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criticamedicina

Los nuevos libros de texto 2003 Dr.Alfredo Espinosa Cuba

HOSPITAL UNIVERSITARIO DR. GUSTAVO ALDEREGUIA LIMA
CIENFUEGOS

TITULO:

"LOS NUEVOS LIBROS DE TEXTO DE CLINICA"

AUTOR:

Dr. Alfredo Darío Espinosa Brito*

* Especialista de Segundo Grado en Medicina Interna, Profesor Titular,
Doctor en Ciencias Médicas

.

Con frecuencia he comentado con mis colegas acerca de un peligro que se
cierne sobre el presente y el futuro la medicina clínica, introducido casi
inadver-tidamente a lo largo de los últimos decenios. Con la razonable
justificación de actualizar lo que algunos han llamado "el estado del arte"
(traducción del original en inglés "the state of art") en las diferentes
disciplinas clínicas, se han publicado edicio-nes periódicas de textos que
ya se han hecho clásicos para ser consultados por los clínicos -en sentido
amplio- de nuestra época.1 Generalmente se esperan con impaciencia las
nuevas edi-ciones de Cecil,2 Harrison,3 Nelson,4 Sabinston ,5 entre los más
connotados y divulgados entre nosotros.
El propósito fundamental de los libros antes mencionados consiste en
presentar de manera organizada, habitualmente por aparatos y sistemas, las
entidades nosológicas reconocidas y, en cada una de ellas, describir los
epígrafes de: concepto, etiología, patoge-nia, fisiopatología,
epidemiología, manifestaciones clínicas, diagnóstico, evolución, pronóstico,
clasificación y tratamiento.
Pero sucede un fenómeno peculiar: el número total de páginas de estos
textos no se ha incrementado sustancialmente en 40 años. Probablemente esto
responde a un acuerdo de los autores con las casas editoria-les. Lo cierto
es que para actualizar estos libros, cada día se profundiza y crecen más los
acápites de etiología, patogenia y fisiopatología, debido al descubrimiento
de nuevos agentes causales, factores de riesgo, mediadores químicos, avances
genéticos e inmunológicos, etc. Igualmente se dedica más espacio a los
nuevos métodos de diagnóstico, desde los que forman parte del "boom" de la
imagenología, hasta los anticuerpos monoclonales, los aportes de la medicina
nuclear, además de modernas técnicas de laboratorio, anatomopa-tológicas y
microbiológicas. Si de terapéutica se trata, ése es un epígrafe que se
incrementa diariamente y se actualiza bien: esquemas terapéuticos con nuevas
drogas, la introducción de la biotecnología, métodos quirúrgicos que van
desde la cirugía endoscópica y de mínimo acceso hasta la transplantología,
evaluaciones sobre la eficacia, seguridad y costos de los trata-mientos,
etc.
En medio de toda esta "modernización del conocimiento", ¿qué es lo que se va
"comprimiendo"?, ¿qué es lo que se va quedando olvidado y, a veces, se
redacta sólo de manera "telegráfica", o en porcentajes fríos de frecuencias
de síntomas y signos? Pues... nada menos que la Clínica (con mayúsculas), en
especial la Semiología, que aparece como la Cenicienta, la pariente pobre en
medio de todo este oropel de tecnología que ha ido plagando nuestros
principales libros de consulta de... ¡Clínica! Estimamos que el impacto
negativo de este fenómeno para las actuales y las futuras generaciones de
médicos no se hará esperar.
Muchos de los clínicos que se formaron hace algu-nos años ya, continúan
suspirando y añorando los libros que en épocas anteriores reflejaban mucho
mejor la clínica de los enfermos, pero que se quedaron atrás en cuanto a su
actualiza-ción etiológica, diagnóstica y, sobre todo, terapéutica. Entre
estos textos se encuentran, en nuestro rico idioma español, las Lecciones
de Patología Médica de Jiménez Díaz 6 y el Tratado de Clínica y Patología
Médicas de Pedro Pons 7 e, incluso, las viejas ediciones de los textos
multiautora-les anglosajones clásicos ya referidos, de Cecil, Harrison,
Nelson y Sabinston.
La identificación de este problema debe conducir a una toma de posición.
¿Qué hacer? Hay que alertar esta situación, especialmente a estudiantes y a
médicos jóvenes. No debemos permitir que se borren las huellas de una
clínica, que es tan válida hoy, como ayer y lo será mañana. El método
clínico es el mismo, lo que debe es per-feccionarse y adaptarse a las nuevas
formas de ejercer la medici-na. Las descripciones de los cuadros clínicos
son tan importantes para los nuevos médicos, como lo fueron para sus
profesores en el pasado.8 La realización de la historia clínica es tan
básica y tan compleja actualmente, como lo ha sido siempre... 9 ¡Y esto se
obvia y se da por sabido!. ¿O se pretende que no es necesario para una buena
atención médica?
Entonces, debemos defender lo que es realmente esencial en la clínica: el
abordaje holístico de su objeto de estudio -el más complejo que existe, pues
es la persona en su dimensión más humana-, a través del método
científico -¡el método clínico!- en nuestra práctica diaria de diagnóstico,
pronóstico y tratamiento con sanos y enfermos. 9 Si nos dejamos deslumbrar
sólo por lo secundario, lo instrumental, lo auxiliar, los aparatos, lo
inanimado, que en definitiva todo ello es la tecnología, por muy sofisticada
o de punta que sea el ropaje que vista, nos habremos quedado sin ciencia y
sin humanis-mo. 10 Por tanto, no es que estemos en contra de la técnica, ni
mucho menos, sino que estamos convencidos que ésta debe estar subordinada al
servicio de la ciencia y el humanismo de la práctica clínica y ser su
complemento apropiado, en correspondencia con nuestros principios e
hipótesis.
En los años de crisis económica que vivimos, cuando precisamente el
desarrollo de nuevas tecnologías en los países del Primer Mundo -y aún en el
nuestro- parece ser un sello de nuestro tiem-po, los que tenemos alguna
responsabilidad administrativa, asistencial o docente -aunque también todos
los que están imbuidos de los criterios antes expresados-, debemos "poner de
moda" y actua-lizar, más que nunca, el método clínico como base de nuestra
práctica profesional y enseñarlo con sabiduría, paciencia y amor, desde el
pregrado. 11 Sin esta base, no podremos comprender ni utilizar adecuadamente
ni las tecnologías disponibles en nuestros días, ni las nuevas que vendrán
que, por más complejas que sean, serán susceptibles de asimilarse a una
práctica profesional que se base en un pensa-miento científico, que es
decir, crítico y con raíces profunda-mente humanistas.
Jiménez Díaz nos alertaba, desde la década de los 50 del pasado siglo XX,
que esta es una tarea difícil, cuando afirmaba: "¿Cuál es la causa de la
creciente imperfección con que se maneja la exploración clínica por los
médicos? Es doble, en primer término, porque no se acierta a valorar lo
mucho que puede dar de sí en el camino del conocimiento de la enfermedad del
paciente; pero también por lo arduo de su aprendizaje" 12
De otra manera, puede ser que en el futuro -y quizás en el pre-sente- nos
encontremos con médicos que, en lugar de evaluar pacientes integralmente,
traten imágenes radiográficas, ingresen electrocardiogramas patológicos,
operen hemogramas o aconsejen conductas por el resultado de un monoclonal o
de un ensayo clínico aleatorizado. A las consecuencias negativas en el orden
de la satisfacción por la atención recibida por parte de los pacientes y sus
familiares, se unen los gastos por el uso ina-propiado de la tecnología, lo
que constituye una sobrecarga innecesaria sobre los servicios de salud, ya
de por sí afectados por la grave crisis económica que sufrimos. 13 En otras
palabras, la pregunta de hoy no debe ser si la medicina debe ser científica,
sino ¿cómo debe ser científica la medicina? 14
Por tanto, que sean bienvenidos los nuevos libros de texto de medicina
clínica. Nosotros los estamos esperando también. Personalmente pienso que
ellos no son dinosaurios y que los necesitamos.1 Sin embargo, cuando leamos
estos textos para mejorar nuestros conoci-mientos y práctica, debemos poner
cada cosa en su lugar: el método clínico primero y la tecnología después.
Indiscutiblemente será mejor para los pacientes, sus familiares, los
médicos, los estudiantes y la sociedad en general.
REFERENCIAS.
1. Wheatherall DJ, Ledingham JGG, Warrell DA. On dinosaurs and medical
textbooks. Lancet 1995; 346:4-5.
2. Bennett JC y Plum F. Tratado de Medicina Interna de Cecil, 20a ed.,
Vols. 1 y 2, New York: Mc Graw-Hill, 1997.
3. Fauci AS, Braunwlad E, Isselbacher KJ, Wilson JD, Martin JB, Kasper DL,
et al. Principios de Medicia Interna de Harrison. 14a ed., Vols. 1 y 2, New
York: Mc Graw-Hill, 1998.
4. Behrman RE. Tratado de Pediatría de Nelson. 15a ed., Vols. 1 y 2, New
York: Mc Graw-Hill, 1997.
5. Sabinston DC. Tratado de Patología Quirúrgica. 15ª ed., Vols. 1 y 2, New
York: Mc Graw-Hill, 1999.
6. Jiménez Díaz C. Lecciones de Patología Médica. 5a ed., Tomos I-VI.
Madrid: Ed. Científico Médica, 1950.
7. Pedro Pons A. Tratado de Patología y Clínica Médicas, 3a ed., Tomos
I-VI. Barcelona: Salvat, 1963.
8. Ilizástigui F. El método clínico; muerte y resurrección. Rev Cubana Educ
Med Super 2000; 14 (2): 109-27

9. Espinosa A. Medicina Interna: ¿Qué fuiste, qué eres, qué serás? Rev
Cubana Med 1999; 38 (1): 79-90.

10. Lolas F. Los progresos de la medicina. En su: Más allá del cuerpo.
Santiago de Chile: Ed. Andrés Bello, 1997: 49-52.
11. Rodríguez L. La práctica clínica actual y el legado humanitario
hipocrático. ¿Dónde fallamos? . Bol Ateneo "Juan César García" 1996; 4
(1-2): 104-112.
12. Jiménez Díaz C. Los métodos de exploración clínica y su valoración.
Madrid: Ed. Paz Montalvo, 1954:11.
13. Espinosa AD. La unicidad en la diversidad. Factores en cuestión. Bol
Ateneo "Juan César García" 1996; 4 (1-2): 93-103.
14. Lolas F. Bioética y Antropología Médica. Santiago de Chile:
Mediterráneo, 2000: 159.

spanglish Guidos

El determinismo de los "Jalvadoreños" vuelve una comedia triunfalista dos fenómenos de alcance internacional. El primero es la americanización: salvadoreñizan su americanización y americanizan su salvadoreñizacion .

El segundo es la globalización, presente por vía de las finanzas, las industrias culturales, el internet, el 11 de septiembre y, sobre todo, la invasión de Iraq.

La americanización y la globalización no son lo mismo. La Globalización significa, la superación del nacionalismo sin abandono de la conciencia nacional . La americanizacion se caracteriza por identificar a fondo lo norteamericano y lo contemporáneo, y por definir la internacionalización de acuerdo con el confort, el comercio, los estilos de vida y las industrias culturales.

Si desde 1922 importamos el 10 de Mayo, día de las Madres, ahora es una fecha de arraigo absoluto, otras celebraciones también se van imponiendo: por ejemplo, el 14 de febrero, Día de la Amistad y el Amor, la ceremonia de entrega del Óscar. Cerca del 90 por ciento de los films distribuidos en El Salvador son norteamericanos, como también la mayoría de los best sellers, y una parte impresionante de la moda en el vestir, de la industria del rock, del culto por el esoterismo, de la literatura de autoayuda (de El vendedor más grande del mundo a ¿Quién se ha llevado mi queso?). Eso, para no hablar de géneros literarios y cinematográficos, de estilos narrativos, de entusiasmos académicos, de comportamientos "juveniles" que quisieron serlo, de técnicas de manejo corporativo, y del uso creciente del espánglish.

parresiasta por Foucault

Por Michel Foucault *

La palabra parresía aparece por vez primera en la literatura griega en
Eurípides (c. 484-407 a.C.), y recorre todo el mundo literario griego de la
Antigüedad desde finales del siglo V a.C. Parresía es traducida normalmente
al castellano por "franqueza". El parresiastés es alguien que utiliza la
parresía, es decir, alguien que dice la verdad.
Etimológicamente, parresiazesthai significa "decir todo". Aquel que usa la
parresía, el parresiastés, es alguien que dice todo cuanto tiene en mente:
no oculta nada sino que abre su corazón y su alma por completo a otras
personas a través de su discurso. En la parresía se presupone que el
hablante proporciona un relato completo y exacto de lo que tiene en su
mente, de manera que quienes escuchen sean capaces de comprender exactamente
lo que piensa el hablante. La palabra parresía hace referencia, por tanto, a
una forma de relación entre el hablante y lo que se dice, pues, en la
parresía, el hablante hace manifiestamente claro y obvio que lo que dice es
su propia opinión. Y hace esto evitando cualquier clase de forma retórica
que pudiera velar lo que piensa. En lugar de eso, el parresiastés utiliza
las palabras y las formas de expresión más directas que puede encontrar.
Mientras que la retórica proporciona al hablante recursos técnicos que le
ayudan a prevalecer sobre las opiniones de su auditorio (sin preocuparse de
la propia opinión del retor respecto de lo que dice), en la parresía, el
parresiastés actúa sobre la opinión de los demás, mostrándoles, tan
directamente como sea posible, lo que él cree realmente.
Si distinguimos entre el sujeto hablante (el sujeto de la enunciación) y el
sujeto gramatical del enunciado, podríamos decir que hay también un sujeto
del enunciandum -que se refiere a la creencia u opinión mantenidas por el
hablante-. En la parresía, el hablante subraya el hecho de que él es, al
tiempo, el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciandum -que se
refiere a la creencia u opinión mantenidas por el hablante-. En la parresía,
el hablante subraya el hecho de que él es, al tiempo, el sujeto de la
enunciación y el sujeto del enunciandum -que él mismo es el sujeto de la
opinión a la que se refiere-. La "actividad de habla" específica de la
enunciación parresiástica adopta así la forma: "Yo soy quien piensa esto y
aquello".
"Prueba de sinceridad"
Parresiazesthai significa "decir la verdad". Pero, ¿dice el parresiastés lo
que él cree que es verdadero, o dice lo que realmente es verdadero? En mi
opinión, el parresiastés dice lo que es verdadero porque él sabe que es
verdadero; y sabe que es verdadero porque es realmente verdadero.
El parresiastés no sólo es sincero y dice lo que es su opinión sino que su
opinión es también la verdad. Dice lo que él sabe que es verdadero. La
segunda característica de la parresía es, entonces, que hay siempre una
coincidencia exacta entre creencia y verdad.
Desearía señalar que nunca he encontrado ningún texto en la antigua cultura
griega en el que el parresiastés parezca tener ninguna duda sobre su
posesión de la verdad. Y, en efecto, ésa es la diferencia entre el problema
cartesiano y la actitud parresiástica, pues antes de que Descartes obtenga
la indudable evidencia clara y distinta, no está seguro de que lo que cree
sea, de hecho, verdadero. En la concepción griega de la parresía, sin
embargo, no parece ser un problema la adquisición de la verdad, ya que tal
posesión de la verdad está garantizada por la posesión de ciertas cualidades
morales: si alguien tiene ciertas cualidades morales, entonces ésa es la
prueba de que tiene acceso a la verdad -y viceversa-. El "juego
parresiástico" presupone que el parresiastés es alguien que tiene las
cualidades morales que se requieren, primero, para conocer la verdad y,
segundo, para comunicar tal verdad a los otros.
Si hay una forma de "prueba" de la sinceridad del parresiastés, ésa es su
valor. El hecho de que un hablante diga algo peligroso -diferente de loque
cree la mayoría- es una fuerte indicación de que es un parresiastés. Cuando
planteamos la cuestión de cómo podemos saber si aquel que habla dice la
verdad, estamos planteando dos cuestiones. En primer lugar, cómo podemos
saber si un individuo particular dice la verdad; y, en segundo lugar, cómo
puede estar seguro el supuesto parresiastés de que lo que cree es, de hecho,
verdad. La primera pregunta -reconocer a alguien como parresiastés- fue muy
importante en la sociedad grecorromana, y fue explícitamente planteada y
discutida por Plutarco, Galeno y otros. Sin embargo, la segunda pregunta
escéptica es especialmente moderna y, pienso, ajena a los griegos.

"Asume un riesgo"
Se dice que alguien utiliza la parresía y merece consideración como
parresiastés sólo si hay un riesgo o un peligro para él en decir la verdad.
Por ejemplo, desde la perspectiva de los antiguos griegos, un profesor de
gramática puede decir la verdad a los niños a los que enseña y, en efecto,
puede no tener ninguna duda de que lo que enseña es cierto: pero, a pesar de
esa coincidencia entre creencia y verdad, no es un parresiastés. Sin
embargo, cuando un filósofo se dirige a un soberano, a un tirano, y le dice
que su tiranía es molesta y desagradable porque la tiranía es incompatible
con la justicia, entonces el filósofo dice la verdad, cree que está diciendo
la verdad y, más aún, también asume un riesgo (ya que el tirano puede
enfadarse, castigarlo, exiliarlo, matarlo).
Como ven, el parresiastés es alguien que asume un riesgo. Por supuesto, ese
riesgo no siempre es un riesgo de muerte. Cuando, por ejemplo, alguien ve a
un amigo haciendo algo malo y se arriesga a provocar su ira diciéndole que
está equivocado, está actuando como un parresiastés. En tal caso, no
arriesga su vida, pero puede herir al amigo con sus observaciones, y su
amistad puede, consecuentemente, sufrir por ello. Si, en un debate político,
un orador se arriesga a perder su popularidad porque sus opiniones son
contrarias a la opinión de la mayoría o pueden desembocar en un escándalo
político, utiliza la parresía.

"No deberías"

Si, durante un juicio, se dice algo que puede ser utilizado en contra de
uno, no se está utilizando la parresía a pesar del hecho de que se es
sincero, de que se cree que lo que se dice es verdadero, y de que se está
poniendo en peligro uno mismo hablando de ese modo. Pues en la parresía el
peligro viene siempre del hecho de que la verdad que se dice puede herir o
enfurecer al interlocutor. De este modo, la parresía es siempre un "juego"
entre aquel que dice la verdad y el interlocutor. La parresía implicada
puede ser, por ejemplo, advertir al interlocutor de que debería comportarse
de cierto modo, o de que está equivocado en lo que piensa, o en la forma en
que actúa, etcétera.
Como ven, la función de la parresía no es demostrar la verdad a algún otro
sino que tiene la función de la crítica: la crítica del interlocutor o del
propio hablante. "Esto es lo que haces y esto es lo que piensas; pero eso es
lo que no deberías hacer ni pensar." "Esta es la forma en que te comportas,
pero ésa es la forma en que deberías comportarte." "Esto es lo que he hecho,
y estaba equivocado al hacerlo así." La parresía es una forma de crítica,
tanto hacia otro como hacia uno mismo, pero siempre en una situación en la
que el hablante o el que confiesa está en una posición de inferioridad con
respecto al interlocutor. El parresiastés es siempre menos poderoso que
aquel con quien habla. La parresía viene de "abajo", como si dijéramos, y
está dirigida hacia "arriba". Por eso, un antiguo griego no diría que un
profesor o un padre que critica a un niño utiliza la parresía. Pero cuando
un filósofo critica a un tirano, cuando un ciudadano critica a la mayoría,
cuando un pupilo critica a su profesor, entonces tales hablantes están
utilizando la parresía. En la parresía, decir la verdad se considera un
deber. El orador que dice la verdad a quienes no pueden aceptar su verdad,
por ejemplo, y que puede ser exiliado o castigado de algún modo, es libre de
permanecer en silencio. Nadie le obliga a hablar; pero siente que es su
deber hacerlo.
Para resumir lo dicho hasta el momento, la parresía es una forma de
actividad verbal en la que el hablante tiene una relación específica con la
verdad a través de la franqueza, una cierta relación con su propia vida a
través del peligro, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otros a
través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una
relación específica con la ley moral a través de la libertad y el deber.
En la tradición socrático-platónica, la parresía y la retórica se encuentran
en fuerte oposición; y esa oposición aparece muy claramente en el Gorgias,
por ejemplo, en el que se encuentra la palabra parresía. El discurso largo y
continuo es un recurso retórico o sofístico, mientras que el diálogo
mediante preguntas y respuestas es típico de la parresía; es decir, dialogar
es una técnica importante para llevar a cabo el juego parresiástico.

"Permanecemos ciegos"

Plutarco, en sus Moralia, intenta responder a la pregunta: ¿cómo es posible
reconocer a un verdadero parresiastés, a alguien que dice la verdad? Y
análogamente: ¿cómo es posible distinguir a un parresiastés de un adulador?
El título del texto es Cómo distinguir a un adulador de un amigo. ¿Por qué
necesitamos, en nuestras vidas, tener algún amigo que desempeñe el papel de
parresiastés o de aquel que dice la verdad? La razón que ofrece Plutarco se
halla en el tipo predominante de relación que a menudo tenemos con nosotros
mismos, a saber, una relación de philautía o "amor propio". Esta relación de
amor propio es, para nosotros, el fundamento de una persistente ilusión
acerca de lo que en realidad somos: "Siendo cada uno mismo el principal y
más grande adulador de sí mismo, admite sin dificultad al de afuera como
testigo, juntamente con él, y como autoridad aliada garante de las cosas que
piensa y desea".
Somos nuestros propios aduladores, y es para desactivar esta relación
espontánea que tenemos con nosotros mismos, para librarnos a nosotros mismos
de nuestra philautía, para lo que necesitamos un parresiastés. Pero es
difícil reconocer y aceptar a un parresiastés. Pues no sólo es difícil
distinguir a un verdadero parresiastés de un adulador; sino que, además, a
causa de nuestra philautía, no nos interesa reconocer a un parresiastés. De
modo que lo que está en juego es determinar los criterios indudables que nos
permitan distinguir al auténtico parresiastés del adulador que "representa
el papel del amigo con la gravedad del trágico". Plutarco propone dos
criterios principales. Primero, hay una conformidad entre lo que dice el
auténtico parresiastés y el modo en que se comporta -se puede confiar en
Sócrates como parresiastés sobre el valor, puesto que Sócrates fue realmente
valiente-. Hay un segundo criterio: la estabilidad y firmeza del verdadero
parresiastés: "Si se alegra con las mismas cosas siempre y alaba las mismas
cosas, y si dirige y ordena su propia vida hacia un único modelo. El
adulador, por no tener una sola mirada de su carácter, ni vivir una vida
elegida para él mismo sino para otros, y modelándose y adaptándose para
otro, no es simple ni uno sino variado y complicado, por correr y cambiar de
forma como el agua, vertida de uno a otro contenido, según sean los que lo
reciben".
Por supuesto, hay muchas otras cosas interesantes que decir sobre este
texto. Desearía, empero, subrayar dos temas principales. En primer lugar, el
tema del autoengaño y sus vínculos con la philautía. En el texto de Plutarco
pueden ver que su noción de autoengaño, como consecuencia del amor propio,
es algo muy distinto de la situación de quienes ignoran su propia falta de
conocimiento de sí -un estado que Sócrates intentó superar-. La concepción
de Plutarco hace hincapié en el hecho de que nosólo somos incapaces de saber
que no sabemos nada sino que además somos incapaces de saber, exactamente,
qué somos.
Un segundo tema que desearía acentuar es la firmeza de ánimo. Hay una
relación obvia entre estos dos temas -el del autoengaño y el de la
constancia o la persistencia de ánimo-. Pues destruir el autoengaño y
adquirir y mantener continuidad de ideas son dos actividades ético-morales
que están vinculadas una con otra. El autoengaño que impide saber quién o
qué se es, y todos los cambios en los pensamientos, sentimientos y opiniones
que obligan a moverse de un pensamiento a otro, de un sentimiento a otro, o
de una opinión a otra, demuestran esta vinculación. Ya que si se es capaz de
discernir exactamente qué se es, entonces se permanecerá en el mismo punto,
y nada podrá cambiarle a uno. Pero si se es cambiado por alguna clase de
estímulo, sentimiento pasión, etc., entonces no se es capaz de permanecer
fiel a uno mismo, se es dependiente de algo otro, se es conducido a
intereses diversos y, consecuentemente, no se es capaz de mantener una
completa posesión de uno mismo.
En un texto de Galeno -el famoso médico de finales del siglo II- se puede
ver el mismo problema: ¿cómo es posible reconocer a un auténtico
parresiastés? Galeno plantea esta cuestión en su ensayo La diagnosis y la
cura de las pasiones del alma, donde explica que para liberarse de sus
propias pasiones, un hombre necesita a un parresiastés; tal como ocurría en
Plutarco un siglo antes, la philautía, el amor propio, es la raíz del
autoengaño: "Vemos los defectos de los otros, pero permanecemos ciegos a
aquellos que nos atañen a nosotros mismos. Platón dice que el amante es
ciego cuando se trata del objeto de su amor. Si, por lo tanto, cada uno de
nosotros se ama a sí mismo por encima de todas las cosas, debe estar ciego
en lo que a él mismo respecta. (...) Cuando un hombre no saluda por su
nombre al poderoso ni al rico, cuando no los visita, cuando no cena con
ellos, cuando vive una vida disciplinada, cabe esperar que ese hombre diga
la verdad; intenta, además, alcanzar un conocimiento más profundo del tipo
de hombre que es (y esto se logra a través de una larga convivencia). Si
encuentras hombre semejante, llámale y habla un día con él en privado;
pídele que te muestre inmediatamente cuanto de las pasiones que hemos
mencionado vea en ti. Dile que estarás más agradecido por este servicio y
que le tendrás por tu salvador en mayor medida que si te hubiera salvado de
una enfermedad de tu cuerpo. Consigue que prometa descubrirte todo esto
siempre que te vea afectado por cualquiera de las pasiones que he
mencionado".
En este texto, el parresiastés -que todo el mundo necesita para librarse de
su autoengaño- no necesita ser un amigo, alguien a quien se conozca, alguien
con quien se tenga trato. Y esto constituye, creo yo, una diferencia muy
importante entre Galeno y Plutarco. En Plutarco, Séneca y la tradición que
procede de Sócrates, es siempre necesario que el parresiastés sea un amigo.
Y esta relación de amistad estaba siempre en la base del juego
parresiástico. Por lo que sé, con Galeno, por primera vez, no es necesario
que el parresiastés sea un amigo. En realidad, nos dice Galeno, es mucho
mejor que el parresiastés sea alguien a quien no conozcamos, con el fin de
que sea completamente neutral. Un buen parresiastés que nos dé consejos
honestos sobre nosotros mismos no debe odiarnos, pero tampoco debe amarnos.
Un buen parresiastés es alguien con quien no se ha tenido previamente
ninguna relación particular.

* Extractado de Discurso y verdad en la antigua Grecia, conferencias
dictadas en la Universidad de Berkeley en 1983,
(editorial Paidós).

tango parejo Wajner

Tango parejo

Un tango es este hombre:
con miedos y rencores,
que cuenta una historia
en busca de amores.

También es una mujer:
que sueña con flores,
ama las noches fugaces,
su música de interiores.

Porque el tango es una pareja:
cuerpos que danzan:sabores,
ausencias y dolores;
pasión y queja.

Autor:Alejandro Wajner

2002

pensamientos

El camino de las paradojas
es el de la verdad.
Para probar la verdad
hay que verla sobre la cuerda floja.
Cuando las verdades se vuelven acróbatas,
podemos juzgarlas.

"Como la imagen de un dolor,
un rostro sin corazón.
Si un hombre trata la vida artísticamente,
su cerebro es su corazón"

"El pensamiento es, por su misma naturaleza, un acto de negación, de
resistencia a lo que se le impone"

Adorno,
Dialéctica negativa,
1990

dinamismos Guidos

Si el mal, secreto de nuestro dinamismo, desapareciera de nuestra vida, nos tocaría vegetar en la perfección monótona del bien, el cual, a juzgar por el Génesis, exasperaba incluso al "mismito" Ser Supremo.

El combate entre los principios positivos y negativos se libra en todos los niveles de la existencia, incluida la eternidad. Sin buscarlo, sin quererlo todos nos hallamos inmersos en la aventura de la Creación y a pesar de que Dios sea el responsable de la idea y de la iniciativa, no podríamos reprochárselo, dado el gran prestigio de que goza ante nosotros, prestigio de primer culpable.

Haciéndonos cómplices suyos, Dios nos ha asociado a este inmenso movimiento de solidaridad en el mal que sostiene y consolida esta enorme, enorme...... ................... confusión universal.

Los dueños del restaurantes acá en San Miguelcity, están convencidos de que sus parroquianos no están a gusto si no libran una batalla cuerpo a cuerpo con la hidra horrorosa del Perreo o la melaza de la cantante Tetasfrescas que aúlla su amor frustrado. ¿Nunca se les ha ocurrido, so imbéciles, que el parroquiano no está ahí para escuchar a Tetasfrescas, sino para charlar con sus amigos y comerse un coctel de conchas en paz?
No hay nada que hacer. Cada salvadoreño es un ser que ignora leyes y reglamentos. Los gobiernos no tienen el menor interés y se han resignado a que donde dice NO se ponga una errata que se corrige con un NO le hace. Quizás deberíamos organizar un frente clandestino que tenga como objeto la defensa del silencio. Lo llamaríamos Frente Popular Calladito (FPC) que asesinaría todas las bocinas públicas, atraparía motociclistas y los metería a un cuarto subterráneo donde escucharían sus escapes un par de días seguidos; secuestraría santitos hasta que el cura prometa deshacerse de sus reservas de pólvora; les castraría los mofles a los microbuses, aplastaría las trompetas de los mariachis, destruiría in situ esos autos a los que a media noche les da por quejarse de su soledad; derribaría los helicópteros noctámbulos que vuelan raso sobre las pobres gentes; llevaría a juicio sumario y luego al paredón a los vecinos que deciden que su palabra es la ley en altas horas de la noche.

ideologia por Derrida

¿Puede considerarse la ideología como una de las formas de la mentira? ¿Una
especie de mentira?

El concepto de ideología tiene una fuerte historia. En la conferencia me
referí a las modernas teorías de la mentira, a las cuales presto un gran
interés porque plantean la cuestión de la historia de la mentira y de una
modernidad política de la mentira, teniendo en cuenta las transformaciones
de la técnica, de las imágenes, de los medios de comunicación, etc. Estos
teóricos modernos de la mentira me interesan mucho; sin embargo, nunca hacen
referencia ni a Heidegger ni a Freud ni a la teoría marxista de la
ideología. Y, aunque haya mucho que decir contra el concepto marxista de
ideología, es muy interesante en el sentido de que indica el lugar, un lugar
problemático, donde la falsificación, la deformación de la verdad no es
necesariamente una mentira, no responde simplemente a una intención
consciente y voluntaria de deformar la realidad. Existe una deformación que
impone sobre gran número de temas una cierta visión de la realidad, una
cierta interpretación, pero que no pasa por una intención consciente de
mentir. La ideología no es una mentira ni una ilusión, no es tampoco un
error; hay, pues, desde el lado marxista, un esfuerzo por pensar algo sobre
la ideología, algo que no es un error ni una mentira ni una ilusión, y eso
me interesa.

Pienso que necesitamos una nueva categoría de pensamiento, una deformación,
una transformación de la realidad que no sea simplemente una mentira. Sin
embargo, existe la mentira, y quiero conservar el viejo concepto de mentira.
Existe la mentira política: simples mentiras, intencionadas, deliberadas, a
través de los grandes medios de comunicación y las grandes máquinas a la vez
capitalistas, técnicas e internacionales. También hay una transformación de
la realidad y unos efectos ideológicos, digamos, que no son simples errores
ni mentiras, y que demandan otras categorías. Desde este punto de vista, no
creo que la categoría marxista de ideología sea suficiente; pero, en
cualquier caso, define un lugar problemático interesante y creo que es un
error negar este ámbito marxista.

Derrida 1997

Los intelectuales y el poder

LOS INTELECTUALES Y EL PODER

Entrevista a Michel Foucault por Gilles Deleuze. "Microfísica del Poder". M.
Foucault.

Edit. La Epiqueta. Madrid. (pp. 77 - 86.)

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Michel Foucault: Un mao me decía: «entiendo bien por qué Sartre está con
nosotros, por qué hace política y en qué sentido la hace: respecto a ti, en
último término, comprendo un poco: tú has planteado siempre el problema del
encierro. Pero Deleuze verdaderamente no lo entiendo». Esta cuestión me ha
sorprendido enormemente porque a mí esto me parece muy claro.

Gilles Deleuze: Se debe posiblemente a que estamos viviendo de una nueva
manera las relaciones teoría-práctica. La práctica se concebía tanto como
una aplicación de la teoría, como una consecuencia, tanto al contrario como
debiendo inspirar la teoría, como siendo ella misma creadora de una forma de
teoría futura. De todos modos se concebían sus relaciones bajo la forma de
un proceso de totalización, en un sentido o en el otro. Es posible que, para
nosotros, la cuestión se plantee de otro modo. Las relaciones
teoría-práctica son mucho más parciales y fragmentarias. Por una parte una
teoría es siempre local, relativa a un campo pequeño, y puede tener su
aplicación en otro dominio más o menos lejano. La relación de aplicación no
es nunca de semejanza. Por otra parte, desde el momento en que la teoría se
incrusta en su propio dominio se enfrenta con obstáculos, barreras, choques
que hacen necesario que sea relevada por otro tipo de discurso (es este otro
tipo el que hace pasar eventualmente a un dominio diferente). La práctica es
un conjunto de conexiones de un punto teórico con otro, y la teoría un
empalme de una práctica con otra. Ninguna teoría puede desarrollarse sin
encontrar una especie de muro, y se precisa la práctica para agujerearlo.
Por ejemplo, usted; usted ha comenzado por analizar teóricamente un modo de
encierro como el manicomio en el siglo XIX en la sociedad capitalista.
Después desembocó en la necesidad de que personas precisamente encerradas se
pusiesen a hablar por su cuenta, que operasen una conexión (o bien al
contrario es usted quien estaba en conexión con ellos), y esas personas se
encuentran en las prisiones, están en las prisiones. Cuando usted organizó
el grupo de información sobre las prisiones fue sobre esta base: instaurar
las condiciones en la que los prisioneros pudiesen ellos mismos hablar.
Sería completamente falso decir, como parecía decir el mao, que usted pasaba
a la práctica aplicando sus teorías. No había en su trabajo ni aplicación,
ni proyecto de reforma, ni encuesta en el sentido tradicional. Había algo
muy distinto: un sistema de conexión en un conjunto, en una multiplicidad de
piezas y de pedazos a la vez teóricos y prácticos. Para nosotros el
intelectual teórico ha dejado de ser un sujeto, una conciencia representante
o representativa. Los que actúan y los que luchan han dejado de ser
representados ya sea por un partido, ya sea por un sindicato que se
arrogaría a su vez el derecho de ser su conciencia. ¿Quién habla y quién
actúa? Es siempre una multiplicidad, incluso en la persona, quien habla o
quien actúa. Somos todos grupúsculos. No existe ya la representación, no hay
más que acción, acción de teoría, acción de práctica en relaciones de
conexión o de redes.

M. F.: Me parece que la politización de un intelectual se hace
tradicionalmente a partir de dos cosas: su posición de intelectual en la
sociedad burguesa, en el sistema de la producción capitalista, en la
ideología que ésta produce o impone (ser explotado, reducido a la miseria,
rechazado, «maldito», acusado de subversión, de inmoralidad, etc.); su
propio discurso en tanto que revelador de una cierta verdad, descubridor de
relaciones políticas allí donde éstas no eran percibidas. Estas dos formas
de politización no eran extrañas la una a la otra, pero tampoco coincidían
forzosamente. Había el tipo del «maldito» y el tipo del "socialista". Estas
dos politizaciones se confundirían fácilmente en ciertos momentos de
reacción violenta por parte del poder, después del 48, después de la Comuna,
después de 1940: el intelectual era rechazado, perseguido en el momento
mismo en que las «cosas» aparecían en su «verdad», en el momento en que no
era preciso decir que el rey estaba desnudo. El intelectual decía lo
verdadero a quienes a aun no lo veían y en nombre de aquellos que no podían
decirlo: conciencia y elocuencia.

Ahora bien, lo que los intelectuales han descubierto después de la avalancha
reciente que las masas no tienen necesidad de ellos para saber; saben
claramente, perfectamente, mucho mejor que ellos; y lo afirman
extremadamente bien. Pero existe un sistema de poder que obstaculiza, que
prohibe, que invalida ese discurso y ese saber. Poder que no está solamente
en las instancias superiores de la censura, sino que se hunde más
profundamente, más sutilmente en toda la malla de la sociedad. Ellos mismos,
intelectuales, forman parte de ese sistema de poder, la idea de que son los
agentes de la «conciencia» y del discurso pertenece a este sistema. El papel
del intelectual no es el de situarse «un poco en avance o un poco al margen»
para decir la muda verdad de todos; es ante todo luchar contra las formas de
poder allí donde éste es a la vez el objeto y el instrumento: en el orden
del «saber», de la «verdad», de la «conciencia» del «discurso».

Es en esto en lo que la teoría no expresa; no traduce, no aplica una
práctica; es una práctica. Pero local y regional, como usted dice: no
totalizadora. Lucha contra el poder, lucha para hacerlo aparecer y golpearlo
allí donde es más invisible y más insidioso. Lucha no por una «toma de
conciencia» (hace tiempo que la conciencia como saber a sido adquirida por
las masas, y que la conciencia como sujeto ha sido tomada, ocupada por la
burguesía), sino por la infiltración y la toma de poder, al lado, con todos
aquellos que luchan por esto, y no retirado para darles luz. Una «teoría» es
el sistema regional de esta lucha.

G.D.: Eso es, una teoría es exactamente como una caja de herramientas.
Ninguna relación con el significante... Es preciso que sirva, que funcione.
Y no para uno mismo. Si no hay personas para utilizarla, comenzando por el
teórico mismo, que deja entonces de ser teórico, es que no vale nada, o que
el momento no llegó aún. No se vuelve sobre una teoría, se hacen otras, hay
otras a hacer. Es curioso que sea un autor que pasa por un puro intelectual,
Poust quien lo haya dicho tan claramente: tratad mi libro como un par de
lentes dirigidos hacia el exterior, y bien, si no os sirven tomad otros,
encontrad vosotros mismos vuestro aparato que es necesariamente un aparato
de combate. La teoría no se totaliza, se multiplica y multiplica. Es el
poder quien por naturaleza opera totalizaciones, y usted, usted dice
exactamente: la teoría por naturaleza esta contra el poder. Desde que una
teoría se incrusta en tal o cual punto se enfrenta a la imposibilidad de
tener la menor consecuencia práctica, sin que tenga lugar una explosión.
incluso en otro punto. Por esto la noción de reforma es tan estúpida como
hipócrita. O bien la reforma es realizada por personas que se pretenden
representativas y que hacen profesión de hablar por los otros, en su nombre,
y entonces es un remodelamiento del poder, una distribución del poder que va
acompañada de una represión acentuada; o bien es una reforma, reclamada.
exigida. por aquellos a quienes concierne y entonces deja de ser una reforma
es una acción revolucionaria que, desde el fondo de su carácter parcial está
determinada o a poner en entredicho la totalidad del poder y de su
jerarquía. Es evidente en el caso de las prisiones: la más minúscula, la más
modesta reivindicación de los prisioneros basta para desinflar la
pseudo-reforma PIeven. Si los niños consiguen que se oigan sus protestas en
una Maternal, o incluso simplemente sus preguntas, esto sería suficiente
para producir una explosión en el conjunto del sistema de la enseñanza:
verdaderamente, este sistema en el que vivimos no puede soporta nada: de ahí
su fragilidad radical en cada punto, al mismo tiempo que su fuerza de
represión global. A mi juicio usted ha sido el primero en enseñarnos algo
fundamental, a la vez en sus libros y en un terreno práctico: la indignidad
de hablar por los otros. Quiero decir: la representación provoca la risa, se
decía que había terminado pero no se sacaba la consecuencia de esta
reconversión «teórica» -a saber, que la teoría exigía que las personas
concernidas hablasen al fin prácticamente por su cuenta.

M. F.: Y cuando los prisioneros se pusieron a hablar, tenían una teoría de
la prisión, de la penalidad, de la justicia. Esta especie de discurso contra
el poder, este contradiscurso mantenido por los prisioneros o por aquellos a
quienes se llama delincuentes es en realidad lo importante, y no una teoría
sobre la delincuencia. El problema de la prisión es un problema local y
marginal puesto que no pasan más de 100.000 personas cada año por las
prisiones; en total actualmente en Francia hay probablemente 300 ó 400.000
personas que pasaron por la prisión. Ahora bien, este problema marginal
sacude a la gente. Me ha sorprendido ver que se pudiesen interesar por el
problema de las prisiones tantas personas que no estaban en prisión; me ha
sorprendido que tanta gente que no estaba predestinada a escuchar este
discurso de los detenidos, lo haya finalmente escuchado. ¿Cómo explicarlo?
¿No será porque de un modo general el sistema penal es la forma. en la que
el poder como poder, se muestra del modo más manifiesto? Meter a alguien en
prisión encerrarlo, privarlo de comida, de calefacción, impedirle salir
hacer el amor..., etc., ahí está la manifestación del poder más delirante
que se puede imaginar. El otro día hablaba con una mujer que había estado en
prisión y ella decía: «cuando se piensa que a mí, que tengo cuarenta años,
se me ha castigado un día en prisión poniéndome a pan sólo». Lo que me llama
la atención en esta historia es no solamente la puerilidad del ejercicio del
poder, sino también el cinismo con el que se ejerce como poder, bajo la
forma más arcaica, la más pueril, la más infantil. Reducir a alguien a pan y
agua, eso se nos enseña de pequeños. La prisión es el único lugar en el que
el poder puede manifestarse de forma desnuda, en sus dimensiones más
excesivas, y justificarse como poder moral. «Tengo razón para castigar
puesto que sabéis que es mezquino robar, matar...». Es esto lo que es
fascinante en las prisiones, que por una vez el poder no se oculta, no se
enmascara, se muestra como tiranía llevada hasta los más ínfimos detalles,
poder cínico y al mismo tiempo puro, enteramente «justificado» ya que puede
formularse enteramente en el interior de una moral que enmarca su ejercicio:
su tiranía salvaje aparece entonces como dominación serena del Bien sobre el
Mal, del orden sobre el desorden.

G. D.: Al mismo tiempo lo inverso es igualmente verdad. No son solamente los
prisioneros los que son tratados como niños, sino los niños como
prisioneros. Los niños sufren una infantilización que no es la suya. En este
sentido es cierto que las escuelas son un poco prisiones, las fábricas son
mucho más prisiones. Basta con ver la entrada en Renault. O en otros sitios:
tres bonos para hacer pipi en el día. Usted ha encontrado un texto de
Jeremias Bentham en el siglo XVIII que precisamente propone una reforma de
las prisiones: en nombre de esta alta reforma, establece un sistema circular
que hace a la vez que la prisión renovada sirva de modelo, y que se pase
insensiblemente de la escuela a la manufactura, de la manufactura a la
prisión e inversamente. Es esto la esencia del reformismo, de la
representación reformada. Al contrario, cuando las gentes a otra semejante
invertida, no oponen una representatividad a la falsa representatividad del
poder. Por ejemplo, recuerdo que usted decía que no existe justicia popular
contra la justicia, eso sucede a otro nivel.

M. F.: Pienso que, bajo el odio que el pueblo tiene a la justicia, a los
jueces, a los tribunales, a las prisiones, no es conveniente ver solamente
la idea de otra justicia mejor, más justa, sino, y en primer lugar, y ante
todo, la percepción de un punto singular en el que el poder se ejerce a
expensas del pueblo. La lucha anti-judicial es una lucha contra el Poder. no
creo que esto sea una lucha contra las injusticias, contra las injusticias
de la justicia, y por un mejor funcionamiento de la institución judicial. Es
asimismo sorprendente que cada vez que ha habido motines, revueltas y
sediciones, el aparato judicial ha sido el blanco, al mismo tiempo y al
mismo título que el aparato fiscal, el ejército y las otras formas de poder.
Mi hipótesis, pero no es más que una hipótesis, es que los tribunales
populares, por ejemplo en el momento de la Revolución. han sido una manera,
utilizada por la pequeña burguesía aliada a las masas, para recuperar, para
recobrar el movimiento de lucha contra la justicia. Y para recobrarlo. se ha
propuesto este sistema de tribunal que se refiere a una justicia que podría
ser justa, a un juez que podría dictar una sentencia justa. La forma misma
del tribunal pertenece a una ideología de la justicia que es la de la
burguesía.

G. D.: Si se considera la situación actual. el poder tiene por fuerza una
visión total o global. Quiero decir que todas las formas de represión
actuales, que son múltiples, se totalizan fácilmente desde el punto de vista
del poder: la represión racista contra los inmigrados, la represión en las
fábricas, la represión en la enseñanza, La represión contra los jóvenes en
general. No es preciso buscar solamente la unidad de todas estas formas en
una reacción de Mayo del 68, sino mucho más en una preparación y en una
organización concertadas de nuestro próximo futuro. El capitalismo francés
necesita de un «volante» de paro, y abandona la máscara liberal y paternal
del pleno empleo. Es desde este punto de vista como encuentran su unidad: la
limitación de la inmigración, una vez dicho que se confiaba a los emigrados
los trabajos más duros e ingratos, la represión en las fábricas, ya que se
trata de devolverle al francés el «gusto» por un trabajo cada vez más duro.
La lucha contra los jóvenes y la represión en la enseñanza, ya que la
represión de la policía es tanto más viva cuanto menos necesidad de jóvenes
hay en el mercado de trabajo. Todas las clases de categorías profesionales
van a ser convidadas a ejercer funciones policiales cada vez más precisas:
profesores, psiquiatras. educadores en general, etc. Hay aquí algo que usted
anuncia desde hace tiempo y que se pensaba que no se produciría: el refuerzo
de todas las estructuras de encierro. Entonces, frente a esta política
global del poder se hacen respuestas locales, cortafuegos, defensas activas
y a veces preventivas. Nosotros no tenernos que totalizar lo que es
totalizado por parte del poder, y que no podríamos totalizar de nuestro lado
mas que restaurando formas representativas de centralismo y de jerarquía. En
contrapartida, lo que nosotros podemos hacer es llegar a instaurar
conexiones laterales, todo un sistema de redes, de base popular. Y es esto
lo que es difícil. En todo caso, la realidad para nosotros no pasa en
absoluto por la política en sentido tradicional de competición y de
distribución de poder de instancias llamadas representativas a lo PC o a lo
CGT. La realidad es lo que pasa efectivamente hoy en una fábrica, en una
escuela, en un cuartel, en una prisión, en una comisaría. Si bien la acción
comporta un tipo de información de naturaleza muy diferente a las
informaciones de los periódicos (así el tipo de información de L'Agence de
Presse Libération).

M. F.: Esta dificultad, nuestra dificultad para encontrar las formas de
lucha adecuadas, ¿no proviene de que ignoramos todavía en qué consiste el
poder? Después de todo ha sido necesario llegar al siglo XIX para saber lo
que era la explotación, pero no se sabe quizá siempre qué es el poder. Y
Marx y Freud no son quizá suficientes para ayudarnos a conocer esta cosa tan
enigmática, a la vez visible e invisible, presente y oculta, investida en
todas partes, que se llama poder. La teoría del Estado, el análisis
tradicional de los aparatos de Estado no agotan sin duda el campo del
ejercicio y del funcionamiento del poder. La gran incógnita actualmente es.
¿quién ejerce el poder? y ¿dónde lo ejerce? Actualmente se sabe
prácticamente quién explota, a dónde va el provecho, entre qué manos pasa y
dónde se invierte, mientras que el poder... Se sabe bien que no son los
gobernantes los que detentan el poder. Pero la noción de «clase dirigente»
no es ni muy clara ni está muy elaborada. «Dominar», «dirigir», «gobernar»,
«grupo en el poder», «aparato de Estado», etc., existen toda una gama de
nociones que exigen ser analizadas. Del mismo modo, sería necesario saber
bien hasta dónde se ejerce el poder, por qué conexiones y hasta que:
instancias ínfimas con frecuencia, de jerarquía, de control, de vigilancia,
de prohibiciones, de sujeciones. Por todas partes en donde existe poder, el
poder se ejerce. Nadie, hablando con propiedad ,es el titular de él; y sin
embargo, se ejerce siempre en una determinada dirección, con los unos de una
parte y los otros de otra; no se sabe quién lo tiene exactamente; pero se
sabe quién no lo tiene. Si la lectura de sus libros (desde el Nietzsche
hasta lo que yo presiento de Capitalismo y esquizofrenia) ha sido para mí
tan esencial es porque me parece que van muy lejos en el planteamiento de
este problema: bajo ese viejo tema del sentido, significado, significante,
etc., al fin la cuestión del poder, de la desigualdad de los poderes, de sus
luchas. Cada lucha se desarrolla alrededor de un centro particular del poder
(uno de esos innumerables pequeños focos que van desde un jefecillo. un
guarda de viviendas populares, un director de prisiones, un juez, un
responsable sindical, hasta un redactor jefe de un periódico). Y si designar
los núcleos, denunciarlos, hablar públicamente de ellos, es una lucha, no se
debe a que nadie tuviera conciencia, sino a que hablar de este tema, forzar
la red de información institucional, nombrar, decir quién ha hecho, qué,
designar el blanco, es una primera inversión del poder, es un primer paso en
función de otras luchas contra el poder. Si los discursos como los detenidos
o los de los médicos de las prisiones son luchas, es porque confiscan un
instante al menos el poder de hablar de las prisiones, actualmente ocupado
exclusivamente por la administración y por sus compadres reformadores. E1
discurso de lucha no opone al inconsciente: se opone al secreto. Eso da la
impresión de ser mucho menos importante. ¿Y si fuese mucho más importante?
Existen toda una serie de equívocos en relación a lo «oculto», a lo
«reprimido», a lo «no dicho», que permiten «psicoanalizar» a bajo precio lo
que debe ser objeto de una lucha. Es posible que sea más difícil destapar el
secreto que el inconsciente. Los dos temas que aparecían frecuentemente
hasta hace poco: «la escritura es lo reprimido» y «la escritura es de pleno
derecho subversiva» me parece que traicionan un cierto número de operaciones
que es preciso denunciar severamente.

G. D.: En cuanto a este problema que usted plantea: se ve bien quien
explota, quien se aprovecha, quien gobierna, pero el poder es todavía algo
más difuso -yo haría la hipótesis siguiente: incluso y sobre todo el
marxismo ha determinado el problema en términos de interés (el poder está
poseído por una clase dominante definida por sus intereses)-. De repente, se
tropieza con la cuestión: ¿cómo es posible que gentes que no tienen
precisamente interés sigan, hagan un maridaje estrecho con el poder,
reclamando una de sus parcelas? Es posible que, en términos de inversiones,
tanto económicas como inconscientes, el interés no tenga la última palabra,
existen inversiones de deseo que explican que se tenga la necesidad de
desear, no contra su interés, ya que el interés sigue siempre y se encuentra
allí donde el deseo lo sitúa, sino desear de una forma más profunda y difusa
que su interés. Es preciso estar dispuesto a escuchar el grito de Reich: y
no, las masas no han sido engañadas, ellas han deseado el fascismo en un
momento determinado! Hay inversiones de deseo que modelan el poder, y lo
difunden, y hacen que el poder se encuentre tanto a nivel del policía como
del primer ministro, y que no exista en absoluto una diferencia de
naturaleza entre el poder que ejerce un simple policía y el poder que ejerce
un ministro. La naturaleza de estas inversiones de deseo sobre un cuerpo
social es lo que explica por qué los partidos o los sindicatos. que tendrían
o deberían tener inversiones revolucionarias en nombre de los intereses de
clase, pueden tener inversiones reformistas o perfectamente reaccionarias a
nivel del deseo.

M. F.: Como usted dice, las relaciones entre deseo, poder e interés, son más
complejas de lo que ordinariamente se piensa, y resulta que aquellos que
ejercen el poder no tienen por fuerza interés en ejercerlo, aquellos que
tienen interés en ejercerlo no lo ejercen, y el deseo de poder juega entre
el poder y el interés un juego que es todavía singular. Sucede que las
masas, en el momento del fascismo, desean que algunos ejerzan el poder,
algunos que, sin embargo, no se confunden con ellas, ya que el poder se
ejercerá sobre ellas y a sus expensas, ,hasta su muerte, su sacrificio, su
masacre, y ellas, sin embargo, desean este poder, desean que este poder sea
ejercido. Este juego del deseo, del poder y del interés es todavía poco
conocido. Hizo falta mucho tiempo para saber lo que era la explotación. Y el
deseo ha sido y es todavía un largo asunto. Es posible que ahora las luchas
que se están llevando a cabo, y además estas teorías locales, regionales,
discontinuas que se están elaborando en estas luchas y que hacen cuerpo con
ellas, es posible que esto sea el comienzo de un descubrimiento de la manera
en que el poder se ejerce.

G. D.: Pues bien, yo vuelvo a la cuestión: el movimiento revolucionario
actual tiene múltiples focos, y esto no es por debilidad ni por
insuficiencia, ya que una determinada totalización pertenece más bien al
poder y a la reacción. Por ejemplo, el Vietnam es una formidable respuesta
local. Pero, ¿cómo concebir las redes, las conexiones transversales entre
estos puntos activos discontinuos, de un país a otro o en el interior de un
mismo país?

M. F.: Esta discontinuidad geográfica de la que usted habla significa quizá
esto: desde el momento que se lucha contra la explotación, es el
proletariado quien no sólo conduce la lucha sino que además define los
blancos, los métodos, los lugares y los instrumentos de lucha; aliarse al
proletariado es unirse a él en sus posiciones, su ideología, es retomar los
motivos de su combate. Es fundirse. Pero si se lucha contra el poder,
entonces todos aquellos sobre los que se ejerce el poder como abuso, todos
aquellos que lo reconocen como intolerable, pueden comprometerse en la lucha
allí donde se encuentran y a partir de su actividad (o pasividad) propia.
Comprometiéndose en esta lucha que es la suya, de la que conocen
perfectamente el blanco y de la que pueden determinar el método, entran en
el proceso revolucionario. Como aliados ciertamente del proletariado ya que,
si el poder se ejerce tal como se ejerce, es ciertamente para mantener la
explotación capitalista. Sirven realmente la causa de la revolución
proletaria luchando precisamente allí donde la opresión se ejerce sobre
ellos. Las mujeres, los prisioneros, los soldados, los enfermos en los
hospitales, los homosexuales han abierto en este momento una lucha
específica contra la forma particular de poder, de imposición, de control
que se ejerce sobre ellos. Estas luchas forman parte actualmente del
movimiento revolucionario, a condición de que sean radicales sin compromisos
ni reformismos, sin tentativas para modelar el mismo poder consiguiendo como
máximo un cambio de titular. Y estos movimientos están unidos al movimiento
revolucionario del proletariado mismo en la medida en que él ha de combatir
todos los controles e imposiciones que reproducen en todas partes el mismo
poder.

Es decir, que la generalidad de la lucha no se hace ciertamente en la forma
de esta totalización de la que usted hablaba hace un momento, esta
totalización teórica, en la forma de "verdad". Lo que produce la generalidad
de la lucha, es el sistema mismo de poder, todas las formas de ejercicio y
de aplicación del poder.

G. D.: Y no se puede tocar un punto cualquiera de aplicación sin encontrarse
enfrentado a este conjunto difuso que desde ese momento se estará forzando a
intentar reverter, a partir de las más pequeñas reinvindicación. Toda
defensa o ataque revolucionario parciales se ensamblan así con la lucha
obrera.