo como ya lo habían planteado ciertos autores del llamado
«socialismo utópico» (como Fourier, por ejemplo), pero aún de forma más
radical.

Durante los años sesenta el pensamiento de Marcuse se convirtió en el
inspirador de la llamada «nueva izquierda», tanto americana como europea, y
su pensamiento se constituyó en uno de los núcleos protagonistas de las
revueltas estudiantiles de 1968, especialmente del «mayo francés».

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Manuel Belgrano

Belgrano el héroe que la historia olvidó

La leyenda, más que la historia, dice que las últimas palabras del general
Manuel Belgrano fueron "¡Ay, Patria mía!". En una casona cercana al río,
sólo unos pocos rodeaban a ese moribundo que, aquejado por largas
enfermedades, se despedía de la vida en la misma casa de Buenos Aires donde
había nacido cincuenta años antes. Pero ahora también lo había abandonado la
riqueza que rodeó su nacimiento. Pobre, olvidado, Belgrano ignoraba que ese
20 de junio de 1820, la anarquía hacía trizas su sueño de unidad: "El día de
los tres gobernadores" quedó registado en la historia. En medio de la guerra
civil, ¿quién podía pensar en ese héroe que se estaba muriendo?

Atrás quedaban sus estudios en Salamanca y Valladolid, su entusiasmo por la
Revolución Francesa, su pasión por la economía, su improvisada carrera
militar, el izamiento en Rosario de la Bandera celeste y blanca, su proyecto
de una monarquía incaica, su apoyo a la educación como instrumento de
liberación, su sentido visionario de un país no sólo independiente en lo
político sino también en lo económico. A este hombre poco común la historia
oficial no se ha cansado de elogiarlo... por la creación de la Bandera y por
la donación de 40.000 pesos oro para que se construyeran cuatro escuelas.

Economista

"Fue el primer economista que tuvo el país. Desde un principio creyó que la
explotación racional de la tierra y de sus frutos era lo que podía dar
independencia económica a estos pueblos", dice el doctor Aníbal Jorge
Luzuriaga, presidente del Instituto Nacional Belgraniano. "Cuando impulsa la
creación de la Escuela Náutica, Belgrano está pensando en una marina
mercante que debía independizarnos de los barcos extranjeros, españoles y no
españoles, que llegaban a estas tierras. El creía, además, que nuestros
productos debían ser manufacturados en el país; con palabras de hoy,
entendía que tenían que tener valor agregado. Si no hay independencia
económica no puede haber libertad civil".

El historiador Norberto Galasso, que acaba de publicar una biografía del
general Perón, recuerda que Belgrano escribió en 1802: "Todas las naciones
cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a
manufacturarse. Y todo su empeño es conseguir no darles nuevas formas sino
aun a traer las materias primas del extranjero para elaborarlas y después
venderlas".

Galasso destaca que en el famoso "Plan de Operaciones", el proyecto
revolucionario firmado por Mariano Moreno, también está "la mano" de
Belgrano. Y subraya otro hecho: Belgrano se preocupó por impulsar la
agricultura, y esto no tiene nada que ver con una concepción "oligárquica",
de defensa de los terratenientes. "No hay que olvidar que la agricultura fue
descuidada hasta 1880", precisa Galasso.

Militar

En su autobiografía -en ninguna de sus líneas se refiere a la creación de la
Bandera-, Belgrano cuenta cómo se inició en la vida militar: "Sabida es la
entrada en Buenos Aires del general Beresford, con mil cuatrocientos y
tantos hombres en 1806: hacía diez años que era yo capitán de Milicias
Urbanas, más por capricho que por afición a la milicia: mis primeros ensayos
fueron en esta época. El marqués de Sobremonte, Virrey que entonces era de
las Provincias, días antes de esta desgraciada entrada me llamó para que
formase una compañía de jóvenes del comercio, de caballería, y que al efecto
me daría oficiales veteranos para la instrucción: los busqué, no los
encontré; porque mucho era el odio que había a la milicia en Buenos Aires;
con el cual no se había dejado de dar algunos golpes a los que ejercían la
autoridad, o tal vez a esta misma que manifestaba demasiada debilidad".

Desde las primeras Invasiones Inglesas, Belgrano ya había participado en
acciones militares. En 1811 es enviado por el gobierno a Paraguay, entonces
provincia del Río de la Plata. Con pocos recursos, con escasos hombres,
adquiere experiencia. Los paraguayos tienen 12.000 reclutas y el
conocimiento del terreno. Las fuerzas de Buenos Aires son rechazadas. En su
autobiografía, con un estilo casi novelesco, Belgrano relata las peripecias
de su marcha hacia Asunción: el cruce de ríos desconocidos, animales
salvajes, selva, calor, enfermedades.

Al mando del Ejército del Norte se granjeó la simpatía de San Martín, que lo
consideró un militar de primer nivel. Conoció la gloria de Tucumán y Salta,
y soportó con estoicismo las inapelables derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.
Pero Belgrano no era militar por vocación, y lo expresó muchas veces. Nunca
añoró el alejamiento de las armas.

Político

Durante su estadía en España, se produjo la Revolución Francesa de 1789. Las
ideas de "igualdad, libertad y fraternidad" también impactaron en los
jóvenes intelectuales americanos. Quienes estaban en Europa no eran muchos:
sólo los padres con mucho dinero podían pagar los estudios en Salamanca,
París o Londres. Belgrano era hijo de un padre rico. "La ocupación de mi
padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del monopolio,
adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación
mejor de aquella época".

En 1794, Belgrano fue nombrado cónsul del reino de España en Buenos Aires.
"Desde allí ya empezó a hacer política -apunta el doctor Luzuriaga-. Sus
compañeros eran hombres dedicados a su trabajo, que era el contrabando,
lícito e ilícito, pero todo estaba hecho en beneficio de la corona y no de
estas tierras sojuzgadas". Galasso cita el contenido de varias cartas de
Belgrano a Moreno, donde ya puede vislumbrarse al patriota que rechaza
cualquier postura conservadora.

Periodista

"Desde la Secretaría del Consulado vio claramente que, si se quería lograr
un progreso moral y material en el futuro, era indispensable difundir los
beneficios de la educación porque ella constituía el verdadero fundamento de
la felicidad pública -escribe Ricardo R. Caillet-Bois en su prólogo al
Epistolario de Belgrano-. El periodismo fue el medio más eficaz para la
propagación de su prédica. Y ''El Correo de Comercio'' es un ejemplo".
Ricardo Rojas sintetizó: "Demoledores nos sobraron: fue arquitectos de la
nueva morada lo que nos faltó. Con diez hombres como Belgrano, la democracia
argentina aparecería en su génesis menos envuelta en sombras de caos y
sangre de tragedias".

El 20 de junio de 1903, sus restos fueron llevados al mausoleo levantado en
el atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en Belgrano y
Defensa, a pocos metros del lugar en que nació. Es posible que hoy, también,
Belgrano dijera: "¡Ay, Patria mía!". A 185 años de su muerte.

La actualidad de su pensamiento

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Felipe Pigna
Historiador

La historia otra ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene
día en el calendario oficial. El día de su muerte es el Día de la Bandera. Y
ya sabemos de la importancia que el símbolo patrio adquiere entre nosotros
más allá de los festejos deportivos y las declamaciones patrioteras de
ocasión. No nos han enseñado con ejemplos a querer a nuestra Bandera, ha
sido violada y usurpada por los gobiernos genocidas que han hecho abuso de
su uso. Hay que recuperarla para nosotros, y ésa es una tarea imprescindible
pero larga. Mientras tanto, Belgrano sigue sin ser recordado como se merece.

El desprendimiento, el desinterés y la abnegación son virtudes que nuestras
"familias patricias" dicen admirar en los demás pero que no forman parte de
su menú de opciones. Ellas, por su parte, morirán mucho más ricas de lo que
nacieron porque el resto de los argentinos morirá mucho más pobre. Leyes de
las matemáticas, de la suma y de la resta.

Claro que omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su
capital económico y humano en la Revolución. No dicen que Belgrano no se
resignó a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le
correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines
establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de
escuelas y que le fueron robados por los perpetradores de la administración
pública.

Manuel Belgrano fue mucho más que el creador de la Bandera. Estamos hablando
de uno de los intelectuales más lúcidos de su tiempo que pudo escribir
párrafos como los que siguen y que mantienen una dolorosa actualidad.
Escribía en "La Gaceta" el 1º de setiembre de 1813: "Se han elevado entre
los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la
tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción
anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a
los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les
sobra. El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los
hombres a lo más estrechamente necesario."

En sus "Escritos económicos" hay notables párrafos dedicados a la educación:
"Los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en
ellas no se varía jamás su ocupación; no se trata de otra cosa que de
enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al
día, que hacen a los niños detestable la memoria de la escuela, que a no ser
alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible
este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo
de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente
educación!"

En cuanto a la distribución de la tierra escribía: "Es de necesidad poner
los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se
avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y
esto lo hemos de conseguir si se les dan propiedades que se podría obligar a
la venta de los terrenos, que no se cultivan."

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Un recuerdo en celeste y blanco
Félix Luna
Historiador

Esto me pasó hace años en una ciudad europea, tal vez Roma o París. Iba yo
caminando, un turista más, sin rumbo ni apuro. De pronto vi flameando en un
balcón la Bandera Argentina. Y entonces, recuerdo bien, sentí como un
espaldarazo, más bien un abrazo cálido, algo que me unía poderosamente a
millones de seres humanos que, ellos también, sentían por ese trapo lo mismo
que sentí yo: una adhesión, una devoción, una honda reverencia, la sensación
de que formaba parte de una moción colectiva tal vez distante pero real y
caudalosa.

Resultó ser una embajada o consulado, una prosaica repartición instalada en
el exterior. Nada para emocionar a nadie. Y sin embargo, la visión de aquel
signo nacional plantado en una ciudad extraña me produjo esa sensación que
me remitía a los actos escolares de mis años chicos o a aquellos días cuando
mi madre hacía colocar en el balcón de mi casa, no sin solemnidad, "la
enseña que Belgrano nos legó..."

En su libro "Mis Montañas", Joaquín V. González cuenta lo que era y cómo se
honraba el 25 de Mayo en un pueblito riojano a mediados del siglo XIX.
Después de las guerras civiles, en plena organización nacional, aquellos
argentinos necesitaban identificarse como tales. La Bandera era uno de esos
aglutinantes emocionales, de ahí la gravedad casi religiosa de los ritos
cívicos de aquella jornada.

Después, el paso del tiempo fue banalizando el simbolismo de la enseña
patria. Sin embargo, en los últimos años, hemos visto cómo ha cobrado fuerza
la Bandera en las fechas patrias. Viviendas, comercios, autos, solapas y
manos infantiles expresan un sentimiento que parecía obliterado, reducido a
una vergonzante marginalidad.

¿A qué se debe? Acaso a la vocación de ser parte de un pueblo que, a pesar
de los contrastes y tropiezos, quiere seguir adelante. Tal vez a un sentido
de pertenencia que se acentúa con otros aportes: una competencia deportiva,
una música entrañable, un logro común... Sea como sea, hoy la Bandera ha
vuelto por sus fueros.

Está bien que así sea. En Suiza, donde viví varios años, la cruz helvética
era una presencia cotidiana. En Estados Unidos es habitual ver casas
particulares con el jardín presidido por las barras y las estrellas. En
realidad, la proliferación de nuestro símbolo patrio tiene en nuestro país
un antecedente cercano: en la Patagonia, las estancias definen su casco con
un alto mástil que deja ver desde lejos que esos pobladores son argentinos y
quieren manifestarlo. Yo no sé si pensé todo esto cuando me topé con mi
Bandera en una ciudad del Viejo Continente. Probablemente no. Pero sin duda,
en ese instante pasó por mi espíritu una corriente tumultuosa de hombres y
mujeres que venían desde el fondo de la historia y me infundían algo que no
puedo definir pero sentí claramente, como una vibración profunda. No me
pidan que lo diga mejor, no puedo. Lo más que puedo contar es que sentí algo
así como un orgullo de ser argentino y una presencia poderosa que me
acompañaba en mi soledad. Nada más ni nada menos. Y atrás, el celeste y
blanco.

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Una intensa vida privada - Investigaciones recientes iluminan las facetas
más íntimas del prócer.
Lucía Gálvez
Historiadora

Uno de los rasgos del creador de nuestra Bandera era su indudable altruismo,
que él resumía con sencillez en el deseo de "ser útil a mis paisanos". Tanto
en lo público como en lo privado fue consecuente con los valores que
inculcaba a sus compatriotas: "Justicia, buena fe, decencia, beneficencia,
espíritu..."

Hubo muchos sacerdotes en esta familia, próspera y trabajadora, de padre
genovés y madre porteña de origen santiagueño; lo curioso es que uno de
ellos fue su propio bisabuelo, quien entró en el seminario después de la
muerte de su mujer. También un tío abuelo, un tío materno y su propio
hermano Estanislao Domingo pertenecieron al clero. Domingo Belgrano y su
mujer, Josefa González Casero, tuvieron dieciséis hijos, de los cuales doce
sobrevivieron.

La fe cristiana y la devoción a la Virgen María de Manuel Belgrano son tan
conocidas como casi ignorada su pertenencia a logias de tipo masónico, como
la que dio origen a la Sociedad de los Siete o la del Ejército del Norte.
Como otros próceres, utilizó ese tipo de organización para sus patrióticos
objetivos.

La salud de Belgrano fue precaria desde que volvió de España, donde, al
parecer, había contraído sífilis. Su intensa sensibilidad acentuaba sus
padecimientos. Mitre afirmaba que sus enfermedades "eran del cuerpo y del
espíritu". En vísperas de la Batalla de Salta tuvo vómitos de sangre y de
1813 a 1815 sufrió de paludismo.

Al llegar de España, en 1802, conoció a María Josefa Ezcurra y ambos se
enamoraron. El padre de la niña tenía sin embargo otros planes, y María
Josefa no tuvo las agallas de Mariquita Sánchez para enfrentarlo. Después de
nueve años de casada con otro, sin haber tenido hijos, el marido,
disconforme con la Revolución de Mayo, volvió a su tierra. María Josefa,
pues, era a los veintisiete años una casada con la libertad de una viuda.
"¡Hoy he conocido la casa chica de Manuel!", cuenta en una carta a su
hermana Encarnación. Cuando Belgrano partió con el Ejército del Norte, María
Josefa tuvo la valentía de seguirlo. Después de un agotador viaje en galera,
llegó a Jujuy, donde su amante estaba organizando el éxodo ordenado desde
Buenos Aires. Al llegar a Tucumán, Belgrano desobedeció al gobierno porteño
y se quedó a enfrentar al enemigo. La victoria del 24 de setiembre de 1812
fue atribuida a la ayuda sobrenatural de la Generala, Virgen de la Merced,
cuyo escapulario llevaban al cuello sus soldados. Cuando en enero de 1813 el
ejército partió hacia Salta, muchas mozas llevaban en sus entrañas la
promesa de nuevos hijos. Uno de ellos sería el del General. María Josefa
resolvió partir a la estancia de unos amigos en Santa Fe, donde podría
mantener en secreto el nacimiento. El parto fue difícil y debieron dar al
niño el "agua del socorro" el mismo 30 de julio de 1813, día de su
nacimiento, recibiendo el nombre de Pedro Pablo. Poco después, Juan Manuel
de Rosas y Encarnación Ezcurra, recién casados, adoptaron al pequeño, que se
crió en sus estancias con el nombre de Pedro Rosas y Belgrano, bajo la
vigilante supervisión de su "tía" María Josefa. Mientras tanto, el padre de
su hijo, a quien no sabemos si volvió a ver (aunque sus casas en Buenos
Aires eran vecinas), asistía al Congreso de Tucumán. El 9 de julio de 1816,
un grupo de americanos tuvo la audacia de proclamar su independencia a pesar
del horizonte cargado de amenazas. Por la noche, gran fiesta. La tradición
dice que ese día brillaba como nunca la belleza de María Dolores Helguero;
que sus ojos negros, su pelo rubio, su fragilidad y su juventud atrajeron a
Belgrano como un imán. Dolores se enamoró del vencedor.

Nadie discute la filiación de Manuela Mónica Belgrano, hija del general y
María Dolores. Belgrano había prometido casamiento a la niña, pero las
obligaciones de la guerra le impidieron llevarlo a cabo, y cuando volvió a
Tucumán "se encontró con lo irremediable: a su novia la habían hecho casar".
Por esta razon el general no pudo ni siquiera reconocer a su hija en su
testamento ni visitar a la pequeña, a la que llamaba su "palomita".

Los dos últimos años fueron amargos. En 1819, cerca de Córdoba, se le
diagnosticó una hidropesía y quisieron acercarlo a la ciudad, pero él se
negó: "Aquí hay una capilla donde se entierran los soldados y también se
puede enterrar a un general". A sus malestares físicos se sumaban los del
alma: le dolía la ingratitud de un pueblo por el cual había sacrificado su
vida.

Belgrano vivía en forma muy espartana y su único lujo era, según su amigo
Balbín, una volanta inglesa de dos ruedas con un caballo. La casa que se
mandó hacer en la Ciudadela tenía techo de paja y por todo mobiliario dos
bancos de madera, una mesa ordinaria y un catre de campaña. Su fiel amigo le
prestó unos pesos para que pudiera volver a morir a Buenos Aires, cuidado
por los suyos. Antes de irse -según relatos familiares- quiso ver por última
vez a su hijita: "La víspera de la partida, postrado en cama como estaba,
hizo que se la llevaran por la noche para acariciarla por última vez." En un
escrito citado por Mitre, Belgrano encomienda a su hermano clérigo "que,
pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes a favor
de una hija natural llamada Manuela Mónica, de edad de poco más de un año,
que había dejado en Tucumán". La familia Belgrano cumplió con el encargo:
Manuelita vivió con su madre hasta 1825, en que fue llevada a Buenos Aires
para vivir con su tía Juana Belgrano de Chas, que la trató con cariño
dándole una buena educación. Se casó en 1853 con un pariente político,
Manuel Vega Belgra no, y tuvieron tres hijos. Pedro Rosas y Belgrano no
necesitaba protección económica pero su padre quiso que, a su mayoría de
edad, le revelaran su identidad y le dieran algunos objetos suyos. Desde
entonces trabó relación con Manuela Mónica. Convertido en un rico
estanciero, se casó en octubre de 1851, a los 38 años, con Juana Rodríguez.
De este matrimonio nacieron nada menos que dieciséis hijos, de los cuales
sobrevivieron diez.

Manuel Belgrano murió el 20 de junio de 1820, el día más anárquico del
anárquico año 20. El patólogo Sullivan, a cargo de la autopsia, señaló que
le sacó gran cantidad de agua; encontró un tumor en el epigastrio derecho;
el hígado y el bazo aumentados; los riñones desorganizados, los pulmones
colapsados, el corazón hipertrofiado.

Dos franjas

La bandera izada por Belgrano en 1812 fue confeccionada por la rosarina
María Catalina Echavarría de Vidal. Tenía dos paños verticales, uno blanco,
del lado del asta, y el otro celeste.

En los Andes

La bandera que San Martín portaba en el Cruce de los Andes tenía dos franjas
por la escasez de sarga azul. Llevaba un escudo bordado por damas mendocinas
con piedras de sus propias joyas.

Emblema Nacional

Por su carácter emblemático, la Bandera recibe un tratamiento especial. La
de ceremonia debe ubicarse a la derecha del estrado, el abanderado debe
apoyarla en su hombro derecho y sostenerla con la mano derecha. Cuando entra
y cuando se retira, el público la aplaude de pie. La bandera de izar, al ser
arriada no debe tocar el suelo, será recogida sin plegarla y con el Sol
hacia arriba. Siempre debe estar limpia, si es necesario hay que lavarla. Y
cuando llega el momento de renovarla, la vieja bandera se incinera o se
guarda en un cofre.

La bandera a través del tiempo

1812
El 27 de febrero Manuel Belgrano enarbola por primera vez la Bandera
Nacional en las barrancas del Paraná, a la altura de Rosario. El 25 de Mayo,
la tropa del general jura la Bandera en Jujuy.

1816
El 20 de julio, el Congreso reunido en Tucumán reconoce oficialmente a la
Bandera celeste y blanca como distintivo de la nueva nación. Firman:
Francisco N. de Laprida y Juan José Paso.

1818
El 25 de febrero, el Congreso (ya trasladado a Buenos Aires) aprobó como
bandera de guerra la misma que ya se usaba pero con el emblema incaico del
Sol en el centro de la franja blanca.

1835
Dado que celeste era la divisa unitaria, Juan Manuel de Rosas consideró que
los colores celeste y blanco eran producto de una falsa interpretación. El
afirmaba que la bandera era azul oscuro y blanca.

1944
El Ministerio del Interior define la Bandera Oficial: los colores estarán
distribuidos en 3 fajas horizontales de igual tamaño, dos celestes y una
blanca en el medio. En el centro de la faja blanca se reproduce el Sol de la
moneda de oro de 8 escudos, la primera moneda argentina (1813), con 32 rayos
rectos y fulgurantes alternados entre sí. Años después, los colores y pautas
de confección se fijaron por Norma IRAM.--

Alberto González Toro y Laura Vilariño
Junio 2005

Segun Felipe Pigna, Belgrano sufrió de :
cirrosis, blenoragia, mal de chagas y paludismo.

Y es uno de los mas brillantes intelectuales: economista y abogado, con ideas progresistas para esa época oscura de nuestra historia americana.

El reparto del botin

Repartir el botín

Los próceres e inquisidores ganaron las elecciones en la AMM con su lista única, el aparato sindical "apretador de conciencias" y con la apatía, indiferencia y el miedo de la mayoría de los médicos.

Gobernarán el Hospital y sus " quioscos" (espacios de fama, influencia, poder y ganancia)
El clientelismo y los favores ( "haces esto, recibís tal cosa"), las recorridas patoteras (para que no exista la menor resistencia), el mensaje autoritario de los jefes de servicios, etc.
Son dueños de la UBA- Medicina: de los cursos y del manejo de graduados, del Hospital y de otros negocios privados o públicos.
La política es su riqueza y nuestra miseria.

Los médicos tenemos una cultura individualista, antisolidaria y quejoza.
Amamos la fama y la riqueza.
Un lugar alto en la jerarquía de la sociedad.

La mayoría cree que no se puede hacer nada contra las mafias.
Que mejor no meterse.
¿ Para qué más problemas?
Si con los trabajos es suficiente.
Si la guita no alcanza.
Si todo es gris.

¿ Y vos que opinas?