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Paisaje cambiante

 

Paisaje cambiante

 

                Jacques Prévert

 

De dos cosas luna

la otra es el sol

los pobres los trabajadores no ven esas cosas

su sol es la sed el polvo el sudor el alquitrán

y si trabajan a pleno sol el trabajo les oculta el sol

su sol es la insolación

y el claro de luna para los trabajadores nocturnos

es la bronquitis la farmacia los líos los disgustos

y cuando el trabajador se duerme el insomnio lo acuna

y cuando su despertador le despierta

ante su cama encuentra cada día

la sucia jeta del trabajo

que ríe socarrón que se mofa de él

entonces se levanta

entonces se lava

y después sale medio despierto medio dormido

camina por la calle media despierta media dormida

sube al autobús

con billete obrero

y el autobús el chofer el cobrador

y todos los trabajadores medio despiertos medio dormidos

cruzan el paisaje congelado entre la noche y el amanecer

cruzan el paisaje congelado entre la noche y el amanecer

el paisaje de ladrillos de ventanas con corrientes de aire de corredores

el paisaje eclipse

el paisaje prisión

el paisaje sin aire sin luz sin risas ni estaciones

el paisaje helado de las barriadas obreras heladas en pleno verano

como en el corazón del invierno

el paisaje apagado

el paisaje sin nada

el paisaje explotado hambriento  devorado escamoteado

el paisaje carbón

el paisaje polvo

el paisaje pringue

el paisaje escoria

el paisaje castrado borrado relegado y arrojado a la sombra

a la gran sombra

la sombra del capital

la sombra del lucro.

A veces sobre ese paisaje brilla un astro

uno solo

el falso sol

el sol pálido

el sol ya puesto

el sol perro del capital

el viejo sol de cobre

el viejo sol corneta

el viejo sol capón

el viejo sol fístula

el repugnante sol del rey sol

el sol de austerlitz

el sol de verdún

el sol fetiche

el sol tricolor e incoloro

el astro de los desastres

el astro de las cochinadas

el astro de las matanzas

el astro de la imbecilidad

el sol muerto.

Y el paisaje medio construido medio demolido

medio despierto medio dormido

se hunde en la guerra la desgracia y el olvido

y después recomienza tras la guerra terminada

se reconstruye en la sombra

y el capital sonríe

pero un día vendrá el sol verdadero

un verdadero sol duro que despertará el paisaje

demasiado blando

y los trabajadores saldrán

entonces verán el sol

el verdadero el duro el rojo sol de la revolución

y se contarán y se comprenderán

y verán que son muchos

y mirarán la sombra

y reirán

y avanzarán

el capital querrá por última vez impedirles reír

y lo matarán

y lo enterrarán en la tierra bajo el paisaje de miseria

y al paisaje de miseria de lucro de polvo y de carbón

lo quemarán

lo arrasarán

y con él fabricarán otro sin dejar de cantar

un paisaje enteramente nuevo enteramente hermoso

un verdadero paisaje vivo

y harán muchas cosas con el sol

y hasta del invierno harán la primavera

Un poema de Mexico

NUNCA ES TARDE

 

Para ser lo bueno y lo grande que queremos,

Para modificar errores y pedir perdón

Para modificar rumbos.

 

Para voltear hacia atrás y ver que

no solo somos “yo” sino también

los “demás” ; sobre todo, para no ser egoístas.

 

Para desterrar todo lo deshonesto y corrupto.

para recuperar el tiempo perdido;

para todo….. incluso

para poder superar la peor crisis

 

¿Por qué no intentarlo?

 

¡Para eso somos hombres!

 

 

 

 

Gerardo Garza Cortés

 

 

Este es un poema que encontre en la mesa de un solitario bar de San Cristobal de las Casas, Chiapas

La Otra salud

LAS DIMENSIONES DE LA EPIDEMIA Y LA POSIBILIDAD DE UNA RESPUESTA DESDE ABAJO
Y A LA IZQUIERDA.
Documento de La Otra Salud

 
Los enfermos: 
De todos los casos que se habían contado, 2498 enfermos,  1311
hospitalizados y 59 decesos, (Jornada  2009, 30 abril: 14)  sólo quedó lo
siguiente: 99 "casos confirmados"  al virus de la influenza porcina de los
cuales 91ya se curaron y 8 están muertos y quedan 84defunciones
"sospechosas" por el virus de Influenza Porcina.... esto ha paralizado al
país (www.salud.gob. mx). 
El virus:
Un virus recién aislado, con comportamiento impredecible  y por tanto sin
control sobre el mismo. Además con capacidad de propagarse con rapidez a
todos los países del mundo ( www.who.int. es). El antecedente es que el virus
porcino conocido anteriormente en humanos tiene un periodo de incubación de
uno a tres días y de transmisión de  5 días hasta 10 días.
Las vacunas:
La vacuna tradicional aplicada en el invierno pasado es de escasa utilidad
como medida de contención de la enfermedad para esta nueva cepa según la
OMS, sin embargo, no se tienen datos ni reportes oficiales de que la
población vacunada contra el virus de la influenza estacional este protegida
para este tipo de virus. Tampoco sabemos si los 49 casos confirmados estaban
inmunizados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS):
Una alerta pandémica emitida la OMS, de nivel 5, que decidió la Directora
General Margaret Chan (www.who.int. es),  que significa el desarrollo de
focos autónomos de infección en más de dos países de una misma región. Chan
convocó a organizaciones internacionales, al banco mundial a la industria
farmacéutica  y a centros de investigación para "preparar todas las
capacidades para  hacer frente a una pandemia". ¿Cuáles son las funciones
del Estado y su papel para la directora de la OMS?, se limita a  recomendar
el confinamiento en  casa y hacer "sugerencias" a patrones," trabajar en
distribuir antivirales y en preparar campañas de vacunación", dejándose el
desarrollo de medicamentos y vacunas a empresas como Roche y Glaxo Smith
Kline (La Jornada, 2009, 30 abril:3).  
El medicamento y la economía doméstica:
La influenza porcina previamente identificada, A/H1N1 es sensible a los
antivirales zanamivir y oseltamavir  y resistente a amantadine y
rimantadine, el tratamiento de oseltamivir se recomienza por cinco días cada
12 horas(www.salud. gob.mx).  Este medicamento, cuyo nombre comercial es
Tamiflu (capsulas de 75mg), es producido y comercializado por Roche, cuesta
420.34 pesos con diez capsulas. Si un mesero, al que mandan a su casa sin
recibir su salario de 1500 pesos mensuales a pesar de los "exhortos" del
Secretario del Trabajo, recibe un "apoyo" de 50 pesos diarios por parte del
Gobierno del Distrito Federal se enfermara, tendría que pedir a su familia
no comer durante 9 días para poder juntar el dinero para comprarlo, pero
como se lo van a "regalar", cuando es su derecho, entonces tendrá que
preocuparse no por el medicamento sino porque a su familia le alcance con
sus 50 pesos para el jabón líquido que nos recomiendan (23 pesos), un
kilo de huevo (20 pesos), un kilo de tortillas (9 pesos). Supongamos que
decide no comprar el jabón y decide comprar naranjas (4 kilos por 10 pesos)
y leche (12 pesos el litro) ¡tons no alcanza¡ A los 50 pesos le podríamos
aplicar el dicho de que "en política todo lo que se compre con dinero es
barato".
Los muertos:
Ha habido sólo 8 Muertos confirmados por el virus de la influenza en todo
México de un total de 176, y entonces a nosotros nos preocuparía cuál es el
agente etiológico del resto de las 168 defunciones.  No se ha dado
información  clara respecto a la procedencia de las personas, la evolución
de la enfermedad en ellas, el tratamiento administrado, la respuesta,
características socioeconómicas.  
Las medidas:
En México el "Presidente de las manos limpias" declara una situación de
emergencia y promulga un decreto que da facultades extraordinarias al
Secretario de Salud (allanar domicilios de enfermos, aislarlos, darles
tratamiento) lo que significa la pérdida de las garantías individuales y el
establecimiento de una policía médica que bajo el pretexto de "implementar
las medidas preventivas, de control y combate a cualquier enfermedad
transmisible que pueda constituir una amenaza a la salud humana, al orden o
la paz públicos" establecedisposicio nes preventivas que son claras medidas
de control social y apropiación del espacio público por parte del Estado:
¡no convivas, no bailes, no beses, no salgas, no vayas, no te juntes, no te
organices!; mientras,  se asegura que el  plan DN3 no se aplicará y Norberto
Rivera nos dice que no debemos perder la esperanza y nos encomienda a la
Virgen de Guadalupe. ¿En qué momento un problema de salud
pública se convierte en un problema de seguridad pública? ¿Quién decide esto
y con qué fin? Si de acuerdo al informe "Impunidad Uniformada" de Human
Rights Watch existe un uso indebido de la justicia militar y graves
violaciones de las fuerzas armadas a los derechos humanos  durante los
operativos contra el narcotráfico y la seguridad pública, entre ellas
tortura, ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y violaciones
sexuales  (www.hrw.org/ es),  y según declaraciones del director ejecutivo
"el Ejército no está preparado ni educado para realizar tareas de seguridad
pública" (La Jornada, 30 de abril:55), qué podemos esperar de la posible
intervención en labores de "auxilio" al personal de salud por parte del
Ejército durante este periodo de contingencia sanitaria en cualquier zona, y
especialmente en las de insurgencia, en el país. El papel de la Secretaria
de Salud durante el primer año  del  levantamiento
zapatista y hasta mediados del 95, cuando se pedía que se señalara en los
formatos de consulta la pertenencia o no al  Ejercito  Zapatista de
Liberación Nacional, es un ejemplo del uso de las instituciones de salud
como parte de una estrategia de contrainsurgencia.
Crisis económica y gasto en salud:
El país vive en medio de la más severa recesión desde la posguerra y se
prevé la pérdida de 450 mil empleos este año y una contracción de hasta 4.8%
de la economía según el gobernador del Banco de México. En el primer
trimestre se registró una caída de hasta el 8% del PIB, cuando en el último
trimestre de 2008 disminuyo a una tasa anual de 1.6%, los perores números
publicados hasta hoy por una instancia oficial o multilateral (La Jornada,
30 Abril: 46). En México durante el año 2005 la inversión en salud fue de
sólo 6.5% del PIB cifra que está lejos de acercarse a la media actual  de
los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos
que es de 9%, y más lejos aún de  responder a las necesidades de la
población. Está crisis no es menor  ya que la disminución del PIB en el
primer trimestre del 2009 corresponde a lo que se destina al gasto en salud
(www.oecd.org) .
El desmantelamiento de las instituciones de salud y la inequidad:
Desde la perspectiva de la medicina social "los mecanismos de aceleración de
una economía concentradora y excluyente (Breihl, J. Tillería, Y. 2008), y
las políticas de ajuste macroeconómico han profundizado la polarización
sociosanitaria, y propiciado el desmantelamiento selectivo de las
instituciones de protección social (López, O. Peña, F. 2006). EN México como
síntoma de este proceso de desmantelamiento, del gasto total en salud el 46%
corresponde a gasto público y 54% a gasto privado. Así mismo la estructura
del sistema de salud mexicano se basa en un criterio de servicios
diferenciales para poblaciones diferenciadas en el cual IMSS e ISSSTE se
enfocan a la atención de los trabajadores asalariados y a la burocracia
estatal, mientras que los precarios servicios de la Secretaria de Salud y el
IMSS Oportunidades se dedican a atender a la población que eufemísticamente
se denominaba "ejercito industrial de reserva", es decir,
población abierta e indígenas. Ésta situación de precariedad e inequidad en
los Servicios de Salud y las condiciones de la población vulnerada por el
sistema económico Neoliberal, hacen que la actual epidemia por influenza
porcina tenga las condiciones suficientes para convertirse en una epidemia
de pobres.
La posibilidad de una respuesta desde abajo y a la izquierda:
Cada uno le pondrá el adjetivo que más le agrade a esta situación: epidemia
grave, no tan grave, falsa, política, ciencia ficción, arma biológica,
bioterrorismo, la mentira del año; y calificará las medidas y remedios de
los actores políticos, incluidos los medios de comunicación. 
Para nosotros es claro que con las medidas implementadas hasta este momento
nos encontramos en un Régimen de Excepción en donde se están contemplando 
la suspensión y restricción de derechos fundamentales que puede pasar a un
Estado de Sitio.
Mientras unos con escepticismo, otros con pánico, otros  informados, otros
desinformados, todos estamos controlados, en  nuestra casa, en nuestro
trabajo, haciendo conjeturas con información limitada sobre lo que vendrá en
este asunto relacionado con la salud, que sin duda tiene y tendrá
connotaciones y efectos políticos. Todas las medidas de silencio de la clase
política, sin distingo partidista, son porque están esperando el momento
preciso para obtener la mayor ganancia posible de la situación, mientras
tanto reparten Tapabocas.
¿Quién manda y quién obedece en México? ¿Quién organiza? ¿Quién moviliza?
¿Quién decide sobre la salud de los individuos, sobre su vida y sobre su
muerte?
Tal vez los muertos pueden ayudarnos a determinar la gravedad de la
epidemia, tal vez los vivos podamos descifrar algún día el fondo y sus
causas o determinantes. Lo que está en juego es de la idea de si esta
historia se resuelve con la aparición un héroe, el Estado mexicano, la
biomedicina, la industria farmacéutica, o el Banco Mundial y el Fondo
Monetario Internacional, un salvador que eliminará la epidemia y nos
regresará la salud a los televidentes. 
Ante la idea de que tal vez, algún día, no necesitemos héroes, y entonces
decidamos sobre nosotros y para nosotros cómo queremos morir y cómo queremos
vivir, nuestro compromiso como activistas y como movimiento social nos debe
de llevar más allá de la simple crítica a las medidas del Estado, nos debe
llevar a proponer una alternativa, qué ofrecemos y cuál es nuestra
estrategia.
En la construcción desde abajo y a la izquierda la propuesta es clara: ¡No a
la desconfianza del otro! ¡No a la inmovilizació n! ¡No al aislamiento! ¡No a
la obediencia por miedo! ¡No a la desinformació n! ¡No al miedo! Si a la
movilización, a la organización, a la solidaridad, a la confianza, a la
vida, Sí a que el pueblo  mismo se ORGANICE, de una manera informada y
responsable, que tome el control de los acontecimientos. 
En estos momentos las medidas eficaces y esenciales son 1) la elevación de
la vigilancia, 2) la detección y 3) el tratamiento precoz y el control de la
infección en todos los centros de salud, pero desde abajo y a la izquierda. 
El Programa de Salud Comunitaria de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer
"Elisa Martínez", A. C. y la Comisión de Enlace de la Red Mexicana de
Trabajo Sexual, compañeros de La Otra Campaña, implementaron a partir del 27
de abril del año en curso una campaña de salud contra la influenza porcina
entre trabajadoras- es sexuales, sus clientes y parejas que consiste en la
prevención, diagnóstico temprano y atención oportuna de personas afectadas
por el virus de la influenza porcina, con atención especial hacia mujeres
embarazadas y personas que viven con VIH/SIDA, mediante campañas
informativas en todos los puntos de encuentro de la Red en toda la
república, medidas de atención primaria a la salud, diagnóstico oportuno y
manejo sintomático, pero basados en que cada trabajadora sexual, cada núcleo
y cada regional elaboren sus respectivos planes de contingencia (Noti-calle,
28 de abril, 2009). Este es un ejemplo de existen iniciativas de
organización, de que el pueblo mismo levanta el ánimo que el gobierno le
quiere bajar, de que no nos dejamos...
Ante el Estado exijamos el acceso equitativo a los medicamentos y a la
atención especializada, que no sea necesario el peregrinar de la población
no asegurada y que a los trabajadores de la salud se les proporcionen todas
las medidas de seguridad necesarias para su práctica clínica.
Estamos en una situación en el que la solución está en conocer nuestras
comunidades, hacer una epidemiología activa construida desde abajo, que se
generen comisiones en los mismos barrios,  hacer diagnósticos
epidemiológicos comunitarios poniendo énfasis en su uso como estrategia de
denuncia y para la resistencia ante la desinformació n y manipulación de la
población mediante la estrategia del miedo promovida por el Estado.
Se ha dicho que el poder del Estado le tiene miedo a los vacios y tiende a
llenarlos, la situación actual parece indicar que el poder ha perdido este
miedo, mientras él juega a generar vacios y a llenarlos, Nosotros dejamos el
miedo a un lado en la medida que nos organizamos, en que nos encontramos con
el otro, el no televidente, el digno.
 
México, 30 de Abril de 2009.
LA OTRA SALUD
 

opina Escudero

Diario “Puntal”, Río Cuarto, Córdoba, 3 de mayo del 2009

“La epi­de­mia del den­gue ha sido una jugada mediática y política”

El sanitarista José Escudero piensa que el brote que afecta al país ha sido exagerado para favorecer a los grupos opositores al Gobierno. Por ello, considera prudente no generar pánico ante la gripe porcina.

Sa­ni­ta­ris­ta de des­ta­ca­da tra­yec­to­ria, el doc­tor Jo­sé Car­los Es­cu­de­ro es fuen­te de con­sul­ta de va­rias or­ga­ni­za­cio­nes so­cia­les.

Pro­fe­sor ti­tu­lar en las uni­ver­si­da­des na­cio­na­les de La Pla­ta y Lu­ján, des­de sus cá­te­dras en­fo­ca la su­ce­sión de en­fer­me­da­des co­mo una con­se­cuen­cia di­rec­ta de las ac­cio­nes po­lí­ti­cas y eco­nó­mi­cas de la so­cie­dad.

Con una mi­ra­da crí­ti­ca, ase­gu­ra que el den­gue ha si­do una epi­de­mia dé­bil, cu­yos ries­gos han si­do exa­ge­ra­dos con una fi­na­li­dad po­lí­ti­ca por sec­to­res que as­pi­ran al po­der.

De igual ma­ne­ra, se­ña­la que las mo­di­fi­ca­cio­nes rea­li­za­das a las mo­da­li­da­des de pro­duc­ción pri­ma­ria de la tie­rra han te­ni­do di­rec­ta re­la­ción el bro­te de la in­fluen­za y la ex­pan­sión del Ae­des aegyp­ti.

- ¿Exis­te al­gún vín­cu­lo en­tre la lle­ga­da del den­gue pri­me­ro y la fie­bre por­ci­na des­pués?
- En las dos epi­de­mias se da un pro­ce­sa­mien­to de la na­tu­ra­le­za a tra­vés de la ac­ción hu­ma­na. En el ca­so del den­gue, el mos­qui­to Ae­des Aegyp­ti, el trans­mi­sor de la en­fer­me­dad, ha­ce 30 años es­ta­ba a la al­tu­ra de Co­rrien­tes.
Es un mos­qui­to de ai­res tro­pi­ca­les. Con el ca­len­ta­mien­to pla­ne­ta­rio, ha avan­za­do ha­cia el sur y aho­ra lo te­ne­mos en la pam­pa hú­me­da. Tam­bién in­ter­vie­ne el fe­nó­me­no de la so­ji­za­ción.
Por la ex­ten­sión de los cul­ti­vos de so­ja, mu­chos cam­pe­si­nos han de­ja­do los cam­pos y se han ido a vi­vir a las vi­llas mi­se­ria de las ciu­da­des. Allí vi­ven en con­tac­to con más ba­su­ra, don­de ani­da el mos­qui­to. Ahí se ve có­mo al­gu­nas ac­cio­nes hu­ma­nas fa­ci­li­tan una epi­de­mia.
El ca­len­ta­mien­to pla­ne­ta­rio y el mo­de­lo so­je­ro de agri­cul­tu­ra en Ar­gen­ti­na son ac­cio­nes hu­ma­nas. En la gri­pe por­ci­na hay otro efec­to, en el que en­tra tam­bién la so­ja. La nue­va agri­cul­tu­ra uti­li­za la so­ja co­mo fo­rra­je pa­ra ali­men­tar ani­ma­les, que en­gor­dan en gran­des gal­po­nes, y don­de se apu­ran los pro­ce­sos pa­ra que se los pue­da ma­tar rá­pi­do.
Esos ani­ma­les que vi­ven en tan­to ha­ci­na­mien­to se trans­mi­ten fá­cil­men­te las en­fer­me­da­des, en­tre ellos y al hom­bre, fa­vo­re­cien­do la mu­ta­ción de las ce­pas de los vi­rus. Es­te nue­vo sis­te­ma agu­di­za los pro­ble­mas sa­ni­ta­rios de esos ani­ma­les, que eran me­no­res cuan­do co­rrían li­bre­men­te por el cam­po o es­ta­ban en un chi­que­ro tra­di­cio­nal.

- ¿La pro­pa­ga­ción de es­tas en­fer­me­da­des de­nun­cia fa­len­cias del sis­te­ma sa­ni­ta­rio ar­gen­ti­no?
- No. Tan­to pa­ra el den­gue co­mo pa­ra es­te mie­do por la pan­de­mia de gri­pe por­ci­na, el sis­te­ma es­ta­tal de sa­lud se ha mos­tra­do efi­cien­te. Es mu­cho más efi­cien­te que las obras so­cia­les o las pre­pa­gas.
Lo que pa­sa es que es­tá des­fi­nan­cia­do. En es­te mo­men­to, só­lo 1.7% del PBI se des­ti­na al sis­te­ma de sa­lud. Esa ci­fra de­be­ría tri­pli­car­se pa­ra dar aten­ción gra­tui­ta a más po­bla­ción. Si hay fa­len­cias en el sis­te­ma no se dan por ine­fi­cien­cia si­no por fal­ta de fi­nan­cia­mien­to.
Y eso se no­ta an­te cual­quier epi­de­mia.

Te­rro­ris­mo

- Con la lle­ga­da de la gri­pe por­ci­na se ha en­fa­ti­za­do la con­ve­nien­cia de no alar­mar a la gen­te.
- Pa­sa que los me­dios han exa­ge­ra­do la epi­de­mia de den­gue. En tres se­ma­nas hu­bo 5 o 6 muer­tos. Eso es una epi­de­mia muy li­via­na. Es­to me re­cuer­da al te­rro­ris­mo in­te­lec­tual que se es­tá ha­cien­do con la in­se­gu­ri­dad. En Ar­gen­ti­na las es­ta­dís­ti­cas de vio­len­cia dis­mi­nu­yen, pe­ro el ma­ne­jo me­diá­ti­co de la in­se­gu­ri­dad au­men­ta. Es­to es­tá aso­cia­do al año elec­to­ral. 
Con la epi­de­mia de den­gue se hi­zo es­te ti­po de te­rro­ris­mo. En Ar­gen­ti­na, to­dos los días mue­ren 18 chi­cos por cau­sas re­la­cio­na­das por la po­bre­za; to­dos los días mue­re una mu­jer por un abor­to com­pli­ca­do que se hu­bie­se evi­ta­do si el abor­to es­tu­vie­ra des­pe­na­li­za­do y se hi­cie­ra gra­tui­ta­men­te en hos­pi­ta­les pú­bli­cos. Fren­te a eso, la epi­de­mia del den­gue ha si­do una ju­ga­da me­diá­ti­ca que be­ne­fi­cia a los opo­si­to­res al go­bier­no.

- Mu­chos sos­tie­nen que lo gra­ve en la irrup­ción del den­gue es que se tra­ta de una en­fer­me­dad de otra épo­ca, ya pe­ri­mi­da.
- Eso es ab­so­lu­ta­men­te fal­so. Bra­sil tie­ne cre­cien­tes epi­de­mias de den­gue. Lo que no se di­ce, pe­ro sí es­tu­dian mu­chos in­ves­ti­ga­do­res, es que el uso de agro­quí­mi­cos en el pa­que­te so­je­ro es­tá ma­tan­do a los ani­ma­les que se co­men mos­qui­tos, por eso au­men­ta su po­bla­ción. El mo­de­lo so­je­ro es muy ma­lo en tér­mi­nos eco­ló­gi­cos, pe­ro eso a Mon­san­to o la Me­sa de En­la­ce le im­por­ta muy po­co.

- Vol­vien­do a la gri­pe por­ci­na, dis­tin­tos fa­cul­ta­ti­vos se­ña­lan que en Ar­gen­ti­na el ries­go de ex­pan­sión aún es es­ca­so.
- To­do el mun­do es­tá pen­san­do, aun­que en ge­ne­ral no se ha­ble, so­bre la gran epi­de­mia de gri­pe de 1918, que ma­tó a 40 mi­llo­nes de per­so­nas. Es un re­cor­da­to­rio que per­ma­ne­ce ocul­to, por­que se tra­ta de no alar­mar. Apar­te, las co­mu­ni­ca­cio­nes son mu­cho más sen­ci­llas. En el año 18, la gri­pe te­nía que ve­nir en bar­co. Y se tar­da­ba 20 días en lle­gar de Eu­ro­pa, con lo cual, los en­fer­mos que su­bían al bar­co se cu­ra­ban o se mo­rían.
Y cuan­do el bar­co lle­ga­ba a Ar­gen­ti­na, sus po­si­bi­li­da­des de ha­cer da­ño eran mu­cho me­no­res. Aho­ra exis­ten los avio­nes, y se via­ja de Mé­xi­co a Eu­ro­pa en seis ho­ras. Y la fron­te­ra en­tre Mé­xi­co y Es­ta­dos Uni­dos se cru­za ca­mi­nan­do. El au­men­to de las co­mu­ni­ca­cio­nes es un pro­ble­ma pa­ra la epi­de­mio­lo­gía.

- En el in­ten­to por evi­tar el pá­ni­co se re­mar­ca que las con­se­cuen­cias de la gri­pe de­pen­den del es­ta­do ge­ne­ral del in­di­vi­duo.
- Es lo de siem­pre. La gen­te que tie­ne bue­nas con­di­cio­nes de vi­da es me­nos pro­ba­ble que se en­fer­me. Pe­ro fren­te al mo­do en que se usó me­diá­ti­ca­men­te la epi­de­mia de den­gue, pa­ra alar­mar a la po­bla­ción con un pro­pó­si­to po­lí­ti­co, me pa­re­ce ra­zo­na­ble no alar­mar.
A mí me hu­bie­ra gus­ta­do que el gru­po Cla­rín hu­bie­ra alar­ma­do me­nos a la po­bla­ción. Y tam­bién por­que, en el peor de los es­ce­na­rios, una pan­de­mia de gri­pe pue­de ma­tar a mu­cha gen­te por­que aún no dis­po­ne­mos de una in­mu­ni­za­ción que sea efi­caz.

Luis Ze­ga­rra
lze­ga­rra­@pun­tal­.co­m.ar

Las mafias Corporativas

Aunque es bastante peor (en primer lugar el mercado es tres veces mayor: de 600.000 millones al año). Y el 90% de concentra entre EEUU, Europa y Japón. El 75% de lo que la IF 'invierte' lo hace en marketing. Menos del 20% en investigación, pero de ello solo menos de la cuarta parte lo es en investigación 'verdadera'; el resto es en los llamados 'medicamentos me too', que son los que cambian una molécula para 'mejorar' un efecto (casi siempre es superfluo) y 'renovar' la potestad de generar patentes. Mienten, se burlan de la ciencia a la que dicen honrar, inventan enfermedades para aplicar medicamentos ya existentes. El caso del Vioxx es aun peor: no solo conocían los efectos dañinos (y calcularon que igual ganaban, aun con los juicios) sino que cuando un investigador español publicó los datos de las primeras investigaciones que sospechaban esos efectos (Joan-Ramon Laporte, de Barcelona) Merk le hizo un juicio por calumnias, aun sabiendo que lo que decía Laporte era cierto! Para ganar tiempo de ganancias fabulosas! Y podríamos seguir. Recomiendo el libro de Marcia Angell (La verdad sobre la Industria Farmacéutica).

Un saludo

Gonzalo

PD: a quien interese el tema, sugiero suscribirse al grupo electrónico de la Red de Medicamentos de ALAMES ( http://groups.google.com/group/alames-redmedicamentos)

Allí está, además, escaneado el libro que mencioné


 

 

 

La mafia farmacéutica. Peor el remedio que la enfermedad
05-03-07, Por  Carlos Machado

http://www.ecoportal.net/content/view/full/67184

El mercado farmacéutico mueve unos 200.000 millones de dólares al año. Un monto superior a las ganancias que brindan la venta de armas. Por cada dólar invertido en la fabricación de un medicamento se obtienen mil en el mercado. Este mercado, además, es uno de los más monopolizados del planeta, ya que sólo 25 corporaciones copan el 50 por ciento del total de ventas.

El mercado farmacéutico mueve unos 200.000 millones de dólares al año. Un monto superior a las ganancias que brindan la venta de armas o las telecomunicaciones. Por cada dólar invertido en la fabricación de un medicamento se obtienen mil en el mercado. Y las multinacionales farmacéuticas saben que se mueven en un terreno de juego seguro: si alguien necesita una medicina, no va a escatimar dinero para comprarla. Este mercado, además, es uno de los más monopolizados del planeta, ya que sólo 25 corporaciones copan el 50 por ciento del total de ventas. De ellas, las seis principales compañías del sector –Bayer, Novartis, Merck, Pfizer, Roche y Glaxo- suman anualmente miles de millones de dólares de ganancias, a lo que hay que añadir más todavía, dado que todos los grandes grupos farmacéuticos son también potencias de las industrias química, biotecnológica o agroquímica. Todo ello, y su imparable avidez por seguir haciendo dinero y creciendo cual un parásito destructivo, hace que las multinacionales del sector, haciendo gala de una total impunidad, se desentiendan de su verdadero cometido, la salud, y no reparen en aplastar a competidores menores, atacar a gobiernos débiles que intenten enfrentarlas y, lo que es peor, mantener precios prohibitivos para las poblaciones de escasos recursos y a la vez fabricar productos que en muchísimos casos terminan envenenando a los eventuales pacientes. Sobrados ejemplos hay en ese sentido.

Uno de ellos tuvo como protagonista a Merck, uno de los gigantes farmacéuticos que se vio obligado a retirar del mercado a una de sus estrellas, el antiinflamatorio Vioxx (rofexocib), cuya venta le reportaba 2.500 millones de dólares al año. Pero hasta que Merck retiró ese medicamento fue demasiada la sordera, la negligencia y la falta de ética frente a las constantes advertencias sobre los riesgos cardiovasculares que producía. Actualmente, ese fármaco podría causarle a Merck muchas más pérdidas que su retiro de las ventas. En Estados Unidos, la compañía fue declarada responsable de la muerte de Robert Ernst y obligada a pagarle a su viuda 253,4 millones de dólares, pero se encuentran pendientes de resolución unas 5.000 denuncias, y puede suceder que la compañía farmacéutica tenga que desprenderse finalmente de entre 18.000 y 50.000 millones de dólares. Sin embargo no sólo Merck fue el responsable de la negligencia, sino que un organismo como la Agencia para las Drogas y los Alimentos (FDA-Foods and Drugs Agency), el ente gubernamental norteamericano que supuestamente debe velar por la salud y la alimentación de los contribuyentes, también es corresponsable.

Desde el año 2002 se sabía que el Vioxx aumentaba la posibilidad de generar infartos al corazón o problemas similares, por lo que corrieron las sospechas: ¿apoyó Merck algunos trabajos o investigaciones de la FDA, o hubo algún tipo de contraprestación o, si se prefiere, de “coimas”?. Nada de ello resultaría extraño, si nos atenemos a los antecedentes de la FDA en el juego de intereses con que son favorecidos los grandes grupos químico-farmacéuticos, y de los que nos ocupamos en notas anteriores. Lo cierto es que Merck no retiró al Vioxx del mercado hasta el año 2004, un retraso inexplicable ya que eran demasiadas las evidencias de múltiples efectos cardiovasculares adversos del fármaco, y una falta de respuesta rápida incomprensible en una compañía fundada hace 340 años.

La conclusión no es tan difícil: las ventas del producto fueron más importantes que sus efectos adversos.

Hipocráticos hipócritas

Hace tiempo que es vox pópuli el hecho de que los laboratorios acosan a los médicos para que éstos receten con exclusividad sus productos. Un acoso nada incómodo para los profesionales de la salud, ya que por aceptarlo se llevan no pocos beneficios. Lamentablemente hoy en día son una gran mayoría los médicos que de buen grado se dejan caer en las redes de este soborno. Incluso puede observarse, cuando alguien va a atenderse a un consultorio, de qué manera los doctores dejan de lado por varios minutos la atención a sus pacientes para dar preferencia a la recepción, en medio de los turnos, de trajeados visitadores médicos llevando en las valijas no sólo sus promociones, sino también los regalitos de rigor. Un caso de este tipo, y a gran escala, explotó con ribetes de escándalo en Italia, y la autoría del soborno en cuestión correspondió a otra de las grandes multinacionales farmacéuticas.

Luego de un trabajo que le llevó dos años, la Fiscalía de Verona hizo pública hace unos dos años una investigación que sacó a la luz lo que en ese país también era un secreto a voces: médicos que reciben regalos y sumas de dinero de una multinacional farmacéutica a cambio de recetar sus productos. La acusación apuntó, con nombres y apellidos, nada menos que a 4.400 médicos de toda Italia y a 273 dirigentes y empleados del grupo británico Glaxo Smith Kline (GSK), uno de los líderes mundiales del sector, cuya sede italiana se encuentra precisamente en Verona. Las prácticas en cuestión se llevaron a cabo en el período 1999-2002, y las acusaciones van de soborno y corrupción a asociación delictiva en el caso de algunos dirigentes de Glaxo en Italia.

La investigación se originó en la región del Véneto, cuando la Policía Fiscal descubrió en la contabilidad de la compañía una cantidad exagerada, de alrededor de 100 millones de euros, destinada a “promoción”. La Fiscalía acusó a Glaxo de haber desembolsado un millón de euros anuales para que los médicos prescribieran determinados fármacos y se atuvieran al catálogo de la compañía. De acuerdo a lo explicado por la policía italiana, todo el sistema de “comisiones” y regalos era controlado por un sistema informático conocido con la clave “Giove”, en el que era registrado el rendimiento de cada médico y en base a ello se establecía la importancia del premio.

Los métodos de captación de los profesionales utilizados por Glaxo incluían viajes a lugares paradisíacos, relojes de oro, computadoras personales y dinero en efectivo. En algunas conversaciones telefónicas interceptadas por los investigadores en 2003, algunos vendedores de Glaxo se jactaban del aumento en las ventas logrado gracias a los sobornos. Por su parte, los fiscales informaron que la firma cuidaba a los facultativos en todos los niveles, desde la medicina general -2.579 profesionales denunciados- con obsequios de computadoras, reproductores de DVD o cámaras fotográficas, hasta los especialistas, con 1.738 acusados que recibían obsequios aún más valiosos como viajes, financiación de congresos y elementos de alta tecnología. Asimismo hubo un grupo de 60 médicos investigados, adscriptos a servicios de oncología, que participaron en un programa denominado Hycantim, un producto para el tratamiento de tumores. Según las acusaciones, esos médicos recibían incentivos por cada paciente al que le prescribían ese fármaco. Uno de los fiscales señaló, al referirse a los ejecutivos de la compañía y el precio del producto: “Para esta gente, cada enfermo valía 4.000 euros. Daba igual si el medicamento era bueno o no, lo importante era tener el mayor número de pacientes”.

Una buena muestra de que la codicia de la industria farmacéutica ha convertido la enfermedad en un negocio. En el caso antes apuntado, contando con la complicidad de médicos que ningún favor le hacen a su otrora noble profesión, manchando el juramento de Hipócrates y convirtiéndolo en un código de hipócritas.

Bayer, mucho más que una aspirina

Seguramente el grupo farmacéutico que se lleva las palmas en lo que hace a la acumulación de dinero y poder sin que le importe pisotear pequeños competidores y, peor aún, envenenar consumidores, es Bayer AG. Una empresa presente en todos los países del mundo que opera en la misma sintonía de colegas suyos como Monsanto y Dow Chemical, multinacionales químicas que también abarcan el rubro farmacéutico y de las que nos ocupamos en notas recientes. La historia de la compañía alemana Bayer, con su sede central en la ciudad de Leverküsen, se remonta al siglo XIX, cuando nació como IG Farben, y está colmada de hechos aberrantes, pero claro, “de eso no se habla”, y teniendo como toda multinacional con trapos sucios quien se los lave y contando además con 400 parlamentarios en su país, tanto regionales como nacionales, que antes pasaron por las filas de la empresa y continúan brindándole fidelidad, ocultar parte de su historia negra no le resulta difícil. Pero aquí recordaremos parte de esa historia.

Esta multinacional, que también se identifica con agentes de guerra química, con innumerables insecticidas y venenos caseros y con “medicamentos” como la heroína -un temprano patentamiento de Bayer antes de comprobar lo que causaría-, ha trabajado en muchas oportunidades estrechamente con dictadores y criminales de guerra, desde Hitler en adelante. Uno de sus directores, Carl Duisberg, ya se había encargado personalmente de propagar el concepto de “trabajos forzados” durante la Primera Guerra Mundial, idea que posteriormente fue aplicada con mucha más dedicación por los nazis, al someter a esos trabajos forzados a prisioneros de guerra, habitantes de los países ocupados y trabajadores extranjeros. Esto a su vez derivó hacia los asesinatos masivos, muchos de ellos en el campo de concentración cuyos terrenos eran propiedad de la IG Farben y del que se guarda un lamentable recuerdo: Auschwitz. Pero la compañía no sólo colaboró con esos terrenos. También fabricó el gas Zyclon B, utilizado para exterminar judíos en ése y otros campos de concentración. Después de la Segunda Guerra Mundial, la IG Farben se fragmentó en las empresas Bayer, BASF y Hoechst, pero ninguna de las tres indemnizó adecuadamente a las víctimas, sobrevivientes o familiares.

Cuando moría el siglo XX y tras una investigación de nueve meses, Bayer fue hallada responsable de la muerte de 24 niños en la remota aldea andina de Taucamarca, en Perú, al ingerir en su desayuno alimentos envenenados con el pesticida metil-paratión, en tanto otros 18 sufrieron daños en su salud y en el desarrollo a largo plazo. El pesticida, un organofosforado que era comercializado por la compañía con el nombre de Folidol, era vendido a pequeños agricultores en toda la zona andina peruana, la mayoría de ellos analfabetos y que solamente hablan en idioma quechua. Bayer empaquetaba ese pesticida –un polvo blanco semejante a la leche en polvo y sin olor a químicos- en pequeñas bolsas plásticas, etiquetadas en español y con el dibujo de un vegetal, en tanto las etiquetas no ofrecían ninguna información de seguridad, ni siquiera en pictogramas, que pudieran ser interpretadas por los habitantes de las aldeas. Un informe del Congreso peruano concluyó en que Bayer debería compensar a las familias afectadas, y éstas iniciaron en octubre de 2001 una acción judicial contra la empresa y su subsidiaria Bayer-Perú, alegando que debieron tomar medidas para prevenir el mal uso de un producto extremadamente tóxico dada la preeminencia de idiomas indígenas en el interior de Perú. Sin embargo, dos días después de iniciada la acción legal el juez de la Corte Superior de Lima desestimó la demanda por “cuestiones de procedimiento” y concluyó sumariamente, e ilegalmente, que los demandantes “no habían planteado de manera adecuada el caso sustancial”. Según las leyes peruanas, en la fase inicial del litigio el juez sólo puede determinar si los documentos de la demanda están completos o no, pero no puede pronunciarse sobre cuestiones legales sustanciales. ¿Otra muestra del poder de una multinacional, en este caso quizás presionando o comprando a un juez?. El caso es que las familias apelaron esa sentencia ilegal y, por lo que se supo hasta ahora, aguardaban la fijación de una nueva audiencia, mientras acusan además al ministerio de Agricultura peruano de no hacer aplicar las normas sobre pesticidas, dado que en ese país es común la venta sin control de pesticidas de “uso restringido”, como el que causó la muerte de esos 24 niños.

Durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible que se llevó a cabo en Johannesburgo, Sudáfrica, las familias afectadas escribieron al entonces secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, pidiéndole que excluyera a Bayer del Pacto Mundial de la ONU debido a las acciones de esa compañía en Perú. El Pacto Mundial es una asociación entre la ONU y diversas empresas multinacionales que se comprometieron a “respetar el ambiente y los derechos humanos”. La carta a Annan fue firmada, en representación de la aldea de Taucamarca, por Víctor Huarayo Torres, dos de cuyos hijos estaban entre los 24 niños muertos por el envenenamiento con el pesticida de Bayer, y expresa: “Los padres dolientes de mi aldea no podemos entender cómo la ONU puede apoyar a una compañía como Bayer, que continúa vendiendo sus pesticidas más tóxicos, clasificados por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como extremadamente peligrosos, muchos años después de haber prometido públicamente retirarlos, en 1995. Tampoco entendemos por qué la ONU respalda a la compañía que permitió la venta de metil-paratión en una región donde sabía que los residentes no podrían leer las instrucciones de la etiqueta”.

Pese a sus famosas aspirinas, Bayer debió soportar algunos otros dolores de cabeza, como en mayo de 2003, cuando un equipo de abogados de California presentó una demanda contra la compañía en nombre de enfermos hemofílicos. La acusación fue que Bayer había vendido en la década de 1980 coagulantes infectados con los virus de la Hepatitis C y el HIV. Por supuesto, Bayer rechazó la acusación explicando que se había atenido a “normas existentes en la época”. Cabe preguntarse si esas “normas” tuvieron que ver con los manejos de la FDA norteamericana, difundidos en ésta y otras notas, para jugar a favor de los intereses de las multinacionales químico-farmacéuticas. Por otra parte, a Bayer le interesaba sobremanera hacer pie en Wall Street llegando a cotizar en la Bolsa de Nueva York, una cima a la que aspiran llegar todas las grandes multinacionales, y para ello debía tener una carta de presentación intachable. Firmada seguramente por una FDA convenientemente “aceitada” y por el hecho de hacer “buena letra” en el mundo con sus productos y evitando juicios y demandas, al menos hasta que lograra aquel objetivo. Sin embargo no le fue tan fácil, ya que debió retirar del mercado el Lipobay (Cerivastatina), un medicamento para combatir el colesterol que no había sido debidamente comprobado, luego de que ocasionara miles de muertes por infartos y otras dolencias cardíacas. La criminal actuación de Bayer con ese fármaco obedeció a su necesidad de encontrar un hueco en el mercado de los medicamentos contra el colesterol, copado por multinacionales norteamericanas. Necesidad y urgencia que demostraron, una vez más, que los intereses de estos grandes grupos están muy por encima de la ética y de la salud a la que dicen servir.

De todas maneras, Bayer no sufrió en este caso los efectos de ninguna demanda en su contra. Es que las multinacionales farmacéuticas integran una parte destacada de la llamada Mesa Redonda Europea de Industrias, que se reúne periódicamente con altos consejeros de la Unión Europea para delinear las “líneas generales” de cada sector. Y como se dijo anteriormente, Bayer dispone de 400 ex ejecutivos de la firma que ahora son parlamentarios regionales o nacionales, a los que la multinacional además reúne mensualmente para presionarlos o tenerlos controlados, por lo cual no resulta para nada anormal que el gobierno alemán la haya absuelto de toda responsabilidad, negándose a iniciar cualquier acción jurídica, pese a las contundentes pruebas en su contra.

Otro ejemplo del desprecio de estos grandes grupos por la humanidad, se dio cuando a comienzos del 2003, el India Committee of the Netherlands publicó un informe según el cual las multinacionales Bayer, Monsanto, Unilever y Syngenta explotaban a niños en la producción de semillas en la India.

Para concluir con algunas muestras más de lo que realmente representa Bayer más allá de sus afamadas aspirinas, podemos referirnos a que esta compañía, una de las que más comercializa herbicidas, lo hace con algunos que han ocasionado lesiones graves en personas y animales, especialmente en el Tercer Mundo, donde los grandes grupos químico-farmacéuticos encuentran un campo fértil para que sus venenos sean aceptados y vertidos. Así ocurrió con el Baysiston, utilizado en los cultivos de café; Gaucho, para los de girasol; y el muy peligroso nematicida Fenamifos (Nemacur).

En todo caso, estas multinacionales siempre van a estar cubiertas en todos los flancos posibles, ya que si los “mecanismos políticos habituales” llegaran a fallar, se ponen en marcha otros planes.

Acción y reacción

De esos planes bien puede dar cuenta el colombiano Germán Velázquez, doctor en Economía y director del Programa Mundial de Medicamentos de la OMS, quien se atrevió a publicar un estudio en el que recomienda, entre otras cosas, la elaboración de medicamentos genéricos y la eliminación de las patentes, además de oponerse a los tratados de libre comercio (TLC) que con tantas urgencias y presiones intenta imponer Estados Unidos. Desde entonces el hombre vive bajo amenazas de muerte.

En mayo de 2001 fue atacado en Río de Janeiro por un desconocido que le robó su cartera, lo golpeó y con una navaja le dejó en una de sus muñecas una cicatriz de 16 centímetros. Lo que había quedado como un simple atraco tomó otro cariz en Miami, cuando Velásquez asistió a una reunión de la OMS: una noche en que caminaba por Lincoln Road fue abordado por dos hombres que lo golpearon y lo amenazaron de muerte. Mientras estaba tendido en el suelo, sus atacantes le dijeron: “Esperamos que haya aprendido la lección de Río. Deje de criticar a la industria farmacéutica”. La cuestión estaba más clara.

Velázquez denunció el hecho a la policía de Miami y lo comunicó de inmediato a la sede de la OMS. Según informó en su momento el diario español “El Mundo”, a su regreso a Ginebra todo pareció volver a la normalidad, pero diez días después sonó el teléfono por la noche en el domicilio de Velázquez y una voz le preguntó en inglés: “¿Tiene miedo?”. Cuando Velázquez preguntó quién era, la voz le respondió: “Miami, Lincoln Road”. Desde ese momento no cabían más dudas de que la vida del funcionario de la OMS estaba en peligro tanto en su casa como en el extranjero. Dos semanas después se repitió la llamada advirtiéndole que no asistiera a la reunión -que posteriormente se celebró y a la que Velázquez asistió de cualquier manera- de la Organización Mundial de Comercio (OMC), para discutir sobre la relación entre el derecho a la salud y la propiedad intelectual de los medicamentos esenciales.

Por si fuera poco, y como otra muestra de los poderes con que son protegidos los intereses de las multinacionales, la entonces secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albright, le “sugirió” a quien era directora de la OMS, Gro Harlem Bruntland, que retirara de circulación el estudio elaborado por Velázquez y, más aún, que lo despidiera, pero esta funcionaria decidió mantener su posición negativa al respecto.

El caso es que Germán Velázquez continúa luchando, entre otros aspectos, contra las patentes exclusivistas de las multinacionales farmacéuticas, por la libre elaboración de genéricos y por un fácil acceso de los países pobres a los medicamentos, mientras se ha visto obligado a vivir bajo permanente protección policial y de una patrulla de las Naciones Unidas. Presiones a las que obligan las grandes “familias” de la mafia farmacéutica.

El gran negocio

La globalización ha permitido que se desarrolle una nueva forma de poder, la farmacocracia, capaz de decidir qué enfermedades y qué enfermos merecen cura. Es así como el 90 por ciento del presupuesto dedicado por la industria farmacéutica para la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos está destinado a enfermedades que padece sólo el 10 por ciento de la población mundial. Un tercio de ésta carece de cuidados médicos adecuados. La codicia de las multinacionales del sector, los aranceles, las trabas burocráticas y la corrupción de los propios gobiernos de los países empobrecidos hacen posible que más de 2.000 millones de personas se vean privadas de su derecho a la salud.

Según la OMS, millones de personas en Africa, Asia y América Latina sufren las llamadas “enfermedades olvidadas”, como el dengue hemorrágico, la filiasis linfática, la oncocercosis, la enfermedad del sueño o el mal de Chagas, que afectan a 750 millones de personas y acaban con la vida de medio millón cada año. Enfermedades causadas generalmente por parásitos, transmitidas por medio de agua insalubre o por picaduras de insectos; pandemias que caen en el olvido porque sólo afectan a las comunidades más pobres; y víctimas que no cuentan con el dinero suficiente para acceder a un tratamiento o una medicación adecuada.

El caso del SIDA es un ejemplo claro de la diferencia que se da a unas enfermedades o a otras, según el nivel adquisitivo de quienes las padecen. En sus comienzos fue una enfermedad mortal de la que pocos habían oído hablar, pero cuando pasó a afectar a personas de los países desarrollados con capacidad para hacerse escuchar, asociarse y reclamar su derecho a la salud, las multinacionales farmacéuticas desarrollaron medicamentos que convierten al SIDA en una enfermedad crónica y no mortal. Aún así, más de cinco millones de personas mueren cada año por el HIV y la mayoría de los enfermos –nueve de cada diez infectados viven en países empobrecidos- no pueden pagarse los tratamientos adecuados.

La vacuna contra el SIDA bien podría llevar años encerrada bajo llave en la caja fuerte de alguna multinacional farmacéutica. Para ninguna de ellas sería rentable comercializarla, sobre todo teniendo en cuenta que las personas más expuestas a esta enfermedad no podrían pagarla y que los enfermos de los países desarrollados ya pagan importantes sumas de dinero para su tratamiento. Este es uno de los abundantes capítulos que pueblan el particular código de “ética” de los grandes grupos químico-farmacéuticos.

El director del Programa Mundial de Medicamentos de la OMS, nuestro ya conocido y amenazado Germán Velásquez, en el Diálogo “Salud y Desarrollo: los retos del siglo XXI” efectuado en Europa en 2004, explicó que “las patentes de los medicamentos pueden estar bloqueando el desarrollo en lugar de potenciarlo, pues se trata de un monopolio que conlleva altos precios”. Señaló también que en el mercado de los medicamentos, “en vez de reglas negociadas por todos y en interés de todos, muchas decisiones de la Organización Mundial de Comercio son tomadas a puertas cerradas y se protegen intereses especiales”, y al referirse a la situación sanitaria en Africa subrayó: “Si bien es cierto que la no atención médica de las personas está penada con la cárcel, actualmente se está cometiendo ese crimen con un continente entero y sus víctimas se pueden contar por millones”. En otro orden y refiriéndose al tema del SIDA, expresó que “es una vergüenza que el 99 por ciento de las personas que tienen acceso a los retrovirales vivan en países desarrollados, mientras el 75 por ciento de las personas de todo el planeta viven en los países pobres, donde se vende sólo el 8 por ciento de todos los medicamentos del mundo”.

En relación a los medicamentos genéricos -otra de las batallas en muchos casos desigual que libran algunos países del Tercer Mundo contra las multinacionales farmacéuticas ya que son mucho más baratos que los patentados por éstas-, India encabeza la producción mundial, y los exporta a varios países de Asia e incluso a algunos en desarrollo. Pero también está enfrentando en los tribunales, entre otras, la embestida del laboratorio Novartis, uno de los “grandes” del sector, ya que el gobierno indio le negó una solicitud de patente para introducir el Glivec, un medicamento contra el cáncer. Por el momento las empresas indias continúan produciendo su similar genérico, que cuesta sólo 2.700 dólares por paciente y por año, frente a la versión de Novartis cuyo valor es de diez veces más, 27.000 dólares, también por paciente y en el mismo período.

Por su parte, Tailandia emitió recientemente una licencia obligatoria para quebrar la patente del Efavirenz, un producto de la compañía Merck contra el HIV, a fin de importar el genérico de fabricación india. En tanto, Filipinas está por librar una batalla legal contra la empresa Pfizer para poder importar de la India una versión del Norvasc, un fármaco para pacientes con problemas cardíacos. Por supuesto que las multinacionales del sector arremeten con demandas, juicios y todo artilugio jurídico contra estas expresiones de independencia sanitaria de los países que se atreven a ponerla en juego. No es para menos si tenemos en cuenta, por ejemplo, que respecto del Norvasc la compañía Pfizer obtiene en Filipinas 60 millones de dólares anuales sólo por la venta de ese medicamento, al cual cotiza a más del doble del precio del que está vigente en otros países, aprovechándose también de que en Filipinas las enfermedades cardíacas constituyen la principal causa de muerte.

Lo cierto es que cientos de miles de personas podrían salvar sus vidas si los países desarrollados aseguraran que sus compromisos de Doha, Qatar, durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio, en materia de legislación de patentes, compromisos nunca asumidos efectivamente hasta el momento, proporcionen un equilibrio entre derechos y obligaciones, garantizando así que las vidas de las personas se antepongan a los beneficios económicos de las compañías farmacéuticas.

Rumsfeld y la gripe aviar

El tema de la gripe aviar alcanzó altos niveles mediáticos en los dos años anteriores. Al poco tiempo, luego de alcanzar también altos niveles de alarma transmitidos a la población mundial, las aguas comenzaron a serenarse. Por un lado se decía que una pandemia de gripe aviar –comparándola con la de influenza o “gripe española”, que costó unos 50 millones de vidas en el planeta entre 1918 y1920- costaría a su vez otros varios millones de vidas, especialmente en países pobres. Pero luego aparecieron algunas estadísticas que desvirtúan algo esa alarma, más aún cuando el mundo está a casi cien años de aquel período, en el que la tecnología y la elaboración de medicamentos estaba prácticamente en pañales. Dichas estadísticas muestran que desde hace nueve años, cuando fue detectado en Vietnam el virus de la gripe aviar, aún no llegan a cien las víctimas mortales, un promedio de once muertes al año, y en todo el mundo. Si bien no es para quedarse tranquilos exagerando la confianza, aún no da para asustarse demasiado.

Sin embargo, la aparición del virus H5N1, nombre científico del que causa la gripe aviar, le vino bien a un hombre que encontró la excusa para lanzar otra de sus guerras preventivas: el presidente norteamericano George W. Bush, quien rápidamente hizo sonar la campana de alarma para que el mundo temblara de miedo. Es que había hallado una poderosa arma preventiva, con la que tiene bastante que ver su hasta hace poco brazo derecho en esto de lanzar guerras por aquí y por allá: el inefable Donald Rumsfeld. Se trata del antiviral Tamiflu, comercializado por la compañía farmacéutica suiza Roche, que en poco tiempo se convirtió en la gallina de los huevos de oro: los ingresos por su venta pasaron de 254 millones de dólares en 2004 a 1.000 millones en 2005. Además con un techo imprevisible por delante, teniendo en cuenta la grotesca reacción de los gobiernos occidentales al efectuar pedidos masivos del fármaco. Sin embargo, la realidad es que la eficacia del Tamiflu es cuestionada por gran parte de la comunidad científica: muchos se preguntan cómo se espera que pueda servir ante un virus mutante cuando apenas alivia algunos síntomas, y no siempre, de la gripe común y corriente. Una breve historia tal vez aclare algo la cuestión.

Como bien señala el Dr. José Antonio Campoy, director de “Discovery Salud”, hasta el año 1996 el Tamiflu era propiedad de la empresa Gilead Sciences Inc, que ese año vendió la patente a los laboratorios Roche. ¿Y quién era entonces su presidente?. Pues nada menos que el incombustible y hasta hace poco secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld., a quien recordamos en una nota anterior como vinculado en su momento al laboratorio Searle, luego adquirido por la multinacional Monsanto, descubridor de un endulzante de trágicos antecedentes como el aspartamo, comercializado bajo los nombres de Nutrasweet y Equal y componente hoy en día de la mayoría de los edulcorantes y productos marcados como “no calóricos” o “libre de azúcar” que pululan en el mundo, algo a que también nos referimos en una nota anterior. Cabe destacar que Rumsfeld continúa hoy vinculado a Gilead Sciences Inc. como uno de sus principales accionistas. El caso es que en cuanto se comenzó a hablar de la gripe aviar, Gilead quiso recuperar el Tamiflu alegando que Roche no hacía los suficientes esfuerzos para fabricarlo y comercializarlo. Que tuvo la suficiente fuerza para lograrlo –fuerza en la que probablemente puso su parte el entonces secretario de Defensa- lo demuestra el hecho de que ambas empresas se sentaron a negociar, acordando rápidamente constituir dos comités conjuntos, uno encargado de coordinar la fabricación mundial del fármaco y decidir sobre la autorización a terceros para fabricarlo, y otro para coordinar la comercialización de las ventas estacionales en los mercados más importantes, incluido Estados Unidos. A todo ésto hay que agregar un detalle más: Roche ya se quedó con el 90 por ciento de la producción mundial de anís estrellado, planta que crece fundamentalmente en China si bien se la encuentra también en Laos y Malasia, y que es la base del Tamiflu. Así el escenario se fue completando. Sólo faltaba comenzar a encontrar poco a poco y en distintos países algunas aves contagiadas con el virus –una gallina aquí, dos patos allá-, para crear así una alarma mundial con la ayuda de científicos y políticos sin demasiados escrúpulos o de escasa capacidad intelectual, y de los grandes medios de prensa, que como todos saben no se caracterizan precisamente por investigar lo que publican o emiten.

¿Y qué tiene que ver Rumsfeld con todo esto?. Pues nada absolutamente, si nos atenemos a su respuesta, claro. De acuerdo a un comunicado emitido en octubre pasado por el Pentágono (otra fuente “creíble”), el entonces secretario de Estado no intervino en las decisiones que tomó el gobierno de sus amigos, el presidente Bush y el vicepresidente Dick Cheney, sobre las medidas preventivas que había que adoptar frente a la “amenaza de pandemia”. El comunicado afirma que se abstuvo y no tuvo nada que ver en la decisión de la administración norteamericana de aconsejar y apoyar el uso del Tamiflu a nivel mundial. Por lo tanto, al hombre hay que creerle. Como cuando aseguró solemnemente que en Irak había armas de destrucción masiva. Además, el hecho de que su nombre aparezca unido a una vacunación generalizada contra una supuesta gripe del cerdo durante la presidencia de Gerald Ford, en la década de 1970, que dio como resultado más de 50 muertos a causa de efectos secundarios, no es más que una coincidencia. Como también lo es que la FDA aprobara el aspartamo a los tres meses de que Rumsfeld se incorporara al gabinete de Ronald Reagan, pese a que tras diez años de estudios del producto no se había tomado ninguna decisión. Por supuesto, Rumsfeld tampoco tuvo nada que ver, tras el atentado a las Torres Gemelas, con la compra del Vistide, fármaco adquirido masivamente por el Pentágono para evitar los efectos secundarios que podía producir la vacuna contra la viruela entre los soldados norteamericanos a los que les fue aplicada antes de ser enviados a conquistar Irak. Además, que el Vistide fuera también un producto del laboratorio Gilead Sciences Inc., creador del Tamiflu, es otra coincidencia. Así que a no pensar mal de Donald Rumsfeld y, en todo caso, a seguir de cerca todas las informaciones que aún aparecerán sobre la gripe aviar, y por las dudas a llenar los botiquines con Tamiflu. Tal vez no será un medicamento muy combativo contra la gripe aviar, pero al menos podrá evitar, con un poco de suerte, un modesto resfrío.

Los laboratorios de Frankenstein

Para ir concluyendo esta trilogía de notas en las que hemos expuesto a la consideración de los lectores los desastres mundiales contra la humanidad a que la someten las multinacionales químicas como Monsanto y Dow Chemical, entre otras; los graves problemas de salud generados por el Nutrasweet, sus derivados y los demás edulcorantes cuya base es el aspartamo; y esta última sobre los atentados contra la salud que también cometen las multinacionales farmacéuticas, dedicaremos un párrafo a otras compañías que, en sus investigaciones para crear nuevos productos o mejorar los ya existentes, realizan experimentos aberrantes.

La compañía Procter & Gamble (P&G) –dedicada a la creación y comercialización de productos que van desde jabones, shampúes y detergentes a diversos cosméticos y elementos femeninos como toallas higiénicas y tampones, y que no hace mucho extendió su accionar al rubro farmacéutico- al igual que Nestlé y Colgate-Palmolive está siendo acusada en los últimos tiempos de llevar a cabo crueles experimentos de laboratorio con animales, ya sea para probar químicos, cosméticos o alimentos balanceados. La organización británica “Uncaged”, que lucha por los derechos de los animales, acusa a Procter & Gamble de realizar experimentos dolorosos, invasivos y letales en perros, gatos y otras mascotas. Algunos de los que se mencionan son alergias severas inducidas en cachorros Siberian Husky y gatos muertos en experimentos abdominales invasivos. A su vez PETA (People for Ethical Treatment for Animals), otra entidad protectora de animales con más de un cuarto de siglo de trayectoria y con sede en Virginia, Estados Unidos, logró introducirse en uno de los laboratorios de IAMS, empresa adquirida en 1999 por P&G, y declaró haber encontrado perros que se habían vuelto locos tras un intenso confinamiento en jaulas con barrotes que tenían escasas dimensiones, otros a los que les habían extirpado las cuerdas vocales y algunos animales languideciendo en sus jaulas, abandonados y sufriendo horrores, sin asistencia veterinaria.

Los experimentos –denunciados en varias oportunidades y que motivaron que activistas de varios países, encabezados por “Uncaged”, realizaran un día de boicot a P&G en mayo de 2005, repitiéndolo exactamente un año después- incluyen la quema de la piel de los animales con ácidos, introducirles polvos en los ojos y otras lindezas por el estilo. Todo en nombre de la ciencia, por supuesto. Por su parte, Nestlé Purina Petcare lleva experimentando desde 1926 en un complejo ubicado en Saint Louis, Missouri (casualmente vecinos de Monsanto), donde alojan a alrededor de 600 perros y 500 gatos en trece edificios. Ellos mismos publican sus experimentos –entre los que figuran ciertos estudios en los que inducen fallos renales en perros y otros animales para después experimentar su cura con una dieta baja en proteínas- en periódicos científicos, con el fin de engordar las carreras y currículums de sus investigadores. En cuanto a Colgate-Palmolive, realiza sus pruebas en el Hill’s Pet Nutrition, en Topeka, Kansas. Hace algunos años, la Unión Británica contra la Abolición de la Vivisección publicó detalles de un experimento llevado a cabo por la compañía en la Universidad de Columbia, en el que se encerraba a conejillos de Indias en pequeños tubos de plástico y se les aplicaba una fuerte solución de sulfuro durante cuatro horas al día por espacio de tres días. Ello causaba que la piel de los animales se quebrase y sangrase.

Los aquí expuestos han sido, en suma, algunos de los ejemplos que nos obsequian las multinacionales químicas y farmacéuticas –en buena parte de los casos ocultándolos, disfrazándolos, desmintiéndolos o atacando a quienes se atrevan a denunciar, criticar u oponerse por cualquier medio a sus designios-, y que nos dejan una pregunta prácticamente incontestable: a la vista de los efectos nocivos de muchos productos elaborados por las grandes compañías del sector, de que los mismos sean inalcanzables para gran parte de la población mundial por su costo o por no llegar a sus países, y de los monopolios ejercidos por estas multinacionales respecto del patentamiento de los fármacos, ¿qué podemos consumir en definitiva?; ¿cómo podemos defendernos del envenenamiento de los químicos y de los medicamentos no debidamente comprobados?; ¿quién nos protegerá contra tantas carencias y abusos?. Quizás la última palabra sólo la tengamos nosotros mismos. www.ecoportal.net

 

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Gripe

Virus mexicanos

http://www.telegrafo.com.ec/opinion/columnista/archive/opinion/columnistas/2009/05/01/Virus-mexicanos-.aspx

JAIME BREILH 
Médico. Investigador 

 
Los que trabajamos en la investigación de los impactos colectivos en salud sabemos que hay que hurgar profundo para comprender bien el origen, las verdaderas víctimas y aun los beneficiarios –aunque parezca mentira- de las epidemias.

En la historia más reciente de la humanidad ciertas enfermedades transmisibles de rápida propagación, y que provocan efectos agudos con algún grado de letalidad, a la par que han alcanzado enorme resonancia e incluso pánico, nos dejan lecciones sobre la interpretación y el afrontamiento de estas epidemias del siglo XXI. Dicho de otro modo, la respuesta inmediata y responsable que ha dado el Ministerio de Salud a los niveles de alarma fijados por la OMS, nos tranquiliza por un lado, pero, por otro, nos confronta al desafío urgente de comprender lo que verdaderamente sucede.

Al igual que la gripe aviar, la epidemia porcina y su transmisión al ser humano tienen su origen en la cría transnacional de animales. Al amparo de los tratados de libre comercio han florecido gigantes empresas porcícolas como las Granjas Carroll, en México, propiedad de Smithfield Foods, y con filiales en todo el mundo. Ese tipo de agrotecnología de punta, orientada a la elevación de la productividad se monta siempre sobre condiciones peligrosas de confinamiento animal masivo y contaminación ambiental. De ahí la multiplicación de ambientes perfectos para la recombinación de virus de distintas cepas y su diseminación.

A pesar de voces de alarma de las comunidades y universidades, los mega negocios de la globalización despliegan sus maquinarias de lucro impunes y sobreprotegidas por los tratados. 

Los balances de esas epidemias, como sucedió con la gripe aviar, nos muestran que muchas veces su casuística no necesitó ser siquiera desbordante, con que se acumulen casos visibles y una campaña mediática que alimente el pánico, se abren jugosos negocios para las transnacionales farmacéuticas y de biotecnología como GlaxoSmithKline, Gliead Sciences y Roche, que controlan la producción de antivirales y vacunas; las epidemias son inmejorables  oportunidades de negocio. En un trabajo de Silvia Ribeiro publicado en la Jornada de México (29/04/09) se explica cómo al solo anuncio de la nueva epidemia en México, las acciones de Gilead subieron 3%, las de Roche 4% y las de Glaxo 6%.

Nosotros debemos desentrañar las lógicas perversas del “capitalismo del shock” y responder preguntas claves: ¿Por qué epidemias más numerosas y severas no alcanzan la resonancia y los niveles de respuesta que ameritan? ¿Por qué los gobiernos y organizaciones que defienden el capitalismo agresivo y el libre comercio, dispuestos a gastar millones en insumos curativos y vacunas, no asumen como parte de la prevención los correctivos de fondo sobre las  industrias peligrosas? 

Y hablando de virus “mexicanos” los ecuatorianos deberíamos preguntarnos además: ¿Cuál virus es más pernicioso para un proyecto de defensa de la vida y el vivir saludable, la cepa viral porcina incubada en Veracruz, y cuyo ingreso al país será seguramente limitada, o el virus del dinero sucio del cartel mexicano de Juárez que parece haber penetrado en la política ecuatoriana?, según lo denuncia “El Comercio” de Lima y “El Mercurio” de Santiago (12/04/09).

 

Los negocios con la gripe

Dudas sobre la gripe porcina

Donald Rumsfeld, ex jefe del Pentágono, cobra el 10% de cada caja del antiviral que se promociona como cura y cuyos stocks estaban por vencer. Un informe que preocupa

04/05/09
http://www.asteriscos.tv/noticia-20314.html

 

Por Walter Goobar

www.waltergoobar.com.ar

Detrás del fármaco que por estos días se presenta al mundo como una cura milagrosa contra la virtual pandemia de fiebre porcina, se esconde una oscura trama de manipulaciones, negociados, tráfico de influencias -y trafico de influenza-, que tienen como protagonista central a uno de los personajes más siniestros de la política norteamericana: el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld. 

Este halcón de la era Bush -quien siempre agitó el fantasma del bioterrorismo-, se embolsa un 10 por ciento de cada caja de Tamiflu que hoy se vende en el mundo.

En 2005 se lanzó a rodar la teoría de una inminente epidemia de gripe aviar a partir de un virus que había sido detectado nueve años antes en Vietnam. 

Aquel virus sólo se había cobrado una media de once fallecimientos al año en todo el mundo, porque la gripe aviar nunca se transmitió de humano a humano. 

Pero aquella falsa peste permitió presentar al mundo una poderosa "arma preventiva", un antiviral llamado Tamiflu.

En realidad, la psicosis de gripe avier fue inventada para justificar el Tamiflu, un antiviral que era propiedad de Gilead Sciences Inc., una empresa que pertenecía al ultraconservador Donald Rumsfeld, quien desde 2001 era jefe del Pentágono. 

La empresa de Rumsfeld vendió en 1996 la patente del antiviral a los laboratorios Roche de origen suizo.

Pese a que su eficacia estaba en duda, gracias a la gripe aviar y al sigiloso lobby ejecido por Donald Rumsfeld desde el Pentágono, el Tamiflu se convirtió en la gallina de los huevos de oro. Los ingresos por las ventas del antiviral pasaron de 254 millones de dólares en el 2004 a más de 1.000 millones en el 2005.

En esa época, la empresa de Rumsfeld pretendió recuperar la licencia alegando que Roche no hacía esfuerzos suficientes por fabricar y comercializar el antiviral. Las presiones del jefe del Pentágono dieron resultado y ambas empresas acordaron constituir dos comités conjuntos para coordinar la comercialización y las licencias. 

Además, Roche pagó a Gilead Sciences Inc regalías retroactivas por valor de 62,5 millones de dólares más otros 18,2 millones extra por ventas superiores a las contabilizadas entre 2001 y 2003.

Un mes después de aquel acuerdo, la revista Fortune dedicó una nota al célebre accionista de Gilead. Fortune estimó que el valor de las acciones de Rumsfeld podían alcanzar los 25 millones de dólares y que la demanda internacional de Tamilflu en 2005 había engrosado los bolsillos del secretario de Defensa en un millón de dólares.

La revista calculó las ventas de Tamilflu alrededor del mundo en mil millones de dólares ese año, incluido un pedido de 58 millones de dólares por parte del Pentágono, cuyo titular era entonces Rumsfeld, señala Pascal Beltrán del Río, director del diario mexicano Excelsior.

Rumsfeld afirma que no tuvo nada que ver en la decisión de la administración Bush de apoyar y aconsejar el uso del Tamiflu a nivel mundial, pero su nombre también aparece unido a una vacunación masiva contra una supuesta gripe del cerdo durante la Administración de Gerald Ford en la década de los 70, que dio como resultado más de 50 muertos a causa de los efectos secundarios.

El máximo propagandista de las falsas armas químicas y biológicas de Saddam Hussein, también niega haber tenido que ver con la compra por parte del Pentágono, del Vistide, otro fármaco de su laboratorio que fue adquirido después de los atentados a las Torres Gemelas para evitar los efectos secundarios que podía producir la vacuna de la viruela entre los soldados norteamericanos a los que se les aplicó masivamente antes de enviarlos a Irak.

Cuando el gobierno británico anunció la compra de 14.6 millones de dosis de Tamilflu, la prestigiosa revista científica The Lancet puso en duda la efectividad del antiviral en casos de epidemia y apuntó que su uso indiscriminado podría desalentar prácticas más útiles, como la higiene y el aislamiento.

El jefe de la investigación, Tom Jefferson, indicó que hasta ese momento ni el Tamiflu ni el Relenza habían reducido la mortalidad entre los pocos enfermos de gripe aviar a los que se les había suministrado. 

En diciembre de 2005, cuatro de los ocho enfermos de gripe aviar que fueron tratados con Tamiflu en el hospital Ho Chi Min de Vietnam, fallecieron. 

En Japón, que es uno de los principales compradores del antiviral, el consumo del medicamento en menores de edad ha sido asociado con conductas anormales y hasta suicidios, según publicó en 2007 el diario británico The Guardian.

Una investigación de la ONG canadiense Globalresearch, aventura que el virus de la gripe porcina, habría sido fabricada en laboratorios militares de Estados Unidos. 

Una de las evidencias que abona esta hipótesis es que en 2005 un patólogo de la Fuerza Armada de los EEUU que estaba bajo las ordenes de Rumsfeld, reconstruyó la secuencia genética del mortífero virus de la infuenza española que en 1918 mató a 50 millones de personas, según publicó la revista científica Nature. ¿Para que lo hicieron?

Si la gripe es -o era porcina- ¿cómo se explica que no haya un solo cerdo infectado?

Por último, ¿No es extraño que esta nueva pseudoepidemia coincida con la fecha de vencimiento del Tamiflu stockeado en todo el mundo desde 2005?

Todos los interrogantes que suscita la actual epidemia con epicentro en México forman parte de un complejo entramado que comienzan y terminan en el índice Nasdaq: por lo pronto, las acciones de Gilead subieron 3 por ciento, las de Roche 4 y las de su competidor Glaxo 6 por ciento.

 

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El medico del futuro por Ernesto Guidos

La necesaria transformación de los médicos: de nadadores en
piscina a nadadores en el ancho mar


Introducción
Ejercer de médico ha sido siempre un privilegio. El contacto directo
con la superficie y los abismos del cuerpo y del alma ha dado un
halo de prestigio y respeto a los médicos. Dicho halo compensa en
parte la incertidumbre vital a que lleva la práctica médica
consciente. Incertidumbre vital fácil de entender, pues no es fácil
tener contacto diario con las miserias orgánicas, psicológicas y
sociales y mantener la alegría de vivir.

El prestigio y el respeto de los médicos se consiguen dando
respuesta al sufrimiento, a los problemas de salud, curando a
veces, calmando a menudo, consolando siempre. Al estar
investidos por ese halo superior, casi sagrado, los médicos han
tenido siempre un estatus de excepción. Este estatus se cuestiona
hace décadas, pero persiste sin grandes modificaciones desde hace
milenios (al menos para el paciente y para sus familiares).
El ser humano es un ser para la muerte, y en ese viaje hay
simultáneamente disfrute y sufrimiento sin cuento. Ser conscientes
e inteligentes, tener un cerebro que no se comprende, es algo que
se paga. Por ello el enfermar humano tiene siempre un componente
de amenaza para la vida, de complejidad psicológica y social que va
más allá de las simples alteraciones biológicas. Los médicos lo
viven y lo perciben así, por mucho que en general practiquen sin
saberlo un realismo trasnochado que lleva a una visión mecánica y
biológica del enfermar. Con esta visión el médico ha ido cambiando
su papel de sanador, de profesional capacitado para dar respuesta
a los problemas de salud y al sufrimiento para devenir en científico
que ofrece soluciones técnicas, como la casi inmunidad frente a la
infección (con las vacunas y antibióticos), o la anulación del dolor (y
hasta de las conciencia, con la anestesia). En esa transformación
de sanador a científico se debilita el halo superior y sagrado, se
pierde el rol de excepción.
Tras siglos (y milenios) de evolución el médico se pretende ahora
científico, no sanador. Cura, alivia y consuela, pero no por su
profunda humanidad ni por su capacidad de entender el sufrimiento,
sino por su poder científico para comprender el origen del mal, la
alteración bioquímica y genética subyacente a la enfermedad, que
hay que reparar para restaurar la normalidad. Lo importante no es
escuchar, ni asentir, ni hablar, sino comprender los mecanismos
que conducen a la enfermedad, utilizar las tecnologías necesarias,
diagnosticar la misma y proceder al empleo de los métodos
terapéuticos adecuados. Aparentemente el ser humano es una
máquina en la que se pueden incluso sustituir piezas sin más, como
bien pretende demostrar el campo de los transplantes.

 Del halo personal al halo tecnologico
En el largo camino de la evolución humana el médico está
empezando a cerrar un círculo mágico que se inició con el primer
homínido capaz de entender el sufrimiento de su semejante, y de
ofrecerle consuelo específico con alguna técnica de escucha (la
escucha terapéutica o la promesa de un más allá, por ejemplo), la
habilidad en alguna práctica (reparar una fractura y atender un
parto, como ejemplos) y el manejo sabio de la farmacología vegetal
(desde la hoja de coca a la de digital, por ejemplo). Aquel poder
mágico no ha abandonado nunca al médico, pues el humano
enfermo es un ser desvalido que pierde muchas de sus defensas
psicológicas y sociales por la enfermedad en sí, y por el propio
papel de enfermo, de forma que el paciente se entrega en general
sin reservas al médico (“lo que usted diga, doctor”) que se convierte
en alguien casi omnipotente en los momentos en que el dolor y el
sufrimiento debilitan el razonamiento.
El cierre del círculo mágico traslada el halo superior, casi sagrado,
del propio médico a sus métodos y técnicas diagnósticas y
quirúrgicas. “El paciente ha muerto, pero el equilibrio iónico ha sido
correcto hasta el final” se le puede llegar a decir a los familiares,
pues el propio sistema de incentivos lleva a la exageración de la
biometría en detrimento de la empatía. El médico está dejando de
ser el placebo, poderosísimo y eficaz placebo, para revestirse de
una ciencia con poco fundamento (pues muchas veces se
confunden cifras y cálculos con ideas e hipótesis, y ciencia con
arte).
El médico cede poder y recupera “anonimato” (se desliga del
paciente y de su sufrimiento). El médico delega en la tecnología, y
se convierte en operario. Pasa de ejercer una profesión a practicar
un oficio. El horario se cumple a rajatabla (“de ocho a tres, médico;
después tiempo para vivir”). Ya el médico empieza a ser nada per
se. Precisa, al menos, de una especialización y de unas técnicas.
“La silla” de Marañón es cada vez más irrelevante para el propio
médico, pero no para todos, y sólo para algunos pacientes.

De datos blandos a datos duros
La sociedad cambia, y es cierto que cada vez encontramos más
pacientes impacientes, más políticos exigentes y más medios
impactantes, lo que cambia el paisaje de las necesidades y
expectativas sanitarias de la población. La respuesta médica está
siendo la transformación mencionada, del médico sanador en
médico científico. Sin embargo, la transformación tiene costes
intangibles. Uno fundamental, la deshumanización de la práctica
médica. Es decir, el menor énfasis en el sufrimiento, en la escucha,
en la comprensión, en la empatía, en los datos “blandos”. El médico
científico se centra en las técnicas, en los datos “duros” que
proceden de los métodos diagnósticos y terapéuticos que permiten
el diagnóstico y reparación de los errores y/o daños orgánicos, lo
que se supone conllevará la recuperación de la normalidad.
La presencia de la muerte resulta incomprensible en este panorama
de vida sana permanente (la antigua “eterna juventud”). La solución
es ignorar la muerte, establecer una “batalla” contra ella,
pretendiendo ignorar que siempre se pierde (los médicos como
mucho retrasan muertes, nunca salvan propiamente vidas). Incluso
se llega a ignorar el propio sufrimiento. Así, por ejemplo, los
oncólogos apenas dedican treinta segundos, de entrevistas de
hasta media hora, a demostrar empatía y a explorar la angustia y
ansiedad del paciente en el encuentro en que se le comunica el
diagnóstico; casi todo el tiempo se dedica a consideraciones
diagnósticas y terapéuticas, y muchas veces de dejan de lado las
cuestiones clave, tipo: “¿cuántos días de vida, y de qué calidad, me
añade el sufrimiento que usted me está proponiendo para “luchar”
contra la enfermedad?”.

La atención se centra en los datos duros, en los que tienen que ver
con los métodos y técnicas diagnósticas y terapéuticas. El paciente
se “cosifica” al tiempo que el médico transforma la profesión en
oficio que le hace más independiente, menos humano, más
distante, más insensible ante el sufrimiento, menos sanador, más
aparentemente científico.

De la salud como autopercepción a la salud como resultado
biométrico

La visión realista de los médicos y el consiguiente modelo biológico
casi mecánico del enfermar lleva inexorablemente a una definición
biométrica de salud. Estar sano empieza a dejar de ser una
experiencia vital, como estar feliz, para pasar a ser una situación
médicamente definida. Así, el niño sano es aquel cuyas curvas de
crecimiento se adaptan a la norma, y cuyo pediatra/médico general
certifica con un examen en profundidad la ausencia de
anormalidades. Un niño sano no lo es por la definición de la madre
y de la familia, sino por definición médica. En este ejemplo la
“guerra” ha sido perdida por las abuelas. Sucede exactamente igual
con el adulto, que es sano en cuanto encaja en los parámetros
médicamente definidos.
La biometría alcanza cada vez más campos, incluyendo resultados
bioquímicos y genéticos, y pruebas psicológicas. Los exámenes y
chequeos se suceden sin pausa a lo largo de la vida, y la revisión
del niño sano es el primer peldaño en esta escalera de definiciones
médicas que lleva incluso a reservar el diagnóstico de muerte
también al médico (por más que en algún caso el muerto incluso
empiece a oler a putrefacto). Lo importante es la cifra del colesterol,
o la de la glucosa, o la de la tensión arterial, o la de troponina, o la
del perímetro abdominal, o la del peso, o el coeficiente intelectual.
Uno está sano si las cifras se encuentran entre los valores definidos
artificialmente como normales
.

Desde luego, es imposible “morir sano”, es decir, dignamente, sin
sufrimiento, sin “luchar”, sintiendo que ha llegado la hora. La muerte
desequilibra toda la biometría y se vive como fracaso. La muerte
rompe el halo mágico de las técnicas, y el duelo de los familiares se
transforma de nuevo en enfermedad, en patología, como si no
pudiera haber sufrimiento normal, desazón aceptada como parte del
vivir. Tomar la mano del viudo o de los hijos se vuelve un acto
indecente. Lo que se da (y con el aprendizaje, los pacientes exigen)
es un tranquilizante, no unas palabras; lo que se acepta es un
medicamento no una mano afable. Aunque increíble, es esperable,
si la salud es biometría que define el médico y si la silla ha perdido
importancia, o sirve sólo para sentarse y no como medio que
soporte una cierta terapia.
Del poder médico de definir enfermedad al poder de definir
salud
Durante milenios los médicos no definieron ni enfermedad ni salud.
El interés por la enfermedad como entidad es reciente, de apenas
tres siglos, y se debe en mucho al ímpetu de las clasificaciones
biológicas y su asociación al “poder de nombrar”. Parecía que el
agrupar a los seres vivos en especies y familias era cosa definitiva,
tan definitiva como la enfermedad. Este modelo encaja de nuevo
con la visión realista de los médicos, con su idea de que la realidad
existe tal cual, que existe independientemente de nosotros, y que
las estructuras, mecanismos y objetos de este mundo son los que
estimulan nuestros sentidos. Los médicos no suelen advertir que la
enfermedad es una construcción mental, una interpretación de la realidad. Lo que es enfermedad en una cultura en otras es normalidad, y en otras pecado.

El poder de definir enfermedad tergiversa el antiguo prestigio del ser
médico.

Este poder puede extralimitarse, y emplearse para utilizar
las definiciones en forma que aumente “el trabajo” (la importancia
del médico, las posibilidades de intervenciones diagnósticas y
terapéuticas y “el negocio”). Buen ejemplo es la definición de
insuficiencia cardiaca que en su nivel más bajo es simplemente un
estado que aumenta la probabilidad de la insuficiencia, como
obesidad (clasificada aquí como “insuficiencia cardiaca tipo A”).
Mejor ejemplo es de los cambios asociados a los trastornos
mentales, que más que guías diagnósticas parecen guías de
promoción terapéutica. También la definición de diabetes, que
aumenta en millones los “diabéticos”, sin que se acompañe de
mejoras en salud, tan sólo de mayor número de intervenciones
diagnósticas y terapéuticas. Ni que decir tiene que nada justifica el
concepto de “preenfermedad”, vista como la situación que precede
a la enfermedad, por ejemplo en la prediabetes.

Sólo muy recientemente, poco más de medio siglo, los médicos han
empezado a emplear su poder de definir enfermedad para definir
salud. Es un movimiento asociado a los “factores de riesgo”, que
son considerados en muchos casos como causa de enfermedad
(por ejemplo, la hiperlipemia), o incluso verdaderas enfermedades
(por ejemplo, la hipertensión). Se ignora que los factores de riesgo
son simples asociaciones estadísticas con la enfermedad, ni
necesarios ni suficientes para que se desarrolle la misma. La era de
los factores de riesgo sucedió a la era de los antibióticos, y en la
sucesión hay mucho más que un simple cambio de enfoque. Los
antibióticos todavía se refieren a enfermedad. Los factores de
riesgo, a salud. Este cambio no es baladí. Ahora los médicos, con
los factores de riesgo, se suman a un movimiento moralista que se
pregunta ante el paciente con infarto: “¿no fumaba?, ¿no tenía
colesterol? ¿hacía ejercicio?, ¡qué raro!”. La enfermedad empieza a
verse como el fracaso de la prevención, y en este movimiento todo
vale. La prevención se vuelve omnipotente, y si hay cáncer tiene
que existir una vacuna contra él, por ejemplo.

De médicos que dan malas noticias a médicos que las dan
buenas


En una cascada inevitable, el predominio del halo tecnológico lleva
a la relevancia de los datos duros, y estos a la definición biométrica
de la salud, que transforma la actividad de los médicos pues pasan
de centrarse en la enfermedad a centrarse en la salud. Como
siguiente eslabón lógico, los médicos casi cambian de profesión (o
de oficio, pues los métodos diagnósticos y terapéuticos son ahora el
objetivo de mucho de su trabajo, lo que hace secundaria su doble
labor sobre el sufrimiento anexo al enfermar y al morir).

Es expresión profunda y sutil de este cambio el predominio de “dar
buenas noticias” sobre el “dar malas noticias”. Por ejemplo, ya no se
es sorprendente sino se espera que el médico diga “el niño tiene
una curva de crecimiento normal” más que “este niño tiene
neumonía” (esto último como mucho en urgencias). En otro
ejemplo, lo esperable es “su chequeo es normal por completo,
¡enhorabuena!”, en lugar de “esa orina no tiene buen aspecto, hay
que hacer una cistoscopia para descartar que algo esté sangrando
en la vejiga”. Por supuesto, los médicos siguen dando malas
noticias, pero lo más frecuente es que los pacientes acudan para
buscar noticias buenas, o al menos menores, solucionables con un
cambio de vida, o mejor con una píldora (del estilo de “su colesterol
total es alto, y el malo también; tiene que tomar esto que le receto
todas las mañanas, además de hacer la dieta”).
Como consecuencia, los pacientes piden y aspiran a consultas
centradas en la prevención. Y los sistemas sanitarios “giran” hacia
la prevención, en la esperanza no justificada científicamente de un
aumento de la eficacia y de la eficiencia (el giro preventivo transfiere
de hecho recursos de pobres a ricos, de viejos a jóvenes y de
enfermos a sanos).

De consultas llenas de necesidades a consultas llenas de
tontinaderías

Las consultas en que se dan buenas noticias llevan a consultas en
las que se quiere todo y ya. “Si podemos evitar el infarto de
miocardio con un medicamento que baja el colesterol, ¿cómo es
posible que no exista algo que evite la angustia vital?”. Los
pacientes y la sociedad creen lo que se les dice. Por ejemplo, las
promesas de eterna juventud de muchos expertos (“mis hijos vivirán
hasta los 150 años sin problemas, y mis nietos no tendrán límite”,
proclamó uno de estos expertos futurólogos, cardiólogo promotor de
la vida sana que murió bruscamente a los 70 años). Por ejemplo,
las promesas de evitación del dolor (“si usted tiene dolor y su
médico no se lo quita, cambie de médico”). Otro sí, lo expertos que
prometen bienestar psíquico beatífico, con la píldora tal o la técnica
cual.
Todo ello cae en terreno abonado, en una población con pocos hijos
en los que el “yo” es cada vez más importante. No es extraño que el
resultado final sea la consulta por naderías, por nimiedades, por
tonterías. Es importante, además, lograr la consulta rápida y directa
(cara a cara) con el médico. Al final lo que agobia y preocupa al
paciente es el “gen nuestro de cada día” de esos medios
impactantes, o la desazón que conlleva el vivir, o el comprobar los
estragos del paso del tiempo en el alma y en el cuerpo, o el evitar
tal o cual cáncer, tal o cual enfermedad.
Puesto que se evita la mortalidad infantil se prolongan las vidas, y
las enfermedades crónicas son más frecuentes, y más frecuente su
coexistencia.

En lugar de añadir salud, el buen trabajo del sistema
sanitario añade infelicidad, insatisfacción ante la vida, sufrimiento y
disminución de autopercepción de salud. Es lo que se define como
“paradoja de la salud” (a más salud objetiva, peor salud subjetiva).

Las consultas se llenan de tontinaderías para las que se requiere
solución y diagnóstico inmediato. La “tiranía del diagnóstico”
provoca a su vez una medicalización y sobreuso
de recursos que no se traducen en mejoras en salud.

Del médico contento y satisfecho al médico frustrado e infeliz
El ejercicio médico ha sido siempre un ejercicio profesional duro por
el ya señalado contacto diario con las miserias orgánicas, psíquicas
y sociales. Pero el médico sanador sufría sólo por ese contacto, por
sus errores, y por su impotencia para realmente curar en la mayor
parte de los casos. Ahora el médico se frustra, quema y se torna
infeliz por estas y por otras causas.

Cuando el médico deviene un superespecialista,
un aspirante a científico bien equipado con la Medicina Basada en Pruebas y al
tiempo la atención clínica gira a la prevención, y los pacientes
quieren soluciones inmediatas a las naderías, lo esperable es la
frustración sin paliativos. El médico se siente sobreformado
para las tareas que se le asignan social e institucionalmente. Finalmente
le llega todo, desde el niño que acaba de vomitar tras comer como
un animal en una fiesta de cumpleaños a la adolescente que cada
fin de semana precisa de contracepción postcoital
porque “se nos rompió el condón”, desde el adulto que se quiere remedio a una
disfunción eréctil indeseable (“he empezado una nueva relación,
ella es mucho más joven, y no quiero fallar”) a la enésima norma
preventiva (“hay que pasar el cuestionario a todos los pacientes
para que podamos diagnosticar la depresión antes de que dé
síntomas”).

Por otra parte, los líderes profesionales no ayudan en mucho, tan
perdidos como los profesionales de a pie. Las instituciones
sanitarias exigen mediante gerentes y políticos una actitud
complaciente con la población que se da de bruces con las
simultáneas exigencias de control del gasto y mejora de la
efectividad. Los indicadores e incentivos tienen pocas veces en
cuenta la salud de la población y de los pacientes. La actividad
médica se mercantiliza y deja poco espacio al idealismo. Las
antiguas y nuevas profesiones sanitarias disputan derechos a los
médicos. Los abogados encuentran un filón en las reclamaciones
judiciales. Los médicos además de encontrarse sobreformados
y
abrumados por las naderías en las consultas (agravadas por la
burocracia inherente a una gestión poco clínica) responden con una
“medicina defensiva” que no defiende sino degrada.

Del médico que tenemos, nadando en la piscina, al que
necesitamos, nadando en el ancho mar

Tenemos médicos frustrados, superespecializados,
agobiados, que
no disfrutan del trabajo diario, quemados, amenazados por gerentes
y políticos alejados de la clínica, saturados de tontinaderias,
trabajadores que se sienten piezas y no profesionales, temerosos
de reclamaciones judiciales y ejercientes de una medicina defensiva
ofensiva, cumplidores formales de horarios precisos, que huyen del
lugar del trabajo al terminar la jornada y se compensan con
actividades extramédicas.

Por supuesto, hay médicos en el lado opuesto de este espectro y
entre ellos, y los que están en a medio camino, el sistema sanitario
se sostiene, pero difícilmente se salva el ancho abismo que separa
la eficacia de la efectividad. No es extraño que la actividad del
sistema sanitario se haya convertido en la cuarta causa de
mortalidad. Se convierte así en un mito el ideal de aplicar lo que se
precisa al 100% de los pacientes que lo necesitan y no aplicar lo
que no se precisa al 100% de los pacientes que no lo necesitan. Por
ejemplo, esto llevó a las muertes provocadas por la cerivastatina en
muchos pacientes que no precisaban ese tratamiento, mientras
siguen sin tratar muchos pacientes que necesitan hipolipemiantes.
El médico actual nada en la piscina de una especialidad, en un
entorno geográfico e idiomático endogámico, y el agua está sucia,
llena de naderías y de actividades innecesarias. Al médico actual le
falta autoridad, autonomía, polivalencia, responsabilidad y autoestima.
Nadando en la piscina es infeliz, pero fuera se ahoga. Está
condenado a nadar hasta la jubilación, o el suicidio (estricto, o
simple cambio de profesión). Cumple su trabajo, pero no le
compensa (ni profesional, ni humana ni económicamente). Su
actividad central es lograr diagnósticos, no proponer soluciones.
Algunos se libran y nadan felices en una piscina muy especial, con
agua limpia, vista con envidia por los demás, que no se hacen idea
de cómo lograr esa capacidad de innovación con instituciones que
ayudan un poco más de lo habitual. Lamentablemente, tampoco se
apoya la investigación sobre innovación exitosa, especialmente
sobre su mejor forma de difusión.

Necesitamos un médico capaz de nadar en el ancho mar, en agua
limpia, sin naderías ni actividades innecesarias. El médico del futuro
tiene que romper los corsés de las especialidades,
de los ámbitos
geográficos e idiomáticos y de la endogamia y ser capaz de cambiar
según las necesidades de la población (aumento/disminución de los
inmigrantes, nuevas enfermedades, etc.) y de sus propios deseos
vitales (unos años de media jornada, para hacer la tesis doctoral, un
año sabático en un trabajo de cooperación, unos años de horas
extras para pagar la hipoteca, unos meses como asesor de esa
empresa innovadora, etc.). El médico del mañana es un médico que
delega en otros profesionales los pacientes estables y bien
controlados y se centra en los pacientes complejos y/o
descompensados. El médico del futuro tiene autoridad, autonomía,
polivalencia, responsabilidad y autoestima,
influye en la institución y en los gerentes y políticos, y es compensado monetariamente en
consonancia. En su trabajo diario el médico será fundamentalmente
clínico, y cumplirá aquellas normas preventivas adecuadamente
priorizadas por su relevancia y eficacia demostrada. Tarea esencial
del médico del futuro es la práctica cotidiana y continua de la
prevención cuaternaria (la que trata de evitar la actividad
innecesaria del sistema sanitario y los daños de la necesaria). Los
diagnósticos recuperarán su papel necesario pero no suficiente, y
en ningún caso su “tiranía” retrasará la toma de decisiones
juiciosas. El médico del futuro será un médico satisfecho con su
trabajo, que empleará los errores como acicate para la mejora
continua de su trabajo. Cuando la innovación sea exitosa, el médico
contará con apoyos para su análisis y difusión. La clínica, siendo
importante, la verá el médico siempre como parte de un sistema
sanitario que tiene que ofrecer a los que necesitan lo que necesitan,
evitando el cumplimiento de la “ley de cuidados inversos” (“los
pacientes que precisan más servicios sanitarios reciben menos, y
esto es más cierto cuanto más al mercado se orienta el sistema
sanitario”).

De la piscina al ancho mar
El salto del médico desde el mundo turbio y pequeño de la piscina
al ancho mar precisa de cambios, mayores y menores. Los estudios
universitarios habría que disminuirlos en duración, a cuatro años
como mucho, centrados en el conocimiento necesario para la toma
de decisiones (no el diagnóstico) en la clínica diaria. Desde el
principio con aprendizaje por problemas, dependiendo de un médico
general/de familia que sería el tutor de un grupo de estudiantes
hasta el final de sus estudios (las especialidades y los hospitales
serían “escaparates” de lo raro, grave y/o infrecuente). Con una
parte básica de contenidos dedicados a antropología, sociología y
salud pública. Las instituciones sanitarias estarían libres de las
industrias (drugfree y similares) de forma que la colaboración con
las mismas se establecería a través de institutos de formación e
investigación, nunca directa y personalmente ni con estudiantes ni
con residentes ni con clínicos. La residencia duraría como máximo
cuatro años, y dos serían comunes para todas las especialidades,
basados en la medicina general/de familia, la medicina interna, la
psiquiatría y la cirugía general. A lo largo de toda la vida profesional
sería posible el cambio de especialidad, con un simple curso de seis
meses y un año posterior de “trabajo tutelado”. El trabajo a tiempo
parcial, e incluso por horas se combinaría según necesidades de las
instituciones y ciclos vitales de los médicos con el trabajo por
encima de los horarios habituales, salvando las cuestiones legales y
lógicas. Existiría una carrera profesional que incentivase el buen
trabajo clínico diario (capacidad para pasar consulta en varios
idiomas, manejo adecuado de la incertidumbre, polivalencia para
prestar servicios varios de calidad, prevención cuaternaria, etc.).
Accesibilidad para pacientes marginados y de grupos minoritarios,
incentivada según necesidad. Contratos individuales para todos los
médicos, con posibilidad de trabajo por cuenta propia para los que
se independicen, según deseos personales y necesidades de las
instituciones y de las poblaciones. Delegación de trabajo,
responsabilidad y autoridad a los profesionales auxiliares para que
no llegue al médico nada que pueda ser atendido mejor y más
adecuadamente por dichos profesionales. Por supuesto, el médico
se integraría en las juntas de dirección de las instituciones, y en las
de coordinación con otros servicios (salud pública, servicios
sociales, educativos, judiciales y demás). Habría que utilizar
adecuadamente las nuevas tecnologías de la información para
ayudar a difundir los encuentros indirectos (teléfono, Internet,
teleconsultas y demás), pagados según la accesibilidad que cada
médico estuviera dispuesto a aceptar. Dichas tecnologías deberían
permitir el mejor uso del conocimiento, facilitando la transmisión
desde las revistas e informes al trabajo clínico diario, y la mejor
toma de decisiones con sistemas informáticos descentralizados
(capaces de conectarse para transmitir con un identificador
encriptado datos mínimos básicos por consulta, paciente, médico y
servicio).

Comentario
Los cambios no se producen si no hay fuerzas (sociales,
profesionales, institucionales y/o políticas) que los provocan. Es
importante que los cambios en la práctica médica los lideren los
propios médicos, pues en general se les imponen. Para ello lo
crítico es imaginar los cambios posibles y seleccionar los deseables
para la población, los pacientes, los médicos, y las instituciones. El
paso siguiente exige de líderes brillantes, constantes y prudentes
capaces de transformar las ideas en acciones, y de arrastrar a los
indecisos y escépticos. Una buena estrategia buscaría la suma de
otras profesionales, de los gerentes, docentes, investigadores,
pacientes y políticos para difundir las primeras experiencias
exploratorias, necesarias cuando los cambios propuestos son muy
radicales. En buena lógica se establecería una dinámica de mejora
continua de la actividad médica, del ser médico, que conllevaría un
renacimiento de la profesión.