por Herbert Marcuse La sola idea de una civilización no represiva, concebida como posibilidad real en la civilización establecida en el momento actual, parece frívola. Inclusive si uno admite esta posibilidad en un terreno teórico, como consecuencia de los logros de la ciencia y la técnica, debe tener en cuenta el hecho de que estos mismos logros están siendo usados para el propósito contrario, o sea: para servir los intereses de la dominación continua. Las formas de dominación han cambiado: han llegado a ser cada vez más técnicas, productivas, e inclusive benéficas; consecuentemente, en las zonas más avanzadas de la sociedad industrial, la gente ha sido coordinada y reconciliada con el sistema de dominación hasta un grado imprecedente.
Pero, al mismo tiempo, las capacidades de esta sociedad y la necesidad de una productividad aún mayor engendran fuerzas que parecen minar los fundamentos del sistema. Estas fuerzas explosivas encuentran su más clara manifestación en la automatización. La automatización amenaza con hacer posible la inversión de la relación entre el tiempo libre y el tiempo de trabajo, sobre la que descansa la civilización establecida, creando la posibilidad de que el tiempo de trabajo llegue a ser marginal y el tiempo libre llegue a ser tiempo completo. El resultado sería una radical tergiversación de valores y un modo de vivir incompatible con la cultura tradicional. La sociedad industrial avanzada está en permanente movilización contra esta posibilidad.
Así, el concepto de una forma de viv! ir no represiva ha sido invocado en este libro para mostrar que la tra nsición a un nuevo estado de civilización, que las posibilidades de la época actual sugiere, puede implicar la subversión de la cultura tradicional, tanto en el aspecto intelectual como en el material, incluyendo la liberación de las necesidades y satisfacciones instintivas que hasta ahora han permanecido como tabús y han sido reprimidas. Mi hipótesis ha sido sometida a malas interpretaciones; la más seria de ellas se refiere a los cambios y precondiciones necesarios para el nacimiento de esa nueva etapa.
Subrayé desde el principio de mi libro que, en el período contemporáneo, las categorías psicológicas han llegado a ser categorías políticas hasta el grado en que la psique privada, individual, llega a ser el receptáculo más o menos voluntario de las aspiraciones, sentimientos, impulsos y satisfacciones socialmente deseables y necesarios. ! El individuo, y con él los derechos y libertades individuales, es algo que todavía tiene que ser creado, y que puede ser creado sólo mediante el desarrollo de relaciones e instituciones sociales cualitativamente diferentes. Una existencia no represiva en la que el tiempo de trabajo (por tanto, la fatiga) se reduce al mínimo y el tiempo libre es liberado de todas las ocupaciones activas y pasivas del ocio impuestas sobre él en interés de la dominación, si es que puede ser posible, puede serlo sólo como resultado de un cambio social cualitativo. Sin embargo, las conclusiones de esta posibilidad, y la radical tergiversación de valores que exige, debe guiar la dirección de tal cambio desde el principio y debe ser eficaz inclusive en la construcción de las bases técnicas y materiales. Sólo en este sentido la idea de una gradual abolición de la represión es el a priori del cam! bio social -en todos los demás aspectos, sólo puede ser la consecuencia.
Con toda seguridad, uno puede practicar la no represión dentro del marco de la sociedad establecida: desde la mímica de vestirse y desvestirse hasta la vasta parafernalia de la vida activa o pasiva. Pero en la sociedad establecida, este tipo de protesta se convierte en un medio de estabilización e inclusive de conformismo, no sólo porque no toca las raíces del mal, sino porque contribuye a demostrar la existencia de las libertades personales que son practicables dentro del marco de la opresión general. Que estas libertades privadas sean practicables todavía y se practiquen es bueno; sin embargo, la servidumbre general les da un contenido regresivo. Antiguamente, la liberación de la represión era, dentro de condiciones normales, el privilegio exclusivo de una pequeña clase superior; bajo condiciones excepcionales, también le era permitida a los estratos menos privi! legiados de la población y era asumida por éstos. En contraste, la sociedad industrial avanzada democratiza la liberación de la represión -una compensación que sirve para fortalecer al gobierno que la permite y a las instituciones que administran la compensación.
Propongo en este libro la noción de una «sublimación no represiva»: los impulsos sexuales, sin perder su energía erótica trascienden su objeto inmediato y erotizan las relaciones normalmente no eróticas y antieróticas entre los individuos y entre ellos y su medio ambiente. En un sentido opuesto, uno puede hablar de una «desublimación represiva»; liberación de la sexualidad en modos y formas que reducen y debilitan! la energía erótica. También en este proceso la s exualidad se extiende sobre dimensiones y relaciones antiguamente prohibidas. Sin embargo, en lugar de recrear estas dimensiones y relaciones de acuerdo con la imagen del principio del placer, la tendencia opuesta se afirma: el principio de la realidad extiende su abrazo sobre Eros. La más clara ilustración de este hecho nos la proporciona la metódica introducción de la sexualidad en los negocios, la política, la propaganda, etc. El grado en que la sexualidad alcanza un definitivo valor en las ventas o llega a ser un signo de prestigio y de que se respetan las reglas del juego, determina su transformación en un instrumento de la cohesión social. El acento en este terreno familiar puede de terminar la profundidad del abismo que separa inclusive a las meras posibilidades de liberación del estado de cosas establecido.
Si hay alguna manera en la que la aparición de estas posibilidades puede anuncia! rse a sí misma antes de la liberación, será por medio de un aumento antes que de un descenso de la represión: al contenerse la desublimación represiva. La última tiene un aspecto particularmente regresivo: la feroz y a menudo metódica y consciente separación de la esfera instintiva de la intelectual, del placer del pensamiento. Es una de las más horribles formas de enajenación impuestas al individuo por su sociedad y «espontáneamente» reproducida por el individuo como una necesidad y satisfacción propias. Lejos de justificar esta clase de separación, el concepto de la sublimación de Freud considera a las llamadas altas aspiraciones del hombre susceptibles de realizar el principio del placer -aunque esa realización presupone, en último análisis, un cambio cualitativo en el principio de la realidad establecido. Consecuentemente, la liberació! ;n instintiva abarca la liberación intelectual, tanto má s cuanto que la lucha contra la libertad de pensamiento e imaginación ha sido convertida en un poderoso instrumento del totalitarismo, tanto el democrático como el autoritario. La desublimación represiva acompaña a las tendencias contemporáneas hacia la introducción de totalitarismo en los negocios cotidianos y los ocios del hombre, en su trabajo y en su placer. Se manifiesta a sí misma en todos los múltiples aspectos de las formas de diversión, de descanso, y está acompañada por los métodos de destrucción de la vida privada, el desprecio por la forma, la incapacidad para tolerar el silencio, la orgullosa exhibición de la crudeza y la brutalidad. Todo esto es liberación de la represión, liberación del cuerpo de las depravaciones del trabajo -es incluso liberación de un cuerpo sensual hasta cierto punto, que goza de los logros de la higiene físi! ca y la ropa agradable. Pero es, a pesar de todo, la liberación de un cuerpo reprimido, que actúa como instrumento de trabajo y de diversión en una sociedad que está organizada contra su liberación.
He acentuado suficientemente (y quizás ilícitamente) los aspectos progresivos y prometedores de este desarrollo para tener el derecho de insistir en los negativos. Los sucesos de los últimos años refutan todo optimismo. Las inmensas posibilidades de la sociedad industrial avanzada son movilizadas cada vez más contra la utilización de sus propios recursos para la pacificación de la existencia humana. Toda conversación acerca de la abolición de la represión, acerca de la vida contra la muerte, etc., tiene que colocarse dentro del marco actual de esclavitud y destrucción. Dentro de este marco, incluso las libertades y gratificaciones del individuo parti! cipan de la supresión general. Su liberación, instintiva tanto como intelectual, es un problema político; y una teoría de los cambios y precondiciones necesarios para realizar esta liberación tiene que ser una teoría del cambio social.
-------------------------------------------------------- Prólogo a la edición de Vintage de Eros y civilización, en Psicoanálisis y política, Península, Barcelona 1969, p.149-155.
Filósofo alemán nacionalizado norteamericano. Nació en Berlín en el seno de una familia judía burguesa. Ya de joven adoptó posiciones políticas de izquierda, q! ue le llevaron a simpatizar con el movimiento socialdemócrata alemán, pero en 1920, después de la ejecución de Rosa Luxemburgo y del fracaso de la revolución espartaquista, abandonó desilusionado Berlín y dejó de participar de manera directa en la actividad política. Marchó a Friburgo para estudiar con Heidegger, cuyo pensamiento, junto con la fenomenología husserliana, la filosofía de la historia y de la vida de Dilthey, el marxismo y el pensamiento de Hegel, fueron sus grandes influencias iniciales.
En su primera etapa intentó una conciliación de los pensamientos de Hegel y de Heidegger. Este último fue quien dirigió su tesis doctoral que publicó en 1932 con el título La ontología de Hegel y la teoría de la historicidac4 en la que creyó encontrar una anticipación de la noción heideggeriana de hi! storicidad en la doctrina de Hegel sobre el ser. Intentó, adem& aacute;s, la conciliación de esta línea de pensamiento con las tesis de Marx. Interesado por la investigación de los fundamentos de una teoría social, en el mismo año fundó, junto con Adorno, Horkheimer y Benjamin, la llamada Escuela de Francfort. Al año siguiente, debido a la ascensión de los nazis al poder, se exilió y finalmente se estableció de forma definitiva en los EE.UU., donde ejerció como profesor en las universidades de Columbia, Harvard, Boston y San Diego.
En su etapa americana reanudó y profundizó su interés por el psicoanálisis de Freud del que toma especialmente los conceptos de sublimación, represión, principio del placer y principio de realidad, para integrarlos con los conceptos marxistas de alienación, fetichismo de la mercancía y explotación. De esta manera, su pensamiento puede encuadrarse dentro ! del llamado freudomarxismo, (aunque reprocha al neo-psicoanálisis de autores como E. Fromm, K. Horney o H.S. Sullivan, el abandono de los aspectos potencialmente subversivos del psicoanálisis, al que acusa de constituirse en instrumento de integración de los individuos en una sociedad represiva). Ciertamente no parecía fácil una conciliación de las posiciones de Marx y las de Freud, quien había señalado el carácter represor de la cultura. El debate entre las concepciones de ambos autores, que data de los años veinte, ya había suscitado un amplio movimiento teórico, del que Wilhelm Reich era uno de los abanderados, en el sentido de afirmar que la auténtica emancipación social debía pasar por una revolución no sólo social, sino también sexual. Marcuse, en su obra Eros y civilización (1955) hace una reinterpretación de El malestar en la cu! ltura de Freud, y un estudio de las causas de la represión soci al y sexual, e intenta teorizar las condiciones de una sociedad y una cultura no represivas.
Si bien es cierto que Freud había señalado que es necesaria una cierta «represión» de la libido para que pueda triunfar el «principio de realidad», y había indicado entre los mecanismos de la cultura la tensión entre las pulsiones de Eros y Thánatos, orientada hacia la formación represora de la cultura (que, como dice Freud, no tiene la felicidad como uno de sus valores), también es cierto que el mismo Freud había señalado aspectos contradictorios en el mismo Eros, y aspectos positivos en la sublimación. Respecto a ello, Marcuse indica que los aspectos mas destructivos de la represión se dan en las sociedades especialmente opresoras, y señala que en las modernas sociedades industriales de consumo, se añade una sobre represión, que es fruto de la u! nión de la represión del principio de realidad con la del principio de rendimiento que está en la base de las sociedades capitalistas. Por otra parte, por esta época, Marcuse se enfrentó también con el marxismo soviético, ya que también éste se convirtió en instrumento al servicio de una sociedad represiva burocrática y totalitaria. De hecho, sustentaba Marcuse, las sociedades basadas en el modelo soviético también desarrollaron características represivas, pero aunadas al cinismo con el que intentaron enmascarar la explotación. No obstante, es en las sociedades capitalistas más desarrolladas donde aquella sobrerrepresión se convierte en más eficaz por estar completamente enmascarada y mistificar la conciencia de los hombres.
Así, se produce una aparente paradoja, de forma que Marcuse, máximo abanderado de la revoluci&! oacute;n sexual y de una sexualidad polimorfa, arremete en contra de l a pretendida liberalización de las costumbres que se produjo en las sociedades capitalistas más desarrolladas, que lejos de conducir a una mayor libertad, ha sido completamente integrada por el sistema y la ha puesto a su servicio, convirtiendo la misma sexualidad en objeto de consumo. El hombre de la sociedad capitalista «avanzada», obnubilado por un consumo sin freno y por una falsa liberalización de las costumbres, pierde todo sentido crítico, se convierte en un hombre unidimensional, integrándose más y más en el sistema. Incluso el proletariado industrial, el supuesto sujeto revolucionario, según el marxismo, ha llegado a perder este carácter y ha sido integrado en el sistema capitalista, comprado por el espejismo del falso bienestar ofrecido por el consumismo. Ante esta generalización de la alienación y de la unidimensionalizaciónde los hombres, es preciso, según Marcu! se, a la vez una reivindicación y una reinterpretación del pensamiento de Marx: mantener su capacidad crítica, pero replantear ésta crítica no tanto desde la concepción marxista clásica de la alienación del trabajo, sino a partir de la felicidad total del ser humano. Se trata, según Marcuse, de añadir al marxismo la dimensión de lo lúdico, de la alegría, del erotismo y de la eudaimonía en el sentido más amplio.
Puesto que la explotación capitalista se mantiene, pero las formas de dominación se han hecho más sutiles, y el sistema ha llegado incluso a obtener el consentimiento de los explotados (ya que la manipulación de las necesidades y los deseos que realiza el sistema llega incluso hasta el pensamiento mismo), Marcuse considera que solamente las capas más marginales de la sociedad (el lumpenproletariado) y, especial! mente, los jóvenes, pueden constituirse en los nuevos sujetos r evolucionarios. Esta lucha contra la falsa conciencia y la alienación debe llevarse a cabo en todos los terrenos. Acabar con la sobrerrepresión y realizar la tarea de la auténtica emancipación de la humanidad, supone una auténtica subversión total de todas las estructuras sociales, especialmente de las propias de la organización del trabajo, al modo como ya lo habían planteado ciertos autores del llamado «socialismo utópico» (como Fourier, por ejemplo), pero aún de forma más radical.
Durante los años sesenta el pensamiento de Marcuse se convirtió en el inspirador de la llamada «nueva izquierda», tanto americana como europea, y su pensamiento se constituyó en uno de los núcleos protagonistas de las revueltas estudiantiles de 1968, especialmente del «mayo francés».
La leyenda, más que la historia, dice que las últimas palabras del general Manuel Belgrano fueron "¡Ay, Patria mía!". En una casona cercana al río, sólo unos pocos rodeaban a ese moribundo que, aquejado por largas enfermedades, se despedía de la vida en la misma casa de Buenos Aires donde había nacido cincuenta años antes. Pero ahora también lo había abandonado la riqueza que rodeó su nacimiento. Pobre, olvidado, Belgrano ignoraba que ese 20 de junio de 1820, la anarquía hacía trizas su sueño de unidad: "El día de los tres gobernadores" quedó registado en la historia. En medio de la guerra civil, ¿quién podía pensar en ese héroe que se estaba muriendo?
Atrás quedaban sus estudios en Salamanca y Valladolid, su entusiasmo por la Revolución Francesa, su pasión por la economía, su improvisada carrera militar, el izamiento en Rosario de la Bandera celeste y blanca, su proyecto de una monarquía incaica, su apoyo a la educación como instrumento de liberación, su sentido visionario de un país no sólo independiente en lo político sino también en lo económico. A este hombre poco común la historia oficial no se ha cansado de elogiarlo... por la creación de la Bandera y por la donación de 40.000 pesos oro para que se construyeran cuatro escuelas.
Economista
"Fue el primer economista que tuvo el país. Desde un principio creyó que la explotación racional de la tierra y de sus frutos era lo que podía dar independencia económica a estos pueblos", dice el doctor Aníbal Jorge Luzuriaga, presidente del Instituto Nacional Belgraniano. "Cuando impulsa la creación de la Escuela Náutica, Belgrano está pensando en una marina mercante que debía independizarnos de los barcos extranjeros, españoles y no españoles, que llegaban a estas tierras. El creía, además, que nuestros productos debían ser manufacturados en el país; con palabras de hoy, entendía que tenían que tener valor agregado. Si no hay independencia económica no puede haber libertad civil".
El historiador Norberto Galasso, que acaba de publicar una biografía del general Perón, recuerda que Belgrano escribió en 1802: "Todas las naciones cultas se esmeran en que sus materias primas no salgan de sus Estados a manufacturarse. Y todo su empeño es conseguir no darles nuevas formas sino aun a traer las materias primas del extranjero para elaborarlas y después venderlas".
Galasso destaca que en el famoso "Plan de Operaciones", el proyecto revolucionario firmado por Mariano Moreno, también está "la mano" de Belgrano. Y subraya otro hecho: Belgrano se preocupó por impulsar la agricultura, y esto no tiene nada que ver con una concepción "oligárquica", de defensa de los terratenientes. "No hay que olvidar que la agricultura fue descuidada hasta 1880", precisa Galasso.
Militar
En su autobiografía -en ninguna de sus líneas se refiere a la creación de la Bandera-, Belgrano cuenta cómo se inició en la vida militar: "Sabida es la entrada en Buenos Aires del general Beresford, con mil cuatrocientos y tantos hombres en 1806: hacía diez años que era yo capitán de Milicias Urbanas, más por capricho que por afición a la milicia: mis primeros ensayos fueron en esta época. El marqués de Sobremonte, Virrey que entonces era de las Provincias, días antes de esta desgraciada entrada me llamó para que formase una compañía de jóvenes del comercio, de caballería, y que al efecto me daría oficiales veteranos para la instrucción: los busqué, no los encontré; porque mucho era el odio que había a la milicia en Buenos Aires; con el cual no se había dejado de dar algunos golpes a los que ejercían la autoridad, o tal vez a esta misma que manifestaba demasiada debilidad".
Desde las primeras Invasiones Inglesas, Belgrano ya había participado en acciones militares. En 1811 es enviado por el gobierno a Paraguay, entonces provincia del Río de la Plata. Con pocos recursos, con escasos hombres, adquiere experiencia. Los paraguayos tienen 12.000 reclutas y el conocimiento del terreno. Las fuerzas de Buenos Aires son rechazadas. En su autobiografía, con un estilo casi novelesco, Belgrano relata las peripecias de su marcha hacia Asunción: el cruce de ríos desconocidos, animales salvajes, selva, calor, enfermedades.
Al mando del Ejército del Norte se granjeó la simpatía de San Martín, que lo consideró un militar de primer nivel. Conoció la gloria de Tucumán y Salta, y soportó con estoicismo las inapelables derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Pero Belgrano no era militar por vocación, y lo expresó muchas veces. Nunca añoró el alejamiento de las armas.
Político
Durante su estadía en España, se produjo la Revolución Francesa de 1789. Las ideas de "igualdad, libertad y fraternidad" también impactaron en los jóvenes intelectuales americanos. Quienes estaban en Europa no eran muchos: sólo los padres con mucho dinero podían pagar los estudios en Salamanca, París o Londres. Belgrano era hijo de un padre rico. "La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación mejor de aquella época".
En 1794, Belgrano fue nombrado cónsul del reino de España en Buenos Aires. "Desde allí ya empezó a hacer política -apunta el doctor Luzuriaga-. Sus compañeros eran hombres dedicados a su trabajo, que era el contrabando, lícito e ilícito, pero todo estaba hecho en beneficio de la corona y no de estas tierras sojuzgadas". Galasso cita el contenido de varias cartas de Belgrano a Moreno, donde ya puede vislumbrarse al patriota que rechaza cualquier postura conservadora.
Periodista
"Desde la Secretaría del Consulado vio claramente que, si se quería lograr un progreso moral y material en el futuro, era indispensable difundir los beneficios de la educación porque ella constituía el verdadero fundamento de la felicidad pública -escribe Ricardo R. Caillet-Bois en su prólogo al Epistolario de Belgrano-. El periodismo fue el medio más eficaz para la propagación de su prédica. Y ''El Correo de Comercio'' es un ejemplo". Ricardo Rojas sintetizó: "Demoledores nos sobraron: fue arquitectos de la nueva morada lo que nos faltó. Con diez hombres como Belgrano, la democracia argentina aparecería en su génesis menos envuelta en sombras de caos y sangre de tragedias".
El 20 de junio de 1903, sus restos fueron llevados al mausoleo levantado en el atrio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en Belgrano y Defensa, a pocos metros del lugar en que nació. Es posible que hoy, también, Belgrano dijera: "¡Ay, Patria mía!". A 185 años de su muerte.
La historia otra ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene día en el calendario oficial. El día de su muerte es el Día de la Bandera. Y ya sabemos de la importancia que el símbolo patrio adquiere entre nosotros más allá de los festejos deportivos y las declamaciones patrioteras de ocasión. No nos han enseñado con ejemplos a querer a nuestra Bandera, ha sido violada y usurpada por los gobiernos genocidas que han hecho abuso de su uso. Hay que recuperarla para nosotros, y ésa es una tarea imprescindible pero larga. Mientras tanto, Belgrano sigue sin ser recordado como se merece.
El desprendimiento, el desinterés y la abnegación son virtudes que nuestras "familias patricias" dicen admirar en los demás pero que no forman parte de su menú de opciones. Ellas, por su parte, morirán mucho más ricas de lo que nacieron porque el resto de los argentinos morirá mucho más pobre. Leyes de las matemáticas, de la suma y de la resta.
Claro que omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su capital económico y humano en la Revolución. No dicen que Belgrano no se resignó a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de escuelas y que le fueron robados por los perpetradores de la administración pública.
Manuel Belgrano fue mucho más que el creador de la Bandera. Estamos hablando de uno de los intelectuales más lúcidos de su tiempo que pudo escribir párrafos como los que siguen y que mantienen una dolorosa actualidad. Escribía en "La Gaceta" el 1º de setiembre de 1813: "Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra. El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario."
En sus "Escritos económicos" hay notables párrafos dedicados a la educación: "Los niños miran con fastidio las escuelas, es verdad, pero es porque en ellas no se varía jamás su ocupación; no se trata de otra cosa que de enseñarles a leer y escribir, pero con un tesón de seis o siete horas al día, que hacen a los niños detestable la memoria de la escuela, que a no ser alimentados por la esperanza del domingo, se les haría mucho más aborrecible este funesto teatro de la opresión de su espíritu inquieto y siempre amigo de la verdad. ¡Triste y lamentable estado el de nuestra pasada y presente educación!"
En cuanto a la distribución de la tierra escribía: "Es de necesidad poner los medios para que puedan entrar al orden de sociedad los que ahora casi se avergüenzan de presentarse a sus conciudadanos por su desnudez y miseria, y esto lo hemos de conseguir si se les dan propiedades que se podría obligar a la venta de los terrenos, que no se cultivan."
Un recuerdo en celeste y blanco Félix Luna Historiador
Esto me pasó hace años en una ciudad europea, tal vez Roma o París. Iba yo caminando, un turista más, sin rumbo ni apuro. De pronto vi flameando en un balcón la Bandera Argentina. Y entonces, recuerdo bien, sentí como un espaldarazo, más bien un abrazo cálido, algo que me unía poderosamente a millones de seres humanos que, ellos también, sentían por ese trapo lo mismo que sentí yo: una adhesión, una devoción, una honda reverencia, la sensación de que formaba parte de una moción colectiva tal vez distante pero real y caudalosa.
Resultó ser una embajada o consulado, una prosaica repartición instalada en el exterior. Nada para emocionar a nadie. Y sin embargo, la visión de aquel signo nacional plantado en una ciudad extraña me produjo esa sensación que me remitía a los actos escolares de mis años chicos o a aquellos días cuando mi madre hacía colocar en el balcón de mi casa, no sin solemnidad, "la enseña que Belgrano nos legó..."
En su libro "Mis Montañas", Joaquín V. González cuenta lo que era y cómo se honraba el 25 de Mayo en un pueblito riojano a mediados del siglo XIX. Después de las guerras civiles, en plena organización nacional, aquellos argentinos necesitaban identificarse como tales. La Bandera era uno de esos aglutinantes emocionales, de ahí la gravedad casi religiosa de los ritos cívicos de aquella jornada.
Después, el paso del tiempo fue banalizando el simbolismo de la enseña patria. Sin embargo, en los últimos años, hemos visto cómo ha cobrado fuerza la Bandera en las fechas patrias. Viviendas, comercios, autos, solapas y manos infantiles expresan un sentimiento que parecía obliterado, reducido a una vergonzante marginalidad.
¿A qué se debe? Acaso a la vocación de ser parte de un pueblo que, a pesar de los contrastes y tropiezos, quiere seguir adelante. Tal vez a un sentido de pertenencia que se acentúa con otros aportes: una competencia deportiva, una música entrañable, un logro común... Sea como sea, hoy la Bandera ha vuelto por sus fueros.
Está bien que así sea. En Suiza, donde viví varios años, la cruz helvética era una presencia cotidiana. En Estados Unidos es habitual ver casas particulares con el jardín presidido por las barras y las estrellas. En realidad, la proliferación de nuestro símbolo patrio tiene en nuestro país un antecedente cercano: en la Patagonia, las estancias definen su casco con un alto mástil que deja ver desde lejos que esos pobladores son argentinos y quieren manifestarlo. Yo no sé si pensé todo esto cuando me topé con mi Bandera en una ciudad del Viejo Continente. Probablemente no. Pero sin duda, en ese instante pasó por mi espíritu una corriente tumultuosa de hombres y mujeres que venían desde el fondo de la historia y me infundían algo que no puedo definir pero sentí claramente, como una vibración profunda. No me pidan que lo diga mejor, no puedo. Lo más que puedo contar es que sentí algo así como un orgullo de ser argentino y una presencia poderosa que me acompañaba en mi soledad. Nada más ni nada menos. Y atrás, el celeste y blanco.
Una intensa vida privada - Investigaciones recientes iluminan las facetas más íntimas del prócer. Lucía Gálvez Historiadora
Uno de los rasgos del creador de nuestra Bandera era su indudable altruismo, que él resumía con sencillez en el deseo de "ser útil a mis paisanos". Tanto en lo público como en lo privado fue consecuente con los valores que inculcaba a sus compatriotas: "Justicia, buena fe, decencia, beneficencia, espíritu..."
Hubo muchos sacerdotes en esta familia, próspera y trabajadora, de padre genovés y madre porteña de origen santiagueño; lo curioso es que uno de ellos fue su propio bisabuelo, quien entró en el seminario después de la muerte de su mujer. También un tío abuelo, un tío materno y su propio hermano Estanislao Domingo pertenecieron al clero. Domingo Belgrano y su mujer, Josefa González Casero, tuvieron dieciséis hijos, de los cuales doce sobrevivieron.
La fe cristiana y la devoción a la Virgen María de Manuel Belgrano son tan conocidas como casi ignorada su pertenencia a logias de tipo masónico, como la que dio origen a la Sociedad de los Siete o la del Ejército del Norte. Como otros próceres, utilizó ese tipo de organización para sus patrióticos objetivos.
La salud de Belgrano fue precaria desde que volvió de España, donde, al parecer, había contraído sífilis. Su intensa sensibilidad acentuaba sus padecimientos. Mitre afirmaba que sus enfermedades "eran del cuerpo y del espíritu". En vísperas de la Batalla de Salta tuvo vómitos de sangre y de 1813 a 1815 sufrió de paludismo.
Al llegar de España, en 1802, conoció a María Josefa Ezcurra y ambos se enamoraron. El padre de la niña tenía sin embargo otros planes, y María Josefa no tuvo las agallas de Mariquita Sánchez para enfrentarlo. Después de nueve años de casada con otro, sin haber tenido hijos, el marido, disconforme con la Revolución de Mayo, volvió a su tierra. María Josefa, pues, era a los veintisiete años una casada con la libertad de una viuda. "¡Hoy he conocido la casa chica de Manuel!", cuenta en una carta a su hermana Encarnación. Cuando Belgrano partió con el Ejército del Norte, María Josefa tuvo la valentía de seguirlo. Después de un agotador viaje en galera, llegó a Jujuy, donde su amante estaba organizando el éxodo ordenado desde Buenos Aires. Al llegar a Tucumán, Belgrano desobedeció al gobierno porteño y se quedó a enfrentar al enemigo. La victoria del 24 de setiembre de 1812 fue atribuida a la ayuda sobrenatural de la Generala, Virgen de la Merced, cuyo escapulario llevaban al cuello sus soldados. Cuando en enero de 1813 el ejército partió hacia Salta, muchas mozas llevaban en sus entrañas la promesa de nuevos hijos. Uno de ellos sería el del General. María Josefa resolvió partir a la estancia de unos amigos en Santa Fe, donde podría mantener en secreto el nacimiento. El parto fue difícil y debieron dar al niño el "agua del socorro" el mismo 30 de julio de 1813, día de su nacimiento, recibiendo el nombre de Pedro Pablo. Poco después, Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, recién casados, adoptaron al pequeño, que se crió en sus estancias con el nombre de Pedro Rosas y Belgrano, bajo la vigilante supervisión de su "tía" María Josefa. Mientras tanto, el padre de su hijo, a quien no sabemos si volvió a ver (aunque sus casas en Buenos Aires eran vecinas), asistía al Congreso de Tucumán. El 9 de julio de 1816, un grupo de americanos tuvo la audacia de proclamar su independencia a pesar del horizonte cargado de amenazas. Por la noche, gran fiesta. La tradición dice que ese día brillaba como nunca la belleza de María Dolores Helguero; que sus ojos negros, su pelo rubio, su fragilidad y su juventud atrajeron a Belgrano como un imán. Dolores se enamoró del vencedor.
Nadie discute la filiación de Manuela Mónica Belgrano, hija del general y María Dolores. Belgrano había prometido casamiento a la niña, pero las obligaciones de la guerra le impidieron llevarlo a cabo, y cuando volvió a Tucumán "se encontró con lo irremediable: a su novia la habían hecho casar". Por esta razon el general no pudo ni siquiera reconocer a su hija en su testamento ni visitar a la pequeña, a la que llamaba su "palomita".
Los dos últimos años fueron amargos. En 1819, cerca de Córdoba, se le diagnosticó una hidropesía y quisieron acercarlo a la ciudad, pero él se negó: "Aquí hay una capilla donde se entierran los soldados y también se puede enterrar a un general". A sus malestares físicos se sumaban los del alma: le dolía la ingratitud de un pueblo por el cual había sacrificado su vida.
Belgrano vivía en forma muy espartana y su único lujo era, según su amigo Balbín, una volanta inglesa de dos ruedas con un caballo. La casa que se mandó hacer en la Ciudadela tenía techo de paja y por todo mobiliario dos bancos de madera, una mesa ordinaria y un catre de campaña. Su fiel amigo le prestó unos pesos para que pudiera volver a morir a Buenos Aires, cuidado por los suyos. Antes de irse -según relatos familiares- quiso ver por última vez a su hijita: "La víspera de la partida, postrado en cama como estaba, hizo que se la llevaran por la noche para acariciarla por última vez." En un escrito citado por Mitre, Belgrano encomienda a su hermano clérigo "que, pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes a favor de una hija natural llamada Manuela Mónica, de edad de poco más de un año, que había dejado en Tucumán". La familia Belgrano cumplió con el encargo: Manuelita vivió con su madre hasta 1825, en que fue llevada a Buenos Aires para vivir con su tía Juana Belgrano de Chas, que la trató con cariño dándole una buena educación. Se casó en 1853 con un pariente político, Manuel Vega Belgra no, y tuvieron tres hijos. Pedro Rosas y Belgrano no necesitaba protección económica pero su padre quiso que, a su mayoría de edad, le revelaran su identidad y le dieran algunos objetos suyos. Desde entonces trabó relación con Manuela Mónica. Convertido en un rico estanciero, se casó en octubre de 1851, a los 38 años, con Juana Rodríguez. De este matrimonio nacieron nada menos que dieciséis hijos, de los cuales sobrevivieron diez.
Manuel Belgrano murió el 20 de junio de 1820, el día más anárquico del anárquico año 20. El patólogo Sullivan, a cargo de la autopsia, señaló que le sacó gran cantidad de agua; encontró un tumor en el epigastrio derecho; el hígado y el bazo aumentados; los riñones desorganizados, los pulmones colapsados, el corazón hipertrofiado.
Dos franjas
La bandera izada por Belgrano en 1812 fue confeccionada por la rosarina María Catalina Echavarría de Vidal. Tenía dos paños verticales, uno blanco, del lado del asta, y el otro celeste.
En los Andes
La bandera que San Martín portaba en el Cruce de los Andes tenía dos franjas por la escasez de sarga azul. Llevaba un escudo bordado por damas mendocinas con piedras de sus propias joyas.
Emblema Nacional
Por su carácter emblemático, la Bandera recibe un tratamiento especial. La de ceremonia debe ubicarse a la derecha del estrado, el abanderado debe apoyarla en su hombro derecho y sostenerla con la mano derecha. Cuando entra y cuando se retira, el público la aplaude de pie. La bandera de izar, al ser arriada no debe tocar el suelo, será recogida sin plegarla y con el Sol hacia arriba. Siempre debe estar limpia, si es necesario hay que lavarla. Y cuando llega el momento de renovarla, la vieja bandera se incinera o se guarda en un cofre.
La bandera a través del tiempo
1812 El 27 de febrero Manuel Belgrano enarbola por primera vez la Bandera Nacional en las barrancas del Paraná, a la altura de Rosario. El 25 de Mayo, la tropa del general jura la Bandera en Jujuy.
1816 El 20 de julio, el Congreso reunido en Tucumán reconoce oficialmente a la Bandera celeste y blanca como distintivo de la nueva nación. Firman: Francisco N. de Laprida y Juan José Paso.
1818 El 25 de febrero, el Congreso (ya trasladado a Buenos Aires) aprobó como bandera de guerra la misma que ya se usaba pero con el emblema incaico del Sol en el centro de la franja blanca.
1835 Dado que celeste era la divisa unitaria, Juan Manuel de Rosas consideró que los colores celeste y blanco eran producto de una falsa interpretación. El afirmaba que la bandera era azul oscuro y blanca.
1944 El Ministerio del Interior define la Bandera Oficial: los colores estarán distribuidos en 3 fajas horizontales de igual tamaño, dos celestes y una blanca en el medio. En el centro de la faja blanca se reproduce el Sol de la moneda de oro de 8 escudos, la primera moneda argentina (1813), con 32 rayos rectos y fulgurantes alternados entre sí. Años después, los colores y pautas de confección se fijaron por Norma IRAM.--
Alberto González Toro y Laura Vilariño Junio 2005
Segun Felipe Pigna, Belgrano sufrió de : cirrosis, blenoragia, mal de chagas y paludismo.
Y es uno de los mas brillantes intelectuales: economista y abogado, con ideas progresistas para esa época oscura de nuestra historia americana.
Autor: Revista Primera Plana , 20 de Junio de 1972 (Cárcel de Rawson).
Desde el locutorio del penal de Rawson, el lunes 12, Agustín Tosco, dirigente sindical cordobés (detenido el 28 de abril del año pasado a disposición del Poder Ejecutivo), contestó este reportaje cuyo formulario le fue entregado por su abogado defensor, Hipólito Solari Yrigoyen, a pedido de PRIMERA PLANA.
PRIMERA PLANA: ¿Cómo define usted la tendencia que representa dentro del panorama gremial cordobés?
AGUSTÍN TOSCO: Los Gremios Independientes de Córdoba constituyen un importante grupo de Sindicatos, no embanderados partidariamente, pero con una clara política de unidad combativa dentro del movimiento obrero. Sostienen que el sindicalismo no es sólo un medio de reivindicación económico-social de la clase obrera, sino que debe constituir una palanca política principal, en coincidencia con los demás sectores populares, para la liberación nacional y social argentina. Dentro de ese concepto han votado y sostienen la consigna fundamental aprobada por la Regional Córdoba de la CGT de llevar adelante "la lucha antiimperialista hacia el socialismo". Adhieren a la Comisión Nacional Intersindical y definen una básica identificación con la CGT de los Argentinos y los Gremios Peronistas Combativos, de acuerdo a lo fijado por los Programas de La Falda y Huerta Grande, el Manifiesto del 1° de Mayo y el Documento de Octubre.
P.P.: ¿Merece una autocrítica el proceso Sitrac-Sitram? ¿Cuál sería?
A.T.: Si correspondiera una autocrítica ella debería ser formulada por los respectivos gremios. Considero como centro del problema la incalificable agresión de que fueron objeto los trabajadores del Sitrac-Sitram, tanto en el campo laboral como en el institucional, al ser disueltos los Sindicatos y despedidos cientos de militantes, delegados y dirigentes. Además del encarcelamiento que padecen diez de ellos y sus asesores letrados. Corresponde reclamar enérgicamente el respeto al derecho de sindicalización según lo decidan las propias bases; la reincorporación de los cesantes y la libertad de los detenidos.
P.P.: ¿Qué experiencia ha extraído de su cautiverio junto a Raimundo Ongaro?
A.T.: Desde el 14 de mayo de 1971 hasta el 7 de enero de 1972, estuve encarcelado con el compañero Raimundo Ongaro, juntos, pero totalmente aislados de todo contacto con los demás detenidos, en el último entrepiso de una planta del Penal de Villa Devoto. Nos unió una gran solidaridad humana, y preciso es destacar la constante entereza y espíritu de lucha de Ongaro. En el aspecto político sindical, lo esencial se dio en la coincidencia de promover, alentar y trabajar por la unidad combativa de la clase obrera y los sectores populares, enfrentando a todo tipo de participacionismo y colaboracionismo con el régimen.
P.P.: ¿Cuál debe ser, a su juicio, la misión del sindicalismo?
A.T.: En todo el país, que como el nuestro, lucha por su liberación nacional y social, el sindicalismo debe cumplir fundamentalmente la doble función que marca el proceso de la clase obrera y el pueblo. Por lo tanto le corresponde encarar la reivindicación consecuente de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de los trabajadores y simultáneamente sumar los máximos esfuerzos desde su terreno específico para que políticamente el poder sea ejercido por el Pueblo.
P.P.: ¿Qué opinión le merece el sindicalismo peronista combativo?
A.T.: Al definir que existen importantes coincidencias básicas entre nuestra orientación y la de los Gremios Peronistas Combativos, destacamos una valoración positiva de la actividad y los objetivos que se este nucleamiento obrero en su permanente accionar por los derechos sindicales y populares.
P.P.: ¿Cómo ve Agustín Tosco, desde la cárcel, la convocatoria de Alejandro Lanusse a un Gran acuerdo Nacional?
A.T.: Desde el mismo momento que se dio a publicidad el denominado Gran Acuerdo Nacional, lo denunciamos como un claro propósito continuista del actual régimen usurpador; como un intento mal disimulado de pretender entrampar al Pueblo argentino en una supuesta salida institucional que sirviera a los objetivos de la oligarquía y del imperialismo; como un sinuoso plan para montar una gran farsa electoral para dar una imagen de un consentimiento popular, a lo que el Pueblo no sólo no elige sino que rechaza terminantemente. El GAN es un aparatoso gigante con pies de barro. Tanto como cayeron las mentiras y ficciones de las anteriores etapas de la mal llamada Revolución Argentina ante la poderosa verdad del Pueblo, así también sucederá con el GAN. Absolutamente nada de lo que surja de la mentalidad conservadora reaccionaria de los detentadores del poder puede conjugarse con la voluntad soberana de los argentinos. Tan es así, que el 31 de mayo desde San Nicolás, Alejandro Lanusse se ha visto obligado a desnudar hasta las entrañas del GAN: pactar a espaldas del Pueblo y al pie de la Dictadura; imponer la "acuerdocracia" y enterrar el "juego limpio" que tan siquiera se recordó; convenir, no ya sólo las características y contenido del continuismo, sino hasta... ¡su filosofía!. Ni el general Agustín P. Justo había llegado a tanto en sus pretensiones. El discurso del 31 de mayo constituye así una referencia mistificadora de la historia, de las ideas políticas, de la lucha de nuestro Pueblo y de sus genuinas aspiraciones. Además, con sus sofismas discursivos, Lanusse pretende fabricar realidades que no son otras que las que interesan sostener a las minorías explotadoras y a los grandes monopolios internacionales. La verdad de nuestra historia es que el Pueblo, con sus pronunciamientos, movilizaciones y luchas, determinará inexorablemente que su voluntad de Justicia Social, Soberanía Popular y Liberación Nacional sea respetada. Así sucederá, más allá de las tutorías, los grandes acuerdos o los golpes de estado, como variantes reiterativas de un sistema y un régimen en irreversible decadencia.
P.P.: El Ministro Mor Roig, en declaraciones periodísticas, ha minimizado el problema de la tortura en el país. ¿Coincide usted con esa apreciación?
A.T.: Bajo ningún punto de vista. Mor Roig trara de descargar su inoperancia como Ministro político del régimen, desmintiendo o minimizando lo que es la dramática realidad de una constante y probada violación a los más elementales derechos humanos en argentina, hasta el grado de la barbarie organizada para la tortura a muchos prisioneros políticos y sociales -hombres y mujeres- de nuestro Pueblo.
P.P.: ¿Considera usted correcta la permanencia de Mor Roig en el Ministerio político a esta altura del proceso de "institucionalización"
A.T.: Nunca consideré correcta la permanencia en el Gobierno de ningún funcionario de la dictadura. Lo único correcto es que todos los que ejerzan las principales funciones en el Estado sean expresión de la libre y soberana voluntad de los argentinos.
P.P.: ¿Qué piensa usted de la coincidencia La Hora del Pueblo"
A.T.: La Hora del Pueblo padece del pecado original de creer que la Dictadura permitiría un ejercicio más o menos libre de la llamada democracia representativa; de allí colaboró para un desenlace en esos términos. El discurso de Lanusse del 31 de mayo ha terminado con los sueños de la Hora del Pueblo. Ahora ésta deberá probar definitivamente la consistencia de su propia identidad o su dependencia de los planes continuistas.
P.P.: Se le atribuyeron simpatías hacia el Encuentro Nacional de los Argentinos. ¿Cuál es su punto de vista?
A.T.: Así es. Comparto los lineamientos, la acción y los objetivos del Encuentro Nacional de los Argentinos.
P.P.: ¿Cómo vislumbra usted el camino hacia el socialismo nacional?
A.T.: El camino de todos los pueblos hacia el socialismo lleva intrínsecas las características nacionales de cada país. Resultaría aventurado señalar un camino específico y esquemático. Sí hay un ancho camino por el que transitan simultáneamente todas las fuerzas que luchan en todas las escenas de la vida nacional para erradicar un sistema de opresión, injusticias y miseria y construir una nueva sociedad, más justa y más humana. La unidad de esas fuerzas será un factor de aceleración del proceso histórico, con el cumplimiento de las etapas intermedias que deben recorrerse y con el aprovechamiento de las coyunturas favorables, cualesquiera que fueren, compatibles con el objetivo fundamental trazado.
P.P.: Sobre la propuesta de Perón en vistas a un Frente Cívico de Liberación Nacional hay muchas interpretaciones y distorsiones. Pero ateniéndose a lo que el propio Perón ha definido, no se trata de una estructura orgánica sino de una coincidencia de hecho que se concreta a dos niveles: uno, superestructural, con las cúspides de los partidos y organismos populares; y otro infraestructural, a nivel de bases, mediante las mesas de trabajo y la movilización de masas, ambos teniendo como objetivo revolucionario la toma del poder por parte del Pueblo, ya sea a través de las elecciones (si es posible) o a través de otras vías, si el camino comicial es cerrado por el fraude y la trampa. Así definido, ¿qué opina usted del Frente Cívico?
A.T.: Siempre he expuesto y sostenido con vehemencia que sólo la unidad de acción programática en los puntos fundamentales, e instrumentalmente orgánica de las fuerzas políticas populares, sin discriminaciones y sin la pérdida de la individualidad partidaria, será el factor fundamental para que el Pueblo acceda al poder, se consolide en el mismo y materialice las transformaciones de contenido revolucionario que son de urgencia para nuestro tiempo. Tengo entendido que sobre eso se trabaja y espero que sus resultados sean fructíferos. Mientras tanto, la lucha debe continuar. Trabajadores, estudiantes, profesionales, sacerdotes, campesinos, entidades económicas nacionales, hombres y mujeres de toda condición y militancia, no renunciarán a su compromiso histórico de producir los hechos determinantes de un profundo cambio en las condiciones económicas, sociales y políticas actuales, con o sin formalismos electorales.
P.P.: ¿No cree usted que resistirse a una opción política concreta a nivel nacional colocará a su tendencia, tarde o temprano, en el callejón sin salida de un aislacionismo estéril?
A.T.: Nuestra lucha ni la opción de la unidad de las fuerzas políticas populares, tal como lo expresé precedentemente, de ninguna manera puede colocarnos en un aislamiento estéril: porque la unidad y la lucha están en la conciencia y el corazón del Pueblo. ¿Qué otra cosa expresarían entonces la infinidad de movilizaciones populares masivas protagonizadas heroicamente en los últimos años? ¿Y la de tantos hombres y mujeres argentinos que por su militancia popular y revolucionaria responden con su libertad o con su sangre por esos mismos ideales comunes? Allí estuvieron y están todos los que, sin distinciones partidarias, luchan efectivamente por la liberación del Pueblo y la Patria. Aquí, los que estamos en la cárcel, ratificamos nuestras posiciones manteniéndolas indeclinablemente, con el pleno optimismo que la causa popular y liberadora triunfará.
CORRUPÇÃO Aloyzio Achutti. Membro da Academia Sul-Rio-Grandense de Medicina (Publicado hoje no jornal ZH)
É uma das fraquezas do ser humano: pelo poder (e pelo dinheiro que compra o poder) se faz qualquer coisa. A própria Bíblia começa por aí, e está cheia de histórias de comportamento duvidoso na busca de privilégios. Existem até explicações biológicas para a voracidade no controle do terreno, e na busca de domínio sobre potenciais competidores.
Alimentamos a fantasia de que somos seres por natureza virtuosos, capazes de respeitar valores e direitos dos outros, e costumamos colocar a responsabilidade do deslize fora de nós, buscando uma serpente perversa, para explicar a virtude corrompida. Mas até o adágio diz que todo o mundo um tem seu preço...
Quando escândalos alcançam as manchetes nos damos conta de fenômenos que necessitam da surdina para se desenvolver, ou que de tão freqüentes deixamos de estranhar. Entretanto, somente através da transparência, permitindo o controle social, se consegue frear o impulso da corrupção.
Uma das agências que se ocupa do assunto, no relatório deste ano, cujo mote é um mundo construído em cima de propinas estima em torno de um trilhão de dólares o volume da sangria anual que se desvia de suas legítimas finalidades e que termina movendo o mundo através de interesses secundários.
Resultados de pesquisa realizada no ano passado, tentando estimar o grau de corrupção das instituições pelo mundo afora, colocaram em primeiro e segundo lugar partidos políticos e poder legislativo, o que não nos causa surpresa. Em seguida vem a polícia e todo o sistema judiciário, recursos nos quais deveríamos confiar no controle da ordem social. O setor privado e de negócios se situa em 6º lugar, provavelmente pelo equilíbrio já estruturado pela concorrência de mercado.
Em posição intermediária situam-se a mídia, os serviços médicos e a educação.
Por falar na minha profissão, é de se admirar o grau de preservação ainda existente, apesar de todos os desafios e interesses secundários de dentro e de fora da profissão (num dos setores que mais se expande no mundo atual, e no qual vem se perdendo a força da relação simples e do contrato claro entre o médico e o paciente): intermediações de todo tipo, indústria hospitalar, farmacêutica e de equipamentos. De muitas formas se manifesta o abuso nas relações sociais e a corrupção. Não é somente com dinheiro, mas também com favores, presentes, tráfego de influência e de ilusões, nepotismo, corrupção passiva e outras.
As tensões sociais, aliadas às fragilidades e desvios da personalidade rompem o tecido social, as relações de confiança, o contrato de tolerância, a ordem das prioridades e terminam com a solidariedade. Fica-se exposto a toda sorte de abusos e de exploração, cada um encontrando justificativa no clima de luta pela sobrevivência, na imitação do comportamento grupal, na bruma da perda da identidade, na impunidade, nos impulsos selvagens da discriminação, e no desespero ou disputa por espaço e expressão narcisista.
A discussão deste tema não pode servir como desculpa para também entrar numa competição que só pode levar ao desastre global, mas para alertar para uma permanente vigilância e reconstrução de uma sociedade com mais transparência.
"Hay que ir por el lado en que la razón gusta de estar en peligro". G. Bachelard
Una provocativa maldición china reza así: ¡Que vivas en una época muy interesante! Nosotros que estamos navegando o chapoteando- en una de ellas, estamos en condiciones de comprender la ironía de esas sabias palabras. Pero también, y abrevando en las mismas fuentes, podemos tomar la crisis por el lado de la oportunidad y sus desafíos, y no dejar que nos abrume su faceta de riesgo. El espacio conceptual de la modernidad se correspondía con la geometría euclideana, que se soñaba como única y soberana. Las coordenadas cartesianas ofrecían una grilla tranquilizadora, y la ciencia presentaba un universo mecánico, manipulable y predecible. Un mundo domesticado y desencantado. El siglo XX despertó del sueño absolutista con el desarrollo de las geometrías no euclidianas, y fue conmovido por la proliferación de nuevas y extrañas perspectivas. El XXI requiere imperiosamente de otros escenarios donde sea posible desplegar la actividad subjetiva y la transformación del mundo experiencial en un espacio multidimensional para poder comprender y actuar en este agitado e interesantísimo tiempo en que nos toca vivir. La lógica de la simplicidad ha dejado de ser funcional y precisamos herramientas que nos permitan pensar de una manera no lineal, dar cuenta de las paradojas constitutivas de nuestro modo de experimentar(nos), acceder a un espacio cognitivo caracterizado por las formaciones de bucles donde, por un lado, el Sujeto construye al Objeto en su interacción con él y, por otro, el propio Sujeto es construido en la interacción con el medioambiente natural y social. No nacemos "sujetos" sino que devenimos tales en y a través del juego social. Desde las perspectivas de la modernidad el Sujeto se presentaba como una sustancia pura, independiente, incorpórea pero interior - a la vez y paradójicamente-, al modo de un carozo que anida en el cuerpo pero que misteriosamente es radicalmente ajeno a él. En la contemporaneidad estamos asistiendo a una "revolución epistemológica" que ha llevado a una puesta en cuestión radical del "Mito Objetivista", y que como correlato necesario abrió la puerta para poner en tela de juicio el "Mito del Sujeto". Desde una mirada que parte de la vincularidad y la interacción como formas básicas de la experiencia humana, la subjetividad no puede ser un carozo, una estructura fija, un núcleo estable e independiente. Estamos dejando de pensar en términos de sustancias, esencias o estructuras para acceder a la fluidez y variabilidad de la experiencia contemporánea que exige considerar la productividad, actividad, circulación, creatividad. La filosofía de la escisión característica de pensamiento occidental- se basa en una lógica de la pureza, la definición absoluta y la exclusión (El Ser Es). Desde esa mirada, la diversidad, la vaguedad, la heterogeneidad son inconcebibles (El no ser no es). La diferencia remite siempre a la identidad, como desviación o degradación del "verdadero ser". Esta versión monista del mundo, admite también una proliferación dualista (materia/razón, cuerpo/mente, sujeto/objeto) a condición de mantener las fronteras infranqueables, los compartimentos estancos. Cada uno de los polos de las dicotomías se define en y por sí mismo, no se contamina con su contraparte, estamos frente a un dualismo excluyente. La interacción transformadora, la hibridación, la interpenetración, el vínculo instituyente y constituyente no tienen cabida ni en los modelos de pensamiento monistas, ni en los dualistas. Las teorías psicológicas de la modernidad también se han visto afectadas, arrastradas, e incluso han quedado empantanadas en sus posibilidades creativas por la pregnancia e influjo de la filosofía de la escisión y las concepciones positivistas del conocimiento, incapaces de hacer lugar a una mirada interactiva de la experiencia humana del mundo que hoy está comenzado a desplegarse, expandirse y proliferar. Las concepciones interactivas son no-dualistas se caracterizan por ser dinámicas, multidimensionales y complejas. Algunas de las nociones claves que las atraviesan son: Vínculos, Sistemas Abiertos y Organizaciones Complejas Dinámicas no lineales Emergencia, Historia y Devenir Acontecimiento, Azar e Irreversibilidad Tensiones, Flujos y Circulaciones Escenarios, Espacios de Posibilidad Co-evolución multidimensional Juegos de productores: de sentido, de subjetividad, de mundo
Todas ellas están en el centro de las nuevas formas de pensar-sentir-actuar en un mundo sacudido por agitaciones diversas, en que parece que todo lo sólido se desvanece en el aire en una vertiginosa transformación. Desde una perspectiva centrada en la dinámica vincular, el cambio como devenir, como transformación, se ubica en el centro del espacio cognitivo. Estamos viviendo la "disolución" de un mundo: el de la física clásica y el del sujeto moderno. Ya a comienzos del siglo XX se hicieron evidentes las fisuras del pensamiento atomista y esencialista. El quiebre de la certidumbre en las ciencias duras fue recibido con alborozo en el mundo de las humanidades, pero la satisfacción dio paso al temor y la inquietud cuando le llegó el turno de ajustar las cuentas con el Sujeto. En relación a este punto los humores y las actitudes fueron muy diferentes. ¿Qué es eso de poner en tela de juicio nuestra identidad, nuestro concepto de experiencia, nuestra independencia, nuestras caras creencias sobre nosotros mismos? ¿Qué cosa extraña es esa de cuestionar la idea de una estructura psíquica, de un carozo identitario, para pasar a pensar en términos de un escurridizo devenir estructurante o de linajes de transformaciones? Los murmullos se volvieron atronadores, y nuevas barreras se levantaron: que el mundo cambie, vaya y pase, pero que nos arrastre junto con él, eso es harina de otro costal. No en vano solemos recordar sólo una parte de la famosa frase de Heráclito que sostiene que "Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río", pero se elude sistemáticamente la continuación del sabio pensador: "y las almas se disuelven en las aguas". Todas la concepciones modernas, incluido el estructuralismo, comparten la característica de basarse y sostener modelos ideales, arquetípicos. La diferencia radica exclusivamente en que los estructuralistas, en vez de tener una partícula elemental, ubican el fundamento en una estructura elemental, invariante, esencial y eterna. Estos modelos han sido muy eficaces al aplicarse en contextos relativamente estables y aislados. Los hombres modernos trabajaron con ahínco para construir un mundo tal que sus productos mecánicos resultasen funcionales: en el laboratorio, en la fábrica, en las instituciones fue generándose un ámbito estabilizado a fuerza de estandarizar los parámetros ambientales y sociales. Aislamos las máquinas con grandes caparazones de metal y construimos edificios para albergarlas, edificamos ciudades y asfaltamos la tierra, disciplinamos los cuerpos y estandarizamos la conducta, a través una multiplicidad de tecnologías y dispositivos sociales que suelen ser mucho más "duras" de lo que suele pensarse habitualmente, a pesar de no ser materiales-. Munidos de un conocimiento que privilegia las explicaciones mecánicas, los hombres modernos construyeron un mundo, donde estaban incluidos ellos mismos, a imagen y semejanza del modelo "ideal" que usaban para explicarlo. De esta manera la experiencia del sujeto entró dentro de la máquina estandarizadora, aunque éste a veces presenta un poquito más de resistencia que los electrones. La familia, la escuela, la fábrica, el ejército son las instituciones encargadas de llevar adelante este proceso de estandarización y domesticación del sujeto. Los modelos teóricos de la modernidad se han caracterizado por una restricción profunda a explorar lo diverso, a dar cuenta de lo diferente, lo creativo, lo no domesticable, lo que se inscribe como acontecimiento y no puede fosilizarse en un modelo, o en una estructura, o en un pattern fijo. Abrir nuestro pensamiento creando espacios paro lo informal como "no formal" y no como "sin forma"- implica dar lugar a los cambios como verdaderas transformaciones y no como un despliegue de lo mismo, y es por lo tanto una perspectiva tanto cognitiva como ética. En las ciencias duras la tarea está en pleno auge. Nuevas perspectivas están en plena expansión gestando modelos no lineales, complejos y extraños. El mundo "de los ladrillitos elementales " se ha desmoronado al ritmo de las trompetas cuánticas. Todo el universo físico es visto hoy como una inmensa " red de interacciones " donde nada puede definirse de manera absolutamente independiente, y en el que se enseñorea el "efecto mariposa " ( cuya versión popular dice que cuando una mariposa aletea en el Mar de la China puede "causar" un tornado en New York) La transformación conceptual que viene de la mano de una nueva metáfora como la del universo como red o entramado de relaciones, y los individuos como nodos de esa red, hoy excede largamente a la transformación de la imagen del mundo propuesta por la física, para abarcar desde la lingüística hasta las teorías organizacionales, la psicología y la economía, donde está comenzando a tallar con fuerza. Desde la perspectiva clásica las interacciones resultaban invisibles, ya que el tamiz metodológico-conceptual no permitía captarlas. Aún hoy tenemos grandes dificultades para incorporar el punto de vista implicado en la metáfora de la red y la mayoría de las personas siguen pensándose como individuos aislados (partículas elementales ) y no como parte de múltiples redes de interacciones: familiares, de amistad, laborales, recreativas (participar en un club), políticas ( militar en un partido, votar, integrar una ONG), culturales ( pertenecer a una institución cultural o educativa), informativas (ser lectores o escritores o productores en o de un medio de comunicación), sin olvidar las redes lingüísticas y de comunicación que son el tejido conectivo de nuestro mundo de interacciones. Recién en las últimas décadas, el giro epistemológico hacia la complejidad ha permitido que comenzáramos a dar cuenta de la multidimensionalidad que se abre cuando pasamos de las metáforas mecánicas al pensamiento complejo, que toma en cuenta las interacciones dinámicas y las transformaciones. Ha comenzado a gestarse una cultura que no piensa al universo como un reloj sino como "archipiélagos de orden en un mar de caos": la cultura de la complejidad. Los investigadores en ciencias "blandas", los intelectuales "humanistas", los profesionales de las áreas sociales, tienen todavía muchas dificultades para legitimar los nuevos puntos de vista ligados a la complejidad y las concepciones interactivas, puesto que no se ha sacudido el yugo metodológico impuesto por la epistemología empirísta-positivista. Para cortar el nudo gordiano es necesario destrabar tanto la creencia en un acceso privilegiado a una realidad externa, como la ilusión de una subjetividad desencarnada, puramente racional e individual. El conocimiento, desde la perspectiva pos-positivista, no es el producto de un sujeto radicalmente separado de la naturaleza sino el resultado de la interacción global del hombre con el mundo al que pertenece. El observador es hoy partícipe y creador del conocimiento. El mundo en el que vivimos los humanos no es un mundo abstracto, un contexto pasivo, sino nuestra propia creación simbólico-vivencial. Sin embargo, que nuestras ideas del mundo sean construcciones no quiere decir que el universo sea un "objeto mental", sino que al conocer no podemos desconectar nuestras propias categorías de conocimiento, nuestra corporalidad, nuestra historia, nuestras experiencias y nuestras sensaciones. El mundo que construimos no depende sólo de nosotros, sino que emerge en la interacción multidimensional de los seres humanos con su ambiente, del que somos inseparables. Desde los enfoques de la complejidad, el sujeto no es meramente un individuo, es decir un átomo social, ni una sumatoria de células que forman una aparato mecánico, sino que es una "unidad heterogénea" y abierta al intercambio. El sujeto no es una sumatoria de capacidades, propiedades o constituyentes elementales, es una organización emergente. El sujeto sólo adviene como tal en la trama relacional de su sociedad. Las propiedades ya no están en las cosas sino "entre" las cosas, en el intercambio. Desde esta nueva mirada, tampoco el sujeto es un ser, una sustancia, una estructura o una cosa sino un devenir en las interacciones. Las nociones de historia y vínculos son los pilares fundamentales para la construcción de una nueva perspectiva transformadora de nuestra experiencia del mundo y de nosotros mismos. Y este cambio no sólo se da a nivel conceptual, sino que implica también abrirnos a una nueva sensibilidad y a otras formas de actuar y de conocer, a otra ética y otra estética, ya que desde la mirada compleja estas dimensiones son inseparables en el con-vivir humano. Estamos pasando de las ciencias de la conservación a las de la creación, porque, aunque parezca paradójico a primera vista, la noción de historia está estrechamente ligada a la de creatividad en un universo evolutivo complejo. Liberadas del determinismo clásico, las teorizaciones actuales han dejado lugar a la diferencia como factor de creación y cambio, de selección de rumbos. La historia no es mera repetición, ni despliegue de lo ya contenido en el pasado. El ruido, el azar, el otro, lo distinto son las fuentes de novedad radical y vías para el aumento de complejidad y no meros "defectos despreciables". Esta transformación conceptual ha sido el producto del deplazamiento del foco conceptual desde los sistemas cerrados y cerca del equilibrio hacia los sistemas abiertos evolutivos en diálogo multiforme con su ambiente. Desde esta perspectiva conceptual el sujeto no es lo dado biológicamente, ni un "psique" pura, sino que el sujeto adviene y deviene en el intercambio en un medio social humano en un mundo complejo. Ahora bien, no debemos confundir el sujeto con la subjetividad. Esta es la forma peculiar que adopta el vínculo humano-mundo en cada uno de nosotros, es el espacio de libertad y creatividad, el espacio de la ética. El sujeto no se caracteriza solamente por su subjetividad, sino por ser al mismo tiempo capaz de objetivar, es decir, de convenir, de acordar en el seno de la comunidad, de producir un imaginario común y por tanto de construir su realidad. Lo que los positivistas llamaban "el mundo objetivo" es para las ciencias de la complejidad una construcción imaginaria compartida, un mundo simbólico creado en la interacción multidimensional del sujeto con el mundo del que forma parte. El mundo en que vivimos es un mundo humano, un mundo simbólico, un mundo construido en nuestra interacción con lo real, con lo que está afuera del lenguaje, con el misterio que opone resistencia a nuestras creaciones y a la vez es la condición de posibilidad de las mismas. El enfoque de la complejidad se asienta sobre un conjunto de supuestos e hipótesis fundamentales, entre los que se destacan: a) Las partes de un sistema complejo sólo son "partes" por relación a la organización global, que emerge de la interacción. b) La Unidad Global no puede explicarse por sus componentes. El sistema presenta interacciones facilitadoras, inhibidoras, y transformaciones internas que lo hacen no totalizable . c) El sistema complejo surge de la dinámica de interacciones y la organización se conserva a través de múltiples ligaduras con el medio, del que se nutre y al que modifica, caracterizándose por poseer una autonomía relativa. Las ligaduras con el medio son la condición de posibilidad para la libertad del sistema. La flexibilidad del sistema, su apertura regulada, le provee la posibilidad de cambiar o de mantenerse, en relación a sus interacciones con su ambiente. d) El contexto no es un ámbito separado e inerte, sino el lugar de los intercambios y a partir de allí el universo entero puede ser considerado una inmensa " red de interacciones ", donde nada puede definirse de manera absolutamente independiente e) En todas aquellas situaciones en que se produzcan interacciones, ya sean positivas (sinérgicas) o negativas (inhibidoras), o cuando intentemos pensar el cambio cualitativo, no tiene sentido preguntarse por la causa de un acontecimiento, ya que no hay independencia ni posibilidad de sumar efectos, sino transformación. Sólo podemos preguntarnos por las condiciones de emergencia, por los factores co-productores que se relacionan con la aparición de la novedad. Este modo explicativo, apunta más a la comprensión global que a la predicción exacta, y reconoce que ningún análisis puede agotar el fenómeno que es pensado desde una perspectiva compleja. La civilización que creyó en las certezas definitivas, en el conocimiento absoluto y el progreso permanente está derrumbándose y están abriéndose paso nuevos modos de pensar, de sentir, de actuar y vivir en el mundo. El sujeto complejo ha producido un giro "recursivo" fundamental e irreversible. La transformación de nuestra mirada, que estamos viviendo, implica pasar de la búsqueda de certezas a la aceptación de la incertidumbre, del destino fijado a la responsabilidad de la elección, de las leyes de la historia a la función historizante, de una única perspectiva privilegiada al sesgo de la mirada. En el camino nos encontramos con nosotros mismos profundamente unidos al mundo en una interacción compleja y multidimensional. Ese re-encuento del sujeto con su mirada ha dejado al descubierto nuestras limitaciones y nuestras posibilidades, ha eliminado las garantías tranquilizadoras y nos ha abierto las puertas al vértigo de la creación ¿Sabremos aceptar el desafío?
Manifestaciones ECGs en la enfermedad coronaria ateroesclerótica:
La oclusión completa de la arteria con la disminución total del flujo vascular:transporte de O2,sustratos y mediadores vasculares,provoca una serie de eventos llamados Cascada Isquémica: Caida en los niveles energéticos celulares:ATP y CP:reservas de enlaces de alta energía de Fosfatos. Modificación del metabolismo cardíaco:vías anaeróbicas de producción de energía,desvío del uso de ácidos grasos a glucosa,neoglucogénesis. Alteración en la dinámica celular dependiente de la presencia de O2-sustratos del metabolismo intermedio y niveles adecuados de energía. Señales intra y extra celulares de Adaptación y desajuste:integrinas-selectinas-mediadores neuro-endocrinos-humorales-citoquinas. La función mitocondrial se altera:maquinaria energética y metabólica. El Sistema Retículo-Sarcoplasmático:SERCA:depósito y maquinaria de Ca+se altera. Se desacopla la fosforilación oxidativa,aumenta la producción de Radicales libres de O2.desechos metabólicos.Se usa lactato,cuerpos cetogénicos,glucosa anaeróbica,cae la reserva de glucógeno. Disminuye el trabajo cardíaco:el consumo de O2,se establece un metabolismo de Escasés. Se altera la Diastole:uptake activo de Ca+,bombas e intercambiadores ionicos. Se altera la Sistole. Se produce un Estado Inflamatorio:activación del sistema inmune y sus mediadores. Intercambio entre plaquetas-endotelio-leucocitos.
.............................................................. En el ECG predomina:Injuria Transmural. ST vector de lesión-injuria:Fase 2 del Potencial de Acción. La zona afectada(alteración balance ionico-energético-metabólico):modifica el PA.se acorta inicialmente, Ki/Ke:150/5 meq/l K+:PA transmembrana se altera. Pierde potasio y magnesio, Aumenta el sodio,cloro y agua:edema celular,afluencia de leucocitos. Se establece un gradiente de polarización diastólica o Disminuye Ki/Ke... ...Polarización diastolica disminuye... ...Despolarización sistólica retardada... ...retardo en la recuperación diastólica.
La fase 0:ascenso lento y voltaje disminuido, Se acorta la duración del PA.
Se altera la sistole:corrientes. Se hipopolariza:disminuye fase 0,altera fase 2 y fase 3 y la bomba de Sodio/Potasio...fase 4. Retardo despolarización de zona afectada y de la repolarización: Aumenta la R y disminuye la S,retardo en el QRS.
El vector de Lesión mira la Lesión! Se dirige a la zona afectada. Predomina el ST:arrastra la T.Onda Monofásica! Promedio de los PA subendocardio y subepicardio.
Supradesnivel:Transmuralidad:del endocardio al epicardio electrico. Localiza la lesión:topográfica.
Obstrucción total del flujo y de la arteria:trombo oclusivo o espasmo coronario:ST transmural:SUPRA! .................................................. Acercamiento a la lesión según las ideas del Dr.Sclarovsky,Samuel. Topografía lesional: DIII:cara inferior:CD DII:posterolateral:CX? AVF:inferior-post.lat Cara inferior:D2-D3-aVf: Si aumenta ST mas en D3 que en D2 }Coronaria Derecha Si disminuye ST en aVL mas que en D1 }
Si hay infrad. De V1 a V3 vs V4 a V6: Pensar en Cx:grandes IAM
Si hay mas infrad. En V4 a V6 vs V1 a V3:pensar en varios vasos y/o compromiso de la DA....peor función VI. Infrad.V4-V5:tronco Izq. O equivalente de tronco,isquemia anterior concomitante:mas de 70%DA o Diag.
Infrad.ST con T neg en V2-V3:cara posterior.
Mirar aVL... Si aumenta la R:CX...S/Rigual/menor 1/3 + Infrad.ST= menor 1mm...suprad.ST:V5-V6
Si disminuye la R y aumenta S:CD En aVL:basal lateral Suprad.ST
St infrad.V2:OM1:dorsal:obtusa marginal 1ra.
Si V2:tiene suprad.ST... } Suprad.V3:DA antes 1Diag...ver cara
inferior:compromiso. } Nivelado ST:V3:Diag. PreDiagonal:suprad.ST aVl+infrad.ST con T+en D3.
Cara inferior:puntoJ/R:menor 0.5 Mayor = 0.5:mas isquemia(Purkinje) Distorsión porcion terminal qrs.
El Vderecho:atenua infrad.ST o aumentaST transitorio. V3R + V1:paraseptal derecha:septales DA y/o rama conal de CD. Sin ST:doble circulación:DA + CD. La presencia de distorsión porción terminal QRS en mas 2 derivaciones... Se asocia a grandes IAMs:mayor mortalidad al año:Fey:menor 40%-reinfartos-insuficiencia cardíaca-muerte.
ECG a las 12 hs: Suprad.ST menor 2 mm + T neg :pequeños IAM:mayor isquemia recurrente Mayor 2 mm + T neg Mayor 2 mm + T pos.:grandes IAMs:menor isquemia recurrente. Si persiste infrad.ST V5-V6:restrictivo:colageno.
.................................................. anormales ondas Q en el ECG de ingreso menos de 6 horas, se asocian con alto pico CK, alta prevalencia de insuficiencia cardíaca y un aumento en la mortalidad en los IAMs anteriores.
Eran pacientes más viejos,con mayor incidencia de hipertensión arterial. Se incluyeron ondas Q con suprad.ST. Algunos autores plantean que las Q precoces son reversibles:expresan isquemia intensa:concusión miocárdica,otros que aparecen precozmente pero están enmascaradas por la onda-corriente de injuria:edema y/o hemorragia intersticial. No así en los inferiores. .................................................. El valor predictivo del patrón ECG. en IAMs-Q para isquemia recurrente dentro de los 10 primeros días. A las 12 horas de la admisión en UCO. Tres patronesECG: ST supra menor de 2 mm con T neg:menores IAM-mayor isquemia
ST supra mayor de 2 mm con T+:mayores IAM-menor isquemia recurrente. ................................. La presencia de distorsión en la porción terminal del QRS: El punto J emerge por arriba de la mitad inferior de la R en derivaciones con qR o Desaparición de la S en derivaciones con Rs. Esta entidad a las 2 horas de trombolíticos: aumenta la mortalidad hospitalaria a pesar de los trombolíticos:plantean revascularizar con PCTA o cirugía.
Rapido y progresivo daño irreversible?!
Se prolonga la velocidad de conducción de la onda de activación del Purkinje: Esto disminuye la cancelación y aumenta la R y disminuye la S en el ECG. Significva Severa y Prolongada Isquemia!
Su ausencia puede significar:mayor protección miocárdica por flujo persistente por oclusión subtotal o circulación colateral o precondicionamiento isquémico. ..................................................... Isquemia regional(no circunferencial) Transmural: Tres grados: 1:T picudas y altas.hiperpolarizacion del epicardio.:protegido por circulacion colateral. 2: Supra desnivel ST con T,sin distorsion terminal del QRS:precondicionamiento. 3:Supradesnivel ST con T + y con distorsion terminal del QRS(compromiso de Purkinje):miocardio no protegido!(Vulnerable)
Isquemia regional Subendocardica: Infradesnivel ST con T picudas en V3-4 Lesion DA: Desc.Anterior subtotal u oclusion total de 1°diagonal o intermedia. Tres grados: 1:T positiva alta picuda(hiperpolarizacion epicardio) 2:infradesnivel St con T positiva picuda:vector injuria del epicardio al sub- endocardio 3:alteracion de la porcion terminal del QRS(depresion conduccion Purkinje)
Circunferencial(en anillo):en V4-V5 o en precordiales con la Mayor R. Tres grados: 1:infradesn.ST con T neg 2:Infradesn.ST + T neg o S en V4-V5 3:T negativa profunda y S:alteracion de la porcion terminal QRS(Purkinje) Criterios de reperfusion: A)Reperfusion coronaria(TIMI) con reperfusion miocardica: ST isoelectrico con T negativa picuda y QS con notch en limbo descendente(areas viables):hasta 10mm B)Reperfusion coronaria (TIMI) sin reperfusion miocardica: Supradesnivel ST con T alta-positiva- y profundo QS
C)No reperfusion coronaria- No reperfusion miocardica Grado 2 o grado 3 Persiste Supradesnivel St con T positiva o con distorsion terminal del QRS. No hay ondas Q
D) No reperfusion coronaria -Si miocardica Por circulacion colateral. T picuda y alta con ST nivelado.
Ubicación de la lesion coronaria: En la DA(descendente anterior) Lesion proximal:arriba de 1° diagonal: AVL:supradesn. ST con T + DIII:infradesn.ST con T- =proximal DA AVL:isoelectrico ST conTplana DIII:ST isoelectrico = distalDA
(STnivelados)
En caso de DA tipo C cruza la punta:da la cara inferior: AVL:supradesn ST con T + moderada DIII:infradesn ST con T + =proximal
AVL:infradesnivel ST con T- DIIIsupradesn ST con T+ =distal
Longitud de la DA: Tipo A:no alcanza la punta:cambios en V2-3(V4) Tipo B:alcanza la punta:cambios de V2 a V6 Tipo C:cruza la punta:supradesnivel ST con T +:DII y AVF
por Francisco López Sacha Aunque parezca mentira, la vuelta en redondo del Siglo XX nos ha convertido de pronto en damas y caballeros de antaño. No usamos ya levita ni bombín, ni abanicos ni bastones de carey, pero tendremos en la próxima centuria el mismo rostro asustado que sale de ellas en las fotografías de cajón. En un poema de Aramís Quintero, que tiene esa memoria del futuro, parecemos los mismos, pero no lo somos. El barco que zarpó con la intervención norteamericana en Cuba en 1898 va llegando al otro extremo del muelle con una nación independiente a bordo, con un proceso social que nos ha colocado otra vez en el vórtice del mundo, con un movimiento literario de tanto peso como aquel que dejamos atrás con la muerte de Julián del Casal y José Martí. Si en esos días la nación se jugaba su destino contra el dominio español, en un gesto de tan alta fuerza que nos hacía inaugurar el Siglo XX -sí, este siglo, q! ue no comenzó en Sarajevo en 1914, ni en Petersburgo en 1917, sino en las playas de Daiquirí, como afirma más de un historiador-, esa misma nación, que ya es otra, se empeña hoy en culminar una pelea contra el más poderoso imperio de la Tierra para preservar sus derechos, su identidad y su cultura. Atrás quedó el modernismo y ahora vamos llegando a la posmodernidad.
El viaje ha sido largo, pero fructífero. En 1899 Esteban Borrero Echeverría publicó tímidamente el primer libro de cuentos de la literatura cubana. Hoy tenemos una tradición, la cual, después de ese volumen, nos ha dejado el realismo mágico, lo real maravilloso, el absurdo, la fabulación poética, la estilización del Cuento rural, la cuentística de la violencia y la narrativa de la intimidad en nombres tan importantes para nuestras letras -y en algunos casos para las letras de todo el continente- como Alejo Carpentier, Lino Novás Calvo, Virgilio Piñera, Eliseo Diego, ! Lydia Cabrera, José Lezama Lima, Onelio Jorge Cardoso, Guillermo Cabre ra Infante, Dora Alonso, Reinaldo Arenas, Eduardo Heras León, Miguel Collazo o Senel Paz. Todos confluyen en este fin de siglo, en esta narrativa iconoclasta que los más jóvenes escritores inauguraron en 1988.
Ahora están de nuevo las sombras del neobarroco y el absurdo, los estilos asimétricos de Severo Sarduy, Virgilio Piñera, Ezequiel Vieta y Calvert Casey, en esa pelea por eliminar del relato la estructura dramática iniciada con Poe. Los nuevos narradores de esa línea parecen declr: «El Cuento es escritura, no nos complace el argumento creciente, ni el clímax, ni el desenlace». Así aparecen, por un lado, escritores como Rolando Sánchez Mejías, Atilio Caballero, Ena Lucía Portela, Alberto Garrandes, Jesús David Curbelo, quienes, en la mayoría de sus historias difuminan la anécdota, desdibujan a los personajes, quiebran el conflicto y la unidad de sentido para hablarnos del mundo marginal en las ciudades, de la angustia, de la soledad del individuo. Sus ! ficciones son hijas del minimalismo y la posmodernidad, y algunos de sus textos han resultado verdaderos rompecabezas para la crítica. Son historias audaces, desprovistas de centro, cuyo tono se acerca al ensayo, la poesía y la literatura de reflexión.
Por otro lado, más cerca todavía de la generación precedente, de Senel Paz, Miguel Mejides, Abel Prieto, Mirta Yáñez o Reinaldo Montero, quienes fundaron la narrativa de la intimidad en los 80, están los rockeros, los fabulistas y los actuales cuentistas de la violencia, como Alberto Garrido, Ronaldo Menéndez, Angel Santiesteban, Milene Fernández, José Manuel Prieto, Eduardo del Llano o Raúl Aguiar, los cuales mantienen la melodía, la anécdota, el equilibrio dramático, para contarnos con agresiva intensidad el mundo cotidiano de los jóvenes, el desenfado sexual, los problemas humanos en las campañas del internacionalismo en Africa y el desvelado asombro ante el desplome del socialismo real. Ellos también experimentan con nu! evas estructuras del relato, pero lo hacen conservando aún el hilo de la narración. Su estética es también iconoclasta, pero sus nexos con la tradición son más precisos.
Ambos grupos forman la punta de lanza en el cuento cubano y cada uno de sus miembros exhibe un tono de época que lo diferencia del pasado, y al mismo tiempo, una personalidad que lo hace ya inconfundible. Son una generación con todos los atributos que la califican: memoria colectiva, ruptura estilística, temáticas nuevas. Lo cierto es que han empujado el género hasta fronteras insospechadas, y se unen a los nuevos impulsos que escritores ya consagrados como Miguel Collazo, Antón Arrufat o Pablo Armando Fernández le dan al cuento en estos años. La década de los 90 ha estallado en todas direcciones y otros escritores como Arturo Arango, Aida Bahr, Leonardo Padura, Pedro de Jesús López, Jorge Luis Arzola, Alberto Guerra Naranjo, José Miguel Sánchez o Guillermo Vidal han conseguido bellísimas historias en el magma de esta explosión. Un fenómeno como este no ocurría desde los añ! os 40, cuando la gran diversidad de influencias creó el cuento moderno entre nosotros. Ahora estamos viviendo una experiencia similar y, por primera vez en nuestra historia, el cuento reina como el explorador por excelencia en este fin de siglo de la literatura cubana.
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Ese era el lugar de la Poesía, que ahora, misteriosamente, va detrás. Pienso que llegó tan lejos en los años 80 que se atomizó; se hizo tan personal y única en la obra individual de los poetas que dejó de encabezar el movimiento literario; es decir, perdió el sentido de orientación común que la había caracterizado hasta entonces. No hablo, por supuesto, de su calidad, sino de su perfil. La eclosión que también experimenta el género no es visible para el lector, y los buenos poemarios deambulan por los estantes de las librerías sin que la crítica les haga justicia. La crisis editorial que padecimos con todo rigor en los primeros años de los 90 le hizo sufrir, antes ! que a otros géneros, lo que Antón Arrufat denomina «ausencia de vis ualidad literarias». Las escasas tiradas de los libros cubanos, desde entonces hasta hoy, dañaron los vínculos de comunicación con una materia tan sensible, y los lectores se desorientaron ante la fiebre de las plaquettes y los volúmenes de pequeño formato. La recuperación editorial, que todavía es lenta, no alcanza a paliar el daño, y la poesía vive un momento de aislamiento, a pesar de su intensidad.
Sin embargo, fue la poesía quien nos hizo transitar por el romanticismo, el modernismo y la vanguardia con una calidad y una fuerza inusuales, a la altura de las grandes literaturas nacionales del continente. Con Heredia tuvimos el primer romántico americano, con Zenea, el primero de los exquisitos, y con Casal y Martí a los primeros modernos.
El mapa de la poesía cubana se ensanchó tanto desde entonces que no hubo un grupo, una tendencia o una promoción que no tuviera, al menos, un excelente poeta. Guillén, Lezama, Ballagas, Brull, Poveda, Dulce María Loynaz, F! lorit, Tallet, Navarro Luna, Boti, Pedroso, Pita, Mirta Aguirre o Virgilio Piñera, entre los mayores, y Eliseo Diego, Cintio Vitier, Gastón Baquero, Fina García Marruz, Samuel Feijóo, Carilda Oliver o Jesús Orta Ruiz, entre los más jóvenes, abrieron a principios y a mediados del siglo XX una línea cósmica que ya no permitía las clasificaciones de antaño, con una poesía moderna que abarcaba todas las esencias del cubano, desde las preocupaciones sociales, étnicas, políticas y cotidianas, hasta el diálogo permanente con la inmensidad. A la Revolución llegó todo el caudal de esa poesía y los hijos del coloquialismo pronto desafiaron a sus padres. Rolando Escardó, Roberto Fernández Retamar, Heberto Padilla, Pablo Armando Fernández, César López, Fayad Jamis, Antón Arrufat, Rafael Alcides, Nancy Morejón, Miguel Barnet, Francisco de Oraá, Manuel Díaz Martínez, Luis Marré, Lina de Feria, Waldo Leyva, Luis Rogelio Nogueras, Raúl Rivero, Guillermo Rodríguez Rivera o Delfín Prats, alc! anzaron registros extraordinarios en la segunda mitad del siglo.
Los años 80 significaron la reacción contra el coloquialismo, la vuelta a la metáfora y a los temas de carácter íntimo, algo que la oleada política de los 60 y 70 había ido separando del discurso poético. La riqueza tropológica se manifestó nuevamente y agudos conflictos sociales y éticos volvieron a la poesía. Raúl Hernández Novás, Reina María Rodríguez, Angel Escobar, Yoel Mesa Falcón, Marilyn Bobes, Luis Lorente, Aramís Quintero, Osvaldo Sánchez, Alex Fleites, Efraín Rodríguez Santana, León de la Hoz, Carlos Martí, Mirta Yáñez y Alex Pausides comenzaron una experiencia poética en esa dirección que atravesó los años 80 y dejó una estela de seguidores. La poesía de entonces hizo enorme al sujeto lírico y se lanzó a la reconquista de un espacio espiritual donde el diálogo con la sociedad se acentuó en el individuo. Nacía una poética divergente, llena de interrogantes sobre el destino social e individual en Cuba; algo muy similar a lo que había sucedido en los años 60, sólo que ! con otro lenguaje. Esta poesía resultó mucho más agresiva y audaz en su diseño tropológico, pagó sus deudas con el coloquialismo y estableció un canon estilístico que perduró por varios años. El retorno, o la recuperación de la cantidad hechizada, para decirlo con palabras de Lezama Lima, volvió a dotar al corpus poético de un sentido en sí mismo, cualidad que la poesía coloquial había desdeñado en aras de una comunicación más directa. Volvió el referente culto, la parábola, la analogía, el diálogo invisible con la gran poesía cubana y la conciencia de la intertextualidad.
Muy pronto estos signos cobraron fuerza en tendencias opuestas, una de ellas totalmente agresiva, donde ya el poema se dislocaba y se volvía asimétrico, se convertía en manifiesto, en objeto, en hecho conceptual, sobre todo en la poética de Ramón Fernández Larrea, Omar Pérez, Sigfredo Ariel, Carlos Augusto Alfonso y Alberto Rodríguez Tosca. Junto a ellos creció una especie de lirismo refle! xivo, más pausado y austero en su diseño, en la poesía de Emilio Garcí a Montiel, Roberto Méndez, Dagmaris Calderón, Soleida Ríos, Odette Alonso, José Pérez Olivares y Abilio Estévez. Asistimos entonces a una partenogénesis en el movimiento poético cubano. Una línea se tornaba desafiante, abierta, dionisíaca en una suerte de estética del desconcierto; mientras que otra buscaba la quietud, el soliloquio, la hondura vital, con el cuidado de la exquisitez en la materia poética. En realidad, parecía cumplirse en la poesía lo que el crítico y narrador Arturo Arango aventuraba, en 1988, para el cuento : la división entre violentos y exquisitos. Subrayé entonces la necesidad de nuevas herramientas críticas para entender el viaje de la poesía cubana, la cual, a todas luces, tomaba en esa época por senderos desconocidos. Una inquietud similar pude escuchar en otros críticos, mucho más autorizados que yo, como Guillermo Rodríguez Rivera, José Prats Sariol, Virgilio López Lemus, Roberto Zurbano y Víctor Rodríguez Núñez en relación con la rápida fra! gmentación del género.
Hacia el comienzo de los años 90 ya era evidente que estas y otras tendencias se alejaban entre sí, se expandían hacia puntos cada vez más lejanos, hacia una poética de la intimidad, de la agonía y de cierta intensidad metafísica en la obra de Antonio José Ponte, Jorge Luis Arcos, Norge Espinosa, Sonia Díaz Corrales, Agustín Labrada, Rolando Sánchez Mejías, Juan Carlos Flores, León Estrada, Rito Ramón Aroche, Teresa Melo, Víctor Fowler, Edel Morales, y aun en la obra posterior y más reciente del último, Angel Escobar, de Reyna María Rodríguez, Marilyn Bobes o Efraín Rodríguez Santana, en algo que podría calificar como la fuga o la reconstrucción del signo poético. La nueva galaxia todavía está en formación, y si en ella crece la poesía, la auténtica, la grande, la alta poesía cubana, también es cierto que se disgrega o atomiza a una gran velocidad.
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No ocurre así con la Novela, la reina de las di! ficultades. La existencia de una tradición en Cuba -una tradición de m ovimiento lento, espaciado y envolvente-, y de un mercado interior y exterior, la respaldó de manera invisible en estos años difíciles. Su producción no se detuvo, aunque sufrió un colapso editorial entre 1990 y 1994, en el instante mismo en que volvía a levantar el vuelo y retornaba a su derrotero clásico. El ascenso paulatino de los años 80 se vio de pronto frenado y, gracias al esfuerzo del Fondo para el Desarrollo de la Educación y la Cultura, pudo continuar su ruta, dentro de esa sinuosidad que la caracteriza.
En este caso, tengo que insistir en la importancia de una tradición tal vez más lenta, pero de gran solidez en sus obras mayores, que impidió en gran medida la parálisis del género en momentos en que apenas había papel para los libros escolares. La conciencia de un público lector, ganado ya para la novela, y la existencia de una novelística cubana, provocó una atención particular de las casas editoras, que se esforzaron por revivir el género con todo tipo de aux! ilio. Si la novela no hubiera logrado por sí misma, desde el siglo pasado, una altura tan grande, difícilmente habría sorteado tan áspero escollo.
Pero ahí estaba la revolución que la novela cubana provocó a mediados del presente siglo, en las obras iniciales de Lino Novás Calvo, Enrique Serpa, Carlos Montenegro, Enrique Labrador Ruíz, Dulce María Loynaz, Virgilio Piñera y Alejo Carpentier. Ahí estaban el realismo mágico, el absurdo y lo real maravilloso abriendo para siempre la puerta de la Nueva Novela Hispanoamericana entre 1933 y 1962. Ahí estaba el realismo social en las obras tempranas de Lisandro Otero, Humberto Arenal, Jaime Sarusky, Edmundo Desnoes y José Soler Puig, y el Año de Gracia de 1966, cuando se publicó Paradiso de José Lezama Lima, Biografía de un cimarrón, de Miguel Barnet, Pailock, e/ prestigitador de Ezequiel Vieta. Y, de pronto, el estallido enceguecedor de la novela en 1967 y 1968, cuando se publicaron, en ! Cuba y fuera de Cuba, obras de la talla de Tres trites tigres de Gluillermo Cabrera Infante, Celestino antes del alba y El mundo alucinante, de Reinaldo Arenas, De donde son los cantantes, de Severo Sarduy, Siempre la muerte, su paso breve, de Reynaldo González, En la cal de las paredes, de Gustavo Eguren, Los niños se despiden, de Pablo Armando Fernández, y El Viaje, de Miguel Collazo.
Los años 70 fueron un paréntesis en el alto desarrollo del género. A excepción de Alejo Carpentier en su período final, del proyecto neobarroco de Severo Sarduy y del regreso triunfante de los Soler Puig con esa obra maestra que es El pan dormido, la novela cubana entró en fase gris, caracterizada así por Ambrosio Fornet. Ni Manuel Cofiño, ni Miguel Cossío pudieron acercarse a la calidad del período anterior. La naciente novela policial no daba todavía buenos frutos y los novelistas que se iniciaban estaban demasiado contreñidos a la división superf! icial entre el presente y el pasado de la Revolución. Hacia el fin de la década, la novela se recupera con los libros iniciales de Manuel Pereira, Antonio Benítez Rojo y Alfredo Antonio Fernández, quienes vuelven su mirada al boom , al tiempo que nace otro género dentro y fuera de Cuba : la memoria novelada, con De Peña Pobre, de Cintio Vitier, y La Habana para un infante difunto, de Guillermo Cabrera Infante, dos libros de sumo interés no suficientemente visitados por la crítica.
Entre 1983 y 1989 se produce otro cambio que nos lanza de nuevo al interés nacional e internacional. Novelas como Un rey en el jardín, de Senel Paz, Temporada de ángeles, de Lisandro Otero, El cazador, de Raúl Luis, Rajando la leña está, de Cintio Vitier, Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz, Un tema para el griego, de Jorge Luis Hernández, y Oficio de ángel, ! de Miguel Barnet, volvieron a colocar a la crítica y al lector ante el fenómeno de un renacer de la novelística cubana. Se cumplía la inquietud de Ambrosio Fornet, quien, en su Pronóstico de los 80, daba una clara señal de alerta en relación con el despegue del género.
Los 90 comenzaron, en realidad, en 1994, cuando en la Feria del Libro de La Habana se presentaron algunos títulos que iban a marcar la pauta de estos años. El ojo Dyndimenio, de Daniel Chavarría, no sólo iba a resultar la mejor novela policial cubana escrita hasta hoy, sino el trazado minucioso y apasionante de los cultos secretos griegos en el siglo de Pericles. Esta novela obtuvo el Premio Planeta/Mortíz en 1992 y está traducida a diversos idiomas. Matarile, de Guillermo Vidal, le iba a dar un vuelco a la novela sicológica, al construir un narrador inusual que visitaba su pasado y su futuro en una letanía poético - narrativa que alcanzaba a iluminar la vida cubana en las décadas de los años 60 y 70. Otro golpe de dados,! de Pablo Armando Fernández, iba a profundizar en la historia de la emigración francesa en el siglo XVIII con la técnica «actualizada» de una novela romántica. Sangre azul, de Zoe Valdés, con un raro tejido simbólico, con personajes diluidos en arquetipos, iba a constituir una novela de anti - aprendizaje, y Estación central, de Miguel Collazo, un fresco de la vida en la República.
Con estos narradores volvían también la temática amorosa y sexual, salíamos del laberinto de la Historia y nos incorporábamos a la meditación, la reflexión distante del presente o el pasado, al regusto por lo experimental. Una de las mejores piezas de este instante resultaba ser A Tarzán, con seducción y engaño, de Humberto Arenal, que reunía en su trama todos estos elementos. La novela se abría a nuevas tendencias, asimilaba sin dificultad el discurso político, el diálogo teatral, el ensayo y, sobre todo, recuperaba su capacidad para construir u! n mundo.
Al finalizar la década, nuevos escritores se sumaban al gén ero con calidad indiscutible. El vuelo del gato, de Abel Prieto, y La leve gracia de los desnudos, de Alberto Garrido, cerraban el siglo en Cuba con esa capacidad autorrefleja tan necesaria a este tipo de ficción. Ambas novelas transitaban por «debajo» de la Historia, con una cronología propia, con una independencia casi absoluta de la épica o los sucesos sobresalientes de la Revolución, con una fábula condicionada por las experiencias de sus personajes, con un universo neofigurativo cuyos referentes estaban en la cultura cubana o universal. Ambas también «ensayaban» creaban su propio lenguaje, sus propios códigos, y lograban una belleza de estilo al tocar las zonas más íntimas de nuestra propia existencia. Con temas diametralmente opuestos, Prieto y Garrido se lanzaban a la conquista de la identidad novelada para mostrarnos el lado secreto de lo cubano. Había terminado, por fin, el predominio del conflicto entre el individuo y la Historia, inaugurado brillante! mente por El siglo de las luces refutado con agudeza por Temporada de ángeles, y llevado al paroxismo en Las iniciales de la tierra. La novelística cubana entraba en aguas más tranquilas, pero no menos profundas.
De pronto, sonó en todas partes el toque de a rebato para la novela cubana. Al mismo tiempo que se entrecruzaban los caminos y se publicaban novelas cubanas dentro y fuera de Cuba, en medio de la crisis editorial de los 90, y del creciente interés de los editores extranjeros, El polvo y el oro de Julio Travieso, obtenía el Premio Mazatlán y se convertía en una de las mejores novelas de la década; Las palabras perdidas, de Jesús Díaz, era finalista en el Nadal y se editaba, con el favor de la crítica, en España, y Columbo de Terrarrubra de Mary Cruz, figuraba entre las finalistas del Rómulo Gallegos. La novela avanzaba en el mercado internacional y el éxito también lo conseg! uían otros escritores. La isla del cundiamor de René Váz quez Díaz, alcanzaba tres ediciones en Alfaguara, España, con una lograda ficción sobre el mundo cubano - americano en Miami, y Eliseo Alberto, que había obtenido el Premio de la Crítica en 1984 con La fogata roja publicaba en México La eternidad por fin comienza el lunes una novela circense, bien elaborada, aunque quizás demasiado apegada a sus modelos: Haroldo Conti y Gabriel García Márquez. En 1995, se editaba en Zurich La parte oscura del poeta Francisco de Oraá, una de las piezas más logradas de la literatura de reflexión, joya de la novela de pensamiento. En 1996, Leonardo Padura alcazaba el Premio Café Gijón, en Madrid, con Máscaras la tercera novela y para mí la mejor de su serie policial, tan difundida y aclamada en Cuba. Esta novela también obtenía el Premio Dashiell Hammet en 1998. A fines de ese año, Eduardo del Llano merecía el Premio Italo Calvino y publicaba Arena en italiano, mientras que P! edro Juan Gutiérrez daba a conocer en Anagrama su discutida Trilogía sucia de La Habana que, más que una novela, es un puñado de crónicas, relatos y viñetas del bajo mundo habanero durante el período especial. En este libro es demasiado visible la influencia de Miller y Bukowski, los trazos son muy burdos y se nota el esfuerzo del narrador por dar una continuidad a un material poco dúctil, y en realidad, poco elaborado. En cambio, en El rey de La Habana publicada un año después, hay en verdad una novela de tesis construida con la vida brutal y anodina de un personaje marginal. Más allá del horror que relata, y que por momentos resulta excesivo, hay aquí una voluntad de estilo y un resultado que emerge del propio desarrollo de la trama, de la disección casi microscópica y naturalista de un personaje situado en el vacío.
El éxito, sin embargo, más auténtico y arrollador lo obtenía Abilio Estévez con Tuyo es el reino una novela que n! o vacilo en calificar de extraordinaria. Publicada originalmente en Tu squets, traducida a varios idiomas, aclamada por la crítica internacional y nacional, y colocada este año entre las grandes obras del fin de siglo al recibir en Francia el Premio al mejor libro extranjero, Tuyo es el reino se convertía en la novela cubana que mejor expresaba entre nosotros la renovación del género. Estévez conseguía una pieza de lúcida intensidad, donde el espacio de un minúsculo barrio habanero se convertía en un símbolo de Cuba. Escrita deliberadamente «fuera» de la Historia, la novela elabora, sin embargo, una imagen precisa de la República, con atisbos de indudable profundidad hacia el destino del hombre en la Revolución. Narrada en el pasado y el futuro, con un procedimiento teatral en el discurso del autor, consigue lo que a mi juicio es el triunfo mayor de una obra de arte: la creación personal del mundo.
Naturalmente, no toda la literatura novelada que ha sido publicada en esta década tiene la misma calidad, aunque sea un éxito. Esta ! explosión de mercado ya deja sus huellas en novelas apresuradas, que más que novelas, son apuntes de ellas, borradores de estilo donde aún no se percibe ni la madurez creadora ni la inteligencia en el arte de novelar. En estos casos, el asunto, o la superficie del argumento, ha despertado más interés en algunos editores extranjeros que el propio acabado artístico. Así, la crítica desmañada a los problemas sociales de Cuba, la exposición de nuestras carencias, o la intención de fustigar a la Revolución, encuentran eco en cierta eclosión de mercado, que vende como una mercancía de arte lo que podría pertenecer al periodismo de opinión o al panfleto político. En 1995, por ejemplo, Zoe Valdés cambiaba su estilo en La nada cotidiana y producía un libro de éxito, en el que, sin embargo, no había ni un suficiente trabajo con el idioma m una verdadera intensidad temática. La obra se convertía en un soliloquio en primera persona, llena de exposiciones que suplían la au! sencia de un argumento. En esta pieza, y en Te di la vida entera , finalista del Premio Planeta en 1996, se consagraba un producto de marketing. En ambas, el pistoletazo sthendaliano es tan sonoro que apaga los violines del concierto. Sin que ello ocurra en Caracol Beach, de Eliseo Alberto, Premio Alfaguara en 1997, donde hay momentos y páginas de excelente factura, se nota demasiado la mano del guionista de cine en el tejido de una historia de violencia, en la cual los personajes están delineados con tal brusquedad, y los contextos son tan neutros, que la novela se diluye en un thriller, en las escenas de una noche americana, para decirlo en el lenguaje de Truffaut. Desde luego, estos juicios no pretenden invalidar el futuro literario para estos autores -no tengo ni poder, ni deseo, ni capacidad para hacerlo-, pero sí llamar la atención sobre la verdadera literatura y aquella que se produce siempre al margen de la moda, los negocios, o las coyunturas políticas, y que realizan los escritores cubanos en ! cualquier lugar del globo, vivan donde vivan.
Ahora estamos renaciendo al interés mundial después de varios años de silencio. Ya no viajamos en aquel submarino amarillo que reseñara Leonardo Padura en su excelente antología de cuentos publicada en México. Ya estamos en la superficie, en la cubierta de ese barco encantado del que hablaba al comienzo. Es curioso que José Lezama Lima y Billy Joel hayan tenido la misma expresión, en diferentes épocas, para juzgar su éxito: «Trabajé a la sombra y en silencio esperando mi oportunidad, y mi oportunidad llegó con Piano man, (léase Paradiso)». Así ocurrió entonces el azar concurrente entre un poeta y una estrella de rock, como ahora sucede con nuestra narrativa. Pero otros azares no menos venturosos nos esperan en este fin de siglo. El barco de la nación cubana va llegando a puerto y en él van sus memorias. Y su literatura.
La palabra parresía aparece por vez primera en la literatura griega en Eurípides (c. 484-407 a.C.), y recorre todo el mundo literario griego de la Antigüedad desde finales del siglo V a.C. Parresía es traducida normalmente al castellano por "franqueza". El parresiastés es alguien que utiliza la parresía, es decir, alguien que dice la verdad. Etimológicamente, parresiazesthai significa "decir todo". Aquel que usa la parresía, el parresiastés, es alguien que dice todo cuanto tiene en mente: no oculta nada sino que abre su corazón y su alma por completo a otras personas a través de su discurso. En la parresía se presupone que el hablante proporciona un relato completo y exacto de lo que tiene en su mente, de manera que quienes escuchen sean capaces de comprender exactamente lo que piensa el hablante. La palabra parresía hace referencia, por tanto, a una forma de relación entre el hablante y lo que se dice, pues, en la parresía, el hablante hace manifiestamente claro y obvio que lo que dice es su propia opinión. Y hace esto evitando cualquier clase de forma retórica que pudiera velar lo que piensa. En lugar de eso, el parresiastés utiliza las palabras y las formas de expresión más directas que puede encontrar. Mientras que la retórica proporciona al hablante recursos técnicos que le ayudan a prevalecer sobre las opiniones de su auditorio (sin preocuparse de la propia opinión del retor respecto de lo que dice), en la parresía, el parresiastés actúa sobre la opinión de los demás, mostrándoles, tan directamente como sea posible, lo que él cree realmente. Si distinguimos entre el sujeto hablante (el sujeto de la enunciación) y el sujeto gramatical del enunciado, podríamos decir que hay también un sujeto del enunciandum -que se refiere a la creencia u opinión mantenidas por el hablante-. En la parresía, el hablante subraya el hecho de que él es, al tiempo, el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciandum -que se refiere a la creencia u opinión mantenidas por el hablante-. En la parresía, el hablante subraya el hecho de que él es, al tiempo, el sujeto de la enunciación y el sujeto del enunciandum -que él mismo es el sujeto de la opinión a la que se refiere-. La "actividad de habla" específica de la enunciación parresiástica adopta así la forma: "Yo soy quien piensa esto y aquello". "Prueba de sinceridad" Parresiazesthai significa "decir la verdad". Pero, ¿dice el parresiastés lo que él cree que es verdadero, o dice lo que realmente es verdadero? En mi opinión, el parresiastés dice lo que es verdadero porque él sabe que es verdadero; y sabe que es verdadero porque es realmente verdadero. El parresiastés no sólo es sincero y dice lo que es su opinión sino que su opinión es también la verdad. Dice lo que él sabe que es verdadero. La segunda característica de la parresía es, entonces, que hay siempre una coincidencia exacta entre creencia y verdad. Desearía señalar que nunca he encontrado ningún texto en la antigua cultura griega en el que el parresiastés parezca tener ninguna duda sobre su posesión de la verdad. Y, en efecto, ésa es la diferencia entre el problema cartesiano y la actitud parresiástica, pues antes de que Descartes obtenga la indudable evidencia clara y distinta, no está seguro de que lo que cree sea, de hecho, verdadero. En la concepción griega de la parresía, sin embargo, no parece ser un problema la adquisición de la verdad, ya que tal posesión de la verdad está garantizada por la posesión de ciertas cualidades morales: si alguien tiene ciertas cualidades morales, entonces ésa es la prueba de que tiene acceso a la verdad -y viceversa-. El "juego parresiástico" presupone que el parresiastés es alguien que tiene las cualidades morales que se requieren, primero, para conocer la verdad y, segundo, para comunicar tal verdad a los otros. Si hay una forma de "prueba" de la sinceridad del parresiastés, ésa es su valor. El hecho de que un hablante diga algo peligroso -diferente de loque cree la mayoría- es una fuerte indicación de que es un parresiastés. Cuando planteamos la cuestión de cómo podemos saber si aquel que habla dice la verdad, estamos planteando dos cuestiones. En primer lugar, cómo podemos saber si un individuo particular dice la verdad; y, en segundo lugar, cómo puede estar seguro el supuesto parresiastés de que lo que cree es, de hecho, verdad. La primera pregunta -reconocer a alguien como parresiastés- fue muy importante en la sociedad grecorromana, y fue explícitamente planteada y discutida por Plutarco, Galeno y otros. Sin embargo, la segunda pregunta escéptica es especialmente moderna y, pienso, ajena a los griegos.
"Asume un riesgo" Se dice que alguien utiliza la parresía y merece consideración como parresiastés sólo si hay un riesgo o un peligro para él en decir la verdad. Por ejemplo, desde la perspectiva de los antiguos griegos, un profesor de gramática puede decir la verdad a los niños a los que enseña y, en efecto, puede no tener ninguna duda de que lo que enseña es cierto: pero, a pesar de esa coincidencia entre creencia y verdad, no es un parresiastés. Sin embargo, cuando un filósofo se dirige a un soberano, a un tirano, y le dice que su tiranía es molesta y desagradable porque la tiranía es incompatible con la justicia, entonces el filósofo dice la verdad, cree que está diciendo la verdad y, más aún, también asume un riesgo (ya que el tirano puede enfadarse, castigarlo, exiliarlo, matarlo). Como ven, el parresiastés es alguien que asume un riesgo. Por supuesto, ese riesgo no siempre es un riesgo de muerte. Cuando, por ejemplo, alguien ve a un amigo haciendo algo malo y se arriesga a provocar su ira diciéndole que está equivocado, está actuando como un parresiastés. En tal caso, no arriesga su vida, pero puede herir al amigo con sus observaciones, y su amistad puede, consecuentemente, sufrir por ello. Si, en un debate político, un orador se arriesga a perder su popularidad porque sus opiniones son contrarias a la opinión de la mayoría o pueden desembocar en un escándalo político, utiliza la parresía.
"No deberías"
Si, durante un juicio, se dice algo que puede ser utilizado en contra de uno, no se está utilizando la parresía a pesar del hecho de que se es sincero, de que se cree que lo que se dice es verdadero, y de que se está poniendo en peligro uno mismo hablando de ese modo. Pues en la parresía el peligro viene siempre del hecho de que la verdad que se dice puede herir o enfurecer al interlocutor. De este modo, la parresía es siempre un "juego" entre aquel que dice la verdad y el interlocutor. La parresía implicada puede ser, por ejemplo, advertir al interlocutor de que debería comportarse de cierto modo, o de que está equivocado en lo que piensa, o en la forma en que actúa, etcétera. Como ven, la función de la parresía no es demostrar la verdad a algún otro sino que tiene la función de la crítica: la crítica del interlocutor o del propio hablante. "Esto es lo que haces y esto es lo que piensas; pero eso es lo que no deberías hacer ni pensar." "Esta es la forma en que te comportas, pero ésa es la forma en que deberías comportarte." "Esto es lo que he hecho, y estaba equivocado al hacerlo así." La parresía es una forma de crítica, tanto hacia otro como hacia uno mismo, pero siempre en una situación en la que el hablante o el que confiesa está en una posición de inferioridad con respecto al interlocutor. El parresiastés es siempre menos poderoso que aquel con quien habla. La parresía viene de "abajo", como si dijéramos, y está dirigida hacia "arriba". Por eso, un antiguo griego no diría que un profesor o un padre que critica a un niño utiliza la parresía. Pero cuando un filósofo critica a un tirano, cuando un ciudadano critica a la mayoría, cuando un pupilo critica a su profesor, entonces tales hablantes están utilizando la parresía. En la parresía, decir la verdad se considera un deber. El orador que dice la verdad a quienes no pueden aceptar su verdad, por ejemplo, y que puede ser exiliado o castigado de algún modo, es libre de permanecer en silencio. Nadie le obliga a hablar; pero siente que es su deber hacerlo. Para resumir lo dicho hasta el momento, la parresía es una forma de actividad verbal en la que el hablante tiene una relación específica con la verdad a través de la franqueza, una cierta relación con su propia vida a través del peligro, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otros a través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una relación específica con la ley moral a través de la libertad y el deber. En la tradición socrático-platónica, la parresía y la retórica se encuentran en fuerte oposición; y esa oposición aparece muy claramente en el Gorgias, por ejemplo, en el que se encuentra la palabra parresía. El discurso largo y continuo es un recurso retórico o sofístico, mientras que el diálogo mediante preguntas y respuestas es típico de la parresía; es decir, dialogar es una técnica importante para llevar a cabo el juego parresiástico.
"Permanecemos ciegos"
Plutarco, en sus Moralia, intenta responder a la pregunta: ¿cómo es posible reconocer a un verdadero parresiastés, a alguien que dice la verdad? Y análogamente: ¿cómo es posible distinguir a un parresiastés de un adulador? El título del texto es Cómo distinguir a un adulador de un amigo. ¿Por qué necesitamos, en nuestras vidas, tener algún amigo que desempeñe el papel de parresiastés o de aquel que dice la verdad? La razón que ofrece Plutarco se halla en el tipo predominante de relación que a menudo tenemos con nosotros mismos, a saber, una relación de philautía o "amor propio". Esta relación de amor propio es, para nosotros, el fundamento de una persistente ilusión acerca de lo que en realidad somos: "Siendo cada uno mismo el principal y más grande adulador de sí mismo, admite sin dificultad al de afuera como testigo, juntamente con él, y como autoridad aliada garante de las cosas que piensa y desea". Somos nuestros propios aduladores, y es para desactivar esta relación espontánea que tenemos con nosotros mismos, para librarnos a nosotros mismos de nuestra philautía, para lo que necesitamos un parresiastés. Pero es difícil reconocer y aceptar a un parresiastés. Pues no sólo es difícil distinguir a un verdadero parresiastés de un adulador; sino que, además, a causa de nuestra philautía, no nos interesa reconocer a un parresiastés. De modo que lo que está en juego es determinar los criterios indudables que nos permitan distinguir al auténtico parresiastés del adulador que "representa el papel del amigo con la gravedad del trágico". Plutarco propone dos criterios principales. Primero, hay una conformidad entre lo que dice el auténtico parresiastés y el modo en que se comporta -se puede confiar en Sócrates como parresiastés sobre el valor, puesto que Sócrates fue realmente valiente-. Hay un segundo criterio: la estabilidad y firmeza del verdadero parresiastés: "Si se alegra con las mismas cosas siempre y alaba las mismas cosas, y si dirige y ordena su propia vida hacia un único modelo. El adulador, por no tener una sola mirada de su carácter, ni vivir una vida elegida para él mismo sino para otros, y modelándose y adaptándose para otro, no es simple ni uno sino variado y complicado, por correr y cambiar de forma como el agua, vertida de uno a otro contenido, según sean los que lo reciben". Por supuesto, hay muchas otras cosas interesantes que decir sobre este texto. Desearía, empero, subrayar dos temas principales. En primer lugar, el tema del autoengaño y sus vínculos con la philautía. En el texto de Plutarco pueden ver que su noción de autoengaño, como consecuencia del amor propio, es algo muy distinto de la situación de quienes ignoran su propia falta de conocimiento de sí -un estado que Sócrates intentó superar-. La concepción de Plutarco hace hincapié en el hecho de que nosólo somos incapaces de saber que no sabemos nada sino que además somos incapaces de saber, exactamente, qué somos. Un segundo tema que desearía acentuar es la firmeza de ánimo. Hay una relación obvia entre estos dos temas -el del autoengaño y el de la constancia o la persistencia de ánimo-. Pues destruir el autoengaño y adquirir y mantener continuidad de ideas son dos actividades ético-morales que están vinculadas una con otra. El autoengaño que impide saber quién o qué se es, y todos los cambios en los pensamientos, sentimientos y opiniones que obligan a moverse de un pensamiento a otro, de un sentimiento a otro, o de una opinión a otra, demuestran esta vinculación. Ya que si se es capaz de discernir exactamente qué se es, entonces se permanecerá en el mismo punto, y nada podrá cambiarle a uno. Pero si se es cambiado por alguna clase de estímulo, sentimiento pasión, etc., entonces no se es capaz de permanecer fiel a uno mismo, se es dependiente de algo otro, se es conducido a intereses diversos y, consecuentemente, no se es capaz de mantener una completa posesión de uno mismo. En un texto de Galeno -el famoso médico de finales del siglo II- se puede ver el mismo problema: ¿cómo es posible reconocer a un auténtico parresiastés? Galeno plantea esta cuestión en su ensayo La diagnosis y la cura de las pasiones del alma, donde explica que para liberarse de sus propias pasiones, un hombre necesita a un parresiastés; tal como ocurría en Plutarco un siglo antes, la philautía, el amor propio, es la raíz del autoengaño: "Vemos los defectos de los otros, pero permanecemos ciegos a aquellos que nos atañen a nosotros mismos. Platón dice que el amante es ciego cuando se trata del objeto de su amor. Si, por lo tanto, cada uno de nosotros se ama a sí mismo por encima de todas las cosas, debe estar ciego en lo que a él mismo respecta. (...) Cuando un hombre no saluda por su nombre al poderoso ni al rico, cuando no los visita, cuando no cena con ellos, cuando vive una vida disciplinada, cabe esperar que ese hombre diga la verdad; intenta, además, alcanzar un conocimiento más profundo del tipo de hombre que es (y esto se logra a través de una larga convivencia). Si encuentras hombre semejante, llámale y habla un día con él en privado; pídele que te muestre inmediatamente cuanto de las pasiones que hemos mencionado vea en ti. Dile que estarás más agradecido por este servicio y que le tendrás por tu salvador en mayor medida que si te hubiera salvado de una enfermedad de tu cuerpo. Consigue que prometa descubrirte todo esto siempre que te vea afectado por cualquiera de las pasiones que he mencionado". En este texto, el parresiastés -que todo el mundo necesita para librarse de su autoengaño- no necesita ser un amigo, alguien a quien se conozca, alguien con quien se tenga trato. Y esto constituye, creo yo, una diferencia muy importante entre Galeno y Plutarco. En Plutarco, Séneca y la tradición que procede de Sócrates, es siempre necesario que el parresiastés sea un amigo. Y esta relación de amistad estaba siempre en la base del juego parresiástico. Por lo que sé, con Galeno, por primera vez, no es necesario que el parresiastés sea un amigo. En realidad, nos dice Galeno, es mucho mejor que el parresiastés sea alguien a quien no conozcamos, con el fin de que sea completamente neutral. Un buen parresiastés que nos dé consejos honestos sobre nosotros mismos no debe odiarnos, pero tampoco debe amarnos. Un buen parresiastés es alguien con quien no se ha tenido previamente ninguna relación particular.
* Extractado de Discurso y verdad en la antigua Grecia, conferencias dictadas en la Universidad de Berkeley en 1983, (editorial Paidós).