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El negocio del Campo sojero

DONDE ESTAMOS *

Hace más de dos meses que comenzó la protesta de productores agropecuarios. Vale la pena explorar las sensaciones y nuevas convicciones de un ciudadano medio, que haya tratado todo este tiempo de informarse, entender la naturaleza del conflicto y no solo prever su evolución, sino en alguna medida y a su alcance, tomar partido.

Hoy ese argentino promedio, muy probablemente tenga claro:

. Que cultivar soja o maíz o trigo en este país es un buen negocio.

. Que, sin embargo, hay diferencias importantes según la región donde se siembre y según el tamaño de la explotación, sobre todo si se toma en arriendo todo o parte de la superficie.

. Que hay un factor favorable, de carácter extraordinario, vinculado a precios internacionales con un crecimiento brusco, que aumentaron notablemente la rentabilidad potencial.

. Que la cadena de valor es compleja, ya que quien siembra debe comprar semilla, fertilizantes o herbicidas a empresas monopólicas y debe vender su cosecha a una cadena de exportación o de industrialización también muy concentrada.

. Que además de esas distorsiones respecto de un mercado ideal, están presentes grandes capitales financieros, actuando como arrendatarios, para aprovechar la bonanza de precios. Estos capitales han desplazados a los arrendatarios tradicionales – propietarios con poca tierra o simplemente contratistas de siembra y cosecha – e incluso han convertido en rentistas a los desplazados, tomando en arriendo su tierra.

. Que el chacarero común es claramente el eslabón más débil de toda la cadena.

. Que el Estado, hasta ahora, no ha intervenido en esta cadena de valor, y por lo tanto no ha modificado el peso relativo de los eslabones concentrados. Simplemente, ha fijado un derecho de exportación para estos productos, obteniendo con ello recursos fiscales y buscando además impedir el traslado de los mayores precios internacionales al mercado interno de alimentos.

Sobre esta base de elementos, que no me parece sean negados por ninguno de los involucrados en el conflicto, salvo desde el tránsito por la irracionalidad circunstancial y para buscar “triunfos” discursivos o mediáticos, tal vez se pueda obtener alguna explicación solvente de las razones del conflicto y de su salida más útil para las mayorías.

El capitalismo, sobre todo el capitalismo globalizado, está lleno de ejemplos de cadenas de valor con eslabones fuertemente dominantes, que se apropian groseramente de la mayoría de la renta generada. La maquila mejicana; los sistemas textiles de toda el Asia; buena parte de la industria del Este de Europa, funcionan así. Llamativamente, en ningún caso la característica operativa predominante es el conflicto al interior de la cadena, donde los explotados – usualmente muy explotados – luchen contra los explotadores.

Las corporaciones dominantes son las que se ocupan de organizar el trabajo de modo que para los más perjudicados, esa tarea represente una mejora respecto de su condición anterior. Por supuesto, la mínima mejora posible. Suficiente como para que el nuevo status se vea como aceptable, a la vez que irremediable.

Estas relaciones que en términos psicológicos primarios podríamos calificar de perversas, aunque son corrientes en la economía, solo se modifican cuando el Estado u otras corporaciones en competencia por la misma mano de obra, se encargan de crear alternativas, que lleven a la mejora relativa de los explotados, con una variante frecuente: la mudanza de país para la corporación dominante.

El actual modo de producción agropecuario en la Argentina no difiere cualitativamente de la maquila mejicana. Solo tiene diferencias cuantitativas muy importantes, que lo hacen parecer distinto.

En efecto, este negocio global es de muy alta renta y de permanencia en el tiempo, porque se trata de alimentos y porque además de ser imprescindibles para los que ya consumen, cada año se agregan decenas de millones de personas al mercado.

Tanta renta disponible permite asignar una parte relevante de ella a un segmento que no controla la cadena, pero que cuenta con la fortaleza que le da el hecho que es imprescindible: los dueños de la tierra.

Los monopolios (de insumos, de comercialización interna e internacional) y el gran capital financiero sumado como inversor, dan una tajada a los dueños de la tierra y el resto (los pequeños propietarios o arrendatarios o contratistas) se adapta, recibiendo lo justo para que estén, pero no más que lo imprescindible. Esa adaptación implica, casi mecánicamente, también trasladar el problema a los aún más débiles: los trabajadores rurales, que penan sin salarios dignos y sin cobertura social en su gran mayoría.

Este no es un hecho nuevo en la Argentina. Todo el sistema de producción ganadera fue organizado hace más de un siglo por los frigoríficos ingleses, que definieron qué se producía, cómo se transportaba, cuánto cobraban los amigos y cuánto los no amigos. Los ganaderos ponían Presidentes y Ministros, pero la política ganadera – además de otras - la ponía Inglaterra. Tanto, pero tanto duró esta subordinación, que tengo grabado a fuego en mi memoria el desesperado comentario televisivo del Subsecretario de Ganadería del gobierno de Galtieri en abril de 1982. Cuando Inglaterra declaró el bloqueo a Argentina por la invasión de Malvinas, le preguntaron al hombre qué haría Argentina con la exportación de carne. Casi entre lágrimas contestó que no tenía idea, que la crisis que se generaría sería gravísima. Dijo eso a pesar que en ese momento Inglaterra ya representaba solo el 30 por ciento de las compras de carne argentina y cinco años después ya se vendía carne a más de 20 países.

Un sistema así se regularía solo, a partir de las definiciones distributivas de los monopolios intervinientes, si no fuera por un actor externo: El Estado.

El Estado extrae renta en forma de impuestos y con ello, disminuye la renta de los actores del sistema, pero sobre todo de los más débiles, porque los más fuertes reajustan las relaciones internas para mantener su tasa de ganancia.

El punto que a mi juicio explica los últimos dos meses de conflicto es que si el Estado se limita a eso – a extraer la renta extraordinaria vía impuestos – hay toda una cultura de reacción, que incluye evasión impositiva en las ventas o en el pago de las obligaciones sociales de los trabajadores, en paralelo con la redistribución interna de las cargas a favor de los monopolios. En un camino de imposición creciente, sin embargo, en parte provocada por la evasión previa, hay un momento en que se deteriora la renta de los más débiles hasta un grado tal que la cadena comienza a ser inviable. Esto puede ser cierto o simplemente puede haber una sensación colectiva que se ha llegado hasta allí.

El chacarero no cree que ni los exportadores, ni los proveedores de insumos, ni siquiera los fondos de siembra pagando arrendamientos en dólares por adelantado, sean modificables. Son quienes deciden y decidirán donde él se pone y cuanto gana. Eso se favorece – reitero – porque hay bastante para repartir. El ajeno, el prescindible, el que molesta y en última instancia llega hasta no dejarnos vivir – piensan los miembros del sistema - resulta ser el Estado.

En tanto y en cuanto no se advierta que esta descripción de brocha gruesa es muy cercana a la realidad se caerá en caracterizaciones confabulatorias, que jamás podrán explicar por qué salvo los peones de campo, que de tan explotados hace tiempo que buscan fugar del sistema, todos los vinculados directa o indirectamente a la producción agropecuaria terminan alineándose en la protesta.

La eventual utilización política de este alineamiento, con el fin de acorralar y quitar fuerza y voluntad de cambio a un gobierno con discurso popular es una consecuencia directa de la estructura productiva que se ha descrito, pero no es la causa del problema.

UNA REGLA DE ORO

Quisiera poner énfasis en que estamos evaluando un clásico de la política económica de un país: Como lidiar con sectores esenciales en que hay monopolios u oligopolios. En la globalización, agregaría dos cosas más:

. Que algunos de esos monopolios son de actuación mundial.

. Que los grandes capitales financieros, sin patria y sin interés sectorial específico, pueden sumarse al problema y en este caso lo hacen.

Sostengo una regla de oro:

ES IMPOSIBLE CONTROLAR LA ACCIÓN MONOPÓLICA EN UNA CADENA DE VALOR SI EL ESTADO – REPRESENTANDO EL INTERÉS GENERAL – NO SE INTRODUCE EN LA PROPIA CADENA, COMO UN ESLABÓN MÁS.

No basta con legislar al respecto. No basta con acordar aspectos parciales o totales.

Una nueva ley de arrendamientos, que desaliente a los grandes grupos financieros, sería un hecho positivo. Pero es insuficiente en una actividad donde hay muchos contratos que no se firman.

La compensación a los productores por tamaño y por distancia también es un hecho positivo, pero su ejecución será muy complicada porque la opción de trabajar en negro es más rentable.

Las retenciones son un instrumento necesario para captar la renta extraordinaria. Pero a la vez sirven de promotoras de la concentración en las etapas de industrialización de los productos primarios, ya que los grandes inversores hacen rápida utilización de la diferencia de derechos de exportación entre las materias primas y productos terminados.

Entre el grano de soja y el biodiesel hay 20 por ciento de derechos de diferencia. Entre el maíz y el azúcar de maíz (fructosa) otros 20 puntos. Entre la harina de soja y los pollos 35 puntos. Entre el maíz y los pollos 20 puntos. La lista podría seguir, pero está claro que al frenar el precio interno del grano, se genera a la vez un negocio fabuloso para el producto industrial. Como dato de confirmación, no es de extrañar que en este momento Cargill esté comenzando a participar de la producción de fructosa en la Argentina, donde no tenía ninguna planta, mientras en Brasil tiene cuatro.

Cada medida tomada solo como legislador/regulador o como agente fiscal es insuficiente. Porque el monopolio sigue allí y tiene la fuerza, la imaginación y la experiencia mundial para descubrir e implementar su reacción, antes y por encima del funcionario público.

Lo único que controla al monopolio es que deje de serlo. Por orden de importancia, en consecuencia, resulta inexorable que un gobierno popular cumpla los siguientes pasos:

. Compre y venda granos y todo otro producto del campo que sea necesario, fijando de ese modo precios de referencia.

. Exporte granos por sí o apoyando cooperativas de productores nacionales.

. Importe insumos básicos para la agricultura.

. Recupere su capacidad de producción de semillas.

. Apoye – con su poder de compra y no solo con legislación - la producción regional de leche y su industrialización; de carne vacuna o aviar y su industrialización.

Cuando y cómo lo hará depende de los complejos procesos de organización que se necesitan para todo eso. Pero deberíamos tener claro dos conceptos:

. Recorrer un camino como ese es inexorable si se quiere integrar de verdad la producción agropecuaria y todos los que dependen de ella a un colectivo nacional.

. Hasta entonces, el sistema buscará – y conseguirá – autorregularse eludiendo al Estado y continuando la expulsión, o el deterioro de la calidad de vida, de todos los actores más chicos.

* Enrique M. Martínez

Presidente del INTI

Contacto: presidencia@inti.gov.ar 

Denunciando a los funcionarios

A PROPÓSITO DE LA REUNIÓN DE LA MOP4 EN LA CIUDAD DE BONN EN ALEMANIA, EN QUE PARTICIPARAMOS COMO GRR GRUPO DE REFLEXIÓN RURAL POR LA ARGENTINA

 

  1. En esta reciente cuarta reunión de las partes del Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, más conocida como MOP4, habida en la ciudad de Bonn, durante los días 12 al 16 de mayo de este  año 2008, se han hecho cada vez más visibles las tendencias por parte de los países, a que sus delegaciones provengan de las áreas de políticas agrarias de los Estados. De esta manera, los técnicos, y en especial los biotecnólogos, han logrado una fuerte presencia en la asamblea de las Partes, y esto ayuda a los extravíos de miradas políticas globales y al predominio de lenguajes tecnocráticos y corporativos.  En algunos países, se produce el fenómeno de que, por falta de los cuadros aptos para aportar a esta creciente tecnopolítica, se apela a delegar las representaciones en ONG, que suelen no ser más que grupos encubiertos de lobby empresarial.

 

  1. En el caso de la Argentina se hizo evidente, a partir de la anterior reunión en Curitiba en marzo de 2006, la renuncia de la Cancillería a mantener un mínimo control de las delegaciones ante el Convenio de Diversidad Biológica, el CBD. El nombramiento en esta ocasión del connotado lobbysta corporativo Moisés Burachik como jefe de la delegación argentina, e impuesto desde la Secretaría de Agricultura, manifiesta una evidente rendición del Gobierno argentino frente al modelo sojero biotecnológico, lo cuál se hace aún más notorio y escandaloso en la medida en que la Argentina asiste en su territorio estos días, a una verdadera rebelión de los nuevos farmers de la agricultura industrial, que cortando los caminos e impidiendo la continuación de las exportaciones, han transformado una disputa sobre la distribución de las ganancias que reportan las commodities, en una verdadera discusión sobre el poder político.

 

  1. La Conferencia de las partes ha llevado a cabo durante los últimos años, políticas de “Construcción de capacidades”, y en ello la Argentina ha tenido, al menos en América Latina, un rol más que protagónico, sobre aquellos países que carecían de los cuadros técnicos y de las experiencias necesarias como para implementar sus propios protocolos legales sobre seguridad y comercialización de organismos genéticamente modificados, o sea OGM.  Estas políticas, en vez de construir capacidades en el sentido de la preservación de los patrimonios genéticos propios de cada uno de los países, han dado como resultado, que los partidarios de la Biotecnología se multipliquen, tanto en los países periféricos cuanto en el espacio de la Conferencia de las Partes, en la MOP.

 

  1. De tal manera, hemos sido a lo largo de las sucesivas reuniones de la MOP, testigos impotentes de cómo la política en su sentido más auténtico,  pareciera haber renunciado gradualmente al espacio de la Biotecnología y aún más precisamente todavía, al ámbito de la MOP. Se le ha cedido ese espacio definitivamente a aquellos supuestamente idóneos, con lo cuál se perdió el sentido de una discusión necesaria sobre los conocimientos científicos y la aplicación de las nuevas tecnologías, y se dejó el campo estratégico en manos de las empresas corporativas. Por otra parte, una generalizada preocupación de los países centrales  en el sentido de que el próximo gobierno de los EEUU apruebe el CBD, Convenio de Biodiversidad, tanto como el Protocolo de Kyoto y el de Cartagena, parecieran inclinar a los delegados a banalizar o postergar las discusiones, en la suposición de que ello podría facilitar aquellas adhesiones. Asimismo, existe conciencia de que el principal protagonista de la producción de OGM a nivel global, debido a no haber firmado tanto el Convenio como el Protocolo, aún no tiene una palabra propia en el ámbito de la Conferencia de las Partes.

 

  1. Las ONGs que, desde los inicios funcionaron como observadoras reconocidas de la MOP, parecieran haber ido construyendo en simultáneo, una política en espejo, y, de esa forma, han ido también, en demérito de un pensamiento político, delegando el espacio de manera gradual en el seguimiento con eficiencia de las discusiones del Protocolo. A propósito de ello, debemos decir que como en muchas otras convenciones y protocolos, la fragmentación de los debates en sucesivos artículos, puntos y hasta párrafos, diluye la discusión en miríadas de escaramuzas que corren el riesgo de tornarse incomprensibles, no ya para el lego, sino también, para muchos de aquellos que pretenden comprender el conjunto de los actuales problemas en disputa. De hecho, las agendas de estos encuentros, son fijadas por los organismos internacionales y por las empresas, y lamentablemente gran parte de las energías de las ONGs  se encuentran condenadas a seguir esas agendas, y a gastar sus energías en la  discusión pormenorizada de los problemas, reduciéndose a seguir las iniciativas estratégicas del enemigo.

 

  1. Sin embargo, uno de los escasos éxitos que podemos relevar en esta conferencia, ha sido justamente, el que se derrumbara el proyecto de las grandes corporaciones como Monsanto, Bunge, Dow, Syngenta y Basf que denominaran “Compact”, y que consistía en impulsar compromisos de remediación por contaminación transgénica de semillas, de manera excluyente entre las empresas y los gobiernos, y sin la participación de la Sociedad Civil. Luego de la derrota de la propuesta en los marcos del Protocolo, al proyecto “Compact” solo le restará buscar acuerdos por fuera, si acaso todavía pretendiera ser implementado por las Corporaciones.

 

  1.  Arriesgamos pensar que, al menos el espíritu del mega acuerdo firmado en estos mismos días entre Alemania y Brasil, justamente entre el anterior país anfitrión de la MOP y el actual, ha condicionado fuertemente esta reunión de la Conferencia de las partes. Un acuerdo que, paradójicamente, va a impactar gravemente sobre la Biodiversidad, sobre el futuro del planeta y también un acuerdo que se distancia de las políticas del MERCOSUR. De esa manera, se le ponen alas a la ambición brasileña de convertirse en una potencia a nivel global, en este caso y paradójicamente, bajo la conducción del Presidente Lula y del Partido de los Trabajadores. En el acuerdo cuyos verdaderos contenidos aún se desconocen, se impondrán cambios en las actuales fronteras aceptadas de la Amazonía, y se asegura la provisión de maquinarias y tecnologías para las nuevas centrales hidroeléctricas y nucleares que acuñan el sueño de un Brasil imperial. El acuerdo también considera  aportes alemanes para la defensa de la Biodiversidad. Desde ya que podemos anticipar qué significan estos aportes, cuando en relación a los países centrales hablamos de patentamientos, privatización de las informaciones y poder del conocimiento.

 

  1. Es muy probable que el mega acuerdo en ciernes con Brasil llevara, en esta ocasión, al gobierno alemán, a esmerarse para evitar los escándalos usuales que realizan las ONGs en las conferencias de la CBD y a evitar de esa manera, sorpresas desagradables para los delegados. En esta oportunidad, se apeló a un dirigente miembro de un Forum alemán ambientalista y proveniente de la WWF y de Greenpeace, nos referimos a Giünter Miitlacher, con quien se convinieron generosos recursos para organizar un espacio alternativo y paralelo de ONGs internacionales denominado Planet Diversity, en el Instituto Gustav Stresemann, donde se implementaron numerosos talleres, conferencias y debates sumamente interesantes, pero que lograron alejar la presión sobre los delegados oficiales de los países que, sesionaban a varios centenares de metros del lugar, y permitieron un desarrollo de la Conferencia de las partes, sin los incidentes y las presiones habituales llevadas a cabo por los observadores de la Sociedad Civil.  

 

  1. No podemos dejar de señalar y a propósito del párrafo anterior, una creciente y cada vez más fortalecida industria de las ONGs que, pretendiendo expresar a las diferentes sociedades civiles, son funcionales al sistema global y terminan legitimando sus acciones. En realidad, gran parte de las ONGs y más allá de sus buenas o malas intenciones, expresan en este sentido una privatización de la política que nace en los años ochenta con las oleadas neoliberales y privatizadoras. Las riñas y disputas en torno a una política entendida como mercancía, son la consecuencia de estas manipulaciones que constituyen una de las principales tácticas de seducción desde las ONGs empresariales y los organismos internacionales. Tal vez en esta MOP, lo vimos con mayor fuerza que en otras oportunidades, y particularmente lo notamos, en fuerte desmedro de la situación de la Argentina que, pretendíamos mostrar como un país laboratorio con un modelo anticipado de políticas globales destinadas a extenderse sobre los países vecinos.

 

  1. En aquel sentido, en el de poder manifestar nuestra experiencia como sujetos al modelo neocolonial de los cultivos biotecnológicos, presenciamos con dolor como la coordinación de la RALLT, la Red para una América Latina Libre de Transgénicos, en cuya formación participáramos hace ya muchos años, procedió inconsultamente, al menos con nosotros, al exponer sobre la situación argentina con datos reales, pero demostrando una vez más en forma penosa, que el conocimiento dista de la real comprensión de los fenómenos. Asimismo, y justamente cuando en la Argentina, los reconocimientos al GRR y a sus años de predica se han hecho incontrastables y generalizados, se respaldó en Bonn y ante la MOP4 una representación argentina de la RALLT improvisada, oportunista, carente de historia y de formación suficiente, sin mayores méritos ni representación, que no sean los gestos y las soberbias propias de los hijos de las clases dominantes. En una situación en que la jefatura de la delegación argentina se pone en manos de Moisés Burachik no podemos dejar de manifestar que las políticas espejo de las ONGs, y en este caso de la RALLT, nos condujeron a una representación por nuestro país, absolutamente funcional al sistema instalado, y que nos avergüenza.

 

  1. No es un tema de personas ni de meras representaciones. No están en juego cuestiones personales, sino grandes problemas políticos globales y el gigantesco poder de las corporaciones, frente a los cuales pareciera que pretendemos de manera patética, improvisar políticas desde la mezquindad que surgen de las prácticas subvencionadas de las ONGs. Ciertos modos de actuar no pueden conducirnos lamentablemente, sino a sucesivas derrotas. Los crecientes climas autoritarios y centralistas de la RALLT, expresan una etapa de repliegue y empobrecimiento participativo, que hemos observado con pena y sin saber cómo reparar, a lo largo de los últimos tiempos, y que ya no podemos callar. En este caso, es sumamente grave, que se impida dar a conocer el verdadero papel de la Argentina, como país laboratorio de nuevas amenazas relacionadas con los fondos de inversión, con la integración vertical de las producciones cárnicas de manera industrial y con la generación de Agrocombustibles. Es grave también que se haga propia y sin debate alguno, la propuesta de Soberanía Energética que, más allá de su aparente corrección programática y de las simpatías que pueda suscitar, pareciera responder a una distancia prudente establecida por los movimientos sociales brasileños con su propio gobierno. Lo que queremos expresar es que, en la medida en que algunos de esos movimientos se esfuerzan por no romper con Lula, hacen lo mismo con el sueño de un Brasil que se pretende potencia global en producción de Agrocombustibles. Lo hemos dicho muchas veces y lo continuamos afirmando: para nosotros la Soberanía Energética está implicada en las ecuaciones propias de la Soberanía Alimentaria. Aunque permanecemos abiertos a un diálogo y debate sobre el tema, no vemos razones válidas, al menos que sean de nuestro propio interés como movimientos sociales, para que en la Argentina pongamos distancia y autonomía conceptual a la producción de energía, separándola de la producción de alimentos y de los desarrollos locales.

 

Stella Semino, Lilian Joensen, Jorge Eduardo Rulli

GRR Grupo de Reflexión Rural

Buenos Aires, Argentina, mayo 25 de 2008

www.grr.org.ar

Tribunal de los Pueblos

Dictamen: Sobre empresas europeas en América Latina

El Tribunal Permanente de los Pueblos realizó una sesión sobre
"Políticas Neoliberales y Transnacionales Europeas en América Latina y
el Caribe", en Lima, del 13 al 16 de mayo de 2008, en el marco de la
Cumbre de los Pueblos Enlazando Alternativas III, y de la Cumbre
Presidencial Unión Europea - América Latina y el Caribe.

En su dictamen, el Tribunal resolvió: "Sancionar moral y éticamente, y
denunciar en el foro internacional a las corporaciones multinacionales
con capitales privados y estatales de origen europeo, por graves, claras
y persistentes violaciones a los principios, normas, convenios y
pactos internacionales que protegen los derechos civiles, políticos,
económicos, sociales, culturales y ambientales de las comunidades,
nacionalidades, familias y personas de los pueblos de América Latina y
el Caribe".

El texto completo del dictamen:
http://www.movimientos.org/ea3/veredictofinal.pdf

agrotoxicos

Investigación del Hospital Italiano de Rosario confirmó

los efectos de los agrotóxicos en la salud en los pueblos sojeros

 

“Varias generaciones están comprometidas”. Seis pueblos de la Pampa Húmeda, con niveles de cáncer superiores al normal por el uso de los agrotóxicos. Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales, entre ellos los agrotóxicos utilizados en los agronegocios.

Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales, entre ellos los agrotóxicos utilizados en los agronegocios. “Los hallazgos fueron contundentes en cuanto a los efectos de los pesticidas y solventes”, afirma Alejandro Oliva, médico y coordinador de la investigación que abarcó seis pueblos de la Pampa Húmeda y que confirma, en esas localidades, la existencia de diferentes tipos de cánceres -de próstata, testículo, ovario, hígado, páncreas, pulmón y mamas- muy por encima de la media nacional. El estudio también detalla que cuatro de cada diez hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a químicos agropecuarios y alerta que el efecto sanitario de los agrotóxicos puede manifestarse en las generaciones futuras. “Hijos o nietos de los trabajadores rurales, y las poblaciones cercanas, son los que dentro de décadas pueden sufrir las consecuencias”, advierte la investigación.

 

El estudio fue realizado entre 2004 y 2007 por un equipo del Hospital Italiano de Rosario, conducido por Oliva, con el respaldo del Centro de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente (Ecosur), la Universidad Nacional de Rosario, la Federación Agraria local y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). La hipótesis de estudio del grupo multidisciplinario (conformado por ecólogos, epidemiólogos, agrónomos, endocrinólogos y sociólogos) señalaba que ciertos agroquímicos podrían perturbar la fisiología hormonal. El relevamiento en terreno confirmó que las funciones reproductivas, tanto femeninas como masculinas, son altamente sensitivas a diferentes agentes químicos utilizados en la actividad agrícola. “Existen relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos”, afirma el trabajo, realizado por etapas durante tres años y cuyos resultados finales acaban de ser publicados en los Cuadernos de Salud Pública de Brasil.

 

La investigación remarca que los factores ambientales, como la exposición a pesticidas y solventes, contribuyen a la severidad de la infertilidad y pueden empeorar los efectos de factores genéticos preexistentes. El relevamiento constata que el 40 por ciento de los hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a agrotóxicos y resalta que el sistema reproductivo masculino puede padecer severas alteraciones debido a causas ambientales, entre las que se destaca un aumento del cáncer de testículo, malformaciones urogenitales, disminución en la calidad seminal y disfunción eréctil.

 

La investigación recuerda que toda la zona se fumigó por años con “organoclorados” (como se denomina a productos como DDT, heptacloro, lindano y HCH), que de 1960 a 1978 tuvieron amplia difusión junto a los “organofosforados”, como el Parathion. Del ’78 al ’94 la tendencia introdujo nuevos químicos, como monocrotofós, endosulfán y piretroides. Y desde el ’94 se aplicaron estos dos últimos más el clorpirifós. “Sin olvidar la rotunda aparición del glifosato y sus agregados”, recuerda el científico. Justamente las organizaciones campesinas e indígenas acumulan denuncias contra ese producto, cuyo nombre comercial es Roundup, de la estadounidense Monsanto, el agrotóxico más utilizado en la agricultura actual. Sólo en el último año, y a razón de diez litros de glifosato por hectárea, las tierras más productivas de Argentina fueron rociadas con 165 millones de litros del cuestionado veneno. “Según cifras de la FAO, Argentina ha aumentado en más de un 200 por ciento el uso de agroquímicos, principalmente en la Pampa Húmeda, debido a los herbicidas que se utilizan en la soja transgénicas”, explica la investigación.

 

El grupo de profesionales remarca que la incidencia del cáncer en áreas rurales es menor que en las zonas urbanas, pero en su estudio detectaron lo opuesto: que algunos tipos de cánceres se encuentran con mayor incidencia en el mundo agrícola, tal es el caso de los linfomas no-Hodgkin y los de próstata, asociados con la fabricación y el empleo de agroquímicos. También sobresalen los cánceres de testículo y ovario, mostrando una incidencia tres veces mayor en el primer caso, y de casi dos veces en el segundo, comparados con las estimaciones a nivel nacional. Los cánceres de hígado fueron casi diez veces más y los de páncreas y pulmón, el doble de lo esperado. En cuanto a la mujer, se registra un aumento significativo de cáncer de mama. También sobresalieron los cánceres de tipo digestivo. “Esto puede ser por haber sido estas zonas muy expuestas a los clorados, y ahora son zonas expuestas al glifosato, que sabemos produce irritaciones digestivas permanentes”, explican.

 

En un apartado especial se explica que el efecto de los agrotóxicos puede manifestarse mediante dos mecanismos: el contacto directo con la sustancia o que los padres la hayan absorbido y trasmitido a través de sus espermatozoides y óvulos a los hijos. “En diferentes publicaciones se ha demostrado la existencia de casos de cáncer con pacientes que no habían estado expuestos directamente a los agroquímicos, pero si lo habían sido sus padres o sus abuelos. Se produce cuando el químico impacta en la trama genética y se va reproduciendo de generación en generación. O bien pasa a través del útero de la madre”, afirma Oliva. Y advierte: “En materia de salud pública, se está comprometiendo en forma directa a varias generaciones”.

 

Además del uso de agroquímicos, se señaló como fuentes fijas de contaminación a las plantas de acopio de cereales, los depósitos de plaguicidas, los lugares donde se lavan y guardan los equipos de fumigaciones, basurales y transformadores con PCB. El relevamiento demostró que más del 90 por ciento de los casos de cáncer se encontraron dentro de los 300 metros de esos focos contaminantes.

 

El trabajo tomó como muestra de estudio áreas consideradas representativas del modelo de agronegocios predominante en la Pampa Húmeda: localidades rurales de hasta cinco mil habitantes, regiones donde la soja abarca el 95 por ciento de la tierra cultivable y con antecedentes de haber estado dedicadas a la producción agropecuaria al menos desde la década de 1950. Se trata de Pérez Millán, en el norte bonaerense, y Alcorta, Carreras, Máximo Paz, Santa Teresa y Bigand, todas localidades de Santa Fe.

 

Justamente en Bigand, el Ministerio de Salud de Nación realizó un estudio con el objetivo de “determinar factores de vulnerabilidad en poblaciones expuestas a los plaguicidas”. En el marco del Plan Nacional de Gestión Ambiental, con intervención de la Cátedra de Toxicología y Química de la UBA, las conclusiones detallaron: “Más de la mitad de los encuestados y el 100 por ciento de los fumigadores refieren que ellos o conocidos estuvieron intoxicados alguna vez. El 90 por ciento señala que no existen personas resistentes a las intoxicaciones”. El trabajo confirma efectos agudos como alergias, dolor de cabeza, mareos, irritación respiratoria, dérmica y de ojos. En el aspecto laboral, precisa que los trabajadores “en su inmensa mayoría no tienen contrato de trabajo, ni cobertura médica, y cobran a destajo”. “Son mencionados más de 40 pesticidas, predominando el uso de glifosato”, remarca el relevamiento. La fecha de publicación fue 2002. Nunca más el Ministerio de Salud difundió información sobre los agrotóxicos.

Darío Aranda

Biodiversidadla

21 de mayo de 2008

 

modelo de agronegocios del cappitalismo global: las Corp

La mayor demostración del fracaso histórico del modelo capitalista
Crisis alimentaria (I) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67542&titular=crisis-alimentaria-(i)-
Ian Angus
zcommunications

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


“Si el gobierno no puede bajar el coste de la vida simplemente tiene que irse. Si la policía y las tropas de la ONU quieren dispararnos, que lo hagan porque, a fin de cuentas, si no nos matan con balas moriremos de hambre.”

Un manifestante en Port-au-Prince, Haití

En, Haití donde la mayoría de la gente recibe un 22% menos de calorías que el mínimo necesario para mantenerse en buena salud, algunos aplazan los retortijones por hambre comiendo “galletas de barro” hechas mezclando arcilla y agua con un poco de aceite vegetal y sal. [1]

Mientras tanto, en Canadá, el gobierno federal paga actualmente 225 dólares por cada cerdo muerto en una masiva campaña de sacrificio selectivo de cerdos, como parte de un plan de reducción de la producción de puercos. Los criadores de cerdos, bajo presión por los bajos precios y los altos costes del alimento para los animales, han reaccionado con tanto entusiasmo que la matanza probablemente agotará todos los fondos asignados antes de que el programa termine en septiembre.

Algunos de los cerdos sacrificados serán entregados a los Bancos de Alimento locales, pero la mayoría serán destruidos o convertidos en comida para mascotas. Ninguno irá a Haití.

Es el mundo brutal de la agricultura capitalista – un mundo en el que algunos destruyen alimentos porque los precios son demasiado bajos, y otros literalmente comen tierra porque los precios de los alimentos son demasiado elevados.

Precios récord para alimentos básicos

Estamos en medio de una inflación de los precios de los alimentos en todo el mundo que ha impulsado los precios a sus más altos niveles en decenios. Los aumentos afectan muchas clases de alimentos, pero en particular los más importantes – trigo, maíz, y arroz.

La Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice que entre marzo de 2007 y marzo de 2008 los precios de cereales aumentaron un 88%, de aceites y grasas un 106%, y de los productos lácteos un 48%. El índice de precios de alimentos de la FAO aumentó en conjunto en un 57% en un año – y la mayor parte del aumento ocurrió en los últimos meses.

Otra fuente, el Banco Mundial, dice que en los 36 meses que terminaron en febrero de 2008, los precios globales del trigo aumentaron en un 181% y los precios globales de los alimentos aumentaron en un 83&. El Banco espera que la mayor parte de los precios de alimentos se mantengan muy por encima de los niveles de 2004 por lo menos hasta 2015.

La calidad más popular de arroz tailandés se vendía a 198 dólares por tonelada hace cinco años y a 323 dólares hace un año. El 24 de abril el precio llegó a los 1.000 dólares.

Los aumentos son aún mayores en los mercados locales – en Haití, el precio de mercado de un saco de 50 kilos de arroz se duplicó en una semana a fines de marzo.

Estos aumentos son catastróficos para los 2.600 millones de personas de todo el mundo que viven con menos de 2 dólares al día y gastan entre un 60% y un 80% de sus ingresos en alimentos. Cientos de millones no tienen suficiente dinero para comer.

Este mes, los hambrientos contraatacaron.

Saliendo a las calles

En Haití, el 3 de abril, manifestantes en la ciudad sureña de Les Cayes erigieron barricadas, detuvieron camiones que transportaban arroz y lo distribuyeron, y trataron de quemar un completo de la ONU. Las protestas se extendieron rápidamente a la capital Port-au-Prince, donde miles marcharon hacia el palacio presidencial gritando “¡Tenemos hambre!” Muchos exigieron la retirada de los soldados de la ONU y el retorno de Jean-Bertrand Aristide, el presidente exiliado cuyo gobierno fue derrocado por potencias extranjeras en 2004.

El presidente René Préval, quien dijo inicialmente que no se podía hacer nada, ha anunciado una reducción de un 16% en el precio de venta mayorista del arroz. Es en el mejor de los casos una medida provisoria, ya que la reducción es por un sólo un mes, y los minoristas no están obligados a reducir sus precios.

Las acciones en Haití fueron paralelas a protestas similares de gente hambrienta en más de veinte otros países.

En Burkina Faso, una huelga general de dos días de sindicatos y comerciantes exigió reducciones “importantes y efectivas” en el precio del arroz y de otros alimentos básicos.

En Bangladesh, más de 20.000 trabajadores textiles en Fatullah se declararon en huelga para exigir precios más bajos y salarios más elevados. Lanzaron ladrillos y piedras a la policía, que disparó granadas lacrimógenas a la multitud.

El gobierno egipcio envió a miles de soldados al complejo textil Mahalla en el Delta del Nilo, para impedir una huelga general exigiendo salarios más altos, un sindicato independiente, y precios más bajos. Dos personas fueron muertas y más de 600 han sido encarceladas.

En Abidjan, Costa de Marfil, la policía usó gas lacrimógeno contra mujeres que habían colocado barricadas, quemado neumáticos y bloqueado carreteras importantes. Miles marcharon a la casa del presidente, gritando “¡Tenemos hambre!” y “La vida es demasiado cara, nos estáis matando.”

En Pakistán y Tailandia, soldados armados han sido desplegados para impedir que los pobres se apoderen de alimentos de los campos y los almacenes.

Protestas similares han tenido lugar en Camerún, Etiopia, Honduras, Indonesia, Madagascar, Mauritania, Níger, Perú, las Filipinas, Senegal, Tailandia, Uzbekistán, y Zambia. El 2 de abril, el presidente del Banco Mundial dijo ante una reunión en Washington que hay 33 países en los que los aumentos de precios podrían causar desasosiego social.

Un editor principal de la revista Time advirtió:

“La idea de que las masas hambrientas salgan a las calles impulsadas por su desesperación y que derroquen al antiguo régimen ha parecido increíblemente extraña desde que el capitalismo triunfó tan decisivamente en la Guerra Fría... Y a pesar de ello, los titulares del pasado mes sugieren que el aumento brutal de los precios de los alimentos amenaza la estabilidad de un número creciente de gobiernos en todo el mundo... cuando las circunstancias hacen imposible alimentar a sus niños hambrientos, ciudadanos normalmente pasivos pueden convertirse muy rápidamente en militantes con nada que perder.” [2

]

¿Qué impulsa la inflación en los alimentos?

Desde los años setenta, la producción de alimentos se ha globalizado y concentrado cada vez más. Un puñado de países domina el comercio global en alimentos básicos. Un 80% de las exportaciones de trigo provienen de seis exportadores, así como un 85% del arroz. Tres países producen un 70% del maíz exportado. Esto deja a los países más pobres del mundo, los que tienen que importar alimento para sobrevivir, a la merced de tendencias económicas y políticas en esos pocos países exportadores. Cuando el sistema comercial global deja de cumplir, son los pobres los que pagan la cuenta.

Durante varios años, el comercio global en alimentos básicos se ha estado dirigiendo hacia una crisis. Cuatro tendencias relacionadas han frenado el crecimiento de la producción y han hecho subir los precios.

El Fin de la Revolución Verde:

En los años sesenta y setenta, en un esfuerzo por contrarrestar el descontento campesino en el sur y el sudeste de Asia, EE.UU. invirtió dinero y apoyo técnico en el desarrollo agrícola en India y otros países. La “revolución verde” – nuevas semillas, fertilizantes, pesticidas, técnicas agrícolas e infraestructura – condujo a espectaculares aumentos en la producción de alimentos, particularmente el arroz. La cosecha por hectárea siguió expandiendo hasta los años noventa.

Hoy en día, no está a la moda que los gobiernos ayuden a la gente pobre a cultivar alimentos para otra gente pobre, porque supuestamente “el mercado” puede hacerse cargo de todos los problemas. The Economist informa que “los gastos en la agricultura como parte de los gastos públicos totales en los países en desarrollo cayó a la mitad entre 1980 y 2004.” [3] Los subsidios y dinero para investigación y desarrollo se han acabado, y el aumento de la producción se ha paralizado.

El resultado es que en siete de los últimos ocho años el mundo consumió más granos que los que produjo, lo que significa que se estaba sacando arroz de los inventarios que los gobiernos y los comerciantes normalmente mantienen como seguro contra malas cosechas. Las existencias mundiales de granos están actualmente a su nivel más bajo de todos los tiempos, dejando muy poca protección para tiempos difíciles.

Cambio climático:

Los científicos dicen que en los próximos 12 años el cambio climático podría reducir en un 50% la producción de alimentos en partes del mundo. Pero no se trata sólo de un tema para el futuro:

Australia es normalmente el segundo exportador del mundo de granos, pero una salvaje sequía de muchos años ha reducido la cosecha de trigo en un 60% y la producción de arroz ha sido completamente eliminada.

En Bangladesh en noviembre, uno de los peores ciclones en décadas eliminó un millón de toneladas de arroz y dañó severamente la cosecha de trigo, haciendo que el inmenso país dependa aún más de alimentos importados.

Abundan otros ejemplos. Es obvio que la crisis climática del globo ya está aquí, y está afectando la alimentación.

Agrocombustibles:

Ahora es política oficial en EE.UU., Canadá y Europa que se conviertan alimentos en combustible. Los vehículos de EE.UU. queman suficiente maíz para cubrir todas las necesidades de importación de los 82 países más pobres [4]

Etanol y biodiésel son fuertemente subvencionados, lo que significa, inevitablemente, que cultivos como el maíz están siendo desviados de la cadena alimentaria y los tanques de gasolina, y que la nueva inversión agrícola en todo el mundo está siendo dirigida hacia palmas, soya, canola y otras plantas productoras de aceites. La demanda de agrocombustibles aumenta directamente el precio de esas cosechas, y elevan indirectamente el precio de otros granos al alentar a los productores a cambiar al agrocombustible.

Como han descubierto los productores canadienses de cerdos, también impulsa el aumento del coste de producir carne, ya que el maíz es el principal ingrediente en los alimentos para animales en Norteamérica.

Precios del petróleo:

El precio de los alimentos está vinculado al precio del petróleo porque los alimentos pueden ser convertidos en petróleo. Pero el aumento de los precios del petróleo también afecta el coste de la producción de alimentos. Fertilizantes y pesticidas son hechos con petróleo y gas natural. Gasolina y combustible diesel son utilizados para plantar, cosechar y transportar. [5]

Se ha calculado que un 80% de los costes de producir maíz son costes de combustible fósil – de modo que no es por accidente que suban los precios de los alimentos cuando suben los precios del petróleo.

* * *

A fines de 2007, el recorte en las inversiones en la agricultura del tercer mundo, el aumento de los precios del petróleo, y el cambio climático significaron que el aumento de la producción se estaba desacelerando y que los precios estaban aumentando. Buenas cosechas y un fuerte aumento de la exportación podrían haber evitado una crisis – pero no es lo que sucedió. El gatillo fue el arroz, el alimento básico de 3.000 millones de personas.

A comienzos de este año, India anunció que suspendía la mayor parte de sus exportaciones de arroz para reconstruir sus reservas. Unas pocas semanas después, Vietnam, cuya cosecha de arroz fue afectada por una importante infestación de insectos durante la recogida, anunció una suspensión de las exportaciones durante cuatro meses para asegurar que habría suficiente para su mercado interno.

India y Vietnam juntos representan normalmente un 30% de todas las exportaciones de arroz, de modo que sus anuncios fueron suficientes para empujar al abismo el mercado global de arroz, que ya estaba bajo presión. Los compradores de arroz comenzaron de inmediato a adquirir las existencias disponibles, acaparando todo el arroz que podían conseguir a la espera de futuros aumentos de precio, haciendo subir el precio para futuras cosechas. Los precios aumentaron vertiginosamente. A mediados de abril, las noticias describieron “compras de pánico” de futuros de arroz en la Bolsa de Comercio de Chicago, y hubo escasez de arroz incluso en las estanterías de los supermercados en Canadá y EE.UU.

El por qué de la rebelión

No es por primera vez que ha habido picos en los precios de alimentos. Por cierto, si tomamos en cuenta la inflación, los precios globales de alimentos básicos fueron mayores en los años setenta de lo que son actualmente. ¿Por qué entonces ha provocado esta explosión inflacionaria protestas masivas en todo el mundo?

La respuesta es que desde los años setenta los países más ricos del mundo, con la ayuda de las agencias internacionales que controlan, han debilitado sistemáticamente la capacidad de los países más pobres de alimentar a sus poblaciones y de protegerse en una crisis como la actual.

Haití es un ejemplo poderoso y horrendo.

Haití ha cultivado arroz durante siglos, y hasta hace veinte años los agricultores haitianos producían unas 170.000 toneladas de arroz por año, suficiente para cubrir un 95% del consumo interno. Los agricultores de arroz no recibían subsidios gubernamentales pero, como en todos los demás países productores de arroz en esa época, su acceso a los mercados locales estaba protegido por aranceles aduaneros.

En 1995, como condición previa para otorgar un préstamo desesperadamente necesitado, el Fondo Monetario Internacional exigió que Haití redujera su arancel para el arroz importado de un 35% a un 3%, el más bajo en el Caribe. El resultado fue un influjo masivo de arroz de EE.UU. que se vendía por la mitad del precio del arroz producido en Haití. Miles de agricultores arroceros perdieron sus tierras y medios de existencia, y en la actualidad tres cuartos del arroz comido en Haití proviene de EE.UU. [6]

El arroz de EE.UU. no se apoderó del mercado haitiano porque tenga mejor sabor, o porque los productores de arroz en EE.UU. sean más eficientes. Venció porque las exportaciones de arroz son fuertemente subvencionadas por el gobierno de EE.UU. En 2003, los productores de arroz de EE.UU. recibieron 1.700 millones de dólares en subsidios del gobierno, un promedio de 232 dólares por hectárea de arroz cultivada. [7] Ese dinero, la mayor parte del cual terminó en las manos de un puñado de muy grandes terratenientes y corporaciones del agronegocio, permitió que los exportadores de EE.UU. vendieran el arroz entre un 30% y un 50% por debajo de sus costes reales de producción.

En breve, Haití fue obligado a abandonar la protección gubernamental de la agricultura interior – y EE.UU. pasó a utilizar sus artilugios de protección gubernamental para apoderarse del mercado.

Ha habido numerosas variantes de este tema, en las que países ricos del norte imponen políticas de “liberalización” a países pobres y endeudados del sur y luego aprovechan esa liberalización para capturar el mercado. Los subsidios gubernamentales representan un 30% de los ingresos agrícolas de los 30 países más ricos del mundo, un total de 280.000 millones de dólares al año, [8] una ventaja imbatible en un mercado “libre” en el que los ricos fijan las reglas.

El juego del comercio alimentario global está amañado, y los pobres se han quedado con cultivos reducidos y sin protecciones.

Además, durante varias décadas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se han negado a dar préstamos a los países pobres, a menos que acepten los “Programas de Ajuste Estructural” (SAP) que requieren que los prestatarios devalúen sus monedas, recorten los impuestos, privaticen los servicios públicos, y reduzcan o eliminen los programas de apoyo para los agricultores.

Todo esto fue hecho con la promesa de que el mercado produciría crecimiento económico y prosperidad – en lugar de hacerlo, aumentó la pobreza y eliminó el apoyo para la agricultura.

“La inversión en paquetes de insumos agrícolas y el apoyo a la ampliación disminuyó y terminó por desaparecer en la mayoría de las áreas rurales de África bajo SAP. La preocupación por la promoción de la productividad de los minifundistas fue abandonada. No sólo hicieron retroceder a los gobiernos, la ayuda extranjera a la agricultura declinó. El financiamiento del Banco Mundial para la agricultura en sí disminuyó fuertemente de un 32% del total de préstamos en 1976-1978 a un 11,7% en 1991-1999.” [9[

Durante olas anteriores de inflación de los precios de los alimentos, los pobres tuvieron por lo menos un cierto acceso a alimentos que cultivaban ellos mismos, o a alimentos que eran cultivados localmente y accesibles a precios fijados localmente. En la actualidad, en muchos países en África, Asia y Latinoamérica, eso simplemente ya no es posible. Los mercados globales determinan ahora los precios locales – y a menudo los únicos alimentos disponibles deben ser importados desde muy lejos.

* * *

El alimento no es una mercancía más – es absolutamente esencial para la supervivencia humana. Lo mínimo que debiera esperar la humanidad de cualquier gobierno o sistema social es que tratara de impedir el hambre – y sobre todo que no impulse políticas que niegan el alimento a la gente.

Por eso el presidente venezolano Hugo Chávez tuvo toda la razón el 24 de abril, cuando describió la crisis alimentaria como “la mayor demostración del fracaso histórico del modelo capitalista.”

¿Qué hay que hacer para terminar esta crisis, y para asegurar que no vuelva a ocurrir?

En la Segunda Parte analizaré estas preguntas.

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Ian Angus es editor de “Climate and Capitalism”

NOTAS

[1] Kevin Pina. "Mud Cookie Economics in Haiti." Haiti Action Network, Feb. 10, 2008. http://www.haitiaction.net/News/HIP/2_10_8/2_10_8.html

[2] Tony Karon. "How Hunger Could Topple Regimes." Time, April 11, 2008. http://www.time.com/time/world/article/0,8599,1730107,00.html

[3] "The New Face of Hunger." The Economist, April 19, 2008.

[4] Mark Lynas. "How the Rich Starved the World." New Statesman, April 17, 2008. http://www.newstatesman.com/200804170025

[5] Dale Allen Pfeiffer. Eating Fossil Fuels. New Society Publishers, Gabriola Island BC, 2006. p. 1

[6] Oxfam International Briefing Paper, April 2005. "Kicking Down the Door." http://www.oxfam.org/en/files/bp72_rice.pdf

[7] Ibid.

[8] OECD Background Note: Agricultural Policy and Trade Reform. http://www.oecd.org/dataoecd/52/23/36896656.pdf

[9] Kjell Havnevik, Deborah Bryceson, Lars-Erik Birgegård, Prosper Matondi & Atakilte Beyene. "African Agriculture and the World Bank: Development or Impoverishment?" Links International Journal of Socialist Renewal, http://www.links.org.au/node/328

Fuente: Socialist Voice

URL: http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/17632

 


Capitalismo, agronegocio, y la alternativa de la soberanía alimentaria
La crisis alimentaria (II)

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67568

 
Ian Angus
Socialist Voice

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


“En ninguna parte del mundo, ningún genocidio, ni ninguna guerra, exterminan tanta gente por minuto, por hora y por día como el hambre y la pobreza en nuestro planeta.” -Fidel Castro, 1998

Cuando los disturbios por alimentos estallaron en Haití el pasado mes, el primer país que reaccionó fue Venezuela. Dentro de días, hubo aviones en camino desde Caracas, llevando 364 toneladas de alimentos de necesidad imperante.

El pueblo de Haití está “sufriendo de los ataques del capitalismo global del imperio,” dijo el presidente venezolano Hugo Chávez. “Esto exige una genuina y profunda solidaridad de todos nosotros. Es lo menos que podemos hacer por Haití.”

La acción de Venezuela se ubica en la mejor tradición de la solidaridad humana. Cuando la gente tiene hambre, debemos hacer todo lo posible por ayudarle. El ejemplo de Venezuela debiera ser aplaudido y emulado.

Pero la ayuda, por necesaria que sea, no es más que un sustituto temporal. Para encarar verdaderamente el problema del hambre en el mundo, debemos comprender y luego cambiar el sistema que lo causa.

No hay escasez de alimentos

El punto de partida para nuestro análisis debe ser que actualmente no hay escasez de alimentos en el mundo.

Contrariamente a las advertencias en el Siglo XVIII de Thomas Malthus y sus seguidores modernos, estudio tras estudio muestran que la producción global de alimentos ha superado regularmente el crecimiento de la población, y que hay más que suficientes alimentos para alimentar a todos. Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se producen suficientes alimentos en el mundo para suministrar más de 2800 calorías por día a todos – sustancialmente más que el mínimo necesario para una buena salud, y cerca de un 18% más calorías por persona que en los años sesenta, a pesar de un aumento significativo en la población total [1].

Como señala el Food First Institute: “abundancia, no escasez, es lo que describe mejor el suministro de alimentos en el mundo actual.” [2]

A pesar de eso, la solución más comúnmente propuesta para el hambre en el mundo son nuevas tecnologías para aumentar la producción de alimentos.

La Alianza por una Revolución Verde en África, financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates y la Fundación Rockefeller, apunta a desarrollar “variedades más productivas y resistentes de los principales cultivos de alimentos de África... para permitir que los agricultores en pequeña escala de África produzcan cosechas mayores, más diversas y fiables.” [3]

De la misma manera, el Instituto Internacional de Investigación del Arroz, basado en Manila, ha iniciado una asociación público-privada “para aumentar la producción de arroz en toda Asia mediante el desarrollo acelerado y la introducción de tecnologías de arroz híbrido.” [4]

Y el presidente del Banco Mundial promete ayudar a los países en desarrollo para que obtengan “acceso a tecnología y ciencia para aumentar las cosechas.” [5]

La investigación científica es de importancia vital para el desarrollo de la agricultura, pero iniciativas que suponen de antemano que nuevas semillas y productos químicos sean necesarios no son ni verosímiles ni verdaderamente científicas. El hecho de que ya hay suficientes alimentos para alimentar el mundo muestra que la crisis alimentaria no es un problema técnico – es una problema social y político.

En lugar de preguntar cómo aumentar la producción, nuestra primera pregunta debiera ser ¿por qué, si hay tantos alimentos disponibles, hay más de 850 millones de personas hambrientas o desnutridas? ¿Por qué mueren 18.000 niños de hambre cada día?

¿Por qué no puede la industria alimentaria global alimentar a los hambrientos?

El sistema de beneficios

La respuesta puede ser explicada en una frase. La industria alimentaria global no está organizada para alimentar a los hambrientos, está organizada a fin de generar beneficios para el agronegocio corporativo.

Por cierto, los gigantes del agronegocio logran muy bien ese objetivo. Este año, los beneficios del agronegocio aumentan vigorosamente por sobre los niveles del año pasado, mientras gente hambrienta de Haití a Egipto a Senegal sale a las calles a protestar contra el aumento del precio de los alimentos. Estas cifras cubren sólo tres meses al comienzo de 2008. [6]

Comercio de granos

  • Archer Daniels Midland (ADM). Beneficio bruto: 1.150 millones de dólares, un aumento de un 55% desde el año pasado.

  • Cargill: Beneficios netos: 1.030 millones de dólares. Aumento: un 86%.

  • Bunge: Beneficio bruto consolidado: 867 millones de dólares. Aumento: 189%

Semillas y herbicidas

  • Monsanto. Beneficio bruto: $2.230 millones de dólares. Aumento: un 54%.

  • Dupont Agriculture and Nutrition. Ingreso operativo antes de impuestos: 786 millones de dólares. Aumento: un 21%.

Fertilizantes

  • Potash Corporation. Ingreso neto: 66 millones, aumento: 185,9 %

  • Mosaic: Beneficios netos: 528,8 millones, aumento más de un 1.200%

Las compañías mencionadas, más unas pocas más, son los monopolios o casi-monopolios que compran y venden productos agrícolas en todo el mundo. Seis compañías controlan un 85% del comercio mundial en granos; tres controlan un 83% del cacao; tres controlan un 80% del comercio con plátanos. [7] ADM, Cargill y Bunge

controlan efectivamente el maíz del mundo, lo que significa que sólo ellos deciden qué parte de la cosecha de cada año va a la producción de etanol, edulcorantes, alimento para animales o alimentos para seres humanos.

Como escriben los editores de Hungry for Profit: “El enorme poder ejercido por las mayores corporaciones del agronegocio y los alimentos les permite controlar esencialmente el coste de sus materias primas compradas de agricultores mientras al mismo tiempo mantienen los precios de los alimentos al público en general a niveles suficientemente elevados para garantizar grandes beneficios.” [8]

Durante las últimas tres décadas, las compañías transnacionales del agronegocio han ingeniado una masiva reestructuración de la agricultura global. Directamente, a través de su propio poder en el mercado e indirectamente mediante gobiernos y el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial de Comercio, han cambiado el modo como se cultivan los alimentos y como son distribuidos por el mundo. Los cambios han tenido efectos maravillosos para sus beneficios, mientras simultáneamente empeoran el hambre en el mundo y hacen inevitables las crisis alimentarias.

El ataque contra la agricultura tradicional

La actual crisis alimentaria no es un hecho aislado: es una manifestación de una crisis agrícola que se ha estado desarrollando durante décadas.

Como vimos en la Primera Parte de este artículo, durante las últimas tres décadas los países ricos del norte han obligado a los países pobres a abrir sus mercados, luego han inundado esos mercados con alimentos subvencionados, con resultados devastadores para la agricultura del Tercer Mundo.

Pero la reestructuración de la agricultura global en beneficio de los gigantes del agronegocio no se detuvo allí. En el mismo período, países del sur fueron convencidos, camelados e intimidados para que adoptaran políticas agrícolas que promueven cultivos de exportación en lugar de alimentos para el consumo interior, y que favorecen la agricultura industrial en gran escala que requiere monocultivos, un uso intensivo de agua, y cantidades masivas de fertilizantes y pesticidas. La agricultura tradicional, organizada por y para comunidades y familias, ha sido echada cada vez más a un lado, para ser reemplazada por agricultura industrial organizada por y para los agronegocios.

Esa transformación es el principal obstáculo para una agricultura racional que podría eliminar el hambre.

La concentración en la agricultura de exportación ha producido el absurdo y trágico resultado de que millones de personas mueren de hambre en países que exportan alimentos. En India, por ejemplo, más de un quinto de la población sufre de hambre crónica y un 48% de los niños bajo cinco años están desnutridos. No obstante, India exportó 1.500 millones de dólares de arroz pulido y 322 millones de dólares de arroz en 2004. [9]

En otros países, tierras cultivadas que solían ser utilizadas para alimentos destinados al consumo interior ahora cultivan productos de lujo para el norte. Colombia, donde un 13% de la población está desnutrida, produce y exporta un 62% de todas las flores de regalo vendidas en EE.UU.

En muchos casos, el resultado del cambio a cultivos de exportación sería risible si no fuera tan dañino. Kenia era autosuficiente en alimentos hasta hace unos 25 años. En la actualidad importa un 80% de sus alimentos – y un 80% de sus exportaciones son otros productos agrícolas. [10]

El cambio a la agricultura industrial ha llevado a millones de personas a dejar el campo a favor del desempleo y la pobreza en los inmensos barrios bajos que ahora rodean muchas de las ciudades del mundo.

Los que mejor conocen el campo están siendo separados de éste; sus granjas encerradas en gigantescas fábricas al aire libre que producen sólo para la exportación. Cientos de millones de personas deben depender ahora de alimentos que son cultivados a miles de kilómetros de distancia porque su agricultura nacional ha sido transformada para cumplir con las necesidades de las corporaciones del agronegocio. Como han mostrado los últimos meses, todo el sistema es frágil: La decisión de India de reconstruir sus existencias de arroz hizo que los alimentos fueran inasequibles para millones a medio mundo de distancia.

Si el propósito de la agricultura fuera alimentar a la gente, los cambios en la agricultura global en los últimos 30 años no tendrían sentido. La agricultura industrial en el Tercer Mundo ha producido crecientes cantidades de alimentos, pero al coste de llevar a millones a abandonar el campo por vidas de hambre crónico – y al coste de envenenar el aire y el agua, y de disminuir cada vez más la capacidad del suelo de suministrar los alimentos que necesitamos.

Contrariamente a las afirmaciones del agronegocio, la última investigación agrícola, incluyendo más de una década de experiencia concreta en Cuba, prueba que granjas pequeñas y medianas utilizando métodos agroecológicos sustentables, son mucho más productivas y enormemente menos dañinas para el medio ambiente que inmensas haciendas industriales. [11]

La agricultura industrial continúa, no porque sea más productiva, sino porque ha podido, hasta ahora, ofrecer productos uniformes en cantidades predecibles, desarrollados específicamente para resistir daño durante el embarque a mercados distantes. Es donde se halla el beneficio, y el beneficio es lo que cuenta, no importa cuál sea el efecto sobre la tierra, el aire, y el agua – o incluso sobre la gente hambrienta.

Luchando por la soberanía alimentaria

Los cambios impuestos por el agronegocio transnacional y sus agencias no han dejado de ser cuestionados. Uno de los eventos más importantes en los últimos 15 años ha sido la emergencia de La Vía Campesina (Peasant Way), un organismo aglutinador que incluye a más de 120 pequeñas organizaciones de agricultores y campesinos en 56 países, que van del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, a la Unión Nacional de Agricultores de Canadá.

La Vía Campesina presentó originalmente su programa como un desafío al “Foro Alimentario Mundial,” una conferencia sobre el hambre global organizada por la ONU en 1996 en la que participaron representantes oficiales de 185 países. Los participantes en esa reunión prometieron la eliminación del hambre y de la desnutrición mediante la garantía de “seguridad alimentaria sustentable para toda la gente,” (y después no hicieron nada por lograrla). [12]

Como es típico en semejantes eventos, los trabajadores que son realmente afectados fueron excluidos de las discusiones. Afuera de las puertas, La Vía Campesina propuso la soberanía alimentaria como una alternativa a la seguridad alimentaria. El simple acceso a los alimentos no basta, argumentaron: lo que se requiere es el acceso a la tierra, el agua, y a los recursos, y la gente afectada debe tener derecho a saber y decidir sobre las políticas alimentarias. El alimento es demasiado importante como para ser abandonado al mercado global y a las manipulaciones del agronegocio: el hambre en el mundo sólo puede ser terminado mediante el reestablecimiento de pequeñas y medianas granjas familiares como elementos cruciales de la producción de alimentos. [13]

La demanda central del movimiento de soberanía alimentaria es que los alimentos deben ser tratados primordialmente como una fuente de nutrición para las comunidades y países donde son producidos. En oposición a las políticas de agroexportación del libre mercado, insta a que haya una concentración en el consumo interno y la autosuficiencia alimentaria.

Contrariamente a las afirmaciones de algunos críticos, la soberanía alimentaria no es un llamado al aislacionismo económico o a un retorno a un pasado rural idealizado. Más bien, es un programa para la defensa y extensión de los derechos humanos, por la reforma agraria, y por la protección de la tierra contra el ecocidio capitalista. Aparte de llamar a la autosuficiencia alimentaria y al fortalecimiento de las granjas familiares, el llamado original de La Vía Campesina por la soberanía alimentaria incluía los siguientes puntos.

  • Garantizar a todos el acceso a alimentos seguros, nutritivos y culturalmente apropiados en cantidades y calidad suficientes para sustentar una vida saludable con plena dignidad humana.

  • Dar a la gente sin tierra y que labra la tierra – especialmente a las mujeres, la propiedad y el control de la tierra que trabaja y devolver territorios a los pueblos indígenas.

  • Asegurar el cuidado y el uso de los recursos naturales, especialmente la tierra, el agua y las semillas. Terminar con la dependencia de insumos químicos, de monocultivos comerciales y de una producción intensiva, industrializada.

  • Oponerse a las políticas de la OMC, del Banco Mundial y del FMI que facilitan el control de las corporaciones multinacionales sobre la agricultura.

  • Regular y gravar con impuestos al capital especulativo e imponer un estricto Código de Conducta a las corporaciones transnacionales.

  • Terminar con el uso del alimento como arma. Detener el desplazamiento, la urbanización forzada y la represión contra los campesinos.

  • Garantizar a los campesinos y a los pequeños agricultores, y a las mujeres del campo en particular, un aporte directo en la formulación de políticas agrícolas a todos los niveles. [14]

La exigencia de soberanía alimentaria de La Vía Campesina constituye un poderoso programa agrario para el Siglo XXI. Los movimientos sindicales y de izquierdas en todo el mundo debieran darle su pleno apoyo, así como a las campañas de los trabajadores agrícolas y campesinos por la reforma agraria y contra la industrialización y globalización de los alimentos y de la agricultura.

¡Alto a la guerra contra los agricultores del Tercer Mundo!

Dentro de ese marco, nosotros en el norte global podemos y debemos exigir que nuestros gobiernos detengan todas las actividades que debilitan o dañan la agricultura del Tercer Mundo.

¡Alto al uso de alimentos para combustible! La Vía Campesina lo ha dicho simple y claramente: “Los agrocombustibles industriales representan un desatino ecológico. Su desarrollo debería ser detenido y la producción agrícola debería concentrarse en los alimentos como prioridad.” [15]

¡Condonen las deudas del Tercer Mundo!

El 30 de abril, Canadá anunció una contribución especial de 10 millones de dólares canadienses a la ayuda alimentaria para Haití. [16] Es algo positivo – pero durante 2008 Haití pagará cinco veces esa suma en intereses por su deuda externa de 1.500 millones de dólares, gran parte de la cual fue incurrida durante las dictaduras de Duvalier apoyadas por los imperialistas.

La situación de Haití no es única y no es un caso extremo. La deuda externa total de los países del Tercer Mundo en 2005 fue de 2,7 billones [2.700.000.000.000, N. del T] de dólares, y sus pagos de la deuda de ese año ascendieron a un total de 513.000 millones de dólares. [17] La terminación de esa sangría de dinero, inmediata e incondicionalmente, aseguraría recursos esenciales para alimentar a los hambrientos ahora mismo y, con el tiempo, reconstruir la agricultura interior.

¡OMC, fuera de la agricultura!

Las políticas alimentarias regresivas que han sido impuestas a los países pobres por el Banco Mundial y el FMI con codificadas y controladas por el Acuerdo sobre Agricultura de la Organización Mundial de Comercio. El AsA, como escribe Afsar Jafri de Focus on the Global South, está “predispuesto a favor de la agricultura de capital intensivo, impulsada por el agronegocio, y orientada a la exportación.” [18] No es sorprendente, ya que el responsable de EE.UU. quien lo redactó y luego negoció era ex vicepresidente del gigante del agronegocio Cargill.

El AsA debiera ser abolido, y los países del Tercer Mundo deberían tener derecho a cancelar unilateralmente políticas de liberalización impuestas a través del Banco Mundial, el FMI, y la OMC, así como mediante acuerdos bilaterales de libre comercio como el TLCAN [NAFTA] y el CAFTA. [Tratado de Libre Comercio para la República Dominicana y Centro América].

Autodeterminación para el sur del globo

Los actuales intentos por parte de EE.UU. a fin desestabilizar y derrocar los gobiernos antiimperialistas del grupo del ALBA - Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Granada — continúan una larga historia de acciones por los países del norte para impedir que países del Tercer Mundo logren controlar sus propios destinos. La organización contra semejantes intervenciones “en el vientre del monstruo” es por lo tanto un componente clave en la lucha por lograr la soberanía alimentaria en todo el mundo.

* * *

Hace más de un siglo, Karl Marx escribió que a pesar de su apoyo para las mejoras técnicas, “el sistema capitalista trabaja contra una agricultura racional... una agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista.” [19]

Las crisis actuales de los alimentos y de la agricultura confirman enteramente esa valoración. Un sistema que coloca los beneficios por sobre las necesidades humanas ha ahuyentado del campo a millones de productores, debilitado la productividad de la tierra mientras envenena su aire y su agua, y ha condenado a casi mil millones de personas al hambre crónica y a la desnutrición.

La crisis alimentaria y la crisis agrícola están arraigadas en un sistema irracional y antihumano. Para alimentar al mundo, los trabajadores urbanos y rurales deben unir sus manos para erradicar ese sistema.

NOTAS

[1] Frederic Mousseau, Food Aid or Food Sovereignty? Ending World Hunger in Our Time. Oakland Institute, 2005. http://www.oaklandinstitute.org/pdfs/fasr.pdf.

International Assessment of Agricultural Knowledge, Science and Technology for Development. Global Summary for Decision Makers. http://www.agassessment.org/docs/Global_SDM_210408_FINAL.pdf

[2] Francis Moore Lappe, Joseph Collins, Peter Rosset. World Hunger: Twelve Myths. (Grove Press, New York, 1998) p. 8

[3] “About the Alliance for a Green Revolution in Africa.”

http://www.agra-alliance.org/about/about_more.html

[4] IRRI Press Release, April 4, 2008. http://www.irri.org/media/press/press.asp?id=171

[5] “World Bank President Calls for Plan to Fight Hunger in Pre-Spring Meetings Address.” News Release, April 2, 2008

[6] Estas cifras han sido tomadas de los informes trimestrales más recientes de las compañías, encontrados en sus sitios en la Red. Como mencionan esas cifras de modos diferentes, no pueden ser comparadas las unas con las otras, sólo con sus informes anteriores.

[7] Shawn Hattingh. “Liberalizing Food Trade to Death.” MRzine, May 6, 2008. http://mrzine.monthlyreview.org/hattingh060508.html

[8] Fred Magdoff, John Bellamy Foster and Frederick H. Buttel. Hungry for Profit: The Agribusiness Threat to Farmers, Food, and the Environment. Monthly Review Press, New York, 2000. p. 11

[9] UN Food and Agriculture Organization. Key Statistics Of Food And Agriculture External Trade. http://www.fao.org/es/ess/toptrade/trade.asp?lang=EN&dir=exp&country=100

[10] J. Madeley. Hungry for Trade: How the poor pay for free trade. Cited in Ibid

[11] Jahi Campbell, “Shattering Myths: Can sustainable agriculture feed the world?” and ” Editorial. Lessons from the Green Revolution.” Food First Institute. www.foodfirst.org

[12] World Food Summit. http://www.fao.org/wfs/index_en.htm

[13] La Vía Campesina. “Food Sovereignty: A Future Without Hunger.” (1996) http://www.voiceoftheturtle.org/library/1996%20Declaration%20of%20Food%20Sovereignty.pdf

[14] Parafraseado y resumido de Ibíd.

[15] La Vía Campesina. “A response to the Global Food Prices Crisis: Sustainable family farming can feed the world.” http://www.viacampesina.org/main_en/index.php?option=com_content&task=view&id=483&Itemid=38

[16] A título de comparación, este año Canadá gastará 1.000 millones de dólares en la ocupación ilegal de, y la guerra en, Afganistán.

[17] Jubilee Debt Campaign. “The Basics About Debt.” http://www.jubileedebtcampaign.org.uk/?lid=98

[18] Afsar H. Jafri. “WTO: Agriculture at the Mercy of Rich Nations.” Focus on the Global South, November 7, 2005. http://www.focusweb.org/india/content/view/733/30/

[19] Capital, Volume III. Karl Marx & Frederick Engels, Collected Works, Volume 37, p. 123

http://www.socialistvoice.ca/?p=293

(Ian Angus es editor de Climate and Capitalism. La primera parte de este artículo fue publicada en inglés en Socialist Voice y en The Bullet (Socialist Project), el 27 de abril de 2008 y, en castellano, en Rebelión.)

Agrotoxicidad negada por las instituciones de salud publica

Seguimos hablando de las retenciones, seguimos hablando de la "potestad del Estado" supuestamente desafiada. Aquí hay y otras cosas a tener en cuenta. Ayer tuvimos oportunidad de escuchar una mesa sobre recursos jurídicos aplicados en este caso al tema de la Desmanicomialización, donde el Juez Gallardo se explayó con brillantez acerca del modo en que habría que hacer valer los derechos con recursos que hay. Una manera de establecer que las políticas que se aplican tienen consecuencias sobre la salud, la vida y la muerte de las personas. No pudimos instalar (hasta ahora)  la responsabilidad de gente como GGG en eso (en la salud, la vida y la muerte de las personas), pero ojalá podamos y ojalá podamos también con quienes hacen lo mismo con otros aspectos de las políticas. Las retenciones son un medio para que el Estado tenga recursos para hacer determinadas cosas. Hablemos de las cosas determinadas,  por favor. Se enferma y se muere gente todos los días, por como esas cosas están determinadas.
Un saludo.
Gonzalo

Seis pueblos de la Pampa Húmeda, con niveles de cáncer superiores al normal por el uso de los agrotóxicos

“Varias generaciones están comprometidas”

Una investigación del Hospital Italiano de Rosario confirmó los efectos en la salud de los agrotóxicos en los pueblos sojeros.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/104144-32760-2008-05-14.html Por Darío Aranda

Malformaciones, cáncer y problemas reproductivos tienen vinculación directa con el uso y la exposición a contaminantes ambientales, entre ellos los agrotóxicos utilizados en los agronegocios. “Los hallazgos fueron contundentes en cuanto a los efectos de los pesticidas y solventes”, afirma Alejandro Oliva, médico y coordinador de la investigación que abarcó seis pueblos de la Pampa Húmeda y que confirma, en esas localidades, la existencia de diferentes tipos de cánceres –de próstata, testículo, ovario, hígado, páncreas, pulmón y mamas– muy por encima de la media nacional. El estudio también detalla que cuatro de cada diez hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a químicos agropecuarios y alerta que el efecto sanitario de los agrotóxicos puede manifestarse en las generaciones futuras. “Hijos o nietos de los trabajadores rurales, y las poblaciones cercanas, son los que dentro de décadas pueden sufrir las consecuencias”, advierte la investigación.

El estudio fue realizado entre 2004 y 2007 por un equipo del Hospital Italiano de Rosario, conducido por Oliva, con el respaldo del Centro de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente (Ecosur), la Universidad Nacional de Rosario, la Federación Agraria local y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). La hipótesis de estudio del grupo multidisciplinario (conformado por ecólogos, epidemiólogos, agrónomos, endocrinólogos y sociólogos) señalaba que ciertos agroquímicos podrían perturbar la fisiología hormonal. El relevamiento en terreno confirmó que las funciones reproductivas, tanto femeninas como masculinas, son altamente sensitivas a diferentes agentes químicos utilizados en la actividad agrícola. “Existen relaciones causales de casos de cáncer y malformaciones infantiles entre los habitantes expuestos a factores de contaminación ambiental, como los agroquímicos”, afirma el trabajo, realizado por etapas durante tres años y cuyos resultados finales acaban de ser publicados en los Cuadernos de Salud Pública de Brasil.

La investigación remarca que los factores ambientales, como la exposición a pesticidas y solventes, contribuyen a la severidad de la infertilidad y pueden empeorar los efectos de factores genéticos preexistentes. El relevamiento constata que el 40 por ciento de los hombres que consultaron por infertilidad habían sido expuestos a agrotóxicos y resalta que el sistema reproductivo masculino puede padecer severas alteraciones debido a causas ambientales, entre las que se destaca un aumento del cáncer de testículo, malformaciones urogenitales, disminución en la calidad seminal y disfunción eréctil.

La investigación recuerda que toda la zona se fumigó por años con “organoclorados” (como se denomina a productos como DDT, heptacloro, lindano y HCH), que de 1960 a 1978 tuvieron amplia difusión junto a los “organofosforados”, como el Parathion. Del ’78 al ’94 la tendencia introdujo nuevos químicos, como monocrotofós, endosulfán y piretroides. Y desde el ’94 se aplicaron estos dos últimos más el clorpirifós. “Sin olvidar la rotunda aparición del glifosato y sus agregados”, recuerda el científico. Justamente las organizaciones campesinas e indígenas acumulan denuncias contra ese producto, cuyo nombre comercial es Roundup, de la estadounidense Monsanto, el agrotóxico más utilizado en la agricultura actual. Sólo en el último año, y a razón de diez litros de glifosato por hectárea, las tierras más productivas de Argentina fueron rociadas con 165 millones de litros del cuestionado veneno. “Según cifras de la FAO, Argentina ha aumentado en más de un 200 por ciento el uso de agroquímicos, principalmente en la Pampa Húmeda, debido a los herbicidas que se utilizan en la soja transgénicas”, explica la investigación.

El grupo de profesionales remarca que la incidencia del cáncer en áreas rurales es menor que en las zonas urbanas, pero en su estudio detectaron lo opuesto: que algunos tipos de cánceres se encuentran con mayor incidencia en el mundo agrícola, tal es el caso de los linfomas no-Hodgkin y los de próstata, asociados con la fabricación y el empleo de agroquímicos. También sobresalen los cánceres de testículo y ovario, mostrando una incidencia tres veces mayor en el primer caso, y de casi dos veces en el segundo, comparados con las estimaciones a nivel nacional. Los cánceres de hígado fueron casi diez veces más y los de páncreas y pulmón, el doble de lo esperado. En cuanto a la mujer, se registra un aumento significativo de cáncer de mama. También sobresalieron los cánceres de tipo digestivo. “Esto puede ser por haber sido estas zonas muy expuestas a los clorados, y ahora son zonas expuestas al glifosato, que sabemos produce irritaciones digestivas permanentes”, explican.

En un apartado especial se explica que el efecto de los agrotóxicos puede manifestarse mediante dos mecanismos: el contacto directo con la sustancia o que los padres la hayan absorbido y trasmitido a través de sus espermatozoides y óvulos a los hijos. “En diferentes publicaciones se ha demostrado la existencia de casos de cáncer con pacientes que no habían estado expuestos directamente a los agroquímicos, pero si lo habían sido sus padres o sus abuelos. Se produce cuando el químico impacta en la trama genética y se va reproduciendo de generación en generación. O bien pasa a través del útero de la madre”, afirma Oliva. Y advierte: “En materia de salud pública, se está comprometiendo en forma directa a varias generaciones”.

Además del uso de agroquímicos, se señaló como fuentes fijas de contaminación a las plantas de acopio de cereales, los depósitos de plaguicidas, los lugares donde se lavan y guardan los equipos de fumigaciones, basurales y transformadores con PCB. El relevamiento demostró que más del 90 por ciento de los casos de cáncer se encontraron dentro de los 300 metros de esos focos contaminantes.

El trabajo tomó como muestra de estudio áreas consideradas representativas del modelo de agronegocios predominante en la Pampa Húmeda: localidades rurales de hasta cinco mil habitantes, regiones donde la soja abarca el 95 por ciento de la tierra cultivable y con antecedentes de haber estado dedicadas a la producción agropecuaria al menos desde la década de 1950. Se trata de Pérez Millán, en el norte bonaerense, y Alcorta, Carreras, Máximo Paz, Santa Teresa y Bigand, todas localidades de Santa Fe.

Justamente en Bigand, el Ministerio de Salud de Nación realizó un estudio con el objetivo de “determinar factores de vulnerabilidad en poblaciones expuestas a los plaguicidas”. En el marco del Plan Nacional de Gestión Ambiental, con intervención de la Cátedra de Toxicología y Química de la UBA, las conclusiones detallaron: “Más de la mitad de los encuestados y el 100 por ciento de los fumigadores refieren que ellos o conocidos estuvieron intoxicados alguna vez. El 90 por ciento señala que no existen personas resistentes a las intoxicaciones”. El trabajo confirma efectos agudos como alergias, dolor de cabeza, mareos, irritación respiratoria, dérmica y de ojos. En el aspecto laboral, precisa que los trabajadores “en su inmensa mayoría no tienen contrato de trabajo, ni cobertura médica, y cobran a destajo”. “Son mencionados más de 40 pesticidas, predominando el uso de glifosato”, remarca el relevamiento. La fecha de publicación fue 2002. Nunca más el Ministerio de Salud difundió información sobre los agrotóxicos.

Nunca más el Ministerio de Salud difundió información sobre los agrotóxicos

Nunca más el Ministerio de Salud difundió información sobre los agrotóxicos

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rehenes de Monsanto por el biologo Raul Montenegro

Por Raúl Montenegro *

Qué duro es sentirse minoría en un país de falsas mayorías.

Qué duro es ver que el gobierno nacional y los ruralistas luchan entre sí cuando son cómplices necesarios del país sojero.

Qué duro es ver cacerolas relucientes y llenas de soja RR en el asfalto civilizado de Buenos Aires.

Qué duro es ver las cacerolas renegridas y sin tierra de los campesinos de Santiago del Estero.

Qué duro es ver a los estudiantes de universidades argentinas con sus carteles de apoyo a los ruralistas en huelga, como si Monsanto y el Che Guevara pudieran darse la mano.

Qué duro es recordar que esas cacerolas relucientes, esos estudiantes movilizados y esas familias temerosas del desabastecimiento no salieron a la calle cuando los terratenientes de este siglo XXI expulsaron a familias y pueblos enteros para plantar su soja maldita. Qué duro es ver la furia ruralista al amparo de reyes sojeros como el Grupo Grobocopatel.

Qué duro es ver el rostro reseco de doña Juana expulsada, de doña Juana sin tierra, de doña Juana con sus muertos bajo la soja.

Qué duro es ver que se cortan las rutas para que China y Europa no dejen de tener soja fresca, y para que Monsanto no deje de vender sus semillas y sus agroquímicos.

Qué duro es comprobar, con los dientes apretados, y con el corazón desierto y sin bosques, que nadie habló en nombre de los indígenas expulsados de sus territorios, de sus plantas medicinales, de su cultura y de su tiempo para que la soja y el glifosato sean los nuevos algarrobos y los nuevos duendes del monte.

Qué duro es ver con las manos y tocar con los ojos que nadie habló en nombre de los campesinos echados a topadora limpia, a bastonazos y a decisiones judiciales sin justicia para que ingresen el endosulfán, las promotoras de Basf y las palas mecánicas con aire acondicionado.

Qué duro es saber que nadie habló en nombre del suelo destruido por la soja y por el cóctel de plaguicidas.

Qué duro es comprobar que muchos productores, gobiernos y ciudadanos no saben que los suelos sólo son fabricados por los bosques y ambientes nativos, y nunca por los cultivos industriales.

Qué duro es saber que para fabricar 2,5 centímetros de suelo en ambientes templados hacen falta de 700 a 1200 años, y que la soja los romperá en mucho menos tiempo.

Qué duro es recordar que el 80 por ciento de los bosques nativos ya fue destrozado y que funcionarios y productores no ven o no quieren ver que la única forma de tener un país más sustentable es conservar al mismo tiempo superficies equivalentes de ambientes naturales y de cultivos diversificados.

Qué duro es observar cómo se extingue el campesino que convivía con el monte y cómo lo reemplaza una gran empresa agrícola que empieza irónicamente sus actividades destruyendo ese monte.

Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena.

Qué duro es saber que miles de argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja.

Qué duro es saber que las bajas dosis de glifosato, endosulfán, 2,4 D y otros plaguicidas pueden alterar el sistema hormonal de bebés, niños, adolescentes y adultos, y que no sabemos cuántos de ellos enfermaron y murieron por culpa de las bajas dosis porque el Estado no hace estudios epidemiológicos.

Qué duro es saber que los bosques y ambientes nativos se desmoronan, que las cuencas hídricas donde se fabrica el agua son invadidas por cultivos y que la Argentina está exportando su genocidio sojero a la Amazonia boliviana.

Qué duro es comprobar que las cacerolas relucientes son más fáciles de sacar que las topadoras y el monocultivo.

Qué duro es comprobar que en nombre de las exportaciones se violan todos los días, impunemente, los derechos de generaciones de argentinos que todavía no nacieron.

Qué duro es ver las imágenes por televisión, los piquetes y las cacerolas mientras las almas sin tierra de los campesinos y los indígenas no tienen imágenes, ni piquetes, ni cacerolas que los defiendan.

Qué duro es comprobar que estas reflexiones escritas a medianoche sólo circularán en la casi clandestinidad mientras Monsanto gira sus divisas a Estados Unidos, mientras las topadoras desmontan miles de hectáreas en nuestro Chaco semiárido para que rápidamente tengamos 19 millones de hectáreas plantadas con soja, y mientras miles de niños argentinos duermen sin saber que su sangre tiene plaguicidas, y que su país alguna vez tuvo bosques que fabricaban suelo y conservaban agua. Muy cerca de ellos, las cacerolas abolladas vuelven a la cocina.

* Biólogo. Premio Nobel Alternativo (Estocolmo, Suecia). Profesor titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba, montenegro@funam.org.ar

El hambre de los pueblos y la riqueza de las Corporaciones

Las raíces estructurales del hambre, las crisis alimentarias y los desórdenes

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=66755

James Petras
Rebelión
Traducido para Rebelión por Mar Rodríguez


«Los países pobres del mundo gastarán unos 38 700 millones de dólares en importación de cereales este año, el doble de la cantidad que pagaron hace dos años por las mismas cantidades y un 57 % de aumento en relación con 2007.» Cita del senador estadounidense Byron Dorgan en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) Financial Times, 21 de abril de 2008 p.19.

 

Estos últimos días, todos los bancos internacionales importantes (el FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo Asiático, etc.), todos los periódicos y los medios de comunicación financieros importantes se han visto obligados a reconocer que está teniendo lugar una crisis alimentaria importante, que cientos de millones de personas están abocados al hambre, la desnutrición y a la muerte por inanición. Se han realizado llamadas a conferencias mundiales, se han declarado emergencias nacionales a raíz de los desórdenes provocados por millones de personas en casi cincuenta países que han amenazado con desbancar sus regímenes políticos y han aumentado las tensiones sociales incluso en los países más dinámicos y con mayor crecimiento, como China o la India. Incluso en los países imperialistas de América del Norte y Europa, la combinación de la escalada en los precios de los alimentos y el estancamiento de los salarios, las expulsiones de sus hogares y los pagos de las deudas amenazan a los regímenes en ejercicio y aumentan las presiones sobre todos los gobiernos para tomar acciones urgentes.

Las respuestas de las élites se prevén inadecuadas y sus explicaciones de la crisis van desde la inadecuación, el interés propio hasta la estupidez. El Banco Mundial repite la petición de ayuda de alimentos para emergencias y subsidios por valor de varios cientos de millones de dólares para los «más necesitados», es decir, para aquellos países en los que se han producido disturbios importantes a causa de los alimentos, con saqueos a los distribuidores privados de alimentos, los puntos de venta al por mayor y al por menor, y amenazas o desbancamiento de los regímenes de libre mercado que han sido los alumnos modelo que han seguido las políticas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

Los autoproclamados expertos económicos, según lo previsto, se evalúan a sí mismos e intentan evadir el fracaso de sus recetas anteriores. Todos los académicos y consejeros políticos conservadores, liberales y progresistas echan la culpa a «China, por comer demasiada carne» (profesor Paul Krugman, de la Universidad de Princeton y columnista del New York Times), al «crecimiento de la demanda», a «la inflación»... Los progresistas señalan la desviación de la producción hacia los biocombustibles como el «biodiésel», la falta de planificación de los gobiernos y la distorsión de las prioridades.

El aumento de la ayuda alimentaria tiene solamente un impacto transitorio, en regiones limitadas, sobre una fracción de la población afectada. Culpar al crecimiento de la demanda obviamente exige preguntarse por la «falta de suministro» y las características estructurales (posesión de tierra, pautas de propiedad, búsqueda de rentabilidad y relaciones entre clase y estado) que le dan forma. De igual importancia es el hecho de que, incluso en aquellos lugares en los que hay alimentos que llegan al mercado, los precios de esos alimentos están fuera del alcance de la mayoría de trabajadores rurales y urbanos, campesinos y personas sin empleo. Los que critican desde el punto de vista de la oferta y la demanda omiten un análisis de clase de los «productores» que determinan el sistema de precios (según su poder oligopólico del mercado y sus criterios para obtención de beneficios) y los consumidores (trabajadores informales y formales con salarios bajos, cuyos ingresos van en declive). Los granjeros capitalistas se encuentran en una posición adecuada para proteger e incluso aumentar sus beneficios trasladando sus costes añadidos por insumos al poder de mercado más débil de los consumidores, ayudados e instigados por los regímenes políticos neoliberales del libre mercado.

Los progresistas que echan la culpa de la crisis a los biocombustibles (el aumento de los precios se debe al desvío de los granos y el uso de la tierra hacia la producción de combustible) no responden a las preguntas estructurales más elementales: ¿Qué clases llegaron al poder estatal y dieron forma a las políticas económicas y permitieron que se produjera este «desvío»? Los grandes préstamos privados y estatales de los años 70 debidos a la disponibilidad de préstamos baratos llevaron al crecimiento del endeudamiento. Los bancos privados, empresas y fabricantes, promotores inmobiliarios endeudados, endilgaron, gracias a sus influencias poderosas y relaciones directas con el estado, sus deudas privadas al Estado y, en último término, a los contribuyentes, un fenómeno que se describió más tarde como «socialización de la deuda privada» o «pago de la fianza al sector privado».

El Estado se vio enfrentado a obligaciones de deudas cada vez mayores (la llamada «crisis de la deuda»), acudió al FMI y al Banco Mundial para obtener préstamos y, lo que es más importante, para obtener su certificado para préstamos enormes de los bancos comerciales. El FMI y el Banco Mundial exigieron cambios estructurales fundamentales del Estado para conceder los préstamos, y estos préstamos con condiciones implicaban una completa transformación en las políticas de inversión, comercio, consumo e ingresos que tuvieron un efecto importante sobre la estructura de clases y la composición de la clase dominante.

Los préstamos internacionales, tanto oficiales como comerciales, y los cambios estructurales que los acompañan, resultaron en la eliminación de las barreras comerciales protectoras en la agricultura y la fabricación. Como resultado se produjo una entrada masiva de bienes agrícola subvencionados de los Estados Unidos y de la Unión Europea, que destruyeron a los agricultores con granjas familiares de pequeño y mediano tamaño que producían alimentos básicos. La bancarrota de los productores de alimentos resultó en desplazamientos masivos de granjeros y trabajadores agrícolas a las ciudades y en la concentración de la tierra en las manos de propietarios de plantaciones comerciales agrícolas que se concentraron en la producción de cultivos para la exportación.

Las exigencias del FMI y del Banco Mundial incluían la reasignación de los créditos, préstamos y asistencia técnica gubernamentales para los grandes exportadores agrícolas en bienes únicos porque ellos eran los que obtenían las divisas fuertes necesarias para devolver los créditos y enviar beneficios a los accionistas, ejecutivos y propietarios de las empresas multinacionales.

El FMI y el Banco Mundial aceptaron negociar la refinanciación de los pagos de intereses y capital pendientes de los estados deudores a condición de que privatizaran y desnacionalizaran todas las empresas estatales monopolio y lucrativas. La privatización y la desnacionalización resultaron en compras extranjeras a gran escala de amplias parcelas de fértiles tierras agrícolas y en la producción y exportación de grano por parte de los oligarcas nacionales e inversores extranjeros.

El conjunto de estas políticas que eliminaron las barreras al libre comercio, promovieron la privatización y la desnacionalización, la amplia penetración de los sectores de mercado y producción y el aumento del énfasis de la intervención estatal en apoyo de la actividad económica de intercambio extranjero orientada a la exportación, recibió el nombre de «neoliberalismo», un modelo que combinaba unas políticas socioeconómicas dirigidas y reguladas por el estado con el objetivo de aumentar la función y el poder de las élites extranjeras y nacionales a favor de la especialización de los mercados mundiales.

El ascenso de esta nueva configuración del poder durante los años 80 y 90 dictó las decisiones políticas y económicas clave en relación con las inversiones (sus asignaciones, sectores y subsectores), además de los mercados (internos y externos), productos (alimentos, combustibles, productos básicos) y precios (carteles oligopolísticos). El principio básico que guía a las clases dirigentes nacionales y extranjeras era la especialización en actividades complementarias en la economía mundial (lo que los economistas ortodoxos denominan «especialización basada en las ventajas comparativas»). La integración de las clases dominantes extranjeras y locales resultaba lucrativa y se apoyaban la una en la otra: el capital privado y los bienes de consumo fluían por sus circuitos financieros y de bienes de consumo internacionales.

Las consecuencias a medio plazo y a gran escala de esta nueva configuración del poder para la agricultura y la producción de alimentos se manifestaron en apenas algo más de una década. En la segunda mitad de la primera década del siglo XXI estalló una crisis agrícola sin precedentes: la influencia del sector de exportación agrícola de la clase dominante y la puesta en práctica de sus políticas en favor del «libre mercado» resultaron en el final del control sobre los precios y en su ascensión meteórica. Los precios reflejaron las relaciones sociales de producción y distribución: la dominación de los terrenos y las inversiones por los grandes agricultores capitalistas dio forma a los precios del «suministro» y al por mayor; los gigantes proveedores comerciales mundiales («los supermercados») fijan los precios para el consumidor directo. Se produjo «competencia» entre los productores y los distribuidores oligopólicos para ver quién podía hacerse con los precios más altos y los mayores beneficios.

Los exportadores agrícolas de la clase dominante terminaron con los subsidios para los agricultores productores de alimentos a nivel familiar y aumentaron los subsidios para la exportación para los productores de productos básicos esenciales. Los agricultores familiares se vieron en la bancarrota y sus tierras las compraron especuladores inmobiliarios (promotores autoproclamados) para usos comerciales, pistas de golf, complejos turísticos, comunidades de lujo con vallas de separación y bienes básicos para la exportación; los arrozales se convirtieron en clubes de campo; los precios del maíz y el trigo se doblaron en los diez meses que iban desde septiembre de 2007 y julio de 2008. Los beneficios engrosaron la cuenta de resultados de Cargill ( Financial Times , 15 de abril de 2008, p 21): los beneficios trimestrales aumentaron en un 86 % hasta alcanzar los 1030 millones de dólares durante el tercer trimestre que terminó el 29 de febrero de 2008. No fue sólo un caso, como dirían los ortodoxos, de aumento de la «demanda», sino del hecho de que cientos de miles de millones de dinero de los especuladores fluyeron a los mercados de bienes de consumo. En condiciones de mercados estrechamente controlados por los grandes negocios agrícolas, las reservas de grano bajaron a sus niveles mínimos en 35 años en relación a la demanda, principalmente porque los grandes agrocapitalistas quisieron limitar el suministro de alimentos y aumentar la producción de combustible, al tiempo que derivaban capital para la especulación en productos básicos. Como resultado de la influencia de la norma de los gigantes agrocapitalistas y de sus políticas de inversión y uso de la tierra, los precios medios de los alimentos aumentaron en un 45 % entre julio de 2007 y abril de 2008 y se prevé que suban un 15 % más para julio.

Atemorizados más por las protestas masivas que desbancan regímenes clientes sumisos que por la hambruna generalizada y el aumento de la mortalidad de los pobres, los líderes capitalistas de todo el mundo se reunieron en Washington en la primavera de 2008. Se quejaron de los disturbios por los alimentos, lamentaron la «pérdida del progreso de una década (sic) en África» e incluso realizaron llamamientos a la «acción». Como era de esperar, se prometieron algunos cientos de millones de ayuda alimentaria de urgencia, lo cual destruirá los últimos bastiones de agricultores a pequeña escala que producen alimentos para los mercados locales. Los regímenes neoliberales de toda Asia se vieron obligados por el temor a bloquear las exportaciones de artículos alimenticios básicos para impedir que los disturbios alimentarios se convirtieran en insurrecciones masivas: los salarios van por detrás de los meteóricos precios de los alimentos. Los regímenes neoliberales de Indonesia, Egipto, la India, Vietnam, China y Camboya prohibieron las ventas de arroz extranjero ( Financial Times , 16 de abril de 2008, p. 1). No obstante, estos gestos proteccionistas y limosnas de alimentos han obtenido escasos efectos positivos en su país y han aumentado la escasez para los importadores de alimentos. Los futuros de maíz alcanzaron un valor récord de 6,16 USD por fanega entre enero y marzo de 2008, un aumento del 30 % y la prohibición de la exportación en Indonesia aumentó el precio del arroz en un 63 % durante los tres primeros meses del año 2008.

Ninguno de los líderes mundiales reunidos en Washington y «preocupados» por el hambre, la regresión y, lo principal, las revoluciones, propuso una reforma agraria: la redistribución de la tierra a los campesinos y agricultores para la producción de alimentos. Ninguno de los líderes propuso siquiera reformas tales como los controles de precios y beneficios y la reconversión del uso de la tierra para la producción agrícola. Ninguno de estos líderes propuso la ilegalización de la especulación en futuros de bienes básicos en las bolsas de todo el mundo. No es de extrañar que el FMI «prediga» que los precios de los alimentos continuarán aumentando hasta 2010.

Los precios de los combustibles no han bajado a pesar del aumento en miles de veces de la producción de etanol. Los precios del etanol (y de los combustibles) y de los alimentos han aumentado a pesar de la expansión de la producción porque es la misma configuración de monopolio del poder la que opera en ambos sectores.

El aumento de las diferencias entre salarios y precios es un empobrecimiento por causas estructurales. Las protestas masivas, tanto en los países imperialistas como en el tercer mundo, nacen de problemas básicos inmediatos, pero sus raíces se hunden en las estructuras profundas de la economía capitalista.

Sólo los prestigiosos economistas ortodoxos sin cerebro empleados por los bancos centrales continúan cotorreando sobre «inflación subyacente» e «inflación patente», como si los aumentos en el precio de los alimentos, los combustibles, la salud y la educación no resultaran centrales para la vida cotidiana de miles de millones de vidas. Lo peor: continúan sin comprender que una inflación galopante y unos salarios estancados son factores intrínsecos en las mismas estructuras de la economía y el estado capitalistas. Lo que es absolutamente claro es la bancarrota de la teoría de la especialización en productos de exportación a expensas de la seguridad alimentaria. Lo que era una exigencia de una minoría radical se encuentra ahora como prioridad máxima en la agenda de un movimiento de miles de millones de personas.

Las personas exigen un cambio radical de las desastrosas teorías derivadas de Friedman que preconizan la dependencia de unos mercados alimentarios mundiales monopolizados a una vuelta a las políticas revolucionarias de la autonomía alimentaria.

 

__._,_.___ James Petras