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Como impiden las tabacaleras que la sociedad NO fume?

[A new analysis, reviewed below, tracks 40 years of tobacco industry
activities to prevent tobacco control legislation in Argentina. Public health
advocates and policymakers in Argentina--and Latin America--need to understand
these tactics and anticipate them with programs that prevent their influence on
politicians. Not learning from others' experiences will only delay the
implementation of effective tobacco control legislation. This review can be read
online in ProCOR's Journal Club (www.procor.org). We welcome your comments.]

Title: Tobacco industry successfully prevented tobacco control legislation in
Argentina

Authors: E M Sebrie, J Barnoya, E J Perez-Stable & S A Glantz

Reference: Tobacco Control 2005; 14; e2 www.tobaccocontrol.com

Reviewed by: Carlos Mendoza Montano Ph.D. APRECOR, Guatemala. E-mail:
projhouse@intelnet.net.gt

What is the problem being addressed? Argentina is a developing country with
economic interests in tobacco growing and rapidly increasing tobacco use in
urban areas. In 2000, smoking prevalence was 40.4% among adults (compared to
23.6% in the USA). Buenos Aires had the highest airborne nicotine levels inside
hospitals, schools, government buildings, airports, and restaurants among seven
Latin American cities in 2002. Two transnational tobacco companies (TTC)
dominated the cigarette market in Argentina: British American Tobacco (BAT), and
Philip Morris International (PMI).

In addition to the USA and Britain, the TTC's strategies to prevent tobacco
control legislation have been described in other developing countries. Despite
the economic and cultural differences between Argentina and these countries, TTC
have used their Argentinean affiliates to implement similar strategies as
elsewhere to block meaningful tobacco control.

Purpose of the study: To evaluate how transnational tobacco companies, working
through their local affiliates, influenced tobacco control policymaking in
Argentina between 1966 and 2005.

Location of the Study: Argentina.

Study design: Analysis of internal tobacco industry documents, local newspapers
and magazines, internet resources, bills from the Argentinean National Congress
Library, and interviews with key individuals in Argentina. After identifying the
first documents or words, a snowball strategy was used to locate new documents.
A total of about 230 relevant documents were found.

Results/Findings: TTC have been actively influencing public health policymaking
in Argentina since the early 1970s. As in other countries, in 1977 the tobacco
industry created a weak voluntary self-regulating code to avoid strong
legislated restrictions on advertising. In addition to direct lobbying by the
tobacco companies, these efforts involved use of third party allies, public
relations campaigns, and scientific and medical consultants. During the 1980s
and 1990s, efforts to pass comprehensive tobacco control legislation
intensified, but the organized tobacco industry prevented its enactment. There
has been no national activity to decrease exposure to secondhand smoke.

Comments: The tobacco industry has worked successfully for almost 40 years to
block tobacco control legislation in Argentina. As in other countries, the
industry created a self-regulation code, widely ignored, as a tool to avoid
meaningful restrictions on tobacco advertising. During the 1980s, efforts to
pass comprehensive tobacco control legislation intensified. However, tobacco
control groups were overwhelmed by the well-organized tobacco industry that
prevented the passage of such bills. Tobacco industry representatives, together
with their allies, ETS consultants, advertising agencies, and the local press,
operated as an efficient and well-coordinated team.

Public health advocates and policymakers in Argentina- and Latin America-should
be aware of TTC's tactics in order to anticipate their moves. They need to
develop stronger, more confrontational programs designed to isolate the tobacco
industry and make it more difficult for politicians to support it. Not learning
from others' experiences will only delay the implementation of effective tobacco
control legislation in these countries.

Additional Reference
1. Navas-Acien A, Peruga A, Breysse P, et al. Secondhand tobacco smoke in public
places in Latin America, 2002-2003. JAMA 2004; 291:2741-5.
2. Saloojee Y, Dagli E. Tobacco industry tactics for resisting public policy on
health. Bull World Health Organ 2000;78:902-10.

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La verdad por Colominas y Shakespeare

Yo no puedo amigos, seducir vuestros corazones…

No soy orador, como Bruto…

Porque no tengo el talento, ni la elocuencia,

Ni la valía, ni la acción, ni la fuerza de la

palabra para sublevar la sangre de la gente.

No los vengo a convencer, sino a que veáis la verdad.

Julio Cesar, William Shakespeare


Enviado por el colega Marcelo Colominas

A 9 MESES DE LA MASACRE DE CROMAÑON

A 9 MESES DE LA MASACRE DE CROMAÑON
NO ES ESTRAGO, ES HOMICIDIO
9 meses tardamos en gestar un hijo. Nueve meses llevamos de lucha, construyendo caminos entre nosotros, y encontrando piedras que intentan llevarnos a la desesperanza. A 9 meses, en lugar de un nacimiento, nos encontramos con un nuevo asesinato.
Cuando los grandes medios decían la “tragedia” de Cromagnon, nosotros decíamos, con razón, la “masacre” de Cromagnon. Masacre, asesinato en masa.
Cuando ahora la llamada Justicia, o mejor dicho el Poder Judicial, dice “estrago” para calificar el crimen cometido por Chabán, Ibarra y otros, nosotros decimos “asesinato, homicidio”. Decimos que hay que respetar la primera calificación del delito que hacía la jueza Crotto, homicidio simple con dolo eventual.
Porque nos parece terrible, y no es nada inocente, sacar de nuestra cabeza y nuestro corazón la palabra justa para lo sucedido el 30 de diciembre del 2004. Fue un asesinato. Fue un homicidio. Agravado por la cantidad enorme de víctimas. Ese homicidio tiene responsables claros y concretos que hasta el momento, no solamente siguen todos en libertad, sino que algunos de ellos, como el Jefe de Gobierno de la Ciudad, no han sido llamados a declarar.
¿Qué duda le cabe a la llamada Justicia, de que cerrar con candado puertas que reglamentariamente deberían estar abiertas, no es estrago, es homicidio?
¿Qué duda le cabe a la llamada Justicia, de que hacer entrar cinco veces la capacidad de chicos en un local cerrado, no es estrago, es homicidio?
¿Qué duda cabe de que colocar material inflamable y portador de cianuro, en un espacio donde concurren personas, no es estrago, es homicidio?
¿Qué duda cabe de que privilegiar la ganancia antes que la vida de 6000 jóvenes de los cuales 195 no volvieron a casa no es estrago, es homicidio?
¿Y qué duda cabe, no solamente para el Poder Judicial, sino para el Poder Legislativo, para la sociedad toda, de que semejantes niveles de corrupción y faltas de controles sólo fueron posibles con la absoluta complicidad del poder político, encarnado en el Jefe de Gobierno de la Ciudad y todos sus funcionarios?
El cambio de carátula para Chabán, no somos ingenuos, puede abrir el camino para diluir la responsabilidad de Aníbal Ibarra, y del Gobierno Nacional en la figura de Aníbal Fernández (responsable directo del accionar de la Policía y los Bomberos). Si le bajan la responsabilidad a Chabán, se la pueden bajar a todos.
En el marco del Poder Legislativo, el Juicio Político al jefe de Gobierno no es, como Ibarra quiere hacernos creer, una maniobra golpista ni desestabilizadora producto de la imaginación de un grupo de padres doloridos. Es un mecanismo legal previsto por la Constitución. Ahora claro, ese mecanismo legal, en este país, puede funcionar como debiera, de manera contundente, haciendo lugar a las numerosas pruebas, o puede funcionar como lo está haciendo. En ese sentido, repudiamos la actitud de Ibarra en el gesto de recusar el pedido de Juicio Político de la Comisión Investigadora de la Legislatura. Es tan alto su grado de cinismo, que en su descargo no buscó en ningún momento demostrar su inocencia, sino por el contrario, demostrar que los legisladores son más corruptos que él mismo. Si en la gestión de Ibarra no existió complicidad con empresarios corruptos, entonces ¿por qué cerró, después de Cromagnon, casi todos los boliches y lugares de diversión? Es una aceptación de que nada funcionaba como era debido.
¿Qué está pasando con los legisladores kirchneristas y macristas, que se habían comprometido a hacer prosperar pronto el Juicio Político? Los hechos muestran postergaciones en la decisión. ¿Qué esperan los legisladores para hacer lo que deben, aquello a lo cual su mandato los obliga? ¿Será que están especulando con los resultados de las próximas elecciones?
Entonces decimos lo que estamos viendo:
En el Juicio Penal, cambio de carátula y dilaciones para más adelante. En el Juicio Político, vueltas y más vueltas para llegar a una decisión. ¿Será para llegar a una verdad que es evidente, o será para desgastarnos en la lucha, aislarnos, someternos a maniobras, y evitar que la sociedad toda siga recordando a nuestros pibes?
Hoy, a 9 meses de tanto manoseo institucional, sentimos que las pruebas sobran, lo que falta es la justicia. Y el gran motivo es la impunidad.
Desde un principio señalamos el pacto de complicidad entre Ibarra y Kirchner para silenciar la masacre de Cromagnon, pasando todo para después de las elecciones de octubre. Hoy la realidad nos da la razón. Aníbal Fernández, ministro de Kirchner, sale a respaldar a Ibarra, y un supuesto accionar coordinado, cuando hace un mes Crespo Campos, responsable de Emergencias de la Ciudad, declaraba acerca del caos que dominó la ciudad la noche del 30, la improvisación y la ausencia de dispositivos de emergencia adecuados, algo que todos vimos y vivimos esa noche.
En estas elecciones se van a gastar millones de dólares en publicidad y gastos operativos. ¿Qué problemas de los que tenemos los argentinos se van a solucionar con estas elecciones? El desempleo, los precios inalcanzables, no. La salud, la educación y el trabajo seguirán en ruinas. El dinero utilizado para las elecciones podría usarse para acondicionar los hospitales pùblicos, por ejemplo, y brindar la atención adecuada a los miles de sobrevivientes.
Las cuestiones fundamentales para el pueblo siguen sin resolverse, mientras el gobierno gasta más de 40 millones de pesos para garantizar la llegada del terrorista Bush a la Argentina.
Debemos saber también que aquellos a quienes votamos, tienen luego una responsabilidad. La primera, dar cuenta de sus actos. Como NO lo están haciendo Ibarra, Kirchner ni aquellos legisladores que dilatan el Juicio político.
La llamada Justicia cuida más los derechos de los asesinos y corruptos, que los de los sobrevivientes. Estamos siguiendo con atención las irregularidades que se presentan al momento de indagar a los testigos, sin garantías de contención psicológica, con largas antesalas de espera. Seguimos preocupados por la situación de los sobrevivientes, por su salud, por su necesidad de ser escuchados.
Otros jóvenes siguen siendo víctimas a cada momento. Sea por patovicas, sea por el gatillo fácil, sea por los lugares bailables como lo ocurrido recientemente en el boliche Chicharrón. ¿Cuántos más tienen que morir? Veamos como sociedad, cuántos Cromagnones latentes en tantos lugares, por falta de inversión por parte del Estado.
Que existan 22 procesados, con esta Justicia, es un triunfo de la movilización y la memoria de todos nosotros, el pueblo. En nuestra memoria está: fue asesinato, y tiene responsables y cómplices concretos. Estamos aprendiendo que será la solidaridad y la movilización de todos nosotros lo que determinará los resultados de nuestra lucha. La fuerza de la movilización quedó expresada en una marcha federal que reunió más de 40.000 personas, entre ellos nosotros, familiares de Cromagnon, y que fue silenciada por los grandes medios.
Agradecemos la presencia de organizaciones barriales, vecinales, políticas, solidarias, en lucha y convocamos a quienes aún no se hayan sumado, a hacerlo. Invitamos a todas y todos a iniciar un diálogo que nos permita armar un gran MOVIMIENTO CONTRA LA IMPUNIDAD.
Agradecemos en particular la presencia de los músicos que nos acompañan, que están comprometidos con nuestra lucha. Nuestros hijos amaban la mùsica y necesitan la palabra y el compromiso de ustedes y de todos. Llamamos a quienes no se han pronunciado, a hacerlo y a acompañarnos con la palabra y el cuerpo.
A 9 meses de la masacre decimos:
- No al cambio de carátula para Chabán que abre el camino para la impunidad de empresarios y funcionarios
- No a la utilización de nuestro dolor con fines electorales
- Sí al Juicio Polìtico a Ibarra, y ya.
- Indagatoria a Ibarra ya
- Repudiemos el fallo equívoco de los jueces por el cual Ibarra y sus funcionarios deslindan responsabilidades
- Carcel a Ibarra, Chabán y todos los responsables para terminar con la impunidad.
NO ES ESTRAGO, ES HOMICIDIO:
* cerrar con candado las puertas de emergencia no es estrago, es HOMICIDIO
* hacer entrar cinco veces la capacidad de gente que permitía el local, no es estrago, es HOMICIDIO
* colocar material inflamable y venenoso no es estrago, es HOMICIDIO
* privilegiar la ganancia antes que la vida de 6000 jóvenes de los cuales 195 no volvieron a casa, no es estrago, es HOMICIDIO
* cuando la muerte ocurre entre coimas, corrupción y falta de controles, no es estrago, es HOMICIDIO
* la falta de procesamiento de Aníbal Ibarra, Aníbal Fernández y todo el poder político, no es justicia, es IMPUNIDAD Y ENCUBRIMIENTO.

LOS PIBES PRESENTES
AHORA Y SIEMPRE

(*) yo acá creo que hay que poner también lo que se gasta en traer a Bush a Mar del Plata, a la Cumbre de las Américas.
(**) acá para mì habría que poner una convocatoria con fecha concreta (me parece)

Charla del colega Escudero sobre Salud en Argentina

Recordando discusiones del II Foro de Salud en Argentina.

http://www.lafogata.org/forosalud/foro10.htm

Escudero: los enemigos de la salud pública, con nombre y apellido.

La exposición del reconocido sanitarista argentino

José Carlos Escudero, vicerrector de la Universidad de Luján, profesor en La Plata y en la UBA, sociólogo y sanitarista, comenzó repitiendo la pregunta que le daba título al debate: "¿Es posible un sistema único de salud en la Argentina? Respondo: por supuesto. Es posible, económico, adecuado, factible… pero políticamente difícil. Hay demasiados intereses en contra. Y están en contra de esto porque es demasiado sensato".

A partir de allí, Escudero ofreció una clase para que el auditorio identificara claramente a los enemigos. Desde el capitalismo financiero global hasta lo que llamó "la máquina de votar de Duhalde", sin descontar las teorías que bogan por el fortalecimiento de las Ongs, las redes, las mujeres y las obras sociales. Sobre el final planteó otra pregunta, cotizada en 750 millones de dólares. La cifra corresponde al crédito internacional que recibirá el gobierno para planes de salud en los próximos días. Escudero se interrogó sobre qué era posible hacer con ese dinero. Y ofreció algunas opciones y un diagnóstico: seguramente aumentará el peso de los gordos. Aquí, los tramos más importantes de su exposición:

"En los organismos internacionales se habla de cualquier cosa, menos de fortalecer a los estados nacionales. Se habla de fortalecer a las Ongs, por ejemplo. Y con solo tres preguntas uno puede darse una idea de cómo funcionan las Ongs:
Primera pregunta: cuál es el gasto administrativo en relación al presupuesto total.

Segunda pregunta: cuál es el costo por prestación.

Tercera pregunta: cuál es la cobertura de esas prestaciones con respecto al universo de necesitados. "Con hacer estas tres preguntas aumento mi impopularidad y con las respuestas muchos se quedarían sin laburo. Pero ¿por qué interesa desarrollar a las Ongs? Porque son la vidriera de la sensibilidad social ante las injusticias sociales. Me gustaría recordar ahora al padre Grassi, por ejemplo, que era la vidriera en la cual muchos podían desfilar diciendo que hacían algo por los pobres. Independientemente de todas las cosas que podríamos decir sobre el padre Grassi y su fundación, la cobertura era insignificante –creo que del orden de los 5.000 chicos- en un país donde cada año nacen 700 mil".

"Los organismos internacionales hablan también de fortalecer el rol de las mujeres. Que como todos sabemos, son mejores que los hombres y tan buenas y tan sacrificadas que podemos darnos el lujo de no pagarles. Entonces las mujeres aparecen como canalizadoras de las políticas sociales, no como trabajadoras remuneradas sino como santas que lo hacen gratis".
"El otro tema del que se habla ahora es de fortalecer las redes. Hablar de las redes en este momento es lo mismo que hablar a favor de la lactancia materna: no compromete a nadie. Porque el problema es que si una red tiene que tener primero una materialidad que la refuerce. Sino estamos hablando de voluntarismo. Entonces si planteamos en la Argentina una red, pero no decimos que el presupuesto 2004 es recesivo, no sirve. Porque en un país que demográficamente la población aumenta el 1% por año tiene que haber, por lo menos, un aumento del 1% de las partidas presupuestarias. Lo que pasa es que si uno plantea cosas como estas y menciona el 3% destinado al pago de la deuda y las características neoliberales que tiene el presupuesto, sus posibilidades de ser consultor del Banco Mundial bajan significativamente".
"Todas estas cosas tienen que ver, además, con la municipalización de la salud. Se fortalecen, entonces, las reuniones de entes locales y cuando más locales, mejor. Porque de lo que se trata es de que los países no sean representados por estados nacionales. Porque sino, la cosa se complica. Sudáfrica aguantó bastante bien la presión de la industria internacional de medicamentos porque, mal que mal, era un Estado nacional. No era una sumatoria de ONGs y redes. Entonces, lo que uno interpreta, finalmente, de estas recetas del Banco Mundial, el FMI y los entes internacionales es: fragmentemos a nuestro potencial enemigo que es el Estado nacional".
"Cuando uno analiza qué pasa con aquellos países que tienen un sistema de salud nacional por derecho de ciudadanía o residencia uno se da cuenta que esos sistemas tienen mucho más bajo gasto administrativo, en medicamentos y global en salud, captación más temprana en los embarazos, mejores indicadores de mortalidad, mejor odontología preventiva. Esa es la sensatez. Si uno empezara de cero y no existiera esa cosa llamada capitalismo elegiría este sistema. Ahora ¿por qué no le conviene esto al capitalismo? Si uno habla en contra del capitalismo también zafa en ciertos ambientes. Pero si uno habla de factores de poder, por ejemplo dentro de la Argentina, no zafa tan fácil".
"Veamos cómo funciona un sistema de salud estatal en un país central. Gran Bretaña tiene un buenísimo sistema estatal de salud, tan bueno, que la crítica de izquierda que se le suele hacer es que los capitalistas ingleses se pueden dar el lujo de pagar menos salarios. Pero el sistema es tan bueno que casi ningún inglés tiene que contraer un seguro privado. Al capitalismo no le conviene eso. Le conviene que los tramos más altos de la distribución de ingresos británicos tengan que gatillar un seguro privado, porque esa es una forma de reunir una enorme cantidad de capital. La ofensiva mundial contra los sistemas estatales de salud tiene esta razón. Uno de los sistemas que el que esto queda muy claro que es el norteamericano. Pero no se trata de un sistema de salud, sino de un sistema de retorno del capital. Está diseñado con otro eje".
"Y si hablamos de los factores de poder que en la Argentina están en contra del sistema universal de salud pensemos primero cómo se construye poder en la Argentina. Analicemos la máquina de votar de Duhalde en la provincia de Buenos Aires. La máquina de votar tiene que ver con que existe un puntero, que es un asignador selectivo de recursos escasos. Si el recurso fuera universal y de acceso fácil, el puntero no tiene razón de ser. Por eso digo que los pobres son funcionales y útiles al sistema. Tiene que haber pobres porque la intermediación con los pobres construye poder político. Es deseable que la limitación sea mediada por este intermediario cuya acción está guiada por elecciones, internas, etc. La construcción de esta política clientelar es algo que siempre sabotearía un sistema público de salud."
"Hablemos de otro actor típicamente argentino, igual que el dulce de leche: las obras sociales sindicales. Suele no mencionarse que las obras sociales y sus jefes, en la época final de Carrillo, sabotearon el sistema universal porque querían imponer un sistema de multiplicidad de carpas sindicales. Este reemplazo del sistema universal por un sistema que asocia la salud al derecho de trabajo se adoptó en la Argentina muy perversamente, porque ni siquiera se creó un ente unificado para coordinarlo. Así fue como la creación de una enorme cantidad de pequeñas carpas sanitarias multiplicó la capacidad de coima de manera fenomenal. Además, una de las consecuencias de esto fue la escasa resistencia de los trabajadores organizados a la implementación de un modelo neoliberal brutal como el que tuvimos. Porque el gobierno le daba la plata a los sindicatos sumisos, selectivamente. Lo cual convirtió a este sistema de salud en un verdadero disciplinador social. Entonces, uno de los enemigos del sistema universal es el sistema de las obras sociales. Por eso, y si uno quiere ser impopular en ciertos ambientes, tiene que decir que hay que impulsar la disolución de los sistemas gremiales en un sistema universal de salud y gratuito.
"¿Qué otros elementos de poder importantes están en contra del sistema universal? Los países que tienen una gran fragmentación en la oferta de salud crean una gran cantidad de empleados administrativos. Fijénse lo que pasa en los Estados Unidos. Hay miles de planes prepagos de salud diferentes. Y eso necesita un ejército de administrativos. Porque es un sistema donde se gasta un enorme bagaje de plata en controlar. El papelito, la cobertura, el auditaje… Una de las más grandes paradojas es que un sistema que se plantee absolutamente gratuito y universal no precisa papeleo. Con lo cual, toda la plata se puede gastar en salud. Entonces, lo que estamos proponiendo es la racionalidad y esto significa un verdadero ejemplo de sensatez en el uso de recursos para un fin dado".
En estos momentos, mi gran pregunta es qué va a hacer el ministro Ginés con los 750 millones de dólares que recibió del Banco Mundial. Es un vagón de plata fenomenal. La pregunta es ¿en qué lo va a gastar? Hay varias opciones posibles:
-"Primera opción: este Foro empezó con un pre Foro que abordó el tema de la fabricación estatal de medicamentos. Con una fracción insignificante de esos 750 millones se podría solucionar todos los cuellos de botellas de fabricación estatal de medicamentos en la Argentina y no solo podría autoabastecerse en casi todos los rubros, sino que podría darle medicamentos a todo el Mercosur. Pero la plata no viene para que la Argentina fabrique medicamentos".

-"Opción dos: en este momento que están en quiebra los ofertantes privados de salud esa plata podría ir para que el Estado comprara los activos para hacerse de infraestructura. Pero la plata no viene para eso".

-"Opción tres: que parte de esa plata llegue a los gordos de la CGT. Como un gesto de solidaridad entre gordos, el ministro de Salud y los popes de la CGT se abrazan y la plata va ahí."

"No sé si saben que estos préstamos representan solo el 2% del gasto total salud, pero son suficientes para controlar toda la política sanitaria. Imaginen una casa, donde hay un tanque de agua y una canilla. Bueno: a esa casa le prestan un balde, pero a cambio controlan la canilla".
"Lo que seguro no van a hacer –aunque sería lo más racional- es aumentar la oferta nacional de salud, mañana, tarde y noche, con trabajadores de salud asalariados, legales, para dar un shock de oferta gratuita y estatal".

opinion de Pagina 12

Introducción al conflicto hospitalario: Garrahan y otros

De Pagina 12:

Por J. M. Pasquini Durán
La vigencia en el mundo del llamado "pensamiento único" de extrema derecha,
también conocido como neoliberalismo, a lo largo de un cuarto de siglo dejó
un saldo de injusticias sociales que hoy en día preocupa incluso a los que
defendieron esas tesis. The Independent, por ejemplo, constató que "la
desigualdad de la renta está alcanzando niveles nunca antes vistos desde el
final del siglo XIX". En Estados Unidos, la mayor potencia de Occidente,
desde 1979 la renta del veinte por ciento de los más pobres subió un 6,4 por
ciento, un 70 por ciento la del veinte por ciento de los más ricos y un 184
por ciento la del uno por ciento de los mega ricos, que ganan el doble y
hasta el triple de sus similares en Francia y Gran Bretaña. Esta elite en
2001 manejaba el veinte por ciento de los ingresos totales norteamericanos y
un tercio de su renta bruta, mientras que para mantener sus ingresos que
decrecen los trabajadores estadounidenses ocupan trescientas horas anuales
más que los europeos. En los últimos quince años la población de Estados
Unidos pasó de 263 a 300 millones de personas, el mayor crecimiento en 40
años incluida la inmigración, con una tasa de fertilidad más alta que la de
China, Brasil y Corea del Sur. No sólo los pobres se multiplican, pero la
brecha entre ricos y pobres se ensancha como parte de la mundialización
económica.
Esto significa que la pobreza, el desempleo y la mayor explotación de la
mano de obra no son obras de la fatalidad o la demografía, sino de la
voluntad de quienes tienen el poder para desequilibrar la balanza. "En
muchas áreas donde transcurren guerras y donde las redes extremistas
incorporan nuevos reclutas que se suman a grupos criminales o paramilitares,
éstos son literalmente la única oportunidad ofrecida a los desempleados
jóvenes que carecen de toda educación formal", explicaba una articulista de
The Nation (EE.UU.), después del ataque a las Torres Gemelas. Datos
posteriores revelados por fuentes de investigación tienden a demostrar que
el reclutamiento terrorista no siempre responde, en relación de causa y
efecto, a la ignorancia y la ausencia de oportunidades laborales, aunque
estas condiciones siguen alimentando los ejércitos de sicarios y
delincuentes jóvenes en el continente. Fuentes mexicanas indican que las
bandas criminales de jóvenes tatuados en dorso, brazos y cara, que asesinan
a sus propios padres como prueba de pertenencia a la "nueva familia",
reclutan miembros a partir de los siete años de edad y reunidos en diversos
grupos operan desde el sur de Los Angeles hasta Honduras y Guatemala. Se
conocen como "los mara" (por marabunta) y cifras provisionales calculan en
quinientos mil el número de "mareros". Toda clase de calamidades y
violencias sociales se expanden por el planeta, como si la bomba atómica
arrojada hace sesenta años sobre Hiroshima, para "terminar con las guerras",
hubiera sido un acto del todo inútil.
Por eso, cuando aquí, en la Argentina, se discute de pobreza y desempleo, de
salud y educación, debería argumentarse en ese contexto global de peligros y
desafíos, porque el cuadro completo permite comprobar con facilidad que
nadie en ningún lugar puede estar a salvo mientras los demás, el Otro, el
prójimo o el próximo, como quiera que se lo nombre, sufra sin merecerlo la
pena infinita de la soledad y el abandono. En estos días hay voces que se
levantan, no todas por intereses subalternos, para polemizar con las huelgas
que cumple personal de servicios públicos, desde trenes hasta hospitales y
escuelas. Algunas los condenan en nombre de la responsabilidad particular
que asumen esos trabajadores respecto del resto de las personas que dependen
de sus servicios. Al mismo tiempo, otras se preguntan quiénes son los
rehenes en estos conflictos: ¿los usuarios o los empleados que los atienden?
Cada pleito, por supuesto, necesita que el diálogo y la prudencia de las
partes produzcan soluciones razonables, aunque en épocas electorales ninguna
de esas características -diálogo, prudencia, razonabilidad- distinguen las
actitudes de los protagonistas. En momentos de tanta sensibilidad despierta,
cada uno está a cargo de preservar la integridad de los derechos civiles y
sociales, rechazando a los que por malicia o por ignorancia pretenden
resolver el conflicto social que tiene amplias cuotas de legitimidad
ubicándolo en el plano de los actos delictivos o impropios de la libertad.
No hay intocables en la democracia, a todos les puede tocar la agresión por
la intolerancia de unos o de muchos, la cantidad es siempre relativa, pero
tampoco es justificable acusar de delincuente al que opina diferente.
Proceder de este modo es una de las peores actitudes del autoritarismo y no
hace falta ser Gandhi para replicar con los argumentos propios y el apoyo de
quienes los comparten, pues de lo contrario estaría justificándose la
hipótesis de "judicializar" los conflictos, cada vez que molestan, lo cual
es una típica reacción de la derecha.
En tiempos electorales es más común apelar a las teorías conspirativas según
las cuales el contrario y su ideología mantienen abiertos los conflictos
para satisfacer con perversidad los propios y mezquinos intereses. Sería
ocioso negar que en ciertas ocasiones tanto en la administración del Estado
como en dotaciones de sus dependientes, empresas y/o empleados, los
criterios patrimoniales y los liderazgos partidarios hacen prevalecer las
razones propias, pero eso también es consecuencia del método de prueba y
error que cada porción de la sociedad utiliza para elegir a sus
representaciones en una democracia embarullada y tan imperfecta como la
actual. Por otra parte, a cada rato aparece con evidencia cristalina -sobre
todo cuando se trata de justicia, salud y educación- que el Estado precisa
una reforma conceptual y metodológica que eche por la borda todo el lastre
acumulado por años de ineficacia, corrupción y desprofesionalización de sus
funcionarios, en especial en sus cuadros intermedios, los que sobreviven a
los sucesivos cambios de gobierno, que más de una vez ocultan sus
ineptitudes debajo de varias capas de astucias conspirativas, de falsas
solidaridades corporativas y de lealtades volátiles.
El Poder Judicial es casi emblemático en la materia, donde se renovó la copa
del árbol, pero el tronco y las ramas siguen infectados por plagas de
diversa naturaleza. La destitución del juez Galeano, entre otros
magistrados, y la reapertura del expediente de los sobornos en el Senado
fueron esta semana dos indicadores alentadores de un proceso sanitario que
no debería interrumpirse, sino más bien avanzar con rigor y prontitud. La
urgencia es evidente con sólo pensar en todos los fallos que han producido
esos jueces durante todos sus años en funciones o las leyes que han sido
aprobadas por los mismos senadores que aceptaron sobornos a cambio de sus
votos. Este repugnante episodio, conocido como "el caso de la Banelco", si
es tramitado con diligencia podría repercutir hasta en las urnas, ya que en
el expediente están involucrados políticos del bipartidismo, PJ y UCR, que
continúan en carrera ejerciendo cargos públicos o en posiciones expectantes
en sus respectivas agrupaciones.
Aunque para esos políticos que prefieren aparecer impolutos en los momentos
previos de las elecciones la reapertura del caso haya sido como recibir un
balde de fango, para los ciudadanos fue un refresco de la memoria, siempre
útil a la hora de decidir entre tantos candidatos. Bastaría comparar la
lista de los imputados y sus pertenencias partidarias con las nóminas de
candidatos, para hacer un descarte primario antes de ingresar al cuarto
oscuro. Está bien que los tribunales hagan su tarea, pero los votantes
también tienen que contribuir a reforzar la calidad de sus representaciones.
No valen la lealtad partidaria o la simpatía por el que encabeza la lista
electoral, si en la misma nómina hay personas que están siendo investigadas
por delitos de corrupción: esa propuesta debería descartarse. Recuperar la
integridad de los cuerpos institucionales es una tarea lenta y compleja,
pero más que nada interdisciplinaria, es decir, no puede ser cumplida con la
contribución de una sola parte, así sea la Corte Suprema, si la sociedad no
impone el castigo de separar de su seno a los que usaron una posición de
servicio y un mandato popular para su personal beneficio. La demanda
estentórea de diciembre de 2001 para "que se vayan todos" era más que una
expectativa de inmediato cumplimiento, sino algo así como un horizonte para
la renovación política. Es un compromiso que debería ser renovado cada vez
que se ofrezca la oportunidad.
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Una tregua que tiene final incierto

Por J. M. Pasquini Durán
Los trabajadores que lograron conservar el empleo durante la transformación
regresiva de las últimas décadas no salieron indemnes de la travesía.
Tuvieron que sufrir la pérdida de sus derechos laborales, incluido el
antiguo y primario a la jornada de ocho horas, la precariedad de sus
contratos bajo la amenaza de ser reemplazados por alguno de los millones de
desocupados, la congelación de las remuneraciones, la indefensión legal ya
que la mitad de la mano de obra no existía en los registros legales, estaba
"en negro", y la indiferencia o impotencia de sus representaciones
sindicales, entre otras calamidades. En ese cuadro de debilidades, la
porción del sector laboral en la distribución de las riquezas nacionales fue
saqueada y transferida a minorías privilegiadas, hasta que la diferencia
entre ricos y pobres se hizo abismal. Pese a todo hubo resistencia y luchas,
dispersas y a la defensiva por lo general pero suficientes para jaquear al
predominio conservador que terminó por agotarse y perdió, aquí y en el
mundo, la condición de "pensamiento único".
En el nuevo clima político de la región, donde los flamantes gobiernos
emergieron reivindicando a los derechos humanos, que incluyen los derechos
económicos y sociales, con movimientos populares todavía fragmentados y sin
liderazgos políticos consolidados aunque activos y en disposición de pasar a
la ofensiva, la "indisciplina" social es inevitable. Dado que esa ebullición
no puede ser contenida en los moldes de los partidos y sindicatos
tradicionales, fracturados a su vez por los estallidos de sus propias
contradicciones, se expresa de manera turbulenta y bullanguera. Son
irritantes para ciertas ideas de orden establecido, que tienen relativa
certeza en comunidades donde las necesidades básicas están más o menos
satisfechas pero que se vuelven reaccionarias cuando tratan de aplicarse en
un país donde la mitad de sus habitantes habita en la geografía del hambre.
En ocasiones, también, el entusiasmo ideológico de algunas minorías de la
izquierda provoca desbordes en relación con el mismo proceso que lo cobija
y, así, una demanda por mejores salarios es percibida como "la chispa en la
pradera" de un proceso revolucionario imaginado según alguna literatura
clásica expuesta como verdad canónica de un modo descomedido con la
actualidad. Otro tipo de exceso es el que cometen los funcionarios que
perciben conjuras políticas en las huelgas y piquetes. Unos y otros usan
para construir sus retóricas algunos términos que deberían ser aplicados con
el mayor rigor, como terroristas o genocidas, para que la confusión no
desgaste los conceptos hasta que no signifiquen nada. Que la lengua mal
usada no termine por echar el manto de olvido que anhelan los cancerberos
del pasado nefasto.
El ministro Roberto Lavagna afirmó ayer que la huelga en el hospital
Garrahan era pura política y que no le extrañaría que los delegados
aparezcan el día de mañana en alguna lista de candidatos para las próximas
elecciones. El ponderado economista dice que también el Fondo Monetario
Internacional (FMI) tiene intencionalidades políticas y, sin embargo, ayer
mismo justificó el pago puntual de las deudas como un camino hacia la
autodeterminación nacional. Tiene derecho, por supuesto, a que le guste más
una política que otra, pero no debería clausurar un análisis de manera tan
superficial. El sindicalismo de base, protagonista central en varios de los
conflictos últimos que ganaron notoriedad mediática, es un fenómeno que
merece una observación más detenida, sobre todo de quienes ejercen el
gobierno. Por otra parte, que las protestas sociales tengan sentido político
no sólo es posible sino deseable. El debate, en todo caso, es cuál es el
mejor sentido pero la respuesta la tienen que dar los propios trabajadores.
En estos tiempos se advierte mediante la simple recepción de los discursos,
de uno y otro lado, que hay una dosis excesiva de holgazanería en el
pensamiento de todo el arco político. Sólo esa chatura puede explicar la
reincidencia de figuras como Menem, Alfonsín o Cavallo que ya tuvieron sus
momentos y que hoy deberían ocupar sus ocios en ámbitos de su privacidad, ya
que para los espacios públicos, según se escucha a diario, hacen falta ideas
y energías nuevas o que, por lo menos, no hayan tenido oportunidad de
mostrar lo que son capaces de hacer. El pensamiento ocioso suele apelar a
las resoluciones fáciles para evacuar problemas complejos, algunos novedosos
del todo, cuando por lo general lo que pasa por reflexión es apenas poco más
que entusiasmo, muchas veces pasajero. En los últimos días, por ejemplo, se
han escuchado voces demandantes por la libertad de Raúl Castells muchas de
las cuales se habían alzado con idéntica energía para convalidar las
iniciativas de Blumberg, cuyas propuestas lo hubieran dejado morir en la
celda al prisionero. Esa volatilidad de las opiniones que suelen confundirse
con el "sentido común" es otro síntoma de la ausencia de ideas maduras y
responsables.
La actual campaña electoral es la vitrina transparente y vacía o, en todo
caso, repleta de improperios cruzados. De esa caja llena de agravios,
algunos piensan que emergerán después del 23 de octubre y antes del 2007 dos
procesos transitorios hacia la formación de un bipartidismo diferente al
tradicional, ya que se formaría un bloque de centroizquierda, encabezado por
el matrimonio Kirchner, y otro de centroderecha, cuya cabecera no emerge aún
con la misma nitidez. Otros, en cambio, creen que la lógica presidencial
persigue el poder, no el proyecto, para lo cual construye, según la
tradición partidaria, con ladrillos fabricados con mezcla de bosta y barro,
en las proporciones que decida el líder. Sobre la traqueteada competencia
Kirchner vs. Duhalde, José María Díaz Bancalari, duhaldista y de vuelta de
casi todo, dice que hay dos verdades no escritas además de las veinte que
forman el catecismo partidario. La vigésima primera diría "hay que alinearse
con el vencedor" y la vigésima segunda, "el que disiente con el poder es
traidor". Entre los que rodean al intendente Martín Sabbatella, una figura
emergente que se reivindica como de centroizquierda, esa disputa no es más
que la actualización de la estrategia del PJ de producir cambios y
transiciones hacia sí mismo en sus disputas reincidentes por la jefatura y
el liderazgo. Horacio González, actual subdirector de la Biblioteca Nacional
y un agudo observador, sostiene que después de seguir la trayectoria Luder -
Cafiero - Menem - Rodríguez Saá - Duhalde - Kirchner, ¿qué se nombra cuando
se dice peronismo?
Por ser la fuerza de mayor potencial electoral en el principal distrito del
país, el peronismo ocupa buena parte de la atención política y mediática,
pero lo cierto es que el conjunto electoral sigue sin merecer el compromiso
ciudadano. La mínima participación en las internas realizadas en varios
distritos y partidos el domingo pasado, algo así como el tres por ciento de
los habilitados para votar, indica la mayor debilidad, quizá la primera
fuente de incertidumbre sobre el futuro, del presente democrático. Tal vez
sería tiempo de taparle la boca al oráculo de turno y entre todos intentar
una reflexión verdadera sobre el futuro colectivo.

La AMIA por Kovadloff

Santiago KovadloffEl Mirador La AMIA, una causa nacional

Si el más grave atentado terrorista sufrido por la Argentina es el cometido
contra la AMIA, ¿por qué sigue siendo la comunidad judía la que
primordialmente exige, año tras año, que se cumpla de una buena vez su
esclarecimiento? ¿Por qué el Estado no asume como propia la envergadura de
esta catástrofe y nacionaliza el alcance de su significado? ¿Por qué se
limita a adherir, con mayor o menor vacilación, al recordatorio y al reclamo
que, desde hace más de una década, organiza la comunidad judía? ¿No advierte
que su retórica y su mímica, a fuerza de vacías y al cabo de tanto tiempo,
lindan con la perversión? ¿Es a los judíos a quienes el Estado debe una
explicación de lo sucedido o es a la Nación? La sede de la AMIA volada hace
once años, ¿es o no es una institución argentina? Los muertos que allí
cosechó el terrorismo, ¿son o no son argentinos? La calle Pasteur, ésa que
fue abrasada por el horror aquella mañana de julio, ¿se encuentra o no en la
capital de la República?

Digámoslo de frente y con todas las palabras: la de la AMIA es una tragedia
argentina no asumida como tal. El ataque del 18 de julio de 1994 fue
perpetrado contra el país por fanáticos que contaron con la anuencia de
estados extranjeros y ellos, a su turno, con la complicidad de elementos
locales. Reducir, como se lo está haciendo, el alcance de su significado a
un "problema de los judíos" y de los familiares de las víctimas equivale a
desentenderse de su real magnitud y a ratificar la siniestra consigna de los
agresores para los cuales los judíos son apátridas.

Es al Estado argentino al que le compete infundir rango nacional a lo
sucedido. La masacre producida afecta, como agresión, a la ciudadanía en su
conjunto y vulnera la soberanía nacional. Su real esclarecimiento comienza
por ahí. Simultáneamente se lo debe caracterizar como delito de lesa
humanidad que no debe prescribir. Y a la comprensión de que así debería ser
mucho podría contribuir el hecho de que el Gobierno promoviese, en todo el
país, la conciencia de que se trata de una causa nacional.

No obstante, desde los espacios de poder se procede como si lo ocurrido
aquel 18 de julio de 1994 no afectara a la soberanía de la Nación. No menos
desconcertante y desalentadora es la actitud de las autoridades comunitarias
judías. Ellas siguen reivindicando como "propio" lo ocurrido. Con ciega
obstinación aplazan la decisión de exigir al Estado que se convierta en
vocero principal de lo sucedido. Y ello no sólo judicial sino políticamente.
Es absurdo, por no decir lamentable, que sea el Presidente de la República
el que concurra como invitado a los actos evocativos del atentado cuando en
verdad debería ser él quien convocara a realizarlos infundiéndoles así su
máxima trascendencia. No es ante todo a la colectividad judía y a los
familiares de las víctimas a quienes se les adeuda clarificación y justicia.
Es al país entero. Son las autoridades comunitarias judías las que antes que
nadie deberían impedir que se siga "judaizando" la cuestión, es decir,
desnacionalizándola. ¿Cómo es posible que se mantenga acallado desde hace
tanto el hecho gravísimo de que un atentado contra la Nación, como el
entonces sufrido, sea compartimentado de tal manera que el Estado lo
visualice desde "afuera" como si el primer afectado por lo sucedido no fuese
él mismo? ¿Qué implica eso sino complicidad con el delito?

Se ha dicho y repetido incontables veces que el pueblo judío, al ser el
Pueblo del Libro es, por añadidura, el pueblo de la memoria. Precisemos sin
embargo que no olvidar no significa recordar lo que pasó sino entender cada
vez mejor qué tiene que ver lo que pasó con lo que pasa. En estos tiempos
tan dolorosos en los que la democracia argentina acusa una profunda
fragilidad moral, es hora de ir sabiendo que, para llegar a revertir la
situación que enferma a nuestras instituciones, hay que aprender a
relacionar los hechos aparentemente inconexos que conforman esa situación.
Es sabido que los problemas irresueltos del pasado terminan por reaparecer
drásticamente en el presente. Y nadie ignora ya que la democracia, sin un
presente diáfano, ha de tener un porvenir oscuro.

Por Santiago Kovadloff

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Andres Nin y CNT: la España Revolucionaria del 30

ANDRES NIN: El crimen que remató la República
El Mundo, 15/06/1997
De orígenes anarquistas, fue funcionario sindical en la URSS al término de
la revolución. Llegado Stalin al poder, tuvo que abandonar Moscú para salvar
la vida. De regreso a España, fundó partidos trotskistas. Su asesinato en
1937 ejemplifica la profunda brecha que se abrió en la izquierda.
Cuando los agentes secretos soviéticos, dirigidos por Orlov, y sus sicarios
españoles, entre los que destacaba el coronel Ortega, secuestraron,
torturaron y asesinaron a Andrés o Andreu Nin López, en junio de 1937, algo
en la II República se rompió para siempre.

No se explica el final de la guerra sin la fosa que se abre, con el cuerpo
de Nin dentro, entre los que estaban dispuestos a todo al servicio de Stalin
y los que, desde entonces, miraron a Moscú como un peligro más que como un
aliado. Si Moscú era capaz de mandar asesinar a un hombre inofensivo
políticamente como, de hecho, lo era Nin, ¿qué podía esperarse de bueno que
viniera de Moscú? Ni armas siquiera, que por entonces, además, empezaron a
llegar de forma harto irregular, a pesar de estar pagadas de antemano y de
sobra con el oro del Banco de España enviado a Odessa.

Y es que la historia de Nin, como la de los otros grandes personajes del
POUM, Maurín y Gorkin, era la de la izquierda española del siglo XX. Formado
en el anarquismo, con gran facilidad para los idiomas -daba clases de
catalán y de español entre presión y prisión, y pronto se ganó la vida como
traductor en las épocas de clandestinidad- Nin era, con Pestaña, una de las
jóvenes promesas del movimiento libertario, cuando triunfó el golpe de
Estado leninista y fue enviado a Moscú para averiguar las características
del régimen y después decidir si la CNT se sumaba a la naciente III
Internacional. Nin hizo algo más que mostrarse favorable_ se quedó en Moscú.
Allí empezó a trabajar en la organización de la Profintern, la Sindical
Obrera de la III Internacional, y recorrió Europa como agente soviético
buscando su implantación, tarea dificilísima porque los socialistas y los
anarquistas tenían el control absoluto de ese terreno y pronto se mostraron
opuestos al sectarismo leninista.

Nin tardó poco en desengañarse de la revolución. Dos años después de
instalarse en su despacho de la Profintern ya le contó a Gorkin sus dudas
sobre la evolución de la URSS y, en especial, sobre la sucesión de Lenin. Su
favorito era Trotski, con el que mantenía muy buena relación Fue
precisamente lo que, años después, le costó la vida.

Y es que Trotski, además de crear el Ejército Rojo y de forjar, mano a mano
con Lenin, el régimen de terror que, a través de la cheka, dirigió desde los
primeros meses de la revolución Félix Dzerzhinski, tenía debilidad por los
escritores e intelectuales, a los que adoctrinaba y con los que se
entretenía en largas veladas, bien regadas con vodka. Nin tenía un lugar
importante aunque relativamente marginal en la naciente nomenklatura y
pertenecía al círculo de los Maiakovski, Esenin, Bábel, Lili Brik, Lieniak y
otros que, con Gorkin en la distancia, y Meyerhold en las tablas, sin
olvidar a Dziga Vertov, Pudovkin y Eisenstein en el cine, formaron una
especie de Corte de Camelot en la naciente revolución soviética.

Nin tradujo al catalán y al español varios libros de Lenin, de Trotski y de
los pocos teóricos que por entonces tenía el partido bolchevique, pero
complementaba su sueldo y su afán lliterario con la traducción de
narraciones de todos aquellos brillantes escritores, entre las que destaca
Caballería Roja, de Isaak Bábel.

Pero el rey Arturo Illior Ulianov murió y no había caballeros en torno a la
Mesa Redonda de la revolución de octubre. La lucha sorda entre Trotski y
Stalin por la sucesión leninista, la tuvo ganada Stalin desde el principio,
pero tardó algún tiempo en tomar represalias. Así pudo censar a todos los
que, en un momento dado, podían serle hostiles, y se dispuso a deshacerse de
ellos.

Entre los trotskistas, que eran simplemente los que se oponían a Stalin o a
ciertas formas del terror soviético que no tenían sentido después de ganar
la Guerra Civil, figuró desde el principio Andrés Nin. Trotski pudo salir
vivo de la URSS pero sus amigos se quedaron y, en la práctica, se
convirtieron en prisioneros del naciente estalinismo. Nin tuvo además la
gallardia de no esconder nunca sus diferencias con Trotski pero también de
ayudarlo cuantas veces pudo, porque consideraba injusta su persecución. Esto
lo llevaba de cabeza a la cheka y al tiro en la nuca, cuando su mujer. Olga
Tareeva, le impuso la huida de la URSS como única forma de salvar la vida,
Las autoridades negaron el visado. Entonces, Olga se presentó en la sede del
KGB -entonces GPU- diciendo que si no les dejaban salir, se pegaría un tiro
en la puerta de la Lubianka. Y sacó la pistola para demostrarlo. La vieron
tan decidida que les dejaron salir.

Cuando Nin regresa a España está naciendo la II República y él funda un
grupo claramente trotskista, Izquierda Comunista, que, sin embargo, tropieza
con dos obstáculos infranqueables: el dogmatismo de Trotski y la existencia
de un grupo, el Bloque Obrero y Campesino, dirigido por el aragonés afincado
en Barcelona Joaquín Maurín, cuyo liderazgo en el comunismo antiestalinista
era indiscutido e indiscutible. Nin no fue capaz de conseguir que su
organización creciera mientras veía cómo la de Maurín se iba haciendo cada
vez más fuerte.

Después de muchas peleas teóricas y después de la participación del BOC en
als alianzas obreras y la revolución de Asturias, amén de la rebelión de la
Generalitat que, dirigida por Dencás, terminó en un espantoso ridículo, la
IC y el BOC deciden unir sus fuerzas convencidos de la inminencia, por no
decir necesidad, de la Guerra Civil. Nace así el POUM, Partido Obrero de
Unificación Marxista, en el que Nin ocupa una presidencia honorífica pero en
el que manda Maurín.

Su política es comunista, dictatorial, pero antisoviética, lo cual les
enemista con la CNT -que no perdona ni la antigua defección de Nin ni la
represión de Ttrotski contra Makno y otros anarquistas en la URSS- y con
Stalin, que ha puesto en marcha, con Yagoda y Yehzov, lo que Conquest ha
llamado «el gran terror», una depuración masiva de todos los antiguos
bolcheviques, con especial atención a los anarquistas, troskistas y
«socialtraidores» en general.

El comienzo de la Guerra Civil pilla a Marín en Galicia, donde consigue
escapar con nombre falso, pero es detenido al tratar de pasar a Francia por
Jaca, y remitido a la cárcel. Nin queda entonces como jefe nominal del POUM,
pero el partido sigue siendo maurinista y, salvo Andrade, todos los
dirigentes, con Gorkin a la cabeza, le guardan respeto pero no obediencia.
Cuando empieza la guerra, el POUM moviliza sus efectivos como los demás
partidos revolucionarios, ero el PCE-PSUC, es decir, Moscú, por boca de
Koltsov, ya ha ordenado la caza y captura de los trotkistas, a los que se
asimila con los nazis y el Gobierno de Burgos. Tras los Hechos de Mayo, en
los que el POUM se alía desganadamente a la CNT contra el PSUC, se desata la
persecución contra los poumistas. En junio, Negrín, que ha sustituido a
Largo Caballero porque éste se niega a ilegalizar la organización dirigida
por Nin, hace la vista gorda para que el coronel Ortega y los agentes de la
NKVD, el servicio secreto soviético que en la España republicana ya campaba
a sus anchas, detengan a la plana mayor del POUM.

Se llevan a Nin a Madrid, pasando por Valencia, y allí intentan convencerle
a golpes de que confiese su condición de agente franquista y nazi. Nin,
hombre de salud frágil y carácter blando, no transige. Comienzan entonces
las torturas: lo llevan de Madrid -una cheka en la Castellana- a Alcalá de
Henares y allí, en un chalé, lo golpean hasta darlo por muerto. Pero vive.
Entonces lo llevan al Pardo, a un garito donde las Brigadas Internacionales
solían depurar a los antifascistas que no rendían culto a Stalin. Lo coge
entonces una troika venida de la URSS y encargada de los mokrie dela,
literalmente, asuntos mojados, en sangre, se entiende.

Por las declaraciones de un agente soviético a Jesús Hernández, número dos
entonces del PCE, Nin fue desollado vivo, o desollado hasta que murió, Pero
nunca firmó nada contra sus compañeros. Mundo Obrero publicó entonces que un
grupo de agentes de la Gestapo habían cruzado las líneas y rescatado al
«traidor Nin» llevándoselo a Burgos. El POUM respondió desde la
clandestinidad pintando en todas las parees que tuvo a mano: « Gobierno
Negrín: ¿dónde está Nin?. A lo que los del PCE-PSUC añadireron: «En
Salamanca o en Berlín». Se unió así el asesinato a la calumnia. Pero entre
los que no eran comunistas, la muerte de Nin significó una ruptura de fondo
con Moscú que desembocó en la rebelión de Casado al final de la guerra.
«Antes con Franco que con los que mataron a Nin», se dijeron Besteiro y los
suyos. Lo que prueba hasta qué punto Nin era uno de los nuestros.

Londres es Bagdad ( la guerra)

Londres es Bagdad
Por Sebastián Dozo Moreno
Para LA NACION

El mundo entero repudia los recientes atentados en Londres, así como el
lamentable "error" de la policía británica, que abatió a un brasileño
inocente disparándole siete balazos en la cabeza. Sin excepción, los líderes
del mundo condenan los actos terroristas en Egipto, Turquía, Irak y Gran
Bretaña, mientras que el mismo Benedicto XVI pidió al "Omnipotente" que
"detenga la mano asesina de grupos impulsados por el fanatismo y el odio".
Pregunta obligada: ¿incluye Su Santidad en esos grupos a los que planearon y
llevaron a cabo la invasión de Irak, desatando el infierno en ese país? Y en
cuanto a los líderes del mundo que hoy condenan el terrorismo islámico,
¿pertenecen a algunos de los doce Estados que apoyaron esa invasión,
sumándose a la cínica excusa de que se hacía por el bien de todo Medio
Oriente, cuando era evidente que el único objetivo era la obtención (robo)
del tan codiciado oro negro iraquí?

Hace sólo unos días, un grupo investigador de Oxford dio a conocer la cifra
de unos 25.000 civiles iraquíes muertos desde el comienzo de la guerra, en
2003. Y de ellos, casi el 20% eran mujeres, ancianos y niños, incluidos 51
bebes. Y el último 14 de julio, los matutinos del mundo difundieron que 32
niños iraquíes murieron cuando un suicida se inmoló cerca de un grupo de
soldados norteamericanos que repartía dulces, a pesar de que en septiembre
pasado otros 34 niños habían muerto en circunstancias semejantes, atraídos
por la generosidad propagandística del ejército "liberador". ¿Queda claro
que hablamos de niños, y no de cifras, de cuerpos destrozados y no de daños
colaterales, de seres humanos y no de cristianos o musulmanes, de vidas
tronchadas y miembros amputados, y no de porcentajes? Pero, entonces, ¿por
qué en Occidente es mayor el estupor por los atentados en Londres que por
esas masacres? Y aún más, ¿cómo pueden celebrar algunos intelectuales la
supuesta llegada de la democracia a Irak cuando el precio son miles de
galones de sangre inocente? Y aun cuando alguien creyera ingenuamente y de
buena fe en los fines altruistas y humanitarios de Bush, Blair, y del señor
Aznar en su momento, ¿valdría la mutilación de un solo niño iraquí la
consecución de esos fines?

Y a propósito de esto, ¿guardó Occidente en su memoria colectiva el nombre
del niño de 12 años que, en los primeros días de la "victoriosa" invasión,
perdió a sus padres, sus dos hermanos, sus tíos y primos, y sus dos brazos?
Alí Samain es su nombre. "Van a ver ahora la mayor tragedia del mundo", fue
lo que les dijo el médico Osama Salé a unos brigadistas españoles cuando los
conducía hasta la camilla en donde yacía Alí, con los muñones vendados y su
torso y abdomen quemado "como un trozo de lata". Y después de que vieron al
niño mutilado, Osama Salé les preguntó: "¿Quieren ver ahora cómo quedó su
familia?", y les enseñó las fotos de la madre en la morgue, con la cara toda
negra, el cuerpo "como leño quemado" y la cabeza "aplastada como una
maceta", en la que podía verse algo semejante a una flor roja: la boca
abierta de la mujer, congelada en un grito de espanto.

Los mismos brigadistas que fueron testigos de esa escena vieron decenas de
niños y mujeres muertos en las calles de Irak como perros atropellados por
automóviles (o tanques más bien). ¿Y todavía alguien puede celebrar las
elecciones realizadas en Irak? ¿O el derrocamiento del tirano Hussein? ¿O la
ficticia superioridad moral de Occidente? Nadie que se precie de ser
cristiano, o democrático, o civilizado, o simplemente "humano", puede
justificar el homicidio como medio para la realización de un fin, cualquiera
que sea éste, y mucho menos admitir el genocidio. No hay fines nobles cuando
los medios son siniestros. No hay causas justas cuando los resultados son
sanguinarios. No hay empuje civilizador cuando el método es la barbarie.

Se impone, por lo tanto, la revisión de algunos conceptos, prejuicios y
actitudes, que abundan entre nosotros, los occidentales "civilizadores", se
impone un riguroso examen de conciencia.

Ante todo, la condena de la guerra de Irak no implica adoptar una posición
"zurda" o antinorteamericana; esto último, algo tan necio e irreal como el
apoyo al terrorismo, como afirmar que "todos" los norteamericanos tienen
espíritu imperialista y que los terroristas matan por idealismo, cuando lo
que los mueve es el resentimiento fanático. Aquí la cuestión es la matanza
de inocentes, y no si se toma partido por el capitalismo o por el comunismo,
por Bush o por el Papa, por Estados Unidos o por Medio Oriente, por Cristo o
por Mahoma. Y toda consideración que ignore el dolor y la muerte de personas
en Irak, incluidos los soldados norteamericanos, es superficialidad
impiadosa y esnobismo intelectual.

Destaquemos algunos errores de visión que promueven la indiferencia entre
los occidentales. Si un fanático se inmola en un subte de Londres, es
terrorismo, pero si un misil cae en un mercado de Basora, o en una
maternidad, es un daño colateral. Si un terrorista islámico se vuela en un
bus londinense, se trata de un atentado "brutal". Si un misil impacta en un
barrio residencial de Bagdad, se trata de una bomba "inteligente" que erró
el blanco.

Si un niño inglés, o uno español, pierde la vida, es una atrocidad
imperdonable. Si treinta y dos niños iraquíes mueren en una explosión, es
una "barbaridad", y al día siguiente no se piensa más en el asunto. ¿Acaso
existe la sensación de que los iraquíes son menos personas por su situación
de pobreza y sus túnicas terrosas? Si vistieran saco y corbata, ¿nos
inspirarían mayor compasión? Pero, entonces, ¿sólo nos conmovemos cuando
sentimos que una tragedia podría habernos sucedido a nosotros?

Si unos fanáticos detonan bombas en tres subtes y un ómnibus de Londres, es
terrorismo (y lo es), pero si las fuerzas aliadas descargan una lluvia de
misiles sobre Bagdad, es una guerra preventiva. ¿Será preciso recordar que
el plan de ataque desarrollado en Irak se basa en el concepto elaborado en
la Universidad de Defensa Nacional, que lleva por nombre Shock and Awe, que
es algo así como operación Conmoción y Terror? Por otra parte, ¿no es
fanatismo religioso matar por Mamón, el inmundo dios del dinero? Cuando los
aliados avanzaron sobre Irak, en 2003, hubo un alza en las bolsas europeas y
de Estados Unidos. La bolsa de Londres, por ejemplo, subió un 3,44 por
ciento. Fueron, irónicamente, las bajas iraquíes lo que provocó las alzas de
los mercados bursátiles de Occidente.

Si hay atentados en Londres, Egipto, y otros países, el Papa condena los
"execrables atentados terroristas" que "ofenden a Dios y al hombre". Pero
por los cientos de niños y mujeres que mueren en Irak a causa de la
ocupación aliada, Dios no parece estar demasiado ofendido. Y aunque es
verdad que el Vaticano se opuso a la invasión de Irak, también es verdad que
se quedó en la condena verbal y no tomó ninguna medida drástica a su
alcance, como que el Papa es el líder espiritual de 1100 millones de
católicos. ¿No piensa Benedicto XVI viajar a Bagdad, en heroica y decisiva
misión de paz, para intentar detener el genocidio en ese país? El, que es
hombre de pensamiento, ¿tiene presente la sentencia del filósofo Henri
Bergson de que "hay que actuar como hombre de pensamiento y pensar como
hombre de acción"? ¿O acaso los iraquíes son primos segundos, y no hermanos,
en su calidad de musulmanes y de "incivilizados"? Se objetará que a nosotros
ellos nos consideran "infieles", razón más que suficiente para ser fieles a
una verdad superior a la de las diferencias religiosas y realizar acciones
de fraternidad ejemplar.

Hasta que no seamos capaces de ver en el otro a un semejante, que es un
"otro yo" tanto como un "otro tú", nuestros juicios con respecto a la guerra
y al terrorismo serán banales e impiadosos. Crueles. Sólo cuando la muerte
de un niño iraquí nos afecte tanto como la de un niño occidental, habremos
empezado a ser democráticos y pluralistas, compasivos y civilizados. Cuando
nos resulte igual de aberrante un atentado en Madrid o uno en Basora,
estaremos curados de sutiles fanatismos y groseras insensibilidades.

En suma, podremos decirnos partidarios de la paz en el mundo, cuando muy en
lo profundo comprendamos que, desde un punto de vista estrictamente humano,
Bagdad es Londres, y Londres es Bagdad.

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