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Un articulo de Gonzalo Moyano:Salud, marginación y exclusión social

Salud, marginación y exclusión social

Apuntes sobre la (in)justicia y el acceso a la salud

 

 

Dr. Gonzalo Moyano*

 

 

1.      De la marginación de necesarios eventuales a la exclusión de deshechables permanentes

 

Si un individuo produce a otro un daño físico tal, que el golpe le causa la muerte, llamamos a eso homicidio; si el autor supiera, de antemano, que el daño va a ser mortal, llamaremos a su acción asesinato premeditado. Pero si la sociedad reduce a centenares de proletarios a un estado tal, que, necesariamente, caen víctimas de una muerte prematura y antinatural, de una muerte tan violenta como la muerte por medio de la espada o de una maza; si impide a millares de individuos las condiciones necesarias para la vida, si los coloca en un estado en que no pueden vivir, si los constriñe, con el fuerte brazo de la ley, a permanecer en tal estado hasta la muerte, muerte que debe ser la consecuencia de ese estado; si esa sociedad sabe, y lo sabe muy bien, que esos millares de individuos deben caer víctimas de tales condiciones, y, sin embargo, deja que perdure tal estado de cosas, ello constituye, justamente, un asesinato premeditado, como la acción del individuo, solamente que un asesinato más oculto, más pérfido, un asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no lo parece, porque no se ve al autor, porque es la obra de todos y   de ninguno, porque la muerte de la víctima parece natural y porque no es tanto un pecado de acción como un pecado de omisión. Pero ello no deja de ser un asesinato premeditado.

Federico Engels. La situación de la clase obrera en Inglaterra

 

 

La cuestión de la integración y la marginación formó parte del proceso de constitución de la sociedad capitalista que –hasta ahora– nos organiza.

La promesa de progreso presidió los cambios que se fueron produciendo, por lo menos desde el siglo XVII. El centro de la transformación, claro, fue Inglaterra. En 1607, un documento oficial destinado a ser utiliza­do por los Señores del Reino planteaba en una sola frase las expectativas acerca del cambio social:

“El hombre pobre verá colmados sus deseos: la vivienda; y el gentilhombre no verá peligrar los suyos: las mejoras” .[1]

Es bastante lícito, luego de cuatro siglos, sospechar que si eso se decía, era que se estaba previendo lo contrario: así, se propuso –y se impuso– la política del alambramiento[2] de la tierra (enclosure), y bien se ha dicho que la revolución incipiente en esa época fue la de los ricos contra los pobres[3].

“Los señores y los nobles cambiaban com­pletamente el orden social y quebrantaban los viejos dere­chos y costumbres, utilizando en ocasiones la violencia y casi siempre las presiones y la intimidación. En sentido estricto, robaban su parte de los bienes comunales a los pobres y destruían las casas que éstos, gracias a la fuerza indoblegable de la costumbre, habían considerado duran­te mucho tiempo como algo que les pertenecía a ellos y a sus herederos. El tejido de la sociedad se desgarraba; las aldeas abandonadas y las casas en ruinas constituían un buen testimonio de la violencia con la que la revolución arrasaba, poniendo en peligro las defensas del país, devas­tando sus pueblos, diezmando su población, transforman­do en polvo una tierra agotada, hostigando a sus habi­tantes y transformándolos, de honestos labradores que ha­bían sido, en una turba de mendigos y ladrones.”[4]

Tal situación provocó la necesidad de considerar cómo iban a implementarse modos de cohesión social que no se llevaran por delante toda la organización colectiva. Una serie de normas conocidas como Ley de Pobres (Speenhamland[5], ley de domicilio, y otras estrategias como las workhouse, etc.), complementarias, contradictorias, opuestas, sucesivas, fueron organizando el modo en que se supone que se evitaba que los pobres fueran arrasados ya por la violencia explícita ya por el hambre o por el abanico de sometimientos que se despliegan entre una y otra, casi siempre fracasando.

Así, se ensayaron diversas estrategias, que dejaron –todas ellas– un tendal de miseria, muerte y desolación, en aras del progreso y de un futuro promisorio. Así se ofrecieron muchas vidas para construir la llamada economía de mercado.

En el corazón de la Revolución industrial del siglo XVIII se puede comprobar un perfeccionamiento casi mi­lagroso de los instrumentos de producción y a la vez una dislocación catastrófica de la vida del pueblo.

Intentaremos desentrañar cuáles fueron los factores que determinaron las formas adoptadas por esta disloca­ción tal y como se manifestó en su peor aspecto en la Ingla­terra de mediados del siglo pasado. ¿En qué consistió satanic mill, este molino del diablo, que aplastó a los hombres y los transformó en masas?...........................

En 1834, el capitalismo industrial estaba a punto de ponerse en marcha y la reforma de la legislación de pobres dio la señal de salida. La Ley de Speenhamland, que había protegido a la Inglaterra rural y por tanto a la población trabajadora en general contra la fuerza del mecanismo de mercado, corroía a la sociedad hasta la médula. En el momento de su abolición, masas enormes de trabajadores parecían más bien espectros que pueblan las noches de pesadillas que seres humanos. Pero, si los obreros estaban físicamente deshumanizados, las clases poseedoras estaban moralmente degradadas. La unidad tradicional de una sociedad cristiana dejaba paso, en el caso de los ricos, al rechazo a reconocer su responsabilidad en la situación en la que se encontraban sus semejantes. [6]

 

Incluso fue necesario que esa sociedad alumbrara un pensamiento ético y filosófico que justificara el uso de las personas para los fines materiales que se proponían. Curiosamente, el pensador más conocido que explicó la conveniencia y pertinencia del satanic mill, se llamó John Stuart Mill.

En la actualidad, el sistema ha producido un estado de cosas que guarda paralelismos pero también muestra profundas diferencias con aquel momento inicial.

 Nuevamente existe una grave crisis con la llamada “cuestión social”, pero en lugar de requerir de manera forzosa (y dependiente de las necesidades progresivas del capitalismo) el reclutamiento (y entonces la integración al sistema) de los trabajadores, ha generado una expulsión violenta de una fracción de la población, que ha pasado a ser desechable. Incluso las naciones desarrolladas contienen un sector que está por fuera del sistema (por ser pobre, por pertenecer a alguna etnia minoritaria, por ser inmigrante).

En sus comienzos el capitalismo llegó a perseguir a los trabajadores (reales o potenciales) para ser sometidos a trabajos forzosos (estar desocupado era un delito y reincidir en él se pagaba con la horca). Maurice Dobb afirma: "cuando la falta de trabajadores se agudizaba o surgía una demanda excepcional de fuerza humana de trabajo, se echaba mano a medidas especiales, como el reclutamiento forzoso de trabajadores". En esos tiempos se fijaban por ley salarios máximos y rigurosas penas a todo intento concertado de trabajadores por mejorarlos, y aun por aceptar un salario más elevado; hace obligatorio el trabajo en agricultura para toda persona sin ocupación; la Corona concede a los empresarios mineros el derecho al reclutamiento forzoso o les asigna presidiarios, que son ahorcados si se fugan; el desempleo es un delito brutalmente castigado, los vagabundos son "azotados con látigos por los agentes”, “marcado(s) en el pecho con un hierro candente” y “condenado(s) a ser esclavo(s) por dos años de cualquier persona que denunciara a ese vagabundo”, “la mendicidad era punible ... en caso de reincidencia, con la muerte” [7].

Hoy la desocupación es la norma (no la excepción), se la institucionaliza y se la utiliza políticamente, vía el clientelismo[8]. Y se la produce (como a la mendicidad), lo que no quiere decir que, a la vez, no se la castigue y se la estigmatice.

Dice Bauman: “El prefijo ‘des’ sugiere anomalía; ‘desempleo’ es un nombre para una condición manifiestamente temporal y anormal, de suerte que la enfermedad es de naturaleza ostensiblemente pasajera y curable” [9] .

Actualmente, sin embargo, asistimos a la exclusión, fase superior de la marginación: ya no se trata de un sector que se cobija en los márgenes sino de quienes han sido ubicados ya por fuera de ellos.

Debería quedar claro que, contra la idea –digamos– romántica que atribuye apenas algunos desmanes al período de la génesis del capitalismo, éste se basó en la masacre de los trabajadores ocurrida bajo el paraguas de la creación de una sociedad “más justa” (el nazismo también postulaba que las turbulencias de su instauración se justificaban en el objetivo de le plenitud que proveería el Tercer Reich, con la frase “seremos felices al llegar”[10], así como se hizo para justificar otros genocidios, incluso el argentino). El progreso que desde entonces ocurrió en ámbitos diversos, y especialmente en el cuerpo normativo de leyes y otros instrumentos jurídicos, no debe ocultar que éstos sólo se aplican cuando hay una fuerza social que obliga a hacerlo, y que hay innumerables normas no escritas (centralmente por injustas) que se aplican a rajatabla porque la fuerza social dominante encuentra un marco no jurídico que las sostiene.

 Este tiempo ilustra que el capitalismo, que no centró su dinámica en la justicia en su surgimiento, tampoco lo hará en su decadencia, y la exclusión no es una preocupación verdadera del sistema, salvo para servirse de ella.

 

2.     La Salud: De la recuperación para la producción a la atención (solo) de clientes.

El universalismo que queremos hoy es aquel que

 tenga como punto común la dignidad humana.

A partir de allí, surgen muchas diferencias que deben ser respetadas.

Tenemos el derecho de ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza,

 y el derecho de ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza.

Boaventura de Sousa Santos

Conferencia en el Foro Social Mundial

 

Basta la salud, se dice por ahí. No es, sin embargo, sencillo que baste si no se sabe qué es. Canguilhem la define como la capacidad de decidir cómo gastar la propia vida, y en ese caso, si uno tiene la capacidad de hacerlo, efectivamente, basta con ello. ¿Qué más?

Pero en cuanto a lo que “se dice”, hay algo más para agregar.

Normalmente se entiende que la salud es función privativa de la medicina (si bien es cierto que ella concede algunos lugares selectos para que otras disciplinas digan algo sobre salud), y que la medicina es una ciencia objetiva, incluso “dura”. Malentendidos hubo siempre.

La medicina moderna ha surgido acompasada con el nacimiento del capitalismo, y se ha ido convirtiendo cada vez más en agencia de éste. La organización de la medicina (la real, la que se practica, la que dirige y la que controla, la que hace sentido en la vida cotidiana) se ha realizado de un modo totalmente funcional al sistema. Se creó por necesidades de él y desarrolló sus instituciones emblemáticas al servicio de él. El hospital moderno se creó por razones vinculadas con desarrollo del sistema capitalista. Antes eran “morideros” (hasta mediados del siglo XVIII nadie salía –vivo– del hospital)[11], pero las guerras y la revolución industrial requirieron que la gente fuera reparada y sobreviviera; y que se controlara la entrada de enfermedades en los puertos, pero se permitiera el tránsito de mercancías. Los manicomios, el uso de los medicamentos, la medicalización de los procedimientos y eventos naturales –incluso el nacimiento y la muerte, y ahora cada vez más eventos y situaciones: la muerte de otros, los sinsabores de la vida, la calvicie, l@s niñ@s inquiet@s– y de las emociones han sido funcionales al modo de organizar el mundo según las leyes del mercado. Todo se medicaliza y se medica. A todo le llega la norma (lo que transforma la distancia a ella en “anormalidad”) y la pastilla (para ceñirlo a la norma)[12].

Este marco es el único adecuado en el que debe analizarse la función del sistema de salud y su relación con la medicina. Puede pensarse en el sistema el argentino, que es fragmentado y excluyente, cuyo sector (o subsector) público es el único que ha dado respuestas (a pesar de su alentado y sostenido deterioro, con pocas oscilaciones, desde 1952), sobre todo en tiempos de crisis, cuando el subsector de Obras Sociales (O. S.) no pudo y el privado no quiso, defendiendo sus utilidades, ya que no contiene otra lógica que la del lucro, y en cada discusión privilegia ese papel. El de las O. S. ha respondido a una lógica que pudo haber sido discutible (que hace que la atención de la salud dependa de la relación laboral, lo que impide al menos como se impuso en Argentina cualquier tipo de sistema integral), pero hoy es –además inviable, con la desocupación estructural, el trabajo en negro y la baja del salario. El sector público termina conteniendo aún una lógica basada en la caridad (y es así que se respalda su desfinanciamiento crónico) en disputa con otra basada en el derecho a la salud, que no termina de instalarse, y que podría ser un modo de revertir (claro que no exclusivamente) la inequidad que sostiene. Ésta se ahonda en tiempos de crisis[13], cuando por ella el Estado la desfinancia aún más, al tiempo que los otros subsectores se repliegan y –sobre todo una fracción de las clases más acomodadas –devenidas en menos acomodadas compite con los más postergados por ser asistida con los mismos recursos escasos del subsector público. El capital cultural de los primeros termina por desplazar a los segundos. Este sistema desintegrado y desfinanciado establece en su dinámica un acceso diferencial, ahondando la marginación y la exclusión.

Como comentamos más arriba, la organización social ha requerido, desde su constitución, diferentes formas de marginación, y en la actualidad ha pasado a la exclusión, su fase superior. Allí el excluido pierde toda expectativa de inclusión, debido a que ninguna función se espera de él (no es ejército de reserva, no está parado a la espera de ser superada la crisis; está afuera). Las pocas que se le pueden encomendar requieren de muy poca gente, y se lo hace en condiciones cada vez más degradantes, es decir, a condición de no cuestionar en lo más mínimo su carácter de excluido. Por otro lado, el sistema de salud, antes que nada, es histórica y estructuralmente funcional a este estado de cosas, y ha ido acompañando, en términos generales, las transformaciones del capitalismo (y acompaña la actual), en cuestiones de control social, de biopolítica y de expropiación de la salud de las personas. Si bien no es nuevo, en los últimos 15 a 20 años ha desarrollado mucho más –y se ha acentuado en el período más reciente– aspectos del negocio de la salud, con una aún más fuerte imbricación estructural con el capitalismo, la globalización, etc. Ya crea enfermedades para que los medicamentos sean usados, genera sentidos del “ser saludable” que son vendidos con dispositivos funcionales al negocio de la salud. El 80% de la masa de dinero que las empresas de la Industria Farmacéutica (IF) mueven en el mundo lo hacen entre Europa (30%) y EE.UU. (50%), por lo que es esa masa la que determina no sólo lo que se produce, sino lo que se investiga, y por ende lo que se busca y lo que se diagnostica. Todo el tiempo nacen enfermedades nuevas o se extienden los límites de las que hay, a fin de dar cabida a medicamentos cada vez más caros y cada vez más inseguros, que resuelven cada vez menos problemas de las personas [14]. Del presupuesto de la Industria Farmacéutica, más del 70% se utiliza para funciones administrativas y –sobre todo– de marketing. Del resto, buena parte de lo que se usa para investigación es sobre medicamentos ya conocidos y cuyos aspectos innovativos son escasos o nulos (por eso luego pasan a la sección marketing, para que se encuentre el modo de venderlos como novedosos, con el mínimo esfuerzo investigativo). Se calcula que solo el 1,5% de la masa de dinero que maneja la IF lo hace en descubrir drogas innovadoras. Todo esto establece que los medicamentos se basen en las personas que tienen recursos para comprarlos, y que puedan ser objetivo del marketing. Los marginados y los excluidos no pueden ni lo uno ni lo otro, por lo que ni se investiga ni se invierte en resolver sus problemas. Nueva marginación y nueva exclusión.

Pero el sistema de salud sí puede (no el que tenemos) servir para incluir, y resolver (al menos en parte, al menos proponerse resolver, al menos no sostenerlos) los problemas de toda la sociedad. Para eso debe cambiar el carácter que tiene. Su lógica debe ser la del derecho a la salud, y por ello debe organizarse en torno a un acceso universal, con características que respeten la diversidad (de etnia, de género, de clase, etc.). Su financiación debe descansar en criterios equitativos y sus fuentes deben ser las rentas generales de la sociedad. Que es la que antes produjo las inequidades y las expropiaciones. Parte fundamental de su estrategia debe ser la (mal) llamada Atención Primaria de la Salud[15] , que incluye, como parte sustancial (en especial, por la doble pertinencia de involucrar a los actores y devolverles su derecho a gestionar su salud; vg: desexpropiar), la participación social comunitaria en la toma de decisiones, así como las dimensiones económicas, sociales y ecológicas (por nombrar sólo algunas) que determinan la salud de la población.

 

3.    De la universidad a la universalidad

 

¿Qué pretendemos de la universidad y de la ciencia? Buscar y hallar instrumentos para contrarrestar la marginación y la exclusión que la sociedad produce. Para ello se requiere aceptar el desafío (que incluye considerar que la marginación y la exclusión son éticamente injustas y socialmente producidas) y la consecuencia de ello, es decir, proponerse una tarea investigativa que se ponga al servicio de estudiar las causas y las razones de estos fenómenos y los procesos involucrados, para  producir vías para la resolución de esas condiciones. Que la universidad sea espectadora de esta situación, sin comprometerse, nos parece que acerca la situación a una de complicidad. Establecer las causas y las razones y no buscarles remedio nos parece una contradicción insalvable. El camino que tenemos es la búsqueda de justicia y equidad. Y en particular, en la universidad, nos parece que es el rumbo.

 

 



* Docente e investigador de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina, UBA; coordinador adjunto para el Cono Sur de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social.

[1] Pocos años antes, las primeras invenciones, similares a las que luego posibilitaron la Revolución Industrial, terminaron con sus inventores en la horca, como lo cuenta Marx en El Capital.

[2] La política de “alambramiento” o “cercamiento” (enclosure) fue uno de los modos fundamentales de privatizar la tierra en la transición del modo de producción feudal al capitalismo. Incluyó la cooptación de campesinos que se ilusionaron con la “propiedad” de la tierra, y luego la perdieron.

[3] Polanyi, Karl. La gran transformación. Ed. La piqueta. España. 1944.

[4] Polanyi, Karl. Op. cit.

[5] La ley de Speenhamland no era una ley sino un acuerdo para brindar recursos mínimos a los potenciales trabajadores para permitirles sobrevivir, equivalentes a una hogaza de pan por día, y algo más por cada hijo. Provocó, con el tiempo, una gran desorganización social entre los trabajadores. Casi como nuestros planes Jefes y Jefas.

[6] Polanyi, Karl. Op. cit.

[7] Moyano, Fernando. ¿Movimiento obrero jurásico? Revista Alfaguara Nº 18. Accesible en http://usuarios.lycos.es/Alfagua/LUDDITAS.html

[8] Para un estudio detallado del uso de la marginalidad y la exclusión en Argentina, véase el excelente trabajo de J. Auyero, La Zona Gris. Siglo XXI. Argentina 2007.

[9] Bauman, Zygmunt. Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Paidós. Argentina. 2006.

[10] Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto. Sequitur. Madrid. 1997.

[11] Foucault, M. “¿Crisis de la Medicina o crisis de la Antimedicina?” yLa incorporación del hospital en la tecnología moderna”, en Estrategias de Poder. Paidós 1999.

[12] Canguilhem dice también (en “La salud: concepto vulgar y cuestión filosófica”) que “no hay ciencia de la salud (sino que) es un concepto vulgar (no) trivial sino común, al alcance de todos”. Postulamos que la “elevación” de lo vulgar al estatus “científico” (lo que cuestiona lo científico de la elevación) es función de la expropiación de lo vulgar por la medicina, y esto hace a su función normatizadora y de agencia del sistema.

[13] Es interesante en este sentido el modo en el que organismos internacionales como la OPS validaron como enseñanza adquirida por el Estado, en la crisis 2001/2002, sobre el papel del sistema de salud, que “(ahora se sabe que) siempre hay lugar para un ajuste más” (véase: Zeballos, J. L. “Argentina: efectos sociosanitarios de la crisis, 2001-2003”. Publicación Nº 57. OPS. 2003. Para un análisis crítico véase: Moyano, G y Escudero, J. C. La salud en Argentina: ¿en manos de quién? Disponible en http://www.fmed.uba.ar/depto/ddhh/multisectorial/argentina.doc)

[14] Desde hace más de una década, la tercer causa de internación en EEUU (la región que usa el 50% de la masa de dinero en medicamentos y determina el rumbo de todo lo ateniente e ello) es la complicación por el uso de medicamentos. Las ventajas obtenidas en curación, salud y bienestar están siendo comprometidas cada vez más en función al carácter primordial y excluyente del medicamento como mercancía.

[15] El concepto de Primary Health Care se ha “traducido” de un modo que pierde algo del sentido original, al reducir lo primario a lo elemental (y no a lo prioritario) y designar atención en vez del mucho más abarcativo “cuidado de la salud”.

Las Corporaciones de la salud

 

Estimadas y estimados
un reportaje  sobre el "disease mongering"
 
Vendo enfermedades a la carta. Y remedios
Javier Sampedro, diario El Pais (España)  09/10/2008
Los laboratorios definen nuevas patologias en busca de mas nichos de mercado - Las companhias estan detras de informes cocinados para crear necesidades 

El raloxifeno (Evista, de Lilly) reduce un 75% el riesgo de fractura en las mujeres posmenopáusicas. El ropirinol (Requip, de Glaxo) alivia el síndrome de las piernas inquietas, que afecta al 20% de la población, y el metilfenidato (Ritalina, de Novartis) mitiga el de hiperactividad, padecido por el 8% de los niños. Prolifera la disfunción sexual femenina, crece el trastorno bipolar, arrecia la osteopenia.

Todo lo anterior es verdad. Pero no es toda la verdad, porque las estadísticas están anguladas: aunque sean técnicamente correctas, miran al problema desde una perspectiva artificiosa. Y son la clave del emergente debate sobre el "tráfico de enfermedades" (disease mongering).

"Tráfico de enfermedades" es una expresión muy cargada, y lo es de forma intencionada. Ha sido promovida por el periodista australiano Ray Moynihan, que ahora trabaja en la Escuela de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Newcastle (Australia). Y quiere denunciar "la venta de enfermedades mediante la ampliación de las fronteras de lo patológico, a fin de abrir mercados para quienes venden y administran los tratamientos" (PLoS Medicine, mayo de 2008).

Aunque la expresión disease mongering ha sido malversada por el movimiento antipsiquiátrico y la secta de la Cienciología, el debate es serio y ha llegado a la literatura técnica. Y también a los responsables de la salud pública. La Consejería madrileña de Sanidad, por ejemplo, exigió el año pasado a las firmas Lilly y Procter & Gamble que suavizaran la promoción de sus fármacos (Evista y Actonel) para prevenir las fracturas.
"En Europa, las compañías farmacéuticas ya están comercializando sus medicamentos para prevenir las fracturas en mujeres con osteopenia [ligero déficit de masa ósea] y otras condiciones que, según sus cálculos, afectan a casi la mitad de las mujeres posmenopáusicas", afirma el médico Pablo Alonso, del departamento de Epidemiología Clínica y Salud Pública del hospital de Sant Pau.

Alonso es el autor principal de un estudio sobre el disease mongering y la osteopenia publicado este año por el British Medical Journal. Su conclusión es que "se han exagerado los riesgos de la osteopenia, y se han subvalorado los efectos secundarios de los fármacos". Se refiere a cuatro principios activos: raloxifeno, alendronato, risedronato y ranelato de estroncio.

Estos fármacos han probado su eficacia para prevenir las fracturas en las mujeres con osteoporosis. La cuestión es si hay que extenderlos a la mucho más común osteopenia. La industria se apoya para ello en cuatro trabajos científicos publicados en los últimos años, como el que abría este artículo: "El raloxifeno reduce un 75% las fracturas por osteopenia". Parece un argumento contundente. Pero la estadística está sesgada. El matemático John Allen Paulos explica este tipo de sesgo en su libro Un matemático lee el periódico: hay una planta química contaminante en las cercanías, y un estudio concluye que el riesgo de un raro tipo de cáncer se ha duplicado en el barrio. Naturalmente, todo el mundo se larga de allí.

Pero no deberían, porque ese cáncer es tan infrecuente (digamos que afecta al 0,0003% de la población general) que la duplicación de su riesgo (hasta el 0,0006%) es despreciable. En el caso de las mujeres con osteopenia, su riesgo de fractura es tan bajo que reducirlo un 75% es poco relevante: habría que medicar a 270 mujeres durante tres años sólo para evitar una fractura, según calculan Alonso y sus colegas.
Pero hay más. Los posibles efectos secundarios del ranelato -causa diarrea, y hay dudas sobre sus consecuencias cardiovasculares y neurológicas- no se mencionan en ningún momento. Tampoco los del raloxifeno, pese a que incrementa el riesgo de trombos venosos y ataques cardiacos. Ni las secuelas gastrointestinales del alendronato.

Para acabar, el trabajo sobre el fármaco de Lilly lleva la firma de tres empleados de Lilly; el del fármaco de Merck no sólo fue financiado por Merck, sino que tres de sus autores reconocen conflictos de intereses; el del medicamento que distribuye en España Procter & Gamble incluye a dos expertos de Procter & Gamble; y el del fármaco del laboratorio Servier lleva la firma de tres consultores de Servier, que además financió el estudio.
Hasta la misma definición de osteopenia está bajo el punto de mira de los expertos en tráfico de enfermedades. El criterio se basa en la densidad mineral de los huesos. Si es mucho menor de lo normal (2,5 desviaciones estándar bajo la media), se diagnostica osteoporosis. Si no tanto (entre 1,0 y 2,5 desviaciones estándar bajo la media), se diagnostica osteopenia.

En realidad, esos criterios fueron publicados en 1994 por un pequeño grupo de estudio asociado a la Organización Mundial de la Salud (OMS), y no pretenden ser una pauta de diagnóstico -sus propios autores los tildan de "algo arbitrarios"-, sino una mera ayuda para normalizar los estudios epidemiológicos. Alonso subraya además que el grupo de la OMS tenía financiación de los laboratorios Rorer, Sandoz y SmithKline Beecham.
La indefinición de los criterios diagnósticos es un asunto común en el debate del tráfico de enfermedades. Los investigadores Lisa Schwartz y Steven Woloshin, de la Universidad de Darmouth, afirman que la incidencia del síndrome de las piernas inquietas "se ha exagerado para abrir mercados a nuevos medicamentos". Presentaron las evidencias en el primer congreso internacional dedicado al tráfico de enfermedades, celebrado hace dos años en Newcastle, Australia.
En la misma reunión, la psiquiatra de la Universidad de Nueva York Leonor Tiefer documentó el papel de la industria farmacéutica en "la creación de una nueva patología llamada disfunción sexual femenina". Y otro psiquiatra, David Haley, de la Universidad de Cardiff, certificó "la creciente promoción del trastorno bipolar, y de los fármacos para tratarlo".

La discusión se hace más delicada cuando afecta a algunos tipos de cáncer. Por ejemplo, el Gobierno español autorizó hace un año la comercialización de la vacuna contra el virus del papiloma humano para prevenir el cáncer de cuello de útero, y propuso a las comunidades autónomas su inclusión en el calendario de vacunaciones del Sistema Nacional de Salud (SNS). Alemania, Reino Unido, Bélgica, Francia y Dinamarca ya habían tomado medidas similares. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega explicó que el cáncer de cuello uterino es el segundo tumor más frecuente entre las mujeres, y que provoca 280.000 muertes anuales en el mundo. En España surgen cada año 2.100 nuevos casos.

La mayoría de los especialistas avala esa decisión, pero no todos. El SNS "no ha tomado la decisión más racional posible", según un grupo de seis investigadores encabezado por Carlos Álvarez-Dardet, catedrático de salud pública en la Universidad de Alicante y director del Journal of Epidemiology and Community Health.

Estos expertos estiman el coste mínimo de la medida en 125 millones de euros anuales (cada vacuna cuesta 465 euros). Y calculan que, "para cuando se empiecen a prevenir los primeros casos de cáncer, dentro de 30 años, el SNS se habrá gastado 4.000 millones. Prevenir una sola muerte habrá costado entonces ocho millones de euros". Cada año mueren por este cáncer en España 600 mujeres, una tasa de dos muertes por 100.000 mujeres en edad de riesgo.

Con un fármaco de probada eficacia, los argumentos económicos pueden ser secundarios, pero éste no es el caso de la vacuna contra el papiloma, según estos especialistas en salud pública. El cáncer de útero suele tardar décadas en desarrollarse, y el más antiguo ensayo clínico de fase III empezó hace cuatro años. "La vacuna ha sido promocionada como una herramienta eficaz en la prevención del cáncer de cuello uterino", aseguran, "pero esa evidencia científica aún no existe".

Este virus, sin embargo, causa una de las infecciones de transmisión sexual más comunes. Suelen remitir antes de dos años, pero si persisten pueden evolucionar a un cáncer en 20 o 30 años. Hay más de 100 cepas del virus, pero las vacunas autorizadas (Gardasil, de MSD, y Cervarix, de GSK) previenen contra las que causan el 70% de los casos de cáncer de cérvix.

Un equipo de investigadores dirigido por Teresa Ruiz Cantero, del departamento de salud pública de la Universidad de Alicante, ha estudiado las estrategias de comunicación de los laboratorios, centrándose en los medicamentos para la menopausia y la disfunción eréctil.

También aquí, una estrategia común es "ampliar el rango de indicaciones", mediante "la extensión de la enfermedad desde cuadros graves a mínimos síntomas. Los fármacos ahora son consumidos por poblaciones sanas y fuera de las indicaciones iniciales".

Según Ruiz Cantero, se han emitido mensajes del tipo "más de la mitad de los hombres mayores de 40 años tiene problemas de erección", que son "una manipulación clara, unos mensajes sesgados y simplistas que aumentan la percepción de que el problema es muy prevalente, prácticamente epidémico".

Estos expertos recuerdan que el objetivo de la OMS es hacer un uso racional del medicamento, y que no se podrá cumplir si la industria eleva las prevalencias, o no incluye toda la información en la publicidad del fármaco. La OMS, por cierto, también habla de la "búsqueda de la verdad" en medicina.

"Debería propiciarse un concierto de las universidades españolas para regular el uso de su nombre en campañas de marketing de las empresas farmacéuticas", dice Ruiz Cantero. "Y para imponer transparencia sobre la financiación de las investigaciones universitarias". También las asociaciones de pacientes deberían difundir qué empresas las financian.

La web podría ayudar, pero está llena de información sobre fármacos difundida por sus propios fabricantes. Ruiz Cantero cree que el Ministerio de Sanidad tiene que liderar la información en Internet. "Así las demás páginas web institucionales tendrían que actualizar periódicamente su información". Las conclusiones del estudio han sido publicadas por el Instituto de la Mujer.
El director de la Federación Internacional de Productores Farmacéuticos, Harvey Bale, defendió el año pasado, ante una reunión de consumidores de 100 países, la capacidad de la industria para promocionar sus medicamentos de forma ética. Pero sólo después de admitir ciertos "ejemplos de sobrepromoción mayúscula".

La patronal farmacéutica británica ha editado un folleto para periodistas donde admite que el número de enfermedades está creciendo, pero argumenta que las empresas del sector no son las responsables de definirlas. Por su lado, Glaxo niega que la promoción de su fármaco para el síndrome de las piernas inquietas sea un caso de tráfico de enfermedades.
"Parte del problema", afirma Moynihan, "es que la industria se gasta en promoción cerca del 25% de su cifra de ventas, casi el doble que en investigación". Las estrategias de mercadotecnia, según este experto, incluyen anuncios en televisión sobre "fármacos para el estilo de vida", campañas de concienciación pública sobre nuevas enfermedades y la "financiación de asociaciones de pacientes y médicos".

Pfizer manipuló datos sobre el Neurontin
A principios de los años noventa, los laboratorios Pfizer manipularon la publicación de los ensayos sobre su fármaco Neurontin, según ha revelado un sumario judicial en los tribunales de Boston, recogido ayer por The New York Times. El Neurontin es un medicamento contra la epilepsia, y el objetivo de la multinacional era extenderlo a otras indicaciones como el dolor neuropático derivado de la diabetes. Ello ayudó al Neurontin a superar los 2.000 millones de euros de ventas anuales.

Los expertos que han revisado para el juez miles de documentos de la compañía, incluidos correos electrónicos de sus directivos, muestran que Pfizer retrasó a propósito la publicación de algunos estudios que le iban mal -los que no encontraron evidencia de que el Neurontin sirviera para el dolor neuropático- y manipuló otros para mostrar los datos desde un ángulo más deseable para los fines de la empresa.
La demanda fue presentada por grupos de consumidores, compañías de seguros médicos y sindicatos de Boston. Piden que Pfizer les devuelva miles de millones de dólares por prescripciones de Neurontin, y acusan a la compañía de "tergiversar las ventajas del fármaco de manera fraudulenta".

Pfizer niega la acusación y asegura que presentó los datos de una manera "objetiva, precisa, equilibrada y completa".

Se trata de "una estrategia de publicación que pretende convencer a los médicos de la efectividad del Neurontin, y para tergiversar o suprimir los hallazgos negativos", según Kay Dickersin, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. Un sesgo que se da en más de la mitad de los artículos sobre ensayos, según publicó en septiembre PLoS.

En 2000, el investigador principal de uno de los estudios negativos, el británico John Reckless, amenazó a la compañía con publicarlo por su cuenta si no lo hacía ella. En septiembre de ese año, un directivo de la firma escribió en un correo: "El doctor Reckless tiene muchas ganas de publicar, pero ello tendrá varias ramificaciones. Creo que podemos limitar los inconvenientes de ese estudio retrasando la publicación tanto como sea posible". El trabajo no fue publicado hasta 2003, y para entonces los resultados aparecían combinados con otros dos estudios, y los tres juntos indicaban que el Neurontin sí era útil contra el dolor neuropático. En otro intercambio de mensajes electrónicos, un directivo de marketing de la compañía y un escritor profesional discuten cómo adornar unos resultados para su presentación en un congreso.
 
 
saludos
Martín
 
Martín Cañás
GAPURMED
(Grupo Argentino Para el Uso Racional del Medicamento)
macanas@netverk.com.ar

 

una web moffatiana

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La historia de Monsanto

Monsanto: Una historia en entredicho - Brian Tokar - Fuente:

Free-News Globalización. Salud. Ecología 

 

Los anuncios de Monsanto en Gran Bretaña y los EE.UU. presentan a esta compañía como una empresa visionaria, una fuerza de la historia mundial, que trabaja para aportar la ciencia de vanguardia y una actitud ambientalmente responsable a la solución de los problemas más urgentes de la Humanidad. Pero ¿qué es en realidad Monsanto? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo llegó a ser el segundo productor mundial de agroquímicos, uno de los principales proveedores de semillas y dentro de poco, con la inminente fusión con «American Home Products», el mayor vendedor de medicamentos de los EE.UU.? ¿Qué tienen que decir sobre la empresa sus trabajadores, sus clientes y otras personas en cuyas vidas ha influido? ¿Es Monsanto la compañía «limpia y verde» que proclaman sus anuncios, o este nuevo rostro es sólo el resultado de una inteligente operación de imagen?. Una mirada a su historia nos da algunas claves reveladoras, y puede ayudarnos a entender mejor las prácticas actuales de la compañía.

 

Con su sede central en las afueras de San Luis, Missouri (EE.UU.), la Monsanto Chemical Company fue fundada en 1901 por John Francis Queeny. Queeny, un químico autodidacta, llevó la tecnología de fabricación de la sacarina, el primer edulcorante artificial, de Alemania a los Estados Unidos. En los años 20, Monsanto se convirtió en uno de los principales fabricantes de ácido sulfúrico y de otros productos básicos de la industria química, y desde la década de los 40 hasta nuestros días, es una de las cuatro únicas compañías que han estado siempre entre las 10 primeras empresas químicas de EE.UU.1.

 

En los años 40, el negocio de Monsanto giraba en torno a los plásticos y las fibras sintéticas. En 1947, un carguero francés que transportaba nitrato de amonio (utilizado como fertilizante) explotó en un muelle a unos 90 metros de la fábrica de plásticos de Monsanto en las afueras de Galveston, en Tejas. Más de 500 personas murieron en lo que llegó a ser considerado como uno de los primeros grandes desastres de la industria química2. La planta producía estireno y plásticos de poliestireno, que aún se usan en la actualidad para envases de alimentos y otros productos de consumo. En los años 80, la US Environmental Protection Agency (EPA- Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU.), colocó al poliestireno en el quinto lugar de su clasificación de productos químicos cuya producción genera las mayores cantidades totales de residuos peligrosos3.

 

Los PCBs.

 

En 1929, la Swann Chemical Company, adquirida poco después por Monsanto, desarrolló los bifenilos policlorados (PCBs por sus siglas en inglés), que fueron muy alabados por su extraordinaria estabilidad química y su ininflamabilidad. Su uso más frecuente se dió en la industria de equipos eléctricos, que escogió los PCBs como refrigerantes incombustibles de una nueva generación de transformadores. En el transcurso de los años 60, los compuestos de la cada vez más numerosa familia de los PCBs de Monsanto fueron también usados como lubricantes, líquidos hidráulicos, aceites lubricantes de herramientas, revestimientos impermeables y selladores líquidos. Las pruebas de los efectos tóxicos de los PCBs se remontan a los años 30, y científicos suecos que estudiaban los efectos biológicos del DDT comenzaron a hallar concentraciones significativas de PCBs en la sangre, pelo y tejidos grasos de los animales salvajes en la década de los 604.

 

La investigación durante los años 60 y 70 reveló que los PCBs y otros compuestos organoclorados aromáticos eran carcinógenos poderosos, y también los relacionó con un amplio conjunto de trastornos reproductivos, de desarrollo y del sistema inmunológico [ver el artículo de J. Cummins en esta revista]5. La afinidad química de estos compuestos por las grasas es responsable de sus enormes tasas de acumulación y bioconcentración, así como de su expansión a través de la cadena alimenticia marina en el Norte del mundo. El bacalao ártico, por ejemplo, presenta concentraciones de PCBs 48 millones de veces mayores que las de las aguas en las que vive, y los mamíferos predadores, como el oso polar, pueden albergar concentraciones que superan en más de 50 veces las del bacalao. Aunque la fabricación de PCBs se prohibió en los Estados Unidos en 1976, sus efectos tóxicos y perturbadores del sistema endocrino persisten en todo el mundo6.

 

El centro mundial de producción de PCBs era la planta de Monsanto en las afueras de East St. Louis, Illinois. East St. Louis es un suburbio con un empobrecimiento crónico, situado en la orilla del río Mississippi opuesta a St. Louis, y flanqueado por dos grandes plantas metalúrgicas, además de las instalaciones de Monsanto. El escritor sobre temas educativos Jonathan Kozol afirma que «East St. Louis tiene algunos de los niños más enfermos de América». Kozol informa que la ciudad tiene la tasa más alta de muerte fetal y de nacimientos prematuros del estado, la tercera tasa más alta de mortalidad infantil, y uno de los índices más altos de asma infantil en los EE.UU.7.

 

Dioxinas: Una herencia de contaminación.

 

Los habitantes de East St. Louis continúan soportando los horrores de una alta exposición a productos tóxicos, la pobreza, el deterioro de la infraestructura urbana, y el colapso de incluso los más básicos servicios públicos, pero la cercana ciudad de Times Beach, Missouri, fue evacuada en 1982 por orden del gobierno de los EE.UU., debido a que estaba totalmente contaminada con dioxinas. Al parecer, el ayuntamiento, así como varios propietarios privados, pagaron a un contratista para que regara sus calles con aceites de deshecho para mantener el polvo pegado al suelo. El mismo contratista había sido contratado por empresas químicas locales para vaciar sus tanques de lodos contaminados con dioxinas. Cuando 50 caballos, otros animales domésticos y cientos de pájaros silvestres murieron en una plaza cubierta que había sido regada con el aceite, se ordenó una investigación que acabó relacionando las muertes con la dioxina de los tanques de lodos químicos8. Dos niñas que jugaban en la plaza cayeron enfermas, y una de ellas fué hospitalizada durante cuatro semanas con una importante afección renal, y muchos más niños nacidos de madres expuestas al aceite contaminado con dioxina dieron pruebas de anormalidades en el sistema inmunológico y de disfunción cerebral significativa9.

 

Si bien Monsanto ha negado siempre cualquier relación con el incidente de Times Beach, el grupo Times Beach (TBAG), con sede en San Luis, reveló informes de laboratorio que demostraban la presencia de grandes concentraciones de PCBs fabricados por Monsanto en muestras de suelo contaminado de la ciudad10. Steve Taylor, del TBAG, explica que «Desde nuestro punto de vista, Monsanto está en el meollo del problema aquí en Missouri». Taylor reconoce que muchas cuestiones acerca de Times Beach y otros lugares contaminados de la región siguen sin respuesta, pero cita pruebas de que las investigaciones detalladas del lodo con que se regó Times Beach se limitaron a aquellas fuentes que procedían de compañías diferentes a Monsanto.

 

El encubrimiento del caso «Times Beach» alcanzó a los niveles más altos de la administración Reagan entonces en el poder. Las agencias medioambientales durante la época de Reagan se hicieron célebres por los repetidos acuerdos de tapadillo de sus funcionarios con representantes de la industria, en virtud de los cuales, las empresas se beneficiaban de tolerancia ante la ley y de multas muy rebajadas. La administradora de la EPA, nombrada por Reagan, Anne Gorsuch Burford, fue obligada a dimitir tras dos años en el cargo, y su asistente especial, Rita Lavelle, fue encarcelada seis meses por perjurio y obstrucción a la justicia. La Casa Blanca de los tiempos de Reagan ordenó a Burford que no entregara documentos sobre Times Beach y otros lugares contaminados en los Estados de Missouri y Arkansas, alegando «privilegio ejecutivo», y más adelante, Lavelle fué llamada a declarar por haber destruido importantes documentos11. Un periodista de investigación para el periódico Philadelphia Inquirer identificó a Monsanto como una de las compañías químicas cuyos ejecutivos organizaban frecuentes comidas y cenas con Lavelle12. La evacuación solicitada por los residentes de Times Beach se aplazó hasta 1982, once años después del descubrimiento de la contaminación, y ocho años después de que se identificara a la dioxina como la causa de la misma

 

La relación de Monsanto con la dioxina se remonta a la fabricación del herbicida 2,4,5-T, que comenzó a finales de la década de los 40. «Casi inmediatamente, los trabajadores comenzaron a enfermar, con erupciones en la piel, dolores inexplicables en las extremidades, articulaciones y otras partes del cuerpo, debilidad, irritabilidad, nerviosismo y pérdida del deseo sexual», explica Peter Sills, autor de un libro sobre la dioxina a punto de aparecer. «Documentos internos muestran que la compañía sabía que aquellas personas estaban realmente tan enfermas como decían, pero la empresa mantuvo todas las pruebas ocultas13». Una explosión en la planta de herbicidas Nitro de Monsanto en West Virginia en 1949, atrajo aún más atención sobre estas quejas. El contaminante responsable de las dolencias de los trabajadores no fué identificado como dioxina hasta 1957, pero antes de esa fecha, los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. se habían interesado por dicha sustancia como una posible arma química. A consecuencia de una petición de la revista St. Louis Journalism Review, invocando la Ley de la Libertad de Información de EE.UU., se descubrieron casi 600 páginas de informes y correspondencia entre Monsanto y los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. sobre este subproducto de la fabricación de herbicidas; algunos de estos documentos eran de 195214.

 

Agente Naranja: El envenenamiento de Vietnam.

 

El herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las fuerzas militares de los EE.UU. para defoliar los ecosistemas de selva tropical de Vietnam durante los años 60, era una mezcla de 2,4,5-T y 2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante. Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra del Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas de debilidad atribuibles a la exposición al Agente Naranja. Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y los abogados de los veteranos, el juez ordenó a Monsanto pagar el 45,5% del total15.

 

En los años 80, Monsanto emprendió una serie de estudios con el fin de minimizar su responsabilidad, no sólo en la causa del Agente Naranja, sino en reiterados casos de contaminación de sus trabajadores en su planta de West Virginia. Un caso judicial de tres años y medio de duración, derivado de una denuncia de trabajadores ferroviarios expuestos a la dioxina a consecuencia de un descarrilamiento, reveló la existencia de datos manipulados y diseño experimental engañoso en dichos estudios. Un funcionario de la EPA concluyó que los estudios fueron manipulados para apoyar la posición de Monsanto, que defendía que los efectos de la dioxina se limitaban al cloracné (una enfermedad de la piel)16. Los investigadores de Greenpeace Jed Greer y Kenny Bruno describen el resultado: «De acuerdo con testimonios dados en el juicio, Monsanto clasificó mal a trabajadores expuestos y no expuestos, borró arbitrariamente varios casos claves de cáncer, no verificó la clasificación de pacientes con cloracné según los criterios comunes de dermatitis industrial, no dió seguridades de que los registros aportados no estuvieran manipulados e hizo falsas afirmaciones sobre la contaminación por dioxina en los productos de Monsanto17».

 

El caso judicial, en el cual el jurado condenó a Monsanto a un total de 16 millones de dólares en concepto de multa y compensación por daños, reveló que muchos de los productos de la compañía, desde herbicidas caseros al germicida Santophen, utilizado en tiempos en el desinfectante Lysol, estaban contaminados con dioxina y que esta contaminación se conocía. «Las declaraciones de los ejecutivos de Monsanto en el juicio pusieron de manifiesto una cultura empresarial en la que las ventas y los beneficios tenían prioridad sobre la seguridad de los productos y de los trabajadores», informó el periódico Toronto Globe and Mail (Canadá) tras el final del juicio18. Como explica el autor Peter Sills, «simplemente no se preocupaban de la salud y la seguridad de sus trabajadores»; «En vez de intentar mejorar la seguridad, acudieron a la intimidación y amenazaron con despidos para mantener a sus empleados trabajando».

 

Una revisión posterior del Dr. Cate Jenkins, de la EPA's Regulatory Development Branch, puso de manifiesto una relación aún más sistemática de casos de ciencia fraudulenta. El Dr. Jenkins informó en un memorandum en 1990 que «Monsanto remitió información falsa a la EPA, cuyo resultado fueron normativas más laxas en las leyes de regulación (Resources Conservation and Recovery Act y Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide Act)», al tiempo que urgía a la Agencia a que emprendiera una investigación criminal de la compañía. Jenkins citó documentos internos de Monsanto que revelaban que la compañía «adulteró» muestras de herbicidas que se remitieron al Departamento de Agricultura de los EE.UU., se escudó en argumentos de la «química de los procesos» para desviar los intentos de regular el 2,4-D y varios clorofenoles, ocultó pruebas sobre la contaminación del Lysol, y excluyó a varios cientos de sus antiguos empleados más enfermos de sus estudios comparados de salud19.

 

Monsanto ocultó la contaminación con dioxina de muchos de sus productos. En unos casos, Monsanto no informó de la contaminación, en otros dio información falsa con el fin de demostrar que no existía contaminación y, por último, en algunos casos, remitió muestras para que las analizara el gobierno que habían sido preparadas para que la contaminación con dioxina no existiera.

 

Roundup: El herbicida más vendido del mundo.

 

Hoy día los herbicidas de glifosato, tales como el Roundup, representan al menos una sexta parte de las ventas anuales totales de Monsanto, y la mitad de los ingresos por operaciones de la compañía20, o quizá algo más desde que la compañía segregó sus actividades de productos químicos industriales y tejidos sintéticos en una empresa aparte, llamada Solutia (en septiembre de 1997). Monsanto promociona agresivamente el Roundup como un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques de coníferas, donde se utiliza la fumigación aérea para impedir el crecimiento de plantones de frondosas y matorrales, y favorecer así el crecimiento de árboles rentables como abetos y piceas21. La organización North West Coalition for Alternatives to Pesticides (NCAP), con sede en Oregón, revisó más de 40 estudios científicos sobre los efectos del glifosato y de las aminas polioxietilénicas (usadas como agentes tensioactivos en el Roundup), y concluyó que el herbicida es mucho menos inocuo de lo que dicen los anuncios de Monsanto [Más sobre el Roundup en el artículo de J. Mendelson].

 

En 1997, Monsanto respondió a cinco años de quejas del fiscal general del estado de Nueva York de que sus anuncios del Roundup eran engañosos, cambiando sus anuncios en el sentido de borrar las referencias a la «biodegradabilidad» y al carácter «ambientalmente positivo» del herbicida. La empresa hubo de pagar 50.000 dólares de costas en el caso22.

 

En marzo de 1998, Monsanto accedió a pagar una multa de 225.000 dólares por etiquetar mal contenedores de Roundup en 75 ocasiones diferentes. La multa fue la mayor cantidad jamás pagada por violar las normas de protección de los trabajadores contenidas en la FIFRA (Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide Act). Según el diario Wall Street Journal, Monsanto distribuyó contenedores del herbicida, con etiquetas restringiendo la entrada en las áreas tratadas con dicho herbicida, sólamente durante cuatro horas en lugar de las 12 horas necesarias23.

 

Esta es la última de una serie de grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto en los EE.UU., incluyendo 108 millones de dólares por responsabilidad en el caso de la muerte por leucemia de un empleado tejano en 1986, una indemnización de 648.000 dólares por no comunicar a la EPA unos datos sanitarios que le fueron requeridos en 1990, una multa de 1 millón impuesta por el fiscal general del estado de Massachusetts en 1991 por el vertido de unos 750.000 litros de agua residual ácida, otra indemnización de 39 millones en Houston (Tejas), por depositar productos peligrosos en pozos sin aislamiento, y muchos otros casos24. En 1995, Monsanto era la quinta empresa de EE.UU. en el inventario de vertidos tóxicos de la EPA, con 16,8 millones de kg. de productos químicos tóxicos descargados en tierra, aire, agua y subsuelo25.

 

FDA

 

Los productos farmacéuticos de Monsanto tienen también un historial inquietante. El producto estrella de la compañía farmacéutica GD Searle, subsidiaria de Monsanto, es el edulcorante artificial «aspartame», vendido bajo los nombres comerciales de Nutrasweet y Equal. En 1981, cuatro años antes de que Monsanto comprase Searle, un comité consultivo de la FDA (Food and Drug Administration) compuesto por tres científicos independientes, confirmó informes que habían estado circulando desde hacía ocho años, y que afirmaban que «el aspartame podría inducir tumores cerebrales26». La FDA retiró a Searle la licencia de venta del aspartame, pero esta decisión fué anulada por un nuevo comisionado nombrado por el presidente Ronald Reagan.

 

Un estudio de 1996 publicado en la revista científica Journal of Neuropathology and Experimental Neurology ha suscitado de nuevo la preocupación, relacionando el aspartame con un incremento súbito de cánceres cerebrales a poco de introducirse la substancia. El Dr. Erik Millstone, de la Unidad de Investigación sobre Política Científica de la Universidad de Sussex (Inglaterra), cita una serie de informes de los años 80, que relacionan el aspartame con un conjunto amplio de reacciones adversas en consumidores sensibles, incluyendo dolores de cabeza, visión borrosa, entumecimiento, pérdida de audición, espasmos musculares y ataques inducidos de tipo epiléptico, entre otras muchas27. En 1989, Searle tuvo de nuevo problemas con la FDA28, que acusó a la empresa de publicidad engañosa en el caso de su medicina antiúlcera, Cytotec. La FDA dijo que los anuncios estaban dirigidos a una población mucho más amplia y joven de lo que había aconsejado la agencia (FDA). Se le exigió a Searle/Monsanto que retirara de varias revistas médicas un anuncio con el título «Publicado para corregir un anuncio previo que la FDA consideró engañoso29».

 

El «Mundo Feliz» de la biotecnología.

 

La agresiva promoción que Monsanto realiza de sus productos biotecnológicos, desde la hormona recombinante del crecimiento bovino (rBGH) a la soja «Roundup Ready» y a sus variedades de algodón resistentes a los insectos, resulta a ojos de cualquier observador como una continuación de sus largas décadas de prácticas éticamente discutibles.

 

Originalmente, Monsanto fué una de las cuatro empresas que querían poner en el mercado una hormona sintética del crecimiento bovino, producida por la bacteria E. coli manipulada genéticamente para producir la proteína bovina. Otra de las empresas fué American Cyanamid, ahora propiedad de American Home Products, la cual está en un proceso de fusión con Monsanto. Como describe en esta revista Jennifer Ferrara, el esfuerzo de Monsanto, que duró 14 años, para lograr la aprobación de la FDA a la comercialización de la BGH recombinante, estuvo lleno de controversias, llegándose a denunciar un esfuerzo coordinado para suprimir información sobre los efectos perjudiciales de la hormona. Un veterinario de la FDA, Richard Burroughs, fue despedido después de acusar a la empresa y a la agencia de suprimir y manipular datos para ocultar los efectos de la rBGH en la salud de las vacas lecheras30.

 

En 1990, cuando parecía inminente la aprobación de la rBGH por parte de la FDA, un patólogo veterinario del laboratorio de investigación agraria de la Universidad de Vermont, proporcionó a dos legisladores del estado varios datos anteriormente suprimidos, que describían un aumento significativo en las tasas de infección de ubres en vacas inyectadas con la hormona (entonces experimental) de Monsanto, además de una incidencia anormal en los defectos de nacimiento consistentes en graves deformaciones en los descendientes de las vacas tratadas con rBGH31. Una revisión independiente de los datos de la Universidad realizada por un grupo regional de defensa de los agricultores, denunció nuevos problemas de salud para las vacas debidos a la rBGH, como gran incidencia de lesiones en pezuñas y patas, dificultades reproductivas y metabólicas e infecciones uterinas. La GAO (US Congress's General Accounting Office), intentó investigar el caso, pero no pudo obtener los documentos necesarios de Monsanto y de la Universidad que le permitiera llevar a cabo su investigación, en concreto respecto a los efectos teratogénicos y embriotóxicos que se sospechaban. La GAO concluyó que las vacas inyectadas con la rBGH tenían tasas de mastitis (infección de las ubres) superiores en un tercio a las vacas sin tratar, y recomendó que se investigará más el riesgo de niveles elevados de antibióticos en la leche producida usando rBGH32.

 

La hormona de Monsanto se aprobó por la FDA para su venta comercial a principios de 1994. El año siguiente, Mark Kastel, de la Unión de Agricultores de Wisconsin, hizo público un estudio de las experiencias de los granjeros de Wisconsin con la droga. Sus hallazgos excedieron los 21 problemas potenciales de salud que Monsanto fué obligada a incluir en la etiqueta de advertencia de su marca Posilac (nombre comercial de la rBGH). Kastel halló muchos informes de muertes espontáneas entre vacas tratadas con rBGH, alta incidencia de infecciones de ubres, graves dificultades metabólicas y problemas en los partos y, en algunos casos, imposibilidad de apartar a las vacas tratadas de la substancia, a la que se habían habituado. Muchos ganaderos experimentados que usaron la rBGH tuvieron que reemplazar de repente una buena parte de sus rebaños33. En lugar de responder a las causas de las quejas de los ganaderos sobre la rBGH, Monsanto emprendió la ofensiva, amenazando con querellarse contra las pequeñas empresas lecheras que anunciaban sus productos como libres de la hormona artificial, y participando en una demanda interpuesta por varias asociaciones industriales de comercio contra la primera (y única) ley de etiquetado obligatorio para la rBGH en los EE.UU.34. Todo ello mientras aumentaban las pruebas de los efectos perjudiciales de la rBGH en la salud de las vacas y de las personas35.

 

La soja «Roundup-Ready».

 

 

 

Los esfuerzos para impedir el etiquetado de las exportaciones estadounidenses de soja y maíz manipulados genéticamente, parecen indicar que Monsanto sigue aplicando las tácticas ingeniadas por la compañía para sofocar las quejas contra la hormona de la leche. Si bien Monsanto argumenta que su soja «Roundup Ready» (conocida también por su abreviatura RRS) acabará por reducir el consumo de herbicidas, el uso generalizado de variedades de cultivos tolerantes a los herbicidas significará, más bien, un aumento de la dependencia de los agricultores del herbicida. Las malas hierbas que aparecen después de que el herbicida original se haya dispersado o degradado, se tratan a menudo con más aplicaciones de herbicida36. «Esto aumentará el uso del herbicida» declaró Bill Christison, un agricultor de soja de Missouri a Kenny Bruno de Greenpeace Internacional. «Si hay algo que ayude a vender la RRS es el hecho de que se puede cultivar una área llena de malas hierbas y usar productos químicos para combatir el problema, lo cual no es lo que se debería hacer37». Christison refuta la afirmación de Monsanto de que las semillas resistentes a los herbicidas son necesarias para reducir la erosión del suelo fruto del laboreo excesivo, y cuenta que los agricultores del Medio Oeste han desarrollado numerosos métodos propios para reducir el uso total de herbicidas.

 

Por otra parte, Monsanto ha aumentado su producción de Roundup en los últimos años. Con la patente de Roundup en los EE.UU. a punto de expirar (año 2000), y con una competencia de productos genéricos de glifosato surgiendo en todo el mundo, el «paquete» de herbicida Roundup y semillas «Roundup Ready» se ha convertido en la piedra angular de la estrategia de Monsanto para seguir aumentando sus ventas de herbicida38. Los posibles efectos ambientales y sanitarios de los cultivos tolerantes al Roundup no han sido investigados completamente; por ejemplo, los efectos alergénicos, el caracter invasivo o de mala hierba de estos cultivos y la posibilidad de que la resistencia al herbicida se transfiera vía polen a otras semillas de soja o a otras plantas emparentadas39.

 

Mientras que los problemas con la soja resistente a herbicidas son despreciados como algo muy genérico y especulativo, la experiencia de los algodoneros estadounidenses con las semillas manipuladas genéticamente por Monsanto constituye una historia muy diferente. Desde 1996 Monsanto ha sacado dos variedades de algodón manipulado genéticamente; una es una variedad resistente al Roundup, y la otra, llamada «Bollgard», segrega una toxina bacteriana para controlar los daños producidos por tres plagas importantes del algodón. La toxina, derivada del Bacillus thuringiensis (B.t.), se ha utilizado por los agricultores ecológicos desde los primeros años 70 en forma de un aerosol natural bacteriano. Pero a diferencia de las bacterias B.t., que viven relativamente poco y segregan su toxina en una forma que sólo se activa en los sistemas digestivos alcalinos de ciertos gusanos y orugas, los cultivos B.t. modificados genéticamente segregan una forma activa de la toxina a lo largo del ciclo vital de la planta40. Gran parte del maíz genéticamente manipulado del mercado es una variedad con capacidad de segregar esta toxina bacteriana, ideada para repeler al gusano de la raíz del maíz y a otras plagas comunes.

 

El primer problema, ampliamente predicho, de estos cultivos que segregan plaguicidas es que la presencia de la toxina en todo el ciclo vital de la planta favorece la aparición de cepas resistentes al B.t. entre los insectos. La EPA de los EE.UU. ha determinado que una resistencia extendida al B.t. puede convertir en inefectivas las aplicaciones naturales de la bacteria B.t. en apenas tres o cinco años, y pide a los agricultores que planten hasta un 40% de sus cultivos con algodón no manipulado genéticamente, para que sirva de «refugio» a los insectos y evitar la aparición de resistencias al B.t.. En segundo lugar, la toxina segregada por estas plantas puede dañar a insectos beneficiosos, además de aquellas otras especies que los agricultores quieren eliminar41.

 

Pero los efectos nocivos del algodón «Bollgard» han resultado ser mucho más rápidos de lo esperado, tanto que Monsanto y sus socios han retirado del mercado más de 2 millones de kilos de semillas de algodón manipuladas genéticamente, y han acordado pagar a los cultivadores del Sur de los EE.UU. una indemnización de muchos millones de dólares. Tres agricultores que rechazaron el acuerdo con Monsanto consiguieron que el «Missisippi Seed Arbitration Council» les compensara con 2 millones de dólares42. De acuerdo con varios testimonios publicados, las plantas no sólo fueron atacadas por el gusano de la bola del algodón (al que, según Monsanto, eran resistentes), sino que la germinación fue desigual, los rendimientos fueron bajos y las plantas eran deformes, de acuerdo con varios testimonios publicados43. Algunos agricultores informaron de pérdidas de hasta el 50% de la cosecha. Los agricultores que plantaron el algodón de Monsanto resistente al Roundup tuvieron también cosechas muy escasas, con vainas deformes del algodón, que se desprendían de repente de la planta pasadas las tres cuartas partes del período de crecimiento44.

 

A pesar de estos problemas, Monsanto sigue fomentando el uso de la ingeniería genética en la agricultura al tomar el control de muchas de las mayores y más establecidas empresas de semillas en los EE.UU. Monsanto es ya el dueño de «Holdens Foundation Seeds», que suministra el germoplasma utilizado en un 25-35 % de la superficie de los maizales de EE.UU., y de «Asgrow Agronomics», la cual es descrita por la propia Monsanto como «el primer productor, mejorador y distribuidor de semillas de soja en los EE.UU.45». En la primavera de este año (1998), Monsanto completó su adquisición de «Dc Kaib Genetics», la segunda gran compañía de semillas de los EE.UU. y la novena del mundo, así como de «Delta and Pine Land», la mayor compañía de semilla de algodón del país46. Con estas dos adquisiciones, Monsanto controla ahora el 85% del mercado estadounidense de semillas de algodón47.

 

La compañía sigue también en otros países esta agresiva política de adquisiciones de empresas y de venta de productos. En 1997, Monsanto compró «Sementes Agroceres S.A.», descrita como «la principal empresa de semillas de maíz de Brasil», con una cuota de mercado del 30%48. A principios de este año (1998), la Policía Federal de Brasil investigó una denuncia de importación ilegal de al menos 200 sacos de judías de soja transgénica, algunos de las cuales provenían de una filial argentina de Monsanto49. Según la ley brasileña, los productos transgénicos extranjeros solo pueden entrar en el país tras un período de cuarentena y de pruebas para prevenir posibles daños a la flora nativa. En Canada, Monsanto tuvo que retirar 60.000 sacos de semilla de colza transgénica (conocida como «canola») en 1997. Al parecer, el cargamento de semillas resistentes al Roundup contenía un gen insertado distinto del que había sido aprobado para su consumo humano y animal50.

 

Shapiro, el fabricante de imagen.

 

Con esta larga e inquietante historia, se entiende porqué muchos ciudadanos informados de Europa y EE.UU. se resisten a confiar a Monsanto el futuro de nuestra comida y nuestra salud. Pero Monsanto hace todo lo que puede para aparecer como no afectado por esta oposición. A través de iniciativas como su masiva campaña publicitaria en Gran Bretaña, su patrocinio de una nueva exposición de alta tecnología con el tema de la Biodiversidad en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y muchas otras, está intentando aparecer más verde, más justa y con más visión de futuro que sus propios opositores.

 

En los EE.UU. está manteniendo su imagen, y probablemente influyendo en las políticas que le afectan, con el apoyo de personas en los niveles más altos de la administración de Clinton. En mayo de 1997, Mickey Kantor, artífice de la campaña electoral de Clinton en 1992 y Representante de Comercio de los EE.UU. durante el primer mandato de Clinton, fué elegido para ocupar un asiento en el Comité de Directores de Monsanto. Marcia Hale, antigua asistente personal del presidente, ha sido una ejecutiva de relaciones públicas de Monsanto en Gran Bretaña51. El Vicepresidente Al Gore, que es muy conocido por sus discursos y textos sobre el medio ambiente, ha sido un partidario abierto de la biotecnología al menos desde su época de senador52. El asesor principal de política interior de Gore, David W. Beier, había sido antes Director de Asuntos Gubernamentales de Genentech, Inc.53.

 

Bajo el CEO (presidente) Robert Shapiro, Monsanto ha apartado todos los obstáculos para transformar su imagen de un suministrador de productos químicos peligrosos en una institución ilustrada y con visión de futuro, que lucha para alimentar al mundo. Shapiro, que entró a trabajar para GD Searle en 1979 y se convirtió en el presidente de su grupo Nutrasweet en 1982, forma parte del comité asesor presidencial para política comercial y negociaciones, y fue durante un mandato miembro de la «White House Domestic Policy Review54». Se describe a sí mismo como un visionario y un hombre renacentista, encargado de la misión de usar los recursos de la compañía para cambiar el mundo. La única razón para trabajar en una gran compañía es que, así, uno tiene la capacidad de hacer cosas realmente importantes a gran escala, son declaraciones que él mismo hizo a un periodista de Business Ethics, la revista estrella de la organización «Socially responsible business» de EE.UU.55.

 

Shapiro alberga pocas ilusiones sobre la reputación de Monsanto en los Estados Unidos, y muchas veces narra con simpatía el dilema de muchos empleados de Monsanto, los hijos de cuyos vecinos podrían dar un respingo al enterarse de donde trabajaban. Está ansioso por demostrar que no desentona del extendido deseo de un cambio sistémico y está dispuesto a redirigir dicho deseo hacia los fines de su empresa, como declaró en una entrevista para la revista Harvard Business Review: «No es un problema de buenos y malos. No sirve para nada decir «si los malos se fueran, entonces el mundo iría bien»; es el sistema entero el que ha de cambiar; hay una gran oportunidad para reinventarlo56».

 

Por descontado que el sistema «reinventado» de Shapiro es tal que no sólo continúan existiendo las grandes empresas, sino que además éstas ejercen cada vez un mayor control sobre nuestras vidas. Pero últimamente se nos dice que Monsanto se ha reformado, que se ha desprendido con éxito de sus divisiones de industria química y que se ha comprometido a reemplazar los productos químicos con «información», en forma de semillas manipuladas genéticamente y otros productos de la biotecnología. Esto no deja de ser una ironía viniendo de una compañía cuyo producto más rentable es un herbicida; la nueva imagen que está fabricando para Monsanto es muy poco verosímil sobre todo tratandose de una empresa que se dedica a intimidar a los críticos con demandas judiciales y a suprimir las críticas en los medios de comunicación.

 

Sin embargo, el último Informe Anual de Monsanto demuestra claramente que han aprendido a utilizar la charlatanería adecuada. Así, Roundup no es un herbicida, sino una forma de minimizar las labores del suelo y reducir la erosión. Los cultivos de ingeniería genética no son simplemente fuentes de beneficio para Monsanto, sino que surgen para resolver el problema inexorable del crecimiento de la población. La biotecnología no implica la reducción de todos los seres vivos a la categoría de mercancías para ser vendidas y compradas en el mercado y patentadas, sino que es el heraldo de la «desmercantilización»: la sustitución de productos únicos producidos en masa por un amplio surtido de productos hechos a medida y especializados57. Estos son ejemplos eximios del «Neolenguaje», que Orwell imaginó en su novela «1984».

 

Por último, se nos quiere hacer creer que la agresiva promoción de la biotecnología que lleva a cabo Monsanto no es fruto de la arrogancia empresarial, sino simplemente una «ley de la naturaleza». Los lectores del Informe Anual de Monsanto se encuentran con una analogía entre el rápido crecimiento del número de pares de bases identificadas en el ADN y la tendencia exponencial de la miniaturización en la industria electrónica, que ya empezó en los años 1960. Monsanto ha bautizado el aparente crecimiento exponencial de lo que llama «conocimiento biológico» con el nombre de «Ley de Monsanto» -nada menos-. Como con cualquier otra presunta ley de la Naturaleza, poco se puede hacer fuera de observar cómo se cumplen sus predicciones, y en este caso, la predicción es ni más ni menos que el crecimiento exponencial continuo del poder mundial de Monsanto.

 

Pero el crecimiento de cualquier tecnología no es simplemente una «ley de la naturaleza». Las tecnologías no son fuerzas sociales en sí mismas, ni simples herramientas neutrales que se pueden utilizar para alcanzar cualquier fin social, sino el producto de unas instituciones sociales y de unos intereses económicos particulares. Una vez que se toma un camino particular de desarrollo tecnológico, las consecuencias pueden ir mucho más lejos de lo que sus creadores podrían haber predicho: cuanto más poderosa sea la tecnología, más profundas pueden ser sus consecuencias.

 

Por ejemplo, la llamada «Revolución Verde» de la agricultura de los años 60 y 70 aumentó temporalmente los rendimientos de los cultivos, e hizo también a agricultores de todas las partes del mundo cada más dependientes de costosos insumos químicos. Esto provocó desplazamientos generalizados de campesinos fuera de sus tierras, y en muchos países ha ido en detrimento del suelo, las aguas subterráneas y las tierras comunales, que han sustentado a la gente durante miles de años58. Estos desequilibrios a gran escala han alimentado el crecimiento de la población, la urbanización y la pérdida de poder social de las comunidades, lo que ha conducido a su vez a otro ciclo de empobrecimiento y hambre.

 

La «Segunda Revolución Verde», prometida por Monsanto y otras compañías biotecnológicas, amenaza con una destrucción aún mayor de las relaciones sociales y de la posesión tradicional de la tierra. Al rechazar a Monsanto y su biotecnología, no estamos necesariamente rechazando la tecnología «per se», sino que queremos reemplazar una tecnología de manipulación, control y beneficios, que niega la vida, por otra verdaderamente ecológica, diseñada para respetar el funcionamiento de la Naturaleza, mejorar la salud personal y comunitaria, sustentar a las comunidades que viven de la tierra y operar a una escala genuinamente humana. Si creemos en la democracia, es necesario que podamos elegir qué tecnologías son las mejores para nuestras comunidades, en lugar de que decidan por nosotros entidades a las que es muy difícil pedir responsabilidades, como Monsanto. En vez de tecnologías ideadas para el enriquecimiento continuo de unos pocos, podemos basar nuestra tecnología en la esperanza de una mayor armonía entre nuestras comunidades humanas y el mundo material. Nuestra salud, nuestros alimentos y el futuro de la vida en la Tierra están realmente en juego.

 

Vamos a examinar la verdadera naturaleza de los productos «estrella» de Monsanto y sus efectos en la salud y el medio ambiente.

 

 

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Brian Tokar es autor de «Earth for Sale» (South End Press, 1997) y «The Green Alternative» (New Society Publishers, 1992). Es profesor en el Instituto de Ecología Social y en el Goddard College, en Plainfield, Vermont, EE.UU.

 

Referencias:

 

1«Chemical Producers: Dow Chemical, DuPont, Monsanto and Union Carbide have ranked among Top 10 biggest chemical makers since 1940», Chemical and Engineering News, 12 de enero de 1998, página 193.

2Marc S. Reisch, «From Coal Tar to Crafting a Wealth of Diversity», Chemical and Engineering News, 12 de enero de 1988, página 90.

3Pamela Peck, «Wermont's Polystyrene (Styrofoam) Boycott», Barre, Vermont: Vermonters Organized for Cleanup, 1989.

4Theo Colborn, Dianne Dumanoski y John Peterson Myers, «Our Stolen Future», Nueva York: Penguin Books, 1996, página 90 (Existe traducción al castellano: «Nuestro Futuro Robado», Ecoespaña Editorial-Proyecto 2050 G.A.I.A., Madrid (Estado español), 1997, página 114).

5Michelle Allsopp, Pat Costner y Paul Johson, «Body of Evidence: The effects of chlorine on human health», University of Exeter, Greenpeace Research Laboratories, Mayo de 1995.

6Colborn y col., op. cit. (referencia 4), páginas 118-135.

7Jonathan Kozol, Savage Inequalities: Children in America's Schools, Nueva York, Crown Publishers, 1991, páginas 7, 20.

8«Death of Animals Laid to Chemical», New York Times, 28 de agosto de 1974, página 36.

9Colborn y col., op. cit. (referencia 4), página 147.

10Times Beach Action Group, «Citizen Inquiry Uncovers Blatant Violation of Environmental Law Surrounding the Proposed Times Beach Incinerator», St. Louis, Noviembre de 1995.

11Philip Shabecoff, A Fierce Green Fire: The American Environmental Movement, Nueva York, Hill and Wang, 1993, páginas 210-212; Brian Tokar, Earth for Sale: Reclaiming Ecology in the Age of Corporate Greenwash, Boston, South End Press, 1997, páginas 59-60; Times Beach Action Group, op. cit.

12Lisa Martino-Taylor, «Legacy of Doubt», Three River Confluence, número 7/8, otoño de 1997, página 27.

13Comunicación personal, 5 de agosto de 1998.

14Peter Downs, «Is the Pentagon Involved?», St. Louis Journalism Review, junio de 1998.

15Peter H. Schuck, Agent Orange on Trial: Mass Toxic Disasters in the Courts, Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1987, páginas 86-87, 155-164. Monsanto producía el 29,5% del Agente Naranja (la empresa Dow Chemical producía el 28,6%), pero algunas partidas de Agente Naranja de Monsanto contenían cantidades de dioxina 47 veces superiores (e incluso mas) a las cantidades de dioxina en las partidas de Dow. Los otros imputados en el caso eran Hercules Chemical, Diamond Shamrock, T.H. Agriculture and Nutrition, Thompson Chemicals y Uniroyal.

16Cate Jenkins, «Criminal Investigation of Monsanto Corporation -Cover-up of Dioxin Contamination in Products- Falsification of Dioxin Health Studies», USEPA Regulatory Development Branch, noviembre de 1990.

17«Monsanto corporation: A case study in greenwash science», in Jed Greer y Kenny Bruno, Greenwash: The Reality Behind Corporate Environmentalism, Penang, Malaysia: Third World Network, 1996, página 141.

18Jock Ferguson: «Chemical company accused of hiding presence of dioxins», Toronto Globe and Mail, 19 de febrero de 1990, página A9. La condena a pagar una multa y los daños en el caso de Kemner contra Monsanto fué revocada dos años más tarde tras una apelación.

19Cate Jenkins, op. cit. (referencia 16).

20Analista de inversiones Dain Bosworth, citado en Kenny Bruno, «Say it Ain't Soy, Monsanto», Multinational Monitor, volumen 18, número 1-2, enero-febrero de 1997; Mark Arax y Jeanne Brokaw, «No Way Around Roundup», Mother Jones, enero-febrero de 1997.

21Testimonio de la «Champion Paper Company», Vermont Forest Resources Advisory Council, Island Pond, Vermont, 26 de junio de 1996.

22Pesticide Action Network de América del Norte, «Monsanto Agrees to Change Ads and EPA fines Northrup King», 10 de enero de 1997.

23«Case of Mislabelled Herbicide Results in $225,000 Penalty», Wall Street Journal, 25 de marzo de 1998, página B9.

24J. Greer y K. Bruno, op. cit. (referencia 17), páginas 145-146.

25Citado en Sarah Anderson y John Cavanegh, «The Top 10 List», The Nation, 8 de diciembre de 1997, página 8.

26Citado en Peter Montague, «Britain Cancer Update», Rachel's Environment and Health Weekly, 4 de noviembre de 1996.

27Erik Millstone, «Increasing Brain Tumour Rates: Is There a Link to Aspartame?», University of Sussex Science Policy Research Unit, octubre de 1996.

28Ibid.

29Richard Koenig «Rich in New Products, Monsanto Must Only Get Them on the Market», Wall Street Journal, 18 de mayo de 1990.

30Craig Canine, «Hear No Evil», Eating Well, julio/agosto de 1991, páginas 41-47; Brian Tokar, «The False Promise of Biotechnology», Z Magazine, febrero de 1992, páginas 27-32; Debbie Brighton, «Cow Safety, BGH and Burroughs», Organic Farmer, primavera de 1990, página 21.

31Andrew Christiansen, «Recombinant Bovine Growth Hormone: Alarming Tests, Unfounded Approval», Rural Vermont, julio de 1995; ver también

Brian Tokar, op. cit. (referencia 11), páginas 28-29.

32A. Christiansen, ibid., páginas 10, 17; U. S. General Accouting Office, «FDA's Review of Recombinant Bovine Growth Hormone», 6 de agosto de 1992 (GAO/PEMD-92-96).

33Mark Kastel «Down in the Farm: The Real BGH Story», Rural Vermont, otoño de 1995.

34Brian Tokar, «Biotechnology: The debate heats up», Z Magazine, junio de 1995, páginas 49-55; Diane Gershon, «Monsanto sues over BST», Nature, volumen 368, 31 de marzo de 1994, página 384. La ley de etiquetado del estado de Vermont fué defendida por dicho estado basándos

estrategias populares contra Mal de Chagas en Bolivia

Sin conocer otros detalles, sin que se deduzca de aquí la inversión que realiza en Estado boliviano, sin saber si hay estrategias mejores, lo que uno puede decir es que hay, por lo menos, una iniciativa de cierta entidad, que pondera el problema y que está haciendo algo serio sobre el tema. Distinto de lo que, hasta ahora, pasa por acá. No sé si con mayores datos uno podría decir otra cosa, pero en principio, a la remanida pregunta de qué es un gobierno popular, acá parece que tenemos una respuesta. Y sí, seguro, ante esa respuesta sí hay algo bastante más claro y definido que un "clima destituyente" en Bolivia. Asumir el conflicto lleva a una cosa; aliarse a los intereses de EE.UU lleva a otra. Ha habido quien establece que, dado que los "cívicos" han manifestado su simpatía con nuestros "rurales", la situación es la misma. Reaccionarios, golpistas, fachos, racistas hubo y hay en todas las épocas. Iniciativas en ese sentido siempre tienen. Comparar la masacre de decenas (o tal vez más de 100) campesin@s (y sus niñ@s), el clima de racismo con violentos ataques cotidianos, el papel de EE.UU. (que motivó la expulsión de su embajador), la intervención de ONG's como USAID, con lo que ha ocurrido por acá (incluso mencionar la patética, y no por eso menos grave, pero es solo eso, entrevista de Biondini, ex aliado de Alberto Fernández, cuando ambos eran fascistas, con De Angelli) es bastante poco serio.

Un saludo
Gonzalo

http://www.scidev.net/es/news/bolivia-concientizaci-n-para-combatir-el-mal-de-ch.html
 

Bolivia: concientización para combatir el Mal de Chagas

Zoraida Portillo

 

12 marzo 2008 | ES

Usando diversas estrategias de divulgación científica, las autoridades sanitarias de Bolivia en coordinación con organismos no gubernamentales están reduciendo la incidencia del Mal de Chagas, una enfermedad de alta prevalencia en ese país que, según reportes oficiales, afecta a 22 por ciento de la población.

Las estrategias incluyen seminarios, cursos para profesionales de salud y una campaña permanente de concientización para los pobladores con el fin de prevenir la picadura de la vinchuca, el vector de la enfermedad, también conocido como chinche gaucha o negro.

Un informe del Ministerio de Salud, dado a conocer en febrero, señala que la concientización de los pobladores en riesgo ha permitido que ellos mismos mejoren sus viviendas, especialmente en el área rural.

Con esta medida, la presencia del vector – presente en 70 por ciento del territorio boliviano – ha disminuido de 80 por ciento hace diez años a tres por ciento en la actualidad, principalmente en los departamentos de Tarija y Chuquisaca.

El proyecto ha sido tan exitoso que mereció un premio del proyecto Hábitat de las Naciones Unidas en 2006.

"Liberándonos del Mal de Chagas" y Plan Internacional Bolivia, son los principales programas educativos que se ejecutan desde 2000.

De acuerdo con reportes del proyecto Proplan dependiente del Plan Internacional Bolivia y la Fundación Pro Hábitat, la campaña de concientización ha beneficiado hasta el momento a 70 mil personas, entre ellos 2.500 niñas, niños y adolescentes, considerados como población altamente vulnerable, en unas 180 localidades de Tarija y Chuquisaca.

Según Proplan, más de 15.000 viviendas han sido mejoradas para impedir la anidación del insecto y aproximadamente 80 por ciento de las familias que participaron en la concientización pública aplican tres o más de los comportamientos preventivos recomendados.

No obstante, la infestación sigue siendo alta en Bolivia donde la Organización Panamericana de la Salud estima que casi dos millones de personas se encuentran afectadas con la enfermedad que, además, es responsable de la muerte de 13 por ciento de la población.

Los Pibes de Cromañon

¿El último show de Chabán? 

Omar Chabán pidió declarar  y para esto se  dispuso la fecha del 15 de septiembre.
Tuvo tiempo y para este día se preparó muy bien, orquestando una maniobra manipuladora, acordada  evidentemente con sus abogados.
Alrededor de las 10.30 de la mañana,  comenzó su discurso con una serie de absurdos que buscaban provocar al público presente en la sala.
Se comparó a sí mismo con el perseguido Dr. Stockmann, protagonista de la obra de Ibsen "Un enemigo del pueblo" (además lo citó mal); luego nada menos que con Sócrates –aunque advirtió que él no bebería la cicuta- y, más tarde, en un nuevo acto de auto-victimización dijo ser él quien estaba "12 metros bajo tierra", aludiendo así con la mayor bajeza  imaginable a nuestros 194 enterrados luego de Cromañón.

Con la misma fuerza que nos sostiene hace ya 44 meses,  los familiares en la sala soportamos las continuas provocaciones que fueron  in crescendo a lo largo de casi 2 horas. Si esta era su burda estrategia  para  generar disturbios en la sala, no dio resultado: todos  escuchamos  impasibles su alocución. 
Desesperado, debió echar mano  a todo tipo de  patéticos recursos. Así fue como comenzó a levantar la voz hasta llegar a los gritos increpando al tribunal por la ausencia de Aníbal Ibarra,  de R. Levy,  y del SAME entre otros: "¡hasta que no estén acá  sentados no voy a decir cual es mi responsabilidad!".
¿Es que no son suficientes 200 muertes para decir la verdad? 

Frente  a la firmeza y aplomo de los presentes,  optó entonces por generar una disputa con la presidente del tribunal, María Cecilia Maiza, replicándole cada observación, alegando no ser escuchado, ser "atemorizado" y "mal tratado". Luego de esto, exigió a los jueces que se retiraran del caso, recusándolos ya que, según él, estos  "lo prejuzgaron".
Con esta artimaña –rechazada en primera instancia por los jueces- logró un retraso de varios días y la suspensión del juicio hasta tanto el tribunal superior no decida sobre esta recusación.
Todo su show, que apuntaba a anular el juicio, sólo logró la demora de unos días.

Es evidente que Chabán  no puede responder ni rebatir los hechos que se le imputan, que lo hacen responsable, junto a otras personas, de 194 muertos. Es evidente que, ante esta situación,  armó un acting para provocar disturbios y así  poder luego plantear la nulidad del proceso judicial. Es evidente que, como este plan no fue efectivo, se dedicó a buscar enfrentamientos con los jueces para luego recusarlos y anular el juicio.
Es evidente también  que todos nos dimos cuenta de ello.

No vamos a permitir que se nos  siga faltando el respeto a nosotros, los familiares, sobrevivientes y víctimas. Queremos que éste y todos los juicios por Cromañón nos sirvan a todos como sociedad  para comenzar a tomar conciencia de que no es posible vivir la vida inmerso en la avidez de dinero y que esta sea, incluso, más importante que la propia vida humana.
Queremos que Ibarra, J. C. López, Levy y otros más que hoy no están siendo juzgados, se sienten en el banquillo de acusados y respondan lo que se les reprocha.

No queremos más políticos y empresarios corruptos. Porque son ellos los que convirtieron a nuestro país en Argentina,  República Cromañón.


Grupo Memoria y Justicia (Grupo Paso) en la Articulación de Familiares, sobrevivientes y amigos de las víctimas de Cromañón.

DE El Eternauta

ARRIBA EL PUEBLO DE BOLIVIA

*/de:  vanguardiadescamisada
por: Héctor G. Oesterheld

¿Cuántos indios astrónomos de los que supieron calcular los exactísimos calendarios incas, cuantos indios ingenieros capaces de construir caminos y terrazas para cultivos como ni aún hoy se hace,   cuanto genio del arte y de la música, cuanto indio poeta habrá sido aniquilado en el trabajo bestial de las minas?, los números no se sabrán nunca. Pero en la sangre de cada americano queda el llanto de todos ellos, por eso la palabra América quiere decir hoy rebeldía, que solo se apagara cuando la palabra América quiera decir victoria. 
Así comenzó América, nuestra America. El imperialismo de entonces el español, sin otra razón que sus armas superiores, robo y asesino al hombre americano, dejándolo en la mas abyecta de las miserias.
Ya entonces empezábamos a ser el tercer mundo que explotaría luego Inglaterra y ahora estados unidos. Siempre por la fuerza de las armas. y con la ayuda de las de las minorías nativas, alcahuetas de sus hermanos. la historia de América es la historia de los imperialismos, que crecen y se enriquecen con nuestro trabajo e
impiden que nos liberemos podamos ser dueños de los que nos pertenece……ya hace 200 años, cuando todavía éramos colonia declarada (desde 1810 somos colonia disimulada), los países americanos empezábamos a industrializarnos. Teníamos importantes astilleros en corrientes; florecían en cuyo las industrias del  aceite y del vino, prosperaban en las faldas de los andes las artesanías del cuero y la madera. 
Pero al imperialismo de turno, el español, le convino proteger sus industrias dentro de la 'madre patria': mando a arrasar viñedos y olivares y castigo  con  paralizantes impuestos toda nuestra producción industrial. El imperialismo de entonces, exactamente igual que el de hoy, nos quería obligar a no producir otra cosa que ganado y granos… contra esta injusticia, contra este despojo se alzo Tupac Amaru, de su nombre salio la palabra tupamaro, utilizada por los españoles para nombrar a cualquiera que osara desafiar la autoridad de la corona. No fue el primer rebelde, pues antes del hubo otros alzamientos, pero si fue el más importante, y tampoco fue el último: hoy somos pueblos enteros los que nos ponemos de pie y enfrentamos al imperialismo actual, el gran capitalismo internacional. Que trata de someternos apelando a cuanta arma puede, desde la invasión lisa y llana hasta el acogotameinto comercial, desde las oligarquías que nos venden hasta, los burócratas aprovechados que nos traicionan

Héctor G. Oesterheld

Julio de 1973  Revista el Descamisado

Bolivia: grupos de fascistas gobiernan los prefectos

martes 16 de septiembre de 2008

Bolivia: Apresan al genocida de Pando

http://www.argenpress.info/2008/09/bolivia-apresan-al-genocida-de-pando.html
ECONOTICIASBOLIVIA (especial para ARGENPRESS.info)

"Su detención obedece a una disposición legal y constitucional, en el marco del estado de sitio", aseguró en La Paz, el presidente Evo Morales.

El principal responsable de la matanza de campesinos en el norte de Bolivia, el prefecto (gobernador) de Pando, el ultraderechista Leopoldo Fernández, fue detenido por efectivos del Ejército la mañana de este martes en la ciudad de Cobija, la capital de Pando.

Fernández, que gobernó la región con mano de hierro y organizó las bandas fascistas y de sicarios que ametrallaron a los campesinos, fue conducido en un vehículo particular rumbo al aeropuerto para ser embarcado rumbo a la ciudad de La Paz o Cochabamba, donde guardará detención, hasta que se esclarezca oficialmente su responsabilidad en la masacre de la pasada semana que dejó un saldo preliminar de 15 muertos, una treintena de heridos y un centenar de desaparecidos.

"Su detención obedece a una disposición legal y constitucional, en el marco del estado de sitio", aseguró en La Paz, el presidente Evo Morales.
 
Latifundios y poder

En las tierras de Pando, en el norte tropical de Bolivia, en la frontera con Brasil, Fernández es considerado como la cabeza visible de una veintena de poderosos clanes familiares, que son dueños de la tierra y de los grandes negocios y que manejan vidas y haciendas a su libre albedrío.

Desde antaño, Pando es el reino de los clanes familiares de los Sonnenschein, Hecker, Becerra Roca, Vaca Roca, Peñaranda, Barbery Paz, Claure, Villavicencio Amuruz.

Estas ocho familias concentran cerca de un millón de hectáreas de tierras fértiles, que equivalen a dos mil veces la extensión de la capital Cobija, donde gobierna con ellos, el ultraderechista Leopoldo Fernández, otro millonario ganadero.

Los millonarios de Pando son parte de los 100 clanes que son dueños de la tierra y de la vida en Bolivia. Ellos, según una investigación documentada de Econoticiasbolivia, controlan además la agroindustria, el comercio exterior, la banca y los grandes medios de comunicación, y dirigen desde el oriente y los valles de Bolivia la rebelión oligárquica contra el presidente indígena Evo Morales.
 
Dueños de vidas y haciendas

Los clanes familiares ya se han apoderado de las tierras más fértiles de Bolivia y han levantando gigantescos latifundios, sobre los que han edificado un creciente poder económico y político, manejando a su antojo las principales organizaciones empresariales, cívicas e incluso populares de las regiones orientales y del sur del país (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija), desde donde conspiran para echar abajo al "indio presidente" e intentan armar su propio Estado, con su Parlamento y Policía propia y con el control absoluto sobre la tierras, los impuestos, la educación y los impuestos.

Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), conocido por Econoticiasbolivia, este centenar de familias tiene en sus manos 25 millones de hectáreas, cinco veces más que dos millones de campesinos que trabajan en otras cinco millones de hectáreas y que subsisten a duras penas en los minifundios, degradados por la sobreexplotación agrícola y la baja productividad.
 
El peso de los gamonales

El gobernador Fernández es parte de estos clanes y es uno de los amos y señores de Pando. Su influencia es tal que incluso el propio presidente Evo Morales le ofreció, hace dos años atrás, que sea candidato por su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), para gobernar la rica región fronteriza con Brasil. El fascista Fernández lo rechazó, él no quería nada con los indios.

Fernández y estos clanes son visceralmente racistas y están convencidos de que los campesinos, a los que explotan como en los tiempos del feudalismo, valen menos que sus vacas, por lo que no conciben que uno de ellos sea el actual presidente de Bolivia.

Estos grupos oligárquicos han estado, desde siempre, imbricados con el poder político. Han cogobernado con las dictaduras militares y han lucrado al máximo con los regímenes neoliberales democráticos y saben, muy bien, conservar sus privilegios.

El prefecto Fernández mantuvo un control casi feudal de los poderes públicos y privados en Cobija y provincias entre 1979 y 2005. Según el recuento oficial, Fernández fue funcionario público en las dictaduras de Luis García Meza (1980-1981), Celso Torrelio y Guido Vildoso (1981-1982); responsable en Pando del Instituto Nacional de Colonización (actual INRA); parlamentario, prefecto y ministro de Gobierno neoliberal y derechista del ex dictador Hugo Banzer-Jorge Quiroga (1997-2002).

La ex ministra de Gobierno Alicia Muñoz denunció en 2006 que Fernández entrenaba en Cobija a paramilitares supuestamente para trabajos de "seguridad ciudadana". El año pasado, Leopoldo mandó a quemar la casa del senador pandino Cuellar que apoyó la Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria de Evo Morales.